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Propuestas para no sabotear los proyectos propios

El fuego amigo es  muy conocido en los círculos militares, se refiere a aquella situación en la que los disparos provienen del propio bando y es muy temido porque crea desconcierto y causa muchas bajas que se hubieran podido evitar. Generalmente se produce por fallos de coordinación que llevan a tomar como enemigos a  los que no lo son, y el resultado es que las bajas se producen en el bando propio.

Cuando decidimos emprender, ya sea dentro de la propia empresa o por nuestra cuenta, tenemos que evitar generar fuego amigo que nos pueda llevar por caminos no deseados si no directamente al desastre.

Lo peor que nos puede pasar es convertirnos, sin quererlo, en nuestro propio enemigo y lanzar dardos envenenados hacia donde más duele: la moral. Emprender es una decisión que nos lleva a desarrollar un proyecto en condiciones de incertidumbre, de riesgo, de posibilidad de éxito y de error; y esto ya de por si es complicado de gestionar y puede serlo todavía más si permitimos que nos invadan pensamientos negativos que incrementen el nivel de inseguridad. Si somos capaces de identificar este tipo de situaciones de antemano cuando aparezcan tendremos mayores posibilidades de hacerles frente y neutralizarlos.

[bctt tweet=”Emprender es una decisión que nos lleva a desarrollar un proyecto en condiciones de incertidumbre. Si nos invaden pensamientos negativos el nivel de inseguridad crece.”]

Los pensamientos negativos aparecen en los momentos más inoportunos y de manera preferente cuando estamos en horas bajas. Es como si quisieran hacer leña del árbol caído, o en los momentos en que tendríamos que estar celebrando un avance aparecen para aguar la fiesta. Son tóxicos porque emponzoñan nuestra existencia, muchas veces consiguen apartarnos de nuestros objetivos y lo peor es que somos nosotros mismos los que los fabricamos.

En el origen del mal está la semilla de la solución ya que, si nosotros los creamos, también podemos deshacernos de ellos conociéndonos mejor, tomando consciencia de lo que nos está sucediendo y teniendo a mano un botiquín de primeras curas para desactivarlos cuando aparezcan.

Veamos algunos ejemplos de pensamientos negativos dispuestos a convertirse en fuego amigo:

  • No soy capaz. Después de estar años y años luchando en muchos frentes y habiendo demostrado que somos capaces de salir airosos de las situaciones más complicadas de pronto nos damos cuenta de que no servimos para lo que precisamente nos hemos propuesto con tanta ilusión. Y la idea del fracaso se asoma por el horizonte. Es hora de hacer un balance de nuestra trayectoria profesional hasta el momento actual y recordar cómo hemos hecho frente a situaciones similares. Esto ayudará a resituarnos y a no ver el presente y el futuro tan amenazantes; hablar con otras personas que hayan pasado por circunstancias de incertidumbre y por dificultades nos puede ayudar a encontrar el camino de la solución y volver a sentirnos capaces den si no comernos el mundo, por lo menos movernos sin miedo.
  • No estoy preparado. En un mundo en constante cambio. ¿Quién está suficientemente preparado? Los emprendedores tenemos el alma de director de orquesta, sabemos crear sonidos armónicos pero no somos virtuosos en ningún instrumento. Y mejor que nunca lo seamos, porque cuando esto suceda estaremos perdiendo visión y oportunidades. Cuando amenace el fantasma de la falta de preparación es recomendable recurrir a la experiencia para agarrarnos a nuestras auténticas palancas, el camino que hemos recorrido nos ha hecho indiscutiblemente sabios y a las personas que nos pueden complementar para llegar a alcanzar nuestros objetivos.
  • Yo solo no puedo con todo. Y nadie te lo pide. Busca ayuda en otros profesionales, reparte juego y vende tu proyecto con ilusión para que otros te acompañen y apoyen. El buey solo bien se lame del dicho popular no sirve para hacer negocios y las buenas alianzas pueden sacarnos de la soledad y de más de un atolladero.
  • Ya no se ni para que sirvo. Es un obús que muchas veces lanzamos a nuestro punto de flotación y no tiene otra finalidad que cargarnos nuestra propuesta de valor. Si antes de comenzar un negocio o un proyecto trabajamos a fondo la estrategia, y somos capaces de explicarnos cuál es nuestro propósito y cuáles son nuestras propuestas de valor, cuando lleguen las dudas podremos tirar mano de nuestro modelo de negocio para disipar dudas al instante.
  • No tengo carácter. O en otras palabras no sé por qué me he metido en esto. Los que somos aficionados a subir montañas tenemos más posibilidades de comprender esta situación ya que cuando llevas horas andando, sudando, hambriento y con los pies doloridos te preguntas que diantres estás haciendo allí cuando podrías haberte quedado en casa y lo más chocante es que la mayoría de veces has iniciado el camino con ilusión después de haber preparado minuciosamente el ascenso. La mejor manera de superar esta situación es tener una imagen clara de dónde queremos llegar y de dónde estamos en cada momento, poder visualizar la cima o los objetivos que nos hemos propuesto nos ayuda a disipar dudas sobre nuestra capacidad emocional para hacer frente a los retos y un buen mapa mental ayuda mucho a tener las cosas claras. Al final, cuando llegamos a la cima, la satisfacción por haber luchado para no desfallecer nos hace recuperar la confianza con creces y nos refuerza para aventuras futuras.
  • No me lo merezco. Es una frase con dos lecturas. La primera es que cuando las cosas van viento en popa aparece en nuestro pensamiento para quitarnos el derecho a triunfar. He tenido algunos clientes que de manera monótonamente periódica esperaban que llegara el momento de ser desenmascarados por su impostura ya que estaban convencidos que el haber llegado hasta sus puestos actuales no era más que un error de casting por parte de sus jefes o de sus clientes y lo peor de todo es que cuando ya se veían de patitas en la calle o en la ruina llegaba un nuevo ascenso o un nuevo contrato que volvía a llenarles de desazón. Yo he llegado a la conclusión de que este tipo de personas tienen un concepto tan elevado de lo que es potencialmente bueno, de lo que se espera que sean, que cuando se ven en la realidad, llenos de contradicciones, no se aceptan tal como son y se identifican como impostores a pesar de que los resultados lo niegan. Lo mejor es darse a uno mismo la posibilidad de equivocarse y tomar perspectiva de las situaciones. La meditación ayuda mucho así como poder contrastar el desempeño con alguien de confianza o con un mentor. La segunda lectura aparece cuando las cosas van mal y para no tomar responsabilidades sobre el asunto nos repetimos hasta la saciedad que no merecemos el trato recibido por parte de quien sea o, cómo no, del destino que nos tiene tirria: Vaya como si la cosa no fuera con nosotros. En este caso hacer un esfuerzo de lucidez para ver que tipo de responsabilidad tenemos sobre las cosas es de gran utilidad y pedir feed back al entorno puede aclararnos muchas cosas.

