No dejes que el apego marque tu presente

apego

“Si aprendes a disfrutar el aroma de millares de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla… son tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.” Y dejarás así que los demás disfruten de millares de flores”

Anthony de Mello

Estamos de paso y no poseemos las cosas que tenemos a nuestro alcance y mucho menos a las personas que aparecen en nuestra vida. Al final solo somos dueños de aquello que nos llevaremos cuando nos vayamos definitivamente y no será nada sólido ni material.

Confundimos el disfrutar con el poseer. Disfrutar es canalizar aquello que nos da sentido a través de lo que la vida pone a nuestro alcance, recursos, objetos, personas… Es una larga lista porque abarca desde las emociones a los sentidos pasando por los elementos de pura supervivencia.  Disfrutar va más allá del día a día porque nos conecta con nuestras opciones definitivas pero se vive en presente. El recuerdo nos alienta a seguir en el camino y la previsión nos empuja a vivir intensamente.

Disfrutar de todos modos no significa desentenderse de los compromisos. Hay una extraña creencia cortoplacista que incita a no comprometerse  para poder vivir intensamente el momento presente y esto es radicalmente falso y sin sentido. Precisamente si disfrutar nos acerca a vivir ahora aquello que nos da sentido tenemos el primer compromiso encima de la mesa y es con nosotros mismos, con ser coherentes, con no hacer cosas que nos alejen de nuestras opciones.

Una cosa son compromisos y otra apegos. El apego tiene un sentido de uso, de posesión, de limitación por ausencia y nos cercena la capacidad de disfrutar porque el solo pensamiento nos transporta al futuro y nos cierra la puerta al momento presente.

Es lo que sucede con algunas metas. Me he encontrado con personas  que habiendo conseguido objetivos importantes son incapaces de disfrutarlos porque siempre están un paso por delante buscando nuevas metas. Y esta situación acaba frustrando a los equipos, a los colaboradores y, en general, a todos los que les rodean.

El compromiso tiene que ver con la manera de ver el mundo y con la forma de alcanzar los objetivos vitales. Por nuestra vida pasan personas, instituciones, empresas y situaciones con las que decidimos ir de la mano para sumar esfuerzos y tener mayores posibilidades de éxito. Es por esto que Mario Benedetti decía hablando de la pareja que “…en la calle codo a codo somos mucho más que dos” y este mismo concepto puede aplicarse a otras muchas situaciones.

Las personas evolucionamos, las circunstancias cambian y lo que en un momento pudo ser válido puede dejar de serlo y no hay nada definitivo. Pero cuando esto sucede hemos de tener muy claro que:

  • No poseemos cosas ni personas. Estamos viajando juntos y si nos hemos de apear hemos de ser capaces de seguir la ruta solos.
  • No podemos abandonar el camino sin antes haber sabido explicarnos y explicar a los demás qué es lo que ha cambiado y si no hay posibilidad de seguir sumando cambiando las reglas del juego.
  • Renunciar por mantener un compromiso puede ser una limitación o una forma de crecer, según como se mire. No siempre el camino más fácil es el mejor.

Si nos apegamos a las cosas y a las personas no dejaremos huella porque nos hundiremos como si de arenas movedizas se tratase. Si disfrutamos del momento en que vivimos y agradecemos día a día los cosas que la vida nos depara, las buenas y las malas, seguiremos avanzando y nuestra marca será solida e indeleble.

Nos toca decidir como queremos vivir la vida.

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