,

Persona dispersa, profesional muerto

Si de verdad crees que los pequeños cambios son importantes aplícate la lección y ve a por ellos.  Si  cada día que pasa eres mejor persona, serás mejor profesional y estarás más enfocado a tus objetivos sin nada que te despiste ni distorsione.

El New York Times publicó a finales del año pasado nueve puntos para ser una mejor persona en este año y que incluye hábitos para enfocar la vida de manera realista y positiva saliendo del “todo vale” y todo es bueno aunque me deje hecho polvo que tanto aborrezco. Os los voy a explicar a mi aire por lo que todo parecido con el artículo original acabará siendo pura coincidencia, pero me daré por  satisfecho  transmitiéndoos lo que me ha inspirado

  1. La cosa empieza por el primer acto cotidiano para muchas personas que es darse una buena ducha limpiar el cuerpo ayuda a purificar el alma, cuidar la piel y el pelo es cuidar una de las capas del packaging personal y si estás bien por fuera también lo estarás por dentro.
  2. Si te vistes adecuadamente para cada ocasión te encontrarás más seguro y en forma para hacer frente a las inclemencias cotidianas. Los días de lluvia ponte botas de agua y no hagas el canelo.
  3. Si antes de salir de casa cuidas tu entorno inmediato cuando regreses lo agradecerás. Cuidar tus espacios es un acto de autoestima y a través del desorden se fugan energías que se despilfarran. Hacer la cama o dejar la cocina en orden forma parte de este gesto diario.
  4. ¿Si planificas todas las cosas importantes de tu vida por qué te olvidas del sexo? Tengo que deciros que este aspecto me ha chocado y os lo cuento tal cual. Pero no deja de tener su punto y aunque pueda parecer de entrada poco sexy, planificar encuentros puede resultar de lo más picante. Al final el hábito es importante y la falta de práctica enfría el corazón y las relaciones.
  5. Si no te centras en tu zona de control y te pasas más tiempo en lo que te preocupa pero no controlas acabarás con estrés y fuera de la realidad. Pon tus esfuerzos en lo que de verdad  puedas cambiar y busca la oportunidad para convertir una preocupación en algo técnicamente abordable y en la espera olvídate.
  6. Cuando el estrés haya entrado en tu mente y te empiece a hacer la vida imposible lo mejor es hacer un alto y distraerte y si todavía no te sucede distraerte también puede ser un buen método preventivo. Las historias ayudan a dispersar la atención de los problemas, abren la mente a nuevas perspectivas y ayuda a encontrar soluciones o a pasar mejor el trago. Lecturas, cine, teatro y hasta la prensa rosa valen.
  7. No intentes aparentar lo que no eres y empieza aceptando tu edad. No pasa nada por ser joven a mayor porque siempre tienes la posibilidad de empezar de nuevo y como somos, gracias a Dios, muchos siempre tienes la posibilidad de encontrar tu público.
  8. A veces lo más tonto puede ser lo más útil, no menosprecies nada porque a simple vista te parezca poco útil o y sabido. Activa todos tus hemisferios cerebrales y saca partido de los recursos que tengas se trate de un condón o de un avión y piensa lateral y transversalmente. Serás más rico sin necesidad de invertir.
  9. Y cuando las cosas vayan de canto no te encierres en ti mismo y sigue adelante. No te avergüences ni te apoquines, pecho alto, respiraciones profundas y a la calle o al teatro o a cenar con amigos.

¿A que puede resultar? A veces no nos damos cuenta y lo más simple acaba resultando eficaz. Cuanto más feliz seas mejor profesional serás.

profesional marca personal
,

Pon tu marca personal en buenas manos

“La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido.” 

ZYGMUNT BAUMAN Del libro: “Sobre La Educación en un Mundo Líquido: Conversaciones con Ricardo Mazzeo”

La traducción del desapego en la vida cotidiana es ir a salto de mata. En las personas puede ser una medida de defensa ante la falta real de conocimiento, credenciales y referencias. Quien no puede hacer frente a los retos que aleatoriamente se van presentando, quien no tiene fondo cultural suficiente para irse adaptando a las exigencias de la realidad o simplemente quien es suficientemente inconsciente para valorar solo su aportación menoscabando la de los demás acaba saltando de tejado en tejado sin más paracaídas que un paraguas raído.

En el mundo de la marca personal va siendo cada vez más frecuente encontrar advenedizos o perpetuos que lanzan constantemente botes de humo para dar la sensación de que se mueven y de que están arraigados en un mundo que les engulle a cada paso. Las redes sociales favorecen esta situación porque es relativamente fácil alimentar diálogos a partir de la nada dando la sensación de que se está haciendo una aportación singular. Y esto emponzoña y desvirtúa el panorama profesional porque puede ser fácil acabar como con el coaching, un reino de taifas en el que prima más la cantidad que la calidad.