Vayan las cosas bien o mal no nos castiguemos. Somos responsables de los éxitos y de los fracasos y tenemos la posibilidad de asumirlo pero en ningún caso tiene sentido que practiquemos actos de sabotaje hacia nuestra persona y nuestros proyectos. Aprendiendo de todas las situaciones reforzaremos nuestra marca personal.

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11 maneras de poner la suerte de tu lado

Es cierto que achacar a la suerte los acontecimientos positivos y negativos de la vida es el pretexto de los fracasados porque el éxito y el fracaso son el producto de las acciones que cada cual decide poner en práctica, no del azar o de la casualidad.
En los años que llevo asesorando y ayudando a mis clientes a desarrollar su marca personal he tenido la oportunidad de ver situaciones de éxito y de fracaso de proyectos personales y profesionales. Muchas veces me he preguntado qué es lo que lleva a algunas personas a tener la capacidad de conseguir poner en marcha sus sueños, mientras que otras, cargadas de buena voluntad se quedan por el camino y aunque éxito y fracaso son términos relativos porque dependen de la interpretación individual y en ocasiones lo que a simple vista podría interpretarse de manera negativa resulta que para quien lo vive no lo es en absoluto he llegado a encontrar algunas características que reúnen casi todos los triunfadores reúnen.

  1. Las personas que triunfan tienen clara su visión que utilizan para tomar decisiones tanto corrientes como estratégicas. Primero lo primero, parafraseando a Stephen Covey.
  2. Se fijan objetivos a corto y largo plazo, y no van a salto de mata. Séneca dijo que si un hombre no sabe a que puerto navega, ningún viento le es favorable.
  3. Utilizan los conocimientos que poseen para ponerlos al servicio de sus objetivos y hacen serios esfuerzos para mantenerse al día, pero sin obsesionarse por sus carencias.
  4. Porque están enfocados a la acción y evitan las situaciones de parálisis por el análisis, en caso de duda actúan valorando los riesgos en que incurren y aprenden de los resultados. Hacen suya la frase de Hernán Cortés de que en circunstancias especiales el hecho debe ser más rápido que el pensamiento.
  5. Les motiva tomar decisiones.
  6. Dejan rastro de las cosas que hacen y convierten sus acciones en procesos documentados que se pueden repetir y mejorar.
  7. No les da miedo ir a contracorriente y moverse en entornos poco amigables porque saben que, como decía Winston Churchill, la cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor.
  8. Elaboran indicadores para valorar su desempeño y los siguen de manera sistemática para corregir el rumbo si es necesario.
  9. Controlan su tesorería, su caja, gestionan sus recursos, viven de acuerdo con sus posibilidades y reinvierten los excedentes.
  10. Son perseverantes, no abandonan cuando las cosas se tuercen pero tienen la humildad de retirarse cuando ven que sus acciones se apartan de su visión.
  11. Gestionan su marca personal y no tienen miedo a que los demás les reconozcan y les elijan.

