El espejo de nuestra vida se llama marca personal

El espejo

“Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.” 

Jorge Luis Borges: Soy

Nos movemos al vaivén de las tendencias que, como las olas, nos van situando en algún lugar en el mundo en que vivimos. Buscamos el apoyo, soporte y aprobación de los demás para tener la certeza de que vamos por el camino adecuado y nos acabamos adaptando al mandato de las mayorías. Y diluimos nuestra identidad y nos hacemos amigos de todos.

Yo mismo me he pasado una buena parte de mi vida haciendo lo que creía que se esperaba de mi y la verdad es que no me fue tan mal, excepto que me sentía vacío. Uno de mis peores momentos fue el sentirme un superviviente, un náufrago en un momento de pleno ascenso profesional. Seguir la corriente me llevaba a no disfrutar de los buenos momentos y a sentirme inadaptado.

A partir del momento en que decidí seguir mi propio camino empecé a notar que mis pies estaban tocando el suelo, que formaba parte del mundo y a sentirme mucho más feliz.

Y mi caso no es, en absoluto, singular. A lo largo de varios años de tratar con personas he ido descubriendo que se repite de manera bastante habitual en el entorno profesional, personal o familiar. Un par de clientes se levantaban cada mañana con terror pensando que eran víctimas de un error de casting sólo por el hecho de que haciendo simplemente lo que se consideraba correcto, sin poner más de su parte, ascendían profesionalmente de manera imparable.

Y por no decir en el ámbito personal, de pareja o familiar. Si lo mejor es enemigo de lo bueno, hacer lo correcto sólo porque es correcto es enemigo de la felicidad. Lo que no significa ser una cabra loca si no actuar al ritmo del corazón y de las emociones de cada cual, teniendo en cuenta a los demás y sin hacer daño innecesario.

Mirarse al espejo es un acto mucho más importante de lo que parece porque nos puede deparar muchas sorpresas, sobre todo si no reconocemos a quien se refleja. Es la prueba del algodón. Y como nos lo cuenta Borges en la poesía el espejo puede ser de silencio o de cristal porque todos tenemos la capacidad de reflejar interior en los momentos de soledad y de recogimiento.

Si no nos distinguimos no existimos a los ojos de nuestro público objetivo. Es casi un axioma, un principio que prácticamente no necesita demostración, pero sólo funciona de puertas para fuera. Si no podemos identificar nuestra identidad porque lo que vemos no se corresponde con lo que somos tarde o temprano entraremos en conflicto aunque desde el exterior se nos perciba como originales y auténticos.

Saber llevar el frágil equilibrio, en la vida todos los equilibrios acaban siendo frágiles, entre lo que somos, lo que queremos ser y lo que se espera de nosotros forma parte de la gestión de nuestro recorrido vital y de nuestra marca personal. En caso de duda mejor que el fiel de la balanza se decante de nuestro lado que del de los demás y no por egoísmo si no por autenticidad, por querer vivir la propia vida y no la que dictan modas y preceptos sociales.

Vivir la vida de otro es un mal negocio. Escoger los estudios que quieren los padres, la pareja que toca o la profesión mejor considerada es ceder la vida a vete a saber quien.

Siempre podemos cambiar y empezar de nuevo cambiando el todo o las partes. Y esto es siempre una buena noticia.

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