Y al final cualquiera puede hablar como un experto y los medios son incapaces de comprobar as fuentes.

Nos quejamos de que muchas iniciativas no tienen el eco suficiente por parte del público para que sean económicamente rentables y lo cierto es que el mercado no es en absoluto ciego ni sordo pero si todo lo contrario, es muy exigente.

Me preguntan a menudo que características debe tener un personal brander para ser merecedor de este nombre y, pesar de que no es una tarea fácil, me atrevo a resumirlo en los siguientes puntos;

  • Formación: El personal branding es un mundo interdisciplinario pero lo mínimo que se puede exigir a un profesional que va a tener en sus manos las entrañas y la reputación de un cliente es que tenga un mínimo de formación avalada. La experiencia no sirve de contrapeso frente a una falta de formación. Yo no confiaría mi marca a alguien sin credenciales académicas demostrables.
  • Experiencia: El personal branding no es sólo un proceso de gestión de la visibilidad. Un profesional que tiene a su cargo la gestión de la identidad de sus clientes y de su reputación debe poder demostrar experiencia en gestión  de procesos complejos. Yo recomiendo en revisar el historial de cualquier candidato para ver si dispone del background suficiente para poder empatizar con la situación de cada cual y miraría en su recorrido profesional el balance de éxitos y fracasos que acumula. Ya sabemos que de los fracasos se aprende pero un perdedor nato mejor que se dedique a sus asuntos antes que a los de los demás. Y por cierto quien no haya tenido responsabilidades directivas y vivido en sus carnes la experiencia de la gestión que no tenga la  desfachatez de querer asesorar a directivos y profesionales en su proceso de gestión de su propia marca.
  • Método: Sin método vamos directos al caos. Es bueno preguntar como desarrolla sus sesiones y de que elementos se dota para realizar su trabajo. En caso de no verlo claro mejor buscar a otro que si sepa demostrar que tiene un método claro.
  • Creación propia: Hay personas que viven de lo que producen y otras que se aprovechan de los que producen los demás. Es cierto que vivimos en una permanente simbiosis en lo que al conocimiento se refiere y que todos  bebemos de fuentes ajenas, precisamente en esto se basa la cultura en mayúsculas pero las interpretaciones de la realidad son genuinas y nos diferencian porque cada cual tiene su propia visión y quien no es capaz de explicarla se diluye en el lodo de la banalidad y no aporta. Mirar las publicaciones y separar el grano de la paja es un ejercicio más que recomendable antes de escoger a un personal brander.

Y de momento lo dejamos aquí. Espero haber aportado un poco de claridad para poder hacer una elección responsable.

Imagen @Rodney Smith
Privacidad y marca personal
,

¿Cuánto más enseñas más espacio tienes para tu privacidad?

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve
.

Antonio MACHADO: Proverbios y cantares I

Lo que no se ve no existe para los ojos del que mira a menos que se las ingenie para ver donde no puede. ¿Depende de la sutilidad de la mirada que algo sea verdadero?

Se vean o no, las personas, los objetos y las situaciones existen. Por esto dejas huella siempre, aunque no te des cuenta, aunque no la veas y también por esto es necesario que tomes consciencia de que otros ojos es posible que vean tu rastro.

Ojos que no ven corazón que no siente. Desde el punto de vista emocional lo invisible no te afecta. Puedes vivir en la más absoluta ignorancia de una situación durante toda tu vida o darte de bruces con la verdad en el momento más insospechado.

Decir la verdad es uno de los valores que más repiten mis clientes y la intolerancia a la mentira es la cara opuesta y tiene una frecuencia casi simétrica. Y, a pesar de ello, siempre sale en algún momento a relucir la mentida.

¿Por qué mientes? ¿Por qué mentimos todos en algún momento si sabemos que erosiona nuestra marca personal? Una posible respuesta es para no herir sentimientos, para que el corazón ajeno no sufra, otra es por miedo, para no sufrir las consecuencias de tus actos o lo que supones que van a ser. Hay quien dice que miente para preservar su intimidad, porque está en su derecho de tener una zona secreta cerrada a cal y canto aunque el precio a pagar sea no decir la verdad. De todos modos esta situación se vive mal en términos generales lo que puede ser una consecuencia de que no somos todo lo perfectos que nos gustaría ser.

La privacidad es algo tan volátil como el quitaesmalte. Dilucidar entre lo que es privado y lo que es público es entrar en un laberinto del que puede ser complicado salir indemne. Lo privado tal como lo hemos entendido tradicionalmente está cambiando, estamos frente a un nuevo paradigma, una nueva manera de ver el mundo y las relaciones entre las personas en la que lo estrictamente personal deberá tomar otra forma.

Lo privado se ha movido hasta hace pocos años en el ámbito de lo que cada cual ha querido contar sobre su vida y en un entorno en el que el tiempo lo ha curado casi todo. Hemos facilitado tanta información y se ha obtenido mucha más sin nuestro consentimiento que posiblemente volvamos al estado inicial de la persona en el que los demás saben más cosas sobre uno que uno mismo. Y por supuesto los datos, como antes los escritos, permanecen y no se borran jamás.

La gran cuestión es dónde vamos a alojar lo privado en esta sociedad hiperconectada y monitorizada que es la nuestra y que tiene visos de ir a más.

Libertad, privacidad y legalidad. ¿Si estuviéramos permanentemente conectados seríamos capaces de delinquir? ¿El paternalismo tecnológico nos haría mejores personas? ¿En qué modo el uso cruzado de nuestros datos cambia el concepto que hasta ahora hemos tenido de libertad y privacidad?

La sobreexposición es algo que ha venido para quedarse, la tecnología tiene la extraña capacidad de conectarnos con quien queramos y al mismo tiempo aislarnos de nuestro entorno inmediato y de momento sin derecho al olvido.

En este contexto ¿dónde podemos colocar el perdón si el agravio o lo que fuere que ocasionó la cuita va a estar siempre presente?.

Este fin de semana fui a ver la película “El Círculo”, de confección mediocre y con algún toque exagerado de previsibilidad que descorcha muchos problemas sin llegar a profundizar en ninguno, sobre todo en lo referente a la privacidad.

Al final llego a pensar que estamos en un proceso de digestión de algo que nos va cambiando la mirada: la propia, la interior y la externa la que dirigimos a los demás sin tener ningún sustituto sólido. Y aquí si que el tiempo dirá alguna cosa cuando seamos capaces de integrar la tecnología con una forma de vivir que nos vuelva a humanizar aunque sea diferente de lo que hemos visto, vivido y conocido hasta ahora.

En estas estamos y  pase lo que pase seguiremos dejando huella, es nuestro destino.

,

La trampa del futuro previsto

Trampa del futuro

 

De vez en cuando es bueno
ser consciente
de que hoy
de que ahora
estamos fabricando
las nostalgias
que descongelarán
algún futuro.

Mario Benedetti, Conjugaciones, 8 (previsión)

¿Y tu dónde quieres estar dentro de diez años? Extraña pregunta a la que nunca he sabido responder. Tengo que confesar que hoy se me ha colado en una sesión de trabajo y por un momento he sentido el vértigo del absurdo y del contrasentido. ¿Qué importa dónde esté dentro de diez años? Nunca me ha importado, ni creo que ya me importe y de haberla respondido mi vida no hubiera estado bajo mayor control que ahora.
No puedes tener la vida bajo control por la sencilla razón de que no tienes la capacidad de controlar la mayor parte de las variables que intervienen y por mucho que te empeñes, nunca lo tendrás.

El futuro no existe, lo modelas ahora porque se conjuga en presente pero no tienes ni la más remota idea de cómo será.
¿Qué sentido tiene prever tu vida y tu profesión? Ninguno, no te sigas engañando porque te llevarás más de un desengaño cuando te des cuenta del trabajo inútil que has hecho.

Haciendo una línea de vida coincidíamos con una cliente en que habíamos tenido éxito profesional sin hacer ningún ejercicio previsional significativo y que no nos había ido mal. Y la conversación de hoy no es un hecho puntual si no una tendencia que empieza a ser recurrente, cada vez me encuentro con más personas que se encuentran en la misma situación.

¿Quiere esto decir que tienes que ser un guijarro modelado por la corriente? Tampoco. No controlas todas las variables, pero puedes tomar decisiones que te hacen avanzar en un sentido u otro, esta es la gran cuestión. Tu decides y es este hecho el que pone tu vida en situación de control pero lo haces en el día a día o como máximo en el medio plazo. Y también es cierto que tus actos te encaminan hacia algunos derroteros y te alejan de otros y también lo es que puedes encaminarte hacia una dirección concreta aunque no sabes hacia dónde te llevará.

Simon Sinek explicó con su famoso círculo de oro que para tener éxito, una marca tenía que avanzar definiendo su ¿por qué?, su sentido, para a continuación aclarar cómo va a conseguirlo y finalizar por la definición concreta del producto o servicio.

Con las personas pasa lo mismo y con la pregunta de marras estamos empezando la casa por el tejado. La pregunta a bocajarro, al estilo coach, deja pendiente un trabajo previo de autoconocimiento que de no haberse realizado, la invalida de entrada y en caso contrario, el haber trabajado el por qué y el cómo sólo ofrece una guía para afrontar con buenas probabilidades de éxito los envites del azar que intentará llevarte vete a saber dónde.

Si quieres enfocar los próximos diez años no respondas a esta pregunta, trabaja lo que te da sentido, cómo lo vas a conseguir y tus valores. Y llegarás a alguna parte con la certeza de haber ido disfrutando de todos los instantes del presente.
No te dejes engatusar y convéncete que tu control está en el día a día y así serás feliz.

Imagen @Tommy Ingberg

El sueño es el rastro de tu huella

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna? 

Jorge Luis Borges: El Sueño

Nuestro paso del optimismo al pesimismo tiene más que ver con el descanso que con un trastorno mental. Que me perdonen por la osadía los profesionales de la salud mental, pero mi  experiencia me confirma día tras día que tras un sueño reparador, lo malo se ve menos malo y los problemas son menos acuciantes que antes de haber dormido.

Cuando la vigilia se prolonga más allá de lo que mi cuerpo considera tolerable, la realidad se vuelve más sombría, aparecen sombras y fantasmas por doquier y me vuelvo más irascible e irreflexivo. Y lo peor es que mi mundo se tiñe de un color gris que se hace cada vez más insoportable.

El tiempo es un bien cada vez más escaso. Vaya tópico que me he marcado, pero lo cierto es que es verdad. Intentamos alargarlo  y alargarlo con la falaz intención de que cunda cuando la realidad nos demuestra que ni es comprimible ni es recuperable.

Mirar al mundo con optimismo está en función de lo que seamos capaces de descansar y cortar con la realidad, a menor descanso más pesimismo, más sinsentido y mayor aceleración.

Dormir es algo más que perder el sentido de la temporalidad , es también conexión con nuestro yo más profundo, con las otras realidades que nos envuelven y de las que no somos conscientes.

La huella que dejamos, la marca personal, depende de nuestra capacidad de cuidar nuestro cuerpo y, como no, nuestro sueño.

Si la cara es el espejo del alma una persona mal dormida tiene un alma retorcida, seria , desapacible y negativa.

Estar bien con uno mismo ayuda a conciliar el sueño de manera habitual mientras que la desubicación, la falta de perspectivas, la desesperanza, el desamor o simplemente el no tener información que se considere vital lo entorpecen y lo frustran.

El autoconocimiento tiene efectos hipnóticos ya que nos abre las puertas hacia nuestro interior, nos ayuda a dar respuesta a los interrogantes más profundos y nos ubica de manera abierta, crítica y activa en nuestro entorno.

Saber cual es nuestro foco nos ayuda a vivir situaciones contradictorias y a discernir sobre lo que es bueno o no para nosotros. De este modo momentos que de natural parecerían faltos de sentido o simplemente insoportables cobran su justa dimensión si somos capaces de situarlos en el lugar justo que les corresponde  para que, precisamente, no nos quiten un sueño que en otras circunstancia nos habrían quitado.

Yo he descubierto que lo que más me quita el sueño es irme a dormir enfadado conmigo mismo, con mis seres queridos o con el mundo en general. Hacer una pausa e intentar ver el por qué de los enfados suaviza generalmente la situación y rebaja el tono de nerviosismo y al final me permite  dormir. Pero, de todos modos, alguna noche de vela llevo en mis espaldas, que no siempre es evidente ni fácil cambiar el signo de mis estados de ánimo.

Y una noche de insomnio tampoco hace que se hunda el mundo, ni mi mundo porque al final acaba llegando la calma y cuando normalizas la situación la sensación de felicidad y plenitud es doble. Y la verdad es que siempre las cosas vuelven a su estado de normalidad.

Felices sueños.

,

Cuando gritan las entrañas recuerda tus valores

“Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos tenemos la impresión de que todo el universo está de acuerdo” Paulo Coelho en Once Minutos Ed.Planeta

Nos movemos como funámbulos en el frágil equilibrio entre el corazón y la razón. Nuestra vida es cosa de ideas y de tripas. Y dependiendo de lo que pese más en cada momento tomaremos unas decisiones u otras.

Lo que parece una cosa un tanto falaz, poco orientada a resultados, poco útil para encontrar trabajo o tener más ingresos puede resultar al final suficientemente importante como para desmovilizar o dar mayor impulso al trabajo de gestión de nuestra marca personal. Porque nuestras tripas pueden dejar un rastro tanto o más profundo que el cerebro.

Una marca personal potente necesita tener detrás a una persona equilibrada en sus actos en cualquier ámbito en el que se mueva, sea personal, familiar, social o laboral porque todo deja huella.

¿A quién hemos de hacer caso, al corazón o a la razón? La búsqueda del equilibrio en las realidades cotidianas nos hace vivir con fragilidad el debate  entre la razón y los sentimientos. Al final la cuestión es del mismo calado que el de la libertad personal, precisamente soy libre porque no hago lo que  simplemente quiero si no lo que decido.

Con mis sentimientos pasa algo similar, me tengo que guiar por mi corazón y tengo el límite en el dolor que pueda causar a los demás. Siempre repito el mismo estribillo de que somos seres sociales y como tales, debemos tener en cuenta con nuestros actos y decisiones el entorno en que nos movemos. Somos personas no depredadores. Somos una marca personal que debe ser respetuosa con el entorno emocional que nos rodea o nos convertiremos en elementos perturbadores de los equilibrios de las marcas personales con las que interactuamos.

Y no es cierto que el universo esté de acuerdo cuando nos enamoramos, cuando hacemos algo con pasión, cuando desarrollamos nuestro proyecto profesional. Ya basta con tomar el nombre del universo en vano para justificar nuestras misérrimas atrocidades, nuestro egoísmo y la falta de respeto hacia los demás que no es si no un reflejo del poco respeto que nos tenemos a nosotros mismos.

Los sentimientos, el hecho de haber escuchado el corazón y aparcado la mente hasta otra ocasión, no justifican necesariamente nuestros actos. Es posible que no seamos del todo responsables de los sentimientos que nos invaden como un torrente desbordado pero si que lo somos en cualquier caso de nuestros actos. Y todos los actos tienen consecuencias.

Es por esta razón que en el proceso de personal branding también trabajamos los valores, para que nos indiquen, y enciendan las señales de alarma correspondientes, el momento en que estamos dejando apartados del camino nuestros principios. Y cuando las tripas aprieten nos ayudarán a seguir fieles a los compromisos que hemos tomado en momentos de lucidez.

Una marca personal con valores escucha el corazón, valora los consejos de la razón y es fiel a sus principios.

10 pasos marca personal

El misterio de la identidad compartida en 10 pasos

<< …Un hombre solo, una mujer

Así tomados de uno en uno

Son como el polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti

Cuando te escribo estas palabras

Pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás

Tu futuro es tu propia vida

Tu dignidad es la de todos…>>

José Agustín Goytisolo: Fragmento de <<Palabras para Julia>>

El binomio yo y los demás no es fácil de llevar porque es contradictorio. Le he encontrado una cierta afición al uso de la palabra “contradicción” en sus diversos formatos pero es que, guste o no, está en el centro de la vida, de la mía, de la tuya y de la nuestra.

No hay situaciones químicamente puras y la realidad está preñada de impurezas, de roces, de malentendidos, de desamores y, algunas veces, de mala leche. Pero también está empapada de amor, entrega, cariño, comprensión y buena fe. Y de la mezcla sale el día a día en el que se forjan relaciones eternas, se afianzan alianzas y también  se rompen uniones y se liquidan empresas. Que pase una cosa u otra depende en gran medida de uno mismo, de sus valores, de cómo viva las relaciones y las alianzas y de su grado de aguante porque cada cual tiene su umbral de resistencia.

Lo que si es cierto es que no estamos solos y que nuestro legado o está en función de los demás o no será. Como tampoco dejaremos marca sin su presencia porque no tendría ningún sentido, otra cosa que repito muy a menudo. Tenemos una identidad compartida.

Para poder gestionar las relaciones, tanto en el terreno personal como en el profesional, llevo a la discusión un decálogo que a través de mi experiencia ha funcionado. A ver que os parece.

Los diez puntos que vale la pena tener en cuenta cuando nos planteamos una relación tienen que ver con aceptar la diversidad, la contradicción y la diferencia, aspectos que, a fin de cuentas, acaban friccionando los vínculos y de no tenerlos claros e interiorizados pueden acabar llevando al fracaso la experiencia.