Os propongo un ejercicio: Buscad tres ejemplos de personas que consideréis que han triunfado, en la vida o en los negocios, mirad que rasgos tienen en común y si algunos coinciden con los que he detallado. Una vez hecho esto centrad la mirada en vosotros para ver si es posible desarrollarlos.

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Comportamientos tóxicos que envenenan la marca personal

Hay comportamientos sanos y comportamientos tóxicos, los primeros ayudan a abrir camino y los segundos ponen piedras para impedir el paso. Los comportamientos tóxicos viven muchas veces en simbiosis con personas que tienen una apariencia normal pero que en la práctica, en su manera de hacer y comportarse día tras día emponzoñan los ambientes y echan a perder relaciones y negocios.  Y si el hábito hace al monje el comportamiento hace a la persona por lo que de comportamientos tóxicos acaban saliendo personas también tóxicas.

[bctt tweet=”Si no apartamos las actitudes tóxicas acabarán siendo hábitos en el quehacer diario que nos dañarán”]
Hace algún tiempo hacía un inventario de estereotipos tóxicos que pueden arruinarnos la vida y la marca que dejamos, hoy me centraré en los comportamientos para que tengamos los sensores en posición de alerta y los detectemos con celeridad en nosotros y en los demás para evitarlos en cualquier caso. Si somos nosotros los que tenemos actitudes tóxicas y no las apartamos de nuestro quehacer cotidiano podemos acabar incorporando hábitos negativos, es decir, vicios, que marcarán sin lugar a dudas la huella que dejamos en los demás de manera negativa, o lo que es lo mismo, corromperán nuestra marca; si son personas próximas a nosotros los que los detentan nos fastidiarán, y fastidiarán a los que nos rodean y al final pueden acabar con nuestra capacidad de resistencia y hacer daño a nuestra marca personal. En cualquier debemos huir de los comportamientos tóxicos como de las llamas porque pueden convertirnos en cenizas.
La primera de las grandes actitudes tóxicas es querer tener siempre el control de las cosas, situaciones, tareas y negocios sin dejar espacio a los demás, o se es el rey o se destruye la cosa. El control no es malo pero se vuelve tóxico cuando se convierte en una obsesión y que impide comprometerse en aquello que no depende estrictamente de uno. Se trata de una actitud egocéntrica, desconfiada y desmovilizadora ya que los individuos que la detentan acostumbran a rodearse de gente mediocre porque el temor de que las situaciones se les escapen de las manos es más poderoso que cualquier proyecto que puedan tener entre manos.  Los controladores son desconfiados, no acostumbran a escuchar a los demás y sólo están seguros si hacen las cosas por sus propios medios porque delegar en el fondo les da pánico y nunca cortan el cordón umbilical con sus colaboradores que siempre están en situación de dependencia.
En segundo lugar encontramos el miedo a la diferencia. La falta de seguridad personal hace que todo lo que no esté cortado con el mismo patrón sea  susceptible de convertirse en una amenaza y por regla general son las propias personas que tienen esta actitud las que quieren marcar las reglas. Acaban siendo como el perro del hortelano que ni ladra ni deja ladrar.
[bctt tweet=”La falta de seguridad personal hace que la diferencia sea susceptible de convertirse en amenaza.”]
En tercer lugar aparecen los sembradores de inquietud, que entran en la vida de los demás con la aparente voluntad de ayudarles cuando en realidad lanzan profecías o maldiciones para desmovilizarlos. Normalmente dan consejos que en vez de impulsar a la acción invitan al abandono. En muchos casos son víctimas de una envidia descontrolada de la que hablaremos más adelante.
En cuarto lugar está la crítica destructiva que es una actitud, en muchos casos un mal hábito, que se centra en destruir a las personas por pura diversión sin aportar nada de positivo. La crítica destructiva se practica a espaldas de los afectados y busca la complicidad del entorno de tal manera que los que la practican pueden llegar a excluir a aquellas personas que no siguen su juego. No debemos confundir la crítica negativa con tener una opinión distinta o contraria respecto a otra persona porque la primera es gratuita mientras que la segunda se basa en hechos objetivos.
Y finalmente, en quinto lugar, aparece la envidia que es el sentimiento de frