Intuición

La fina certeza de tu intuición

Acabamos año una vez más. Damos el carpetazo a trescientos sesenta y cinco días que para cada cual habrán sido distintos. Es momento de hacer balance.

El fin de año no deja de ser una convención porque la vida no se detiene en una fecha del calendario y se reinicia en la siguiente. No nos dejemos obnubilar por la inminencia del final ni entremos en una frenética carrera de querer dejarlo todo listo porque no llegaremos a ninguna parte, dejemos que las cosas sigan su curso. En realidad aquí no se acaba nada.

La relatividad de la mirada de la que hablaba en el artículo anterior es aplicable al final de cada periodo. Tenemos tendencia a analizar y valorar las situaciones por los resultados a corto plazo cuando en realidad la objetividad solo viene dada una vez han pasado el tamiz de la perspectiva y por lo tanto del paso de un tiempo substancialmente largo.

De todos modos hacer balance es positivo porque sirve para que nos hagamos una idea de la situación aunque debemos darle la importancia relativa que se merece. Y a falta de los elementos objetivos, que solo el paso del tiempo nos dará, vale la pena que nos dejemos guiar por nuestra intuición.

La intuición es una habilidad para percibir e interpretar la realidad sin que intervenga la razón y que permite tener decisiones sin tener todos los datos disponibles.Es como un fogonazo, una iluminación, un haz de luz que dura un instante pero que nos permite ver con claridad.

Todos tenemos intuición, aunque no todas las personas están dispuestas a verla y escucharla. En algunos casos se alega falta de objetividad, de datos fiables sobre los que poder basarse, en otros cuando brilla la luz aparece el miedo y se cierran simplemente los ojos perdiendo la oportunidad de ver y en bastantes se piensa que es fruto de la irracionalidad y que por lo tanto no deber ser tenida en cuenta. Y, una cosa importante, al tratarse de una habilidad podemos desarrollarla, educarla y mejorarla.

Al abordar este fin de año dejemos hablar esa voz interior que se expresa por ráfagas, abrámonos nuestro corazón y dejemos descansar nuestra mente por el momento.

A mi me gusta sentarme delante de mi ordenador para ir escribiendo lo que va saliendo, sin pensar, de manera automática y, por supuesto, sin juzgar. Y sale de todo, cosas positivas y negativas que después filtro de manera muy general para asegurarme de que no sea víctima de mis propios prejuicios que no tienen nada que ver con la intuición.

Cada cual puede optar por el método que crea más conveniente aunque anotar lo que vaya saliendo ayuda a no olvidar y a que el fogonazo de la intuición ilumine durante más tiempo.

De cara a este año que acaba propongo hacer el ejercicio de valorarlo al ritmo de nuestra intuición. Cerremos los ojos durante unos minutos e imaginemos algo que nos sea agradable y relajante por ejemplo un paisaje, pongamos a descansar la mente. Seguidamente tomemos lápiz y papel o el teclado del ordenador y escribamos sin pensar las respuesta a la pregunta ¿cómo valore el año 2016?

Quedaremos impresionados por los resultados.

Imagen @Rodney Smith
Relatividad mirada

La relatividad de la mirada

Porque somos seres sociales, la mirada -la nuestra y la de los demás- otorga identidad a las personas que nos rodean y por supuesto a nosotros también y, al mismo tiempo, nos asigna un papel, un rol, en la sociedad y en el mundo.

La mirada no es neutra, está influida por la manera que cada uno de nosotros tiene de ver el mundo, por la historia personal y colectiva, por las emociones, los estados de ánimos y las creencias. Por lo tanto podemos hablar sin demasiados tapujos de la relatividad de la mirada.

La aproximación a los demás, la lectura de la huella que dejan, la interpretación de su marca personal está siempre sesgada por nuestros propios juicios y prejuicios. A  no ser que lo que veamos sea nítido, diáfano y muy claro, pesará más nuestra propia lectura que la realidad en si misma. Y las valoraciones que emitamos podrán estar más o menos lejos de la veracidad y estaremos más o menos acertados en nuestro juicio pero, al final, acabará siendo nuestra verdad. Y viceversa, porque los demás actuarán del mismo modo con nosotros.

Si la interpretación de la marca personal es siempre relativa, ¿existe la verdad?, ¿puede haber una lectura correcta o siempre estaremos sujetos a la relatividad de la interpretación ajena?

Nuestra marca personal es por definición el reflejo de nuestra identidad, es una expresión condensada de nuestra propuesta de valor y es también una promesa hacia los demás. Por lo tanto el conocimiento más cercano a la verdad, a la realidad de nuestra identidad, es nuestro y nos corresponde a nosotros el compromiso de transmitirlo al exterior para evitar interpretaciones relativas, erróneas y parciales.

Es a cada uno de nosotros, a ti y a mi querido lector, que nos corresponde ofrecer los elementos necesarios para que la mirada ajena obtenga información suficiente para poder captar nuestra identidad. Es nuestra responsabilidad y también es nuestro reto particular.

Pero tampoco somos inmunes a la parcialidad de nuestra mirada interior. Aunque nos parezca inverosímil no disponemos de toda la información relativa a nosotros mismos. Precisamente porque somos seres sociales los demás reciben elementos sobre nuestro comportamiento y manera de ser que nosotros no captamos, ya sea por la propia inercia del momento que nos impide la necesaria introspección o bien por la incapacidad de procesar toda la información que emitimos. Hay cosas relativas a nosotros  que no vemos pero que los demás si ven.

El compromiso para obtener el máximo alcance de nuestro conocimiento, de nuestro autoconocimiento, en neutralizar la relatividad de esta mirada interior por el único camino posible, preguntando, solicitando información, pidiendo feedback. Nuestra condición de seres sociales nos permite conocernos mejor con la ayuda de los demás.

Parar de vez en cuando para preguntarnos sobre nuestra identidad, sobre lo que queremos que transmita nuestra marca personal no es sólo recomendable si no que se convierte en imprescindible. Si nos dejamos llevar por el ritmo de los acontecimientos corremos el riesgo de quedarnos con una visión propia moldeada por lo que los demás esperan de nosotros con la pérdida de control y de dirección de nuestra vida y de nuestro foco y viceversa si nos quedamos sólo con nuestro propio relato nos perdemos parte de la información. Paremos, pues, para poner orden en nuestro interior y para salir fuera a recabar los elementos que nos faltan para componer nuestro rompecabezas identitario.

Y si necesitáis ayuda para sacar el máximo provecho de vuestra reflexión no dudéis en contactarme, vuestros resultados serán extraordinarios,

¡¡¡Feliz Navidad!!!

Imagen Rodney Smith
marca personal vuela alto
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Permite que tu marca personal vuele alto

Acuciado por las urgencias de siempre, me propuse ganar tiempo. Era un desafío

insensato y, también como siempre, el tiempo me ganó a mí. Es un adversario temible.

Era de Prever de Pere Calders

No podemos encerrar ni nuestra alma ni los sueños en una habitación. Ambos están hechos para volar lo más alto posible.

Los sueños materializan aquello que nos da sentido, nuestro foco, nuestra visión.

Nos pasamos parte de nuestra vida preparando el futuro en una lucha titánica contra el tiempo y nos olvidamos vivir el momento presente. Esto suena a tópico pero es más real que la vida misma.

John Maynard Keynes, uno de los economistas más prestigiosos del siglo pasado, nos deleitó con una cita repetida hasta la saciedad: “ a largo plazo todos estaremos muertos”.

Los que me conocéis recordaréis que repito con mucha frecuencia que la marca personal se conjuga en presente. En el día a día, en el momento, presente integramos los conocimientos y experiencias del pasado y proyectamos y preparamos el futuro.

Lo que existe se ubica en el presente, el pasado es pura historia que se transforma en experiencia y el futuro son expectativas y posibilidades fruto de lo que estamos haciendo ahora y de lo que hemos aprendido pero en el fondo no es más que especulación.

Nuestros sueños son la base de nuestro proyecto personal y el eje vertebrador de la huella que dejamos, nuestra marca personal y debemos permitirles volar muy, muy alto pero arraigados en el ahora. El mero hecho de convertir un sueño en un proyecto y ponernos manos a la obra para hacerlo realidad ya sea preparando el modelo de negocio o un simple mapa mental nos hace tocar con los pies en el suelo y lo va materializando de manera que deja de ser una pura conjetura para convertirse en una realidad, incipiente pero realidad al fin y al cabo. Es como una flor que antes de abrirse y aparecer con toda su belleza se manifiesta en forma de botón en el tallo de la planta, puede que no vea su plenitud pero ya ha nacido.

Enjaular un sueño o un proyecto entre cuatro paredes significa matarlo y es importante que seamos conscientes de las circunstancias que pueden provocar que esto suceda para poderlas evitar.

En primer lugar tenemos que estar atentos a nuestros miedos y sobre todo a fracasar. No tener éxito en lo que nos proponemos es realmente un engorro. Y que algunos hagan una épica del fracaso no significa que sea deseable, si no todo lo contrario. Y a pesar de que del fracaso se aprende, hay otras maneras de hacerlo sin perder tiempo, dinero y reputación. Herramientas como el modelo de negocio nos pueden ayudar a disipar temores y a ser capaces de arriesgarnos sin hacer un salto al vacío.

En segundo lugar vigilemos nuestras creencias. La peor de todas es el pensar que no seremos capaces de hacer lo que nos proponemos o, aun peo, que no nos lo merecemos. Si hemos llegado a transformar un sueño en un proyecto es porque está en línea con lo que nos da sentido como personas y por lo tanto nos motiva. De todos modos nadie ha dicho nunca que fuera fácil o rápido y que cueste no significa que sea imposible si no que necesita una hoja de ruta, una estrategia y la configuración de diversos escenarios para poder dar respuesta a las contingencias que puedan aparecer. Frente a las creencias que nos limitan utilicemos nuestra razón, nuestros conocimientos y experiencia.

En tercer lugar la falta de recursos puede hacer que el proyecto quede confinado en la caja de las posibilidades que nunca vieron la luz. Sólo unos pocos disponen de todos los recursos necesarios pero afortunadamente podemos pensar en alianzas que nos pueden dar un empujón financiero, técnico o de conocimiento. Una parte del plan de comunicación puede estar destinado a buscar socios.

En último lugar, cualquier cosa nueva que hagamos está sujeta a riesgo. Y no me refiero sólo a la posibilidad de fracaso si no a la de tener que hacer ajustes, cambios e improvisaciones que a veces nos incomodan. Un proyecto es como una excursión que iniciamos con ilusión pero que a medio camino aparecen desde el cansancio o el mal tiempo y para acabar de arréglalo podemos perdernos y tener que retroceder para volver a encontrar el camino; y nos acabamos preguntando por qué no nos hemos quedado tranquilos en casa.

El riesgo implica muchas veces incomodidad, pero si tenemos claro donde queremos llegar podemos hacer frente a las inclemencias con mayor facilidad.

Y recordemos que para poner en marcha nuestro proyecto personal si lo hacemos solos es posible que vayamos más rápidos pero si nos dejamos acompañar llegaremos más lejos.

autoconocimiento
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El autoconocimiento puede cambiar tu vida

En algún momento de nuestra vida todos nos hemos encontrado dentro de un túnel desde el que no podíamos ver la luz del final. La búsqueda de la luz nos ha obsesionado de tal manera que nos ha hecho olvidar que la llevábamos puesta, que éramos sus portadores.
El hombre del cuadro vestido elegantemente podría ser cualquiera de nosotros. La mano derecha crispada encima de la mesa en una posición casi imposible, deforme. La mano izquierda posiblemente relajada se esconde como si quisiera indicar que no quiere saber nada de su homónima. Las dos manos indican el desconcierto, la travesía a oscuras, la imposibilidad de andar a tientas porque ambas están descoordinadas. La piedra con toques selenitas pasa desapercibida porque nuestro hombre no mira, no ve, está en pleno proceso de autodescubrimiento.
Está en una fase de cambio. Su cuerpo lentamente se va transformando en luz. Está descubriendo que tiene la fuerza para iluminar su vida y que no depende de focos y faros exteriores. Él es su propio foco y tiene la fuerza para guiar su vida. Está en pleno momento de marca personal.
El autoconocimiento es un proceso en el que descubrimos que, a pesar de ser seres eminentemente sociales, tenemos la capacidad de cambiar el mundo a través de nuestro proyecto que iluminará nuestra vida y la de los demás.[bctt tweet=”Decidir es atreverse a brillar con luz propia a pesar de los costes que puede conllevar” username=”jordicollell”]
Nuestro hombre está solo. Nosotros también necesitamos estar solos para tomar decisiones trascendentales, relevantes, que cambian nuestras vidas. Podemos apoyarnos en los demás pero los que acabamos decidiendo somos nosotros y únicamente nosotros. Sin introspección no hay luz y en medio del bullicio ésta se difumina y acaba apagándose porque es muy fácil quedarse en las zonas de confort.
Nos cuesta entender que los demás necesiten tomar distancia cuando tienen entre manos el destino de su vida, su silencio nos preocupa y nos descoloca. Y viceversa, porque tampoco se entiende que nosotros lo hagamos.
Todos tenemos un proyecto. A veces los proyectos convergen y de repente se separan. Una intuición, una tercera persona que aparece en la vida, una enfermedad o un accidente pueden ser el indicador de que algo se está rompiendo. Se produce un antes y un después. Y hay que tomar decisiones aunque duelan porque la vida depende de ello.

Y entramos en el túnel. A oscuras, presos del desasosiego, actores o víctimas del desamor, sin saber que decidir, sin saber por quién decidirse. Esto pasa en el entorno de pareja, con los amigos y con los trabajos. Y vamos a tientas y a ciegas, perdidos y acongojados, víctimas o verdugos, lo mismo da porque la ceguera afecta a todas las partes.
Y de repente se hace la luz, nos convertimos en luz. Decidir es atreverse a brillar con luz propia a pesar de los costes que puede conllevar, a pesar de las rupturas y de los cambios que pueda representar.
El autoconocimiento es un acto de amor a uno mismo, de aceptar nuestras propias decisiones y es, también, un acto de amor a los demás, de aceptar sus decisiones aunque nos duelan, aunque nos alejen.

Trabajar la marca personal no es una actividad inocua, puede tener efectos secundarios. Es una aventura que, para que sea exitosa ,sólo pide que seamos consecuentes con nuestro proceso y que aceptemos el de los demás. Sabemos como entramos pero podemos salir transformados. Pero siempre encontramos en nosotros la luz que nos ilumina hasta el final.

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Mas fuertes, mejores y más seguros

Las personas brillamos en la oscuridad de la noche. Siempre dejamos una estela de luz que ilumina nuestro alrededor. No somos gente anónima.
En la soledad de las ciudades, donde todo confunde y se difumina, cuando las calles se encuentran vacías y la vida parece carecer de sentido siempre emerge un fulgor que nos indica que alguien está allí dejando su huella.

Nadie es igual a sus semejante, cada cual deja su huella que es genuina y personal, todos tenemos nuestra marca que luce a pesar de los pesares.
Y a pesar de brillar con luz propia los espacios en que nos movemos nos ayudan a distinguirnos, a dejarnos ver con mayor claridad.

Dos hombres, una mujer y un barman. Tres huellas y tres marcas distintas. Poco sabemos de sus vidas, están al final del día pensativos y con ganas da agotar el tiempo que les queda para sumergirse de nuevo en la oscuridad del asfalto.

[bctt tweet=”Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos” username=”jordicollell”]

Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos. Cada uno de ellos es un universo completo en el que se reflejan los momentos más bajos y los más sublimes, todo queda en su interior pero su luz sigue brillando. No sabemos nada de su propuesta de valor excepto para el barman que calma la sed y apacigua los corazones

Gestionar la marca personal es buscar en cada momento que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta de valor, por lo que podemos hacer para curar el dolor de los demás, para proveerlos de aquello que les falta. Y hemos de suscitar el interés para que el resto del entorno parezca vacío y carente de contenido. Sólo nosotros y la luz que desprendemos deben distinguirse.

Para, que nuestra luz sea potente hemos de tener una identidad fuerte forjada a través de los demás. Sin ellos no seríamos y no tendría sentido dejar huella. Aunque estemos solos, la ausencia de los demás nos llena de contenido de marca y estamos siempre esperando el momento de podernos comunicar. Porque somos marcas sociales.

[bctt tweet=”Gestionar la marca personal es buscar que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta” username=”jordicollell”]

En la vida gestionamos diversos roles que dan contenido a la diversidad de la huella que dejamos, que nos permiten que cada día sea distinto y que el autobús nunca se pare en la misma parada. Diversidad de roles y unidad de marca porque la huella que dejamos sin ser única es nuestra y sólo nuestra.

Tenemos diversos proyectos fieles a nuestras propuestas de valor y al final de cuentas queremos hacer un mundo mejor, ayudando a los demás a tener una vida más fácil, más feliz, más plena y dando solución a sus preocupaciones. Esto es nuestra propuesta de valor y lo que nos da sentido.

Al final de día pasamos cuentas con nosotros mismos, como los clientes del bar de la ilustración de Hopper y nos preguntamos por lo que hemos hecho. Y lo hacemos en solitario, de espaldas, un poco cabizbajos o acompañados por aquellos que nos quieren aunque a veces no sepamos como explicarlo y tengamos la sensación que que una relación se está agotando.

Vendrá de nuevo el día y la luz del sol desplazará el fulgor de los neones y volveremos a quedar rodeados por la multitud, buscando nuestro momento de brillo y poniendo en práctica aquello que hemos aprendido en las sombras de la noche.

Día y noche, nacer y morir, avanzar y retroceder son el día a día de nuestra marca personal, con la seguridad de que hagamos lo que hagamos, si nos hemos trabajado a consciencia estamos condenados a ser más fuertes y mejores. Es la gran seguridad que nos proporciona la gestión de nuestra marca.

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Que la fuerza te acompañe y puedas seguir avanzando

Sean cuales sean tus deseos ocultos, siempre habrá manos que te retengan. El reto en la vida es encontrar la fuerza para escapar de estas cadenas. Nathan Sawaya.

Nathan Sawaya es el artista que utiliza piezas de Lego para desarrollar su obra.  Visité con mi familia la exposición The art of the brick en Barcelona que aplaudimos casi por unanimidad, y digo casi, porque la unanimidad es un concepto que en mi familia está por principio desterrado, las decisiones acaban siendo producto de un pacto como suele suceder en la mayoría de grupos humanos.

Sawaya tiene dos trayectorias profesionales. En su primera etapa fue abogado hasta que en el 2004 dejo los despachos para dedicarse a su pasión: crear esculturas con piezas de Lego.

No conozco su biografía más allá de lo que he encontrado en la red, que es bastante poco, pero me imagino las dificultades que tuvo que vencer cuando decidió cambiar su orientación profesional. Dejar la seguridad de una profesión reputada por la incierta vida del artista -que para como utiliza piezas de un juego infantil- no debió de ser fácil y sin embargo triunfó y sus exposiciones itinerantes a lo largo y ancho del mundo son todo un éxito.

Cambiar no es fácil, hay que vencer, por regla general, resistencias tanto internas como externas. Las propias zonas de confort son el primer escollo que hay que salvar y los consejos bien intencionados pueden acabar de rematar la faena y dejar el anhelado cambio fuera de combate.

Aunque no nos sintamos satisfechos con nuestra situación actual y decidamos cambiar el miedo nos puede acabar paralizando. ¿Miedo a que? A lo que no conocemos, a tener que enfrentarnos a situaciones que de momento solo podemos imaginar, a la falta de experiencia, a nuestras propias profecías: “esto no está hecho par mi”, “sería bonito, pero creo que son solo elucubraciones que no llevan a ninguna parte”. El vale más malo conocido que bueno por conocer nos puede acabar consolando y darnos la excusa para no hacer nada. Nuestras manos son las primeras que nos retienen.

Las buenas intenciones ajenas son otra fuente de inmovilismo. En mi vida me he encontrado con dos tipos extremos de buenos amigos que son un obstáculo para avanzar. Los que aplauden las decisiones de manera irreflexiva con una palmada en la espalda y un no explícito, así te las compongas, y los que vuelcan miedos y recelos para que no muevas un dedo. Ambos son letales y acaban siendo las otras manos que, de una manera u otra nos retienen, porque empujar al abismo, esperar el fracaso ajeno disfrazado de palmadas o expandir el terror es una manera muy eficaz de poner barreras. Al final la euforia y el miedo pueden conseguir el mismo objetivo que es, ni más ni menos, que fracasemos en nuestro intento de cambio.

Para preparar un cambio es importante tener herramientas que nos ayuden tanto a tomar decisiones como a tener una visión completa para alejar los malos augurios infundados. Trabajar un modelo de negocio, por ejemplo, nos da esta visión completa y objetiva de un proyecto nuevo y un DAFO nos sitúa en el sutil equilibrio de fuerzas tanto interno como externo. De esta manera alejaremos tanto la euforia como el miedo y nos liberaremos de las manos que nos retienen.

Cuando gestionamos nuestra marca personal aprendemos a salir de nuestras zonas de confort y a alejarnos de aquellos que con sus buenas intenciones nos empujan hacia el fracaso. Una marca personal fuerte encuentra siempre la fuerza para romper las cadenas que la atan al inmovilismo.

Imagen @tommyingberg
emociones
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Emociones que modelan nuestra huella

Las emociones son las grandes olvidadas en la gestión de la marca personal. Sabemos que están ahí, reconocemos su importancia y pasamos por encima de ellas de manera sigilosa, casi con temor de despertar algo que nos cuesta entender, reconocer y, por supuesto, manejar.

Y lo curioso de la situación es que las emociones marcan nuestro tono y el que imprimimos como líderes en las organizaciones. Como si de un coro se tratara el tono emocional nos ayuda a afinar nuestra melodía particular y  la del conjunto, cuando alguien desafina se resiente todo el colectivo. Las emociones son un componente fundamental de nuestra marca personal porque configuran la huella que dejamos en el corazón de los demás.

Amor, alegría, tristeza, rabia y miedo están siempre presentes en nuestra vida y como en muchas ocasiones no sabemos o no nos atrevemos a detectarlas les cambiamos el nombre y nos quedamos tan anchos. Así decimos que estamos estresados cuando lo que en realidad nos sucede es que estamos tristes o que estamos apáticos, desganados, cuando lo que pasa  es que tenemos miedo.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a un desayuno de trabajo organizado por Hunivers People Hub, consultoría de recursos humanos con alma fundada y dirigida por Esther Casademont, sobre Líderes diseñadores de estado de ánimo: cómo generar equipos extraordinarios. Joana Frigolé, coach  y consultora,  hizo una gran introducción al mundo de las emociones y hablo de su importancia cuando queremos construir equipos humanos potentes. Las emociones del líder influyen en el equipo y pueden determinar que se dirija hacia los objetivos propuestos o que se lance por otros derroteros.

Si las emociones impulsan y paralizan a las organizaciones, sus líderes tienen algo que ver con ello y mucho que decir y aportar para generar estados de ánimo positivos. En cualquier caso cada líder debe saber con que gafas emocionales está mirando el mundo para poder influir positivamente y permitir que  la organización y las personas que la conforman puedan fluir.

Fluir es un estado de ánimo que nos hace sentir plenos y en el que, cuando se produce, el tiempo se parece detenerse porque vivimos en un estado completo  de satisfacción. Es una sensación que es posible que hayamos experimentado ya sea realizando una tarea concreta o estando con alguien que nos haya  llenado especialmente; si buscamos con cariño a lo largo de nuestra vida seguro que sabremos detectarla.

El amor y la alegría potencian el fluir, mientras que la tristeza, la rabia y el miedo pueden bloquearlo. Para construir futuro Joana Frigolé recomienda utilizar un lenguaje positivo que ponga el foco en las fortalezas, normalizar los problemas, alejar el victimismo porque mira hacia el pasado, simplificar, soñar para visualizar el punto de destino y sobre todo agradecer cada día la parte de camino recorrida y los aprendizajes obtenidos.

Tomar consciencia y querer gestionar nuestras emociones nos permitirá dejar una huella más profunda.

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El factor miedo dentro de la marca personal

¿A quien no se le ha hecho un nudo en el estómago frente a una situación desconocida? ¿Alguna vez nos ha costado dormirnos o nos hemos despertado inquietos por algún acontecimiento que no dominamos y que se ha presentado de improviso en nuestra vida? o ¿hemos temblado ante la toma de una decisión importante que no sabíamos a que nos podía llevar?

Si somos sinceros, todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida miedo.

El miedo es una emoción provocada por nuestra aversión natural al riesgo o la amenaza. Se manifiesta en forma de angustia, de malestar y, para reforzar su acción protectora, es una sensación desagradable que en su versión más intensa nos paraliza y se llama terror.

Yo siempre he tenido miedos, por lo menos desde que tengo consciencia de memoria. Recuerdo un largo pasillo en la casa de mis abuelos que acababa en una enorme habitación fuera de uso y sumida de manera permanente en la oscuridad. Tuve miedo cuando escogí la carrera que debía acompañar mi trayectoria profesional, también lo tuve cuando vi que en mi primer matrimonio no había más alternativa que la ruptura y lo seguí teniendo cuando decidí, junto con otros socios, comprar una empresa y así en bastante más ocasiones. El común denominador en estas situaciones era que se abría una puerta hacia algo desconocido fuere un espacio oscuro o un futuro incierto por estar fuera de mi control.

Al otro lado del miedo se mueve una recompensa, un beneficio que obtendremos si somos capaces de superar la situación y actuar, que puede ir desde un beneficio material a sentirse mejor y ser más feliz. Al final del negro pasillo había primero caramelos o una propina y después la felicidad por la superación de un desafío, tras la ruptura había la esperanza de un reencuentro conmigo mismo de una vida más plena y equilibrada. Y en el ámbito empresarial y profesional detrás de cada miedo hay un paso adelante medido en forma de experiencia o de resultados.

El miedo es también un compañero de nuestra marca personal, la huella que dejamos está llena de miedos de todos los colores porque nuestras acciones no son neutras y siempre tienen riesgos.

El miedo también me ha paralizado, no el pánico que implica una pérdida de control de la situación, si no el terror hueco que sin que te des cuenta te mantiene en tu zona de confort y te desactiva para evitar que te enfrentes con algo o con alguien o contigo mismo. Cuando el miedo te aleja del conflicto sin más alternativa se convierte en paralizante y te pone a disposición de los demás y de las circunstancia. Aceptar el conflicto como algo natural refuerza la marca personal mientras que  jugar a la avestruz  la congela o la erosiona pero nunca la potencia.

Para vencer el miedo hemos de tener consciencia de que existe porque muchas veces se esconde bajo la forma de malestar o desidia y lo primero que necesitamos es identificarlo.

Conocer, reconocer y gestionar nuestras emociones y también las de los demás es el primer paso para poner un nombre a cada una de ellas y poderlas reconocer. Esto significa que es importante tener nuestra inteligencia emocional en plena forma porque de lo contrario corremos el riesgo de ahogarlas y entrar en una situación involuntaria de autoengaño. Tener consciencia y capacidad de manejar nuestras emociones nos servirá para poner cada pieza de nuestro puzzle en el lugar que le corresponde, la empatía y la asertividad nos ayudarán a ponernos en la piel de nuestros interlocutores y a mantener cuando sea necesario nuestro punto de vista de manera eficaz y sin renunciar a nada importante permitiendo que cuando sea necesario el conflicto fluya y el miedo se aleje.

Tener definidos nuestro foco y nuestros valores nos allanará el camino porque nos ayudará a poner cada cosa en el lugar y a distinguir lo importante de lo superfluo y lo tolerable de lo que no lo es para poder decidir sin temor y no quedarnos encerrados en la falta comodidad de la inacción.

Profundizar en nuestro autoconocimiento es la manera más útil de reconocer cuando el miedo nos acecha para convertirlo en nuestro aliado y en un valor para nuestra marca personal.

Si quieres vencer tus miedos cuenta conmigo.

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El espacio de las marcas personales

Hemos dejado un año atrás y entramos volando en el siguiente. El paso del tiempo me recuerda el movimiento ondulante de una pluma que se desliza por el aire moviéndose al son de una partitura inexistente. No podemos averiguar a dónde va pero sabemos que inexorablemente irá a alguna parte.

Un cuerpo que se desplaza por el aire no deja ni huella ni estela, aparece de improviso y desaparece con el mismo sigilo con el que llegó dejando un recuerdo tenue y fugaz. En el aire no se deja marca.

[bctt tweet=”En el aire no se deja huella pero en el mundo dejamos marca.”]

Vivimos tiempos todavía inciertos y convulsos que engendran situaciones que son difíciles de comprender y de asimilar, nuestro entorno, y nosotros con el, avanza sin brújula aparente. Es difícil saber dónde está el norte y nos invade un sentimiento de caos que se manifiesta tanto en la política y la economía como en el marco de las relaciones globales. Un año más podemos decir que nunca hemos tenido mejores posibilidades que ahora y sin embargo el mundo está cada vez más polarizado entre los que tienen más que de lo que necesitan y los que carecen absolutamente de todo. Nunca las escenas de dolor han acaparado tanto tiempo en nuestra existencia y hemos aprendido sin darnos cuenta a convivir con ellas sin que nos produzcan ni repulsión ni asombro. Jamás hemos estado tan cerca de la destrucción de nuestro entorno. Los principios y las libertades que se habían considerado fundamentales se van diluyendo en aras de la seguridad y la gobernabilidad. Y lo más chocante es que no encontramos colectivamente un relato con sentido, no somos capaces de explicarnos nuestro propio mundo y no tenemos las riendas del espacio vital que ocupamos. Vivimos  algo parecido al “no lugar” que definió el antropólogo Marc Augé hace unos años.

[bctt tweet=”El personal branding dota de las herramientas necesarias para entender el espacio que habitamos”]

En este entorno que podría ser desolador las personas tenemos la posibilidad de dominar el timón de nuestro destino y convertir los espacios que individuamente ocupamos en espacios con sentido. Y esta es la aportación fundamental del personal branding, dotar a cada persona de las herramientas necesarias para que pueda entender la porción del espacio que habita, formular su proyecto personal, sembrar la semilla del cambio y dejar huella de manera que la suma de muchas huellas vuelva a convertir al mundo en un lugar con sentido.  La suma de las marcas personales hace que el mundo cambie y es por este motivo que el personal branding es revolucionario.

En el aire no se deja huella pero en el mundo dejamos marca.

Feliz Año 2016, hagamos que sea un año que deje marca.

Imagen @Vincent Bourilhon
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La importancia de la visión en la marca personal

En algún momento de nuestra vida todos hemos soñado. No me refiero al sueño cotidiano, y generalmente, inconsciente que pasa por nuestra vida de manera discreta la mayoría de las veces aunque en otras ocasiones nos despertamos sobresaltados, aterrados y desconcertados, o al revés, nos deja una suave sensación de lasitud, placer y felicidad; me refiero a aquellos momentos en los que hemos imaginado de manera más o menos consciente nuestro futuro, nos hemos proyectado hacia él y por un instante hemos vivido la sensación de haber conseguido algo importante para nosotros, hemos acariciado con nuestra imaginación la felicidad en forma de un proyecto profesional , un abrazo de alguien muy deseado, un logro personal superando un fuerte desafío, el beso cálido que siempre hemos esperado o simplemente algo material que nos hace mucha ilusión poseer y que en un momento dado somos capaces de ver, tocar y oler. Todos o casi todos hemos soñado que hemos tocado el cielo y hemos sido felices, hemos tenido una visión.

[bctt tweet=”La visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida y define la marca personal”]

Nuestra visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos permite proyectarnos al final de nuestras vidas y contestar a la pregunta de cómo nos gustaría ser recordados. Y no es una declaración que se graba a fuego alguna parte de nosotros, ya sea nuestro corazón o nuestra mente, si no que es en muchos casos un pensamiento volátil que si no lo mantenemos vivo desaparece con el tiempo, se borra de nuestro recuerdo y pierde la oportunidad de verse convertido en realidad.

En nuestra mente imaginamos situaciones ideales, desde un yo nuestro ideal, una pareja, un trabajo o un proyecto ideales que en un momento dado abrazamos, sentimos, tocamos y nos emociona intensamente, tanto que afirmamos que estamos viviendo la felicidad. El tiempo pasa, el día a día exige dedicación, las decisiones nos aprietan, aparecen situaciones que identificamos como oportunidades que nos llevan  por caminos insospechados y sin darnos cuenta nuestras situaciones ideales se van desvaneciendo hasta ser unas completas desconocidas. Y nos encontramos con parejas, trabajos y proyectos que no identificamos como nuestros; solemos decir que la vida o el día a día nos han llevado hasta allá y aunque hayamos podido alcanzar situaciones de éxito no lo vivimos con alegría si no con la perplejidad de estar conviviendo con un extraño.

Los momentos de mayor plenitud en nuestra vida no son aquellos en los que estamos donde nos sentimos cómodos si no aquellos en los que tenemos la valentía de estar allí dónde nuestra visión nos lleva.  La comodidad generalmente es fruto de la relajación y la visión es el faro que nos orienta para encontrar el camino que tenemos que seguir. Tomando mi ejemplo preferido de un ruta montañera, la comodidad nos lleva a tomar el camino más fácil o a quedarnos simplemente al buen resguardo del refugio mientras que la visión nos indica que tenemos que continuar el ascenso aunque nos duela el cuerpo y el viento sea gélido.

Sin visión no podemos dejar huella porque sin brújula o sin ver las estrellas perdemos la orientación y vamos hacia ninguna parte por esto para gestionar nuestra marca personal tenemos que descubrirla o recordarla. La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad, nadie puede redactarnos nuestra declaración de visión porque nadie puede construir nuestra vida, mejor o peor explicada sólo cada uno de nosotros es capaz de revelarla.

[bctt tweet=”La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad”]

Trabajar nuestra visión no es complicado y sólo necesitamos dejarla fluir, que salga de nuestro interior. Para ello hemos de procurarnos unas condiciones favorables de silencio y recogimiento que nos faciliten la labor. Un entorno ruidoso, excesivamente luminoso o tenso no es el más recomendable; respirar profundamente cómodamente sentados aceptando con cada inspiración que la vida penetra en nuestro interior, que el aire nos transforma y que cuando expiramos llevamos al exterior aquello que nos impide crecer nos ayudará a crear un clima personal de apertura hacia nosotros. Y estaremos en condiciones dejar salir nuestros sueños, de escoger aquel que nos da mayor sentido y redactarlo para poderlo tener presente en el futuro, en cada momento.

La visión nos ayuda a tomar las decisiones cotidianas, aceptar aquellas cosas que nos ayudan a mantenernos en el camino o que nos impulsan a dar un salto adelante y a rechazar las que nos paralizan o nos hacen retroceder aunque puedan proporcionarnos placer y comodidad. Y lo haremos con pasión aunque el final todavía esté lejos y por el momento sólo seamos capaces de abrazar el aire.