  1. Prudencia. Sé prudente cuando califiques una relación. Ni todos somos amigos, ni alguien que acabas de descubrir es la monda, ni nadie es malvado por naturaleza y nunca digas de esta agua no beberé. Lo último siempre está más claro que lo primero porque los flechazos son sorprendentes, hacen descubrir nuevas perspectivas de las cosas y abren puertas al futuro, pero tratándose de personas lo mejor es ser cauto y esperar a que se confirmen o no la hipótesis.
  2. Entrega. O juegas o no juegas, pero nunca a medias. Entrega es sinónimo de compromiso y también de ir a por todas. Si estás pero no estás perderás tu credibilidad y si cuando haces falta no estás a su lado dejarás mal sabor de boca. Esto vale para todo tipo de personas con las que quieras relacionarte pero en el ámbito laboral es importante que tengas muy en cuenta que tu entrega debe ser visible y clara, da más de lo que se supone que se espera de ti y tu marca personal se fortalecerá.
  3. Consistencia. Tus amigos y colaboradores de hoy, si no pasa nada grave, deben de seguir siéndolo mañana. Las personas ni son objetos de usar y tirar, no son artefactos, por esto vale la pena ser prudente.
  4. Tolerancia. Nadie es igual que tu y aunque muchas cosas las haces bien y respondes a las situaciones más difíciles con valentía, inteligencia, imaginación y profesionalidad la manera de actuar de los demás también puede ser buena, tenlo en cuenta. Tus principios, creencias y valores son los tuyos y cada cual tiene los suyos, no impongas nada, acepta la diversidad y deja espacio para todos.
  5. Respeto. Sé considerado con los demás. No vayas a tu aire y acepta colaboraciones y trabajar en equipo  o codo con codo. Deja respirar y no ahogues ni atosigues, acompaña y déjate acompañar, confía y ofrece confianza.
  6. Diálogo. Habla, habla y habla. Escucha activamente. No dejes los malos entendidos y las incomprensiones a medio curar. Da y exige explicaciones para aclarar las cosas y para tranquilizarte pero por duro que pueda ser no construyas tabúes que acabarán siendo un agujero negro de la relación.
  7. Paciencia. Este punto tiene varios sentidos, por una parte no pierdas los estribos, por otra, ten en cuenta que hay ritmos más lentos que el tuyo y finalmente los cambios personales pueden tardar más de los previsto y desanimarte y perderte una buena relación o un buen colaborador.
  8. Amor. Me refiero a la capacidad de afecto y de querer lo mejor hacia los demás. Nada que ver con el enamoramiento que tiene  tintes de atracción emocional y sexual. El primero puede y debe ser incondicional y el segundo requiere mucha prudencia.
  9. Astucia. Es complementaria de la prudencia y te evitará ser engañado o decepcionado y que los demás se aprovechen de ti. En muchas ocasiones te adularán, te dirán bellas palabras con el único fin de que te pongas a su servicio sin que recibas nada a cambio.
  10. Comprensión. Tú cometes errores y los demás también, sé comprensivo. Sé solidario con el sufrimiento y con los malos momentos por los que pasen los demás y elimina de tu vida la animadversión y la envidia; si los demás tienen más que tu o están mejor posicionados, celébralo. Esta actitud de comprensión se llama también caridad.

Y ahora a ponerlos en práctica. Verás como las relaciones son mucho más fluidas y que podrás exigir la misma contrapartida.

Imagen @Rodney Smith  
La paradoja del mensaje

La increíble paradoja del mensaje

Yo pronuncio tu nombre,

En esta noche oscura,

Y tu nombre me suena

Más lejano que nunca.

Mas lejano que todas las estrellas

Y más doliente que la mansa lluvia.

Federico García Lorca, Si mis manos pudieran deshojar

Una buena frase, un buen texto, una historia pueden ser muy bellos, estar muy bien escritos y pueden, al mismo tiempo, dejar al lector emocionado pero impasible aunque parezca una paradoja.

Un mensaje o sirve para mover la maquinaria a nuestra audiencia o no sirve para nada más que para hacer bonito. Y para que esto suceda es imprescindible que se produzca una conexión que encienda el fuego de la pasión.

Pasión es una palabra muy fuerte que sugiere la pérdida de la capacidad de raciocinio para actuar por impulso o las ganas muy fuertes para hacer algo o estar con alguna persona. La pasión trastorna la razón y aviva las emociones. Tampoco le pedimos tanto al mensaje, nos conformamos con que despierte en nuestro interlocutor la curiosidad y las ganas de actuar siguiendo nuestra propuesta.

Razón y emoción, mente y corazón, acción e impulso. Es la combinación que nos puede aportar información sobre la eficacia de lo que comunicamos. Si movemos las dos variables al unísono nuestra comunicación es eficaz, si la combinación está desequilibrada tenemos riesgo de robotizar o de provocar salvas, creando  infelicidad o ineficacia.

Hay palabras, frases y mensajes vacíos de contenido. Son como las canciones del verano, música pegadiza pero que se olvida con la misma facilidad con la que entró.

Palabras, palabras, palabras, buena intenciones pero poca chicha, es lo que a toda costa debemos evitar cuando queremos comunicar algo.

Si realmente quieres llegar al corazón y a la razón de otra persona o de muchas, habla de lo que realmente le interesa y no de lo que te interesa a ti.  Soluciónale algún problema o llénale algún vacío, dale alguna alegría o disípale su miedo. Ofrécele amor, cariño y comprensión que le hagan olvidar los momentos de rencor y de vacío. Pero no les hables sólo de ti porque así estás iniciando un corto viaje a ninguna parte.

Créeme, tu vida no interesa a nadie a no ser que pueda ser convertida en algo provechoso para otro. Y no digo que tu vida no tiene valor, claro que lo tiene pero sólo para tus amigos o tu pareja  con los que compartes tus experiencias más vitales en una situación de escucha recíproca; pero para tu público en general sólo tiene interés si puede servir de luz para que pueda ver un poco más allá o le ahorra tiempo y experiencia o le hace el camino más fácil y agradable.

Que tu estés tomando un café o comiendo una pizza o paseando al perro o jugando a golf tiene un escaso interés porque aporta poco y su efecto dura todavía menos. Si buscas que te den muchos “me gusta”, con poco es suficiente pero si lo que quieres es hacer comunidad, que se hable de ti, que te recuerden es imprescindible aportar algo más.

Una foto sin un comentario, un artículo volcado en las redes sociales sin más es tirar una paletada de tierra sobre su tumba digital, estás enterrando tu reputación. Que a ti te guste algo y no expliques por qué, que no quieras transformar tu experiencia en aprendizaje para tu público a la corta resta valor a tu marca personal y te acabas convirtiendo en spam. También es cierto que una muy buena fotografía es por si misma un mensaje y no necesita el apoyo de las palabras. De ti depende buscar el equilibrio.

Compartir crea proximidad y complicidad. Baja de tu árbol y comienza a aportar valor. Transforma tu alegría, tu dolor, tus éxitos y tus desengaños en experiencias que ayuden a aumentar la alegría, mitigar el dolor y evitar los desengaños para tu público. Transforma lo que sabes en algo que proporcione valor, convierte tu conocimiento en una propuesta de valor que te convierta en alguien útil. Da, da y da y acabarás recibiendo, da lo necesario para que te necesiten y entenderán que para seguir recibiendo tienen también que contribuir porque tu no vives del aire del cielo ni de buenas intenciones. Da con prudencia para no quedarte vacío pero da y nunca te faltará de nada y ten la certeza de que si no lo haces tu nombre acabará sonando lejano y serás olvidado.

salto al vacío es un instante que puede cambiar el resto de tu vida
,

Ante la duda: salta

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud se cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante

Octavio Paz  Sonetos I

Dar un salto al vacío es un instante que puede cambiar el resto de tu vida. Te pasas mucho tiempo decidiendo, evaluando posibilidades, haciendo análisis del coste beneficio… para tener la seguridad que la decisión que quieres tomar, la que sea, es la mejor de entre las posibles para no correr el riesgo de tener que arrepentirte.

Para crecer, para avanzar, para mejorar es imprescindible entrar en situaciones nuevas, desconocidas, de las que puedas obtener conocimiento y experiencia. Y como estás constantemente aprendiendo, como ningún día es igual que el anterior estás, te guste o no, dando pequeños saltos al vacío.

La cosa se complica cuando sales del día a día, en el que has establecido rutinas, y pasas a acciones de mayor calado que se salen de lo normal. Aquí empiezas a dudar porque interviene la posibilidad de que un error tenga mayores consecuencias, por lo menos sobre el papel, y que como has tomado la decisión de manera consciente y si las cosas no salen como te hubiera gustado que salieran tienes miedo de tener que tirarte de los pelos y enfadarte contigo mismo.

Ante la duda de equivocarte te pasas los días pensando, al borde del abismo, si saltas o no, y cuando vas a hacerlo te das cuenta que el abismo ha desaparecido y que el salto ha perdido sentido. Y respiras hondo, con alivio, diciéndote a ti mismo que el tiempo lo soluciona todo o entonces sí que te quedas con la duda de qué hubiera podido pasar si te hubieras decidido. Y este sentimiento puede durar la vida entera, lamentando todo lo que hubiera podido haber sido y no fue.

Toda decisión comporta riesgo porque siempre hay variables que no puedes controlar. Lo que repito hasta la pesadez sobre los círculos de influencia y de preocupación está en la base de nuestras decisiones y todo aquello que queda fuera de tu círculo de influencia está sujeto a riesgo.

No tienes la capacidad de adivinar el futuro pero si puedes trabajar con escenarios que te permiten valorar diversas situaciones para que, si alguna de ellas u otra que sea similar suceden, tengas en mente la posible solución. Pero ni aun así es posible tenerlo todo previsto.
Nassim Taleb desarrolló en el año 2007 la teoría de los “cisnes negros” que son aquellos acontecimientos de gran impacto, que ocurren de forma inesperada y fuera de lo que es estrictamente racional como por ejemplo la aparición de internet o el hundimiento y desaparición de la Unión Soviética y sólo pueden ser interpretados a posteriori, una vez que han sucedido, En tu vida pueden aparecer y de hecho aparecen tus cisnes negros que se escapan a tu capacidad de entendimiento, que nunca hubieras imaginado y que de momento ni entiendes ni sabes interpretar pero que con el tiempo acabarás comprendiendo.

Cuando estamos dudando y dudando para tomar una decisión que implique un salto al vacío la buena pregunta que te puedes formular es ¿qué pierdo si lo intento? Y a continuación ¿cuánto es lo máximo que puedo perder? y si acierto ¿qué y cuánto gano?  Y perder y ganar son conceptos transversales que van desde lo material como el dinero hasta lo inmaterial como la experiencia o la tranquilidad. Y aun así te puede aparecer un cisne negro que lo distorsione todo.

¿Qué necesitas para saltar al vacío? Tener formulados de manera lo más clara posible qué es lo que da sentido a tu vida, tu misión, y por donde no estás dispuesto a pasar, tus valores. Con estas alforjas ya puedes empezar el viaje que no pasarás ni hambre ni frío.

¡Feliz salto!

El equilibrio (frágil) de la identidad

En el primer post del año tengo que hacer una afirmación transcendental que remueva las tripas y conmueva las almas más rígidas y aquí lo tenéis: “la perfección no existe”.

La frase no es tan trivial como parece y menos cuando nos la aplicamos a las personas. Somos capaces de tolerar una imperfección estética en un edificio, un pequeño error en un texto o que un interruptor funcione mal pero con las personas es harina de otro costal y no te digo si se trata de uno mismo.
John C. Maxwell dijo en una ocasión que “si usted espera el momento perfecto es posible que pase la vida esperando”.

El caso es que toleramos poco lo que no es perfecto en nosotros y en los demás sin ser conscientes que la búsqueda de la perfección es un camino que no tiene fin.

Nos movemos siempre en equilibrio inestable entre lo que consideramos bueno y lo que no, como el hombre de la escalera que está obligado a tener las manos permanentemente abiertas para no caerse. De esta lucha constante sale lo que realmente somos: seres contradictorios que avanzamos a base de prueba y error.

Aceptar esta ambigüedad es fundamental para poder disfrutar plenamente de la vida, del momento presente y no caer en la insatisfacción. Es nuestra señal identitaria original: nacemos, vivimos y morimos imperfectos.

Y el reconocimiento de esta realidad no debe ser excusa para nuestra incompetencia si no una puerta abierta al cambio, a avanzar sabiendo que podemos hacerlo mejor y a comprender y aceptar a los demás.

La belleza de la vida y de la marca que dejamos en el corazón de los demás llevan impresas el signo de la imperfección. Nos recordarán no sólo por lo hagamos conseguido si no por lo que hayamos luchado para superarnos y superar las imperfecciones. Las dificultades en muchos casos no son mas que esto: imperfecciones.

Hemos iniciado el año con buenos propósitos, con listas de retos e ilusiones que nos gustaría ver cumplidos y sobre todo con la esperanza de avanzar de acuerdo con aquello que nos da sentido. ¿Cuántas veces hemos hecho este ejercicio?

¿Y cuantas veces no nos hemos desviado de nuestro propósito e ido por otros derroteros? Yo muchas y esto es lo que me ha ayudado a ser cada día un poco mejor y más seguro de mi mismo.

¿Y cuantas veces no hemos juzgado a los demás por sus errores? ¿Cuántas veces no hemos abandonado a personas y relaciones por no querer reconocer que en la imperfección de la mirada del otro está la base del auténtico amor?
Amar, en mayúsculas, es reconocer que aunque nos desviemos del camino trazado y nos decepcionemos somos capaces de volver a retomar el rumbo con nosotros mismos o con los demás.

Reconocer la imperfección está en la base del autoconocimiento y en los cimientos de la marca personal.
Nuestra marca personal se mueve en equilibrio inestable entre lo que es, la huella que dejamos, y lo que querríamos que fuera, nuestro propósito. Y en la manera como llevemos esta contradicción se asienta nuestra felicidad.

Una frase publicada en Instagram por Míriam Díez Bosch: “la felicidad es en realidad tan fugaz como el arte” es una muestra mas de esta fragilidad.

Buena reflexión queridos lectores.

 

Imagen @Rodney Smith