Tu imagen, vestido o disfraz de tu marca personal

Ha pasado carnaval y es el momento de volver a guardar los disfraces en el armario. Disfrazarse, por lo menos una vez al año, es señal de sanidad física y mental. Ayuda a abrir las puertas de la fantasía y permite soñar e imaginar aquello que nos gustaría pero que sabemos que nunca acabaremos haciendo porque su misión no es materializarse, si no quedarse permanentemente en el mundo del deseo.

Por regla general, cuando nos vestimos, no nos disfrazamos aunque a veces pueda parecerlo. La diferencia entre una situación y la otra está precisamente en que en la primera, cuando nos vestimos, estamos reflejando realmente quien somos y en la segunda, la del disfraz, estamos recreando una ficción.

No se si será por el carnaval o porque se acerca la primavera o por cualquier otra causa pero últimamente me vuelven a preguntar con frecuencia sobre como vestir y que ponerse en las ocasiones más variopintas. El interés por la indumentaria es oscilante aunque no deja de estar presente en las conversaciones que mantengo con mis clientes porque no deja de ser un signo visible de la huella que dejamos, un indicador de nuestra marca personal y le tenemos que dedicar la atención que se merece sin que llegue a ser un tema ni dominante ni mucho menos obsesivo.

Elegir correctamente la manera de vestirse es tener elementos para responderse a una doble pregunta: ¿qué me gusta? y ¿me representa para la ocasión?

Sentirse a gusto en la propia piel es básico para poder mantener una sintonía con nuestra identidad y digo sentirse a gusto porque otra cosa es que algo nos quede bien. Y lo que nos ponemos por encima guarda siempre una estrecha relación con lo que tenemos dentro y si no es así se produce una disfunción que nos puede hacer vivir en una rúa de carnaval fuera de tiempo.

En el caso de la vestimenta pasa lo mismo que en cualquier otra situación de gestión de la marca personal lo que se ve o está en función de lo que somos y de lo que queremos o no va aunque estéticamente caiga a la perfección. Por lo tanto para vestirnos hemos de conocernos y saber lo que queremos y es por esto que estamos en lo cierto cuando afirmamos que el estilo personal se educa.

Y como no estamos solos y nuestra marca está en función de los demás, de lo que ven e interpretan es importante plantearse si lo que llevamos encima es adecuado para las ocasiones que vivimos.  Afortunadamente no somos todos iguales y emitimos los mismos mensajes pero hay ocasiones en la vida y en el día a día en que es imprescindible que los emitamos y que estén en coherencia con lo que realmente somos o nos arriesgamos a que los demás hagan su interpretación libre y nos releguen a la categoría de esperpento o de artefacto. Vestir para cada ocasión no quiere decir en absoluto ir de uniforme si no tomar consciencia de lo que queremos explicar y actuar en coherencia. Me ha chocado ver en la prensa a Pablo Iglesias y Albert Ribera hermanados por un smoking en la ceremonia de los Goya observados por un Pedro Sánchez sonriente con su traje sin corbata, que cada cual saque sus conclusiones.

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Aunque existen profesionales expertos en el tema, como mi amiga y colega Maria A  Sánchez, a modo de recordatorio, cuando vayamos a revisar lo que tenemos en el armario o estemos a punto de ponernos delante del espejo tengamos en cuenta que:

  1. Lo que nos vamos a poner va a reflejar lo que somos por lo que seamos conscientes de lo que vamos a transmitir.
  2. El estilo no se improvisa, forma parte de los indicadores de nuestra marca personal que tampoco se improvisa. Para ser coherentes por dentro y por fuera hemos de conocernos y saber lo que queremos transmitir y a esto le llamamos autoconocimiento y estrategia, ¿suena?
  3. Que algo quede bien no significa que transmita nuestra identidad. Tengámoslo muy en cuenta y recordemos que aunque la mona se vista de seda mona se queda o que la apariencia no mejorará nuestro mensaje, todo lo contrario lo puede amañar de manera que al final acabemos decepcionando a nuestros interlocutores.
  4. Que lo que llevemos nos guste y sea cómodo. De acuerdo con nuestra identidad pero que sea llevable y en caso contrario buscar algo que lo sea, en todos los sentidos.
  5. Sin caer en la uniformidad tengamos en cuenta que hay ocasiones que pueden requerir signos externos concretos. Vale la pena planteárselo para poder decidir con criterio.

Buena suerte, buena marca y buen estilo.

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