La suerte es el pretexto de los fracasados

La suerte es el pretexto de los fracasados

Si queremos que los demás nos tengan en cuenta, si queremos que nos reconozcan en medio de la multitud y se fijen en nosotros, si queremos que nos elijan o por lo menos nos tengan en consideración primero de todo hemos de querernos, conocernos y aceptarnos.
Todos hemos dejado una huella en el camino y la seguimos dejando día tras día a través de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, de lo que hablamos y de lo que callamos, de lo que vemos y de lo que dejamos voluntariamente de ver porque por donde pasamos dejamos marca.
Ni todas las personas somos iguales ni las huellas que dejamos son igual de profundas. Hay quien pasa de puntillas, sin hacer ruido, sin que casi nadie le recuerde; hay vidas que son estelas que se difuminan. Y hay vidas que son surcos, que se hacen notar y que su recuerdo permanece. Ambas son poseedoras de un sentido único, genuino y trascendente pero para los demás unas existen y las otras no.
Ser estela o surco es una elección individual. Para ser relevantes para los demás hemos de serlo primero para nosotros y hemos de estar dispuestos a aceptarlo aun cuando lo desconocido nos de miedo o pereza y aceptar la posibilidad de equivocarnos. Y primero de todo es necesario que identifiquemos lo que realmente nos hace vibrar, es imprescindible que reconozcamos nuestros sueños, los transformemos en proyectos y los convirtamos en algo valioso también para los demás.
La gestión de la propia marca comienza siempre por uno mismo.
Pablo Neruda resumió en un poema un auténtico manual de autoconocimiento que nos ayudará a dar el primer paso para reconocernos como una marca.

TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISMO (PABLO NERUDA)

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie
porque fundamentalmente Tú has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo
y el valor de acusarte en el fracaso
para volver a empezar, corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean,
hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer,
las circunstancias son buenas o malas
según la voluntad o la fortaleza de tu corazón.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte,
enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera
son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu fracaso.
Si tú has sido el ignorante, el irresponsable,
Tú únicamente Tú, nadie pudo haberlo sido por ti.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los audaces,
imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores,
a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo
y tus problemas, sin alimento, morirán.

Aprende a nacer del dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.
Mírate en el espejo de ti mismo.
Comienza a ser sincero contigo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad
y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo,
reconociéndote a ti mismo, más libre y fuerte,
y dejarás de ser un títere de las circunstancias.
Porque Tú mismo eres el destino
y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de la vida.
Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.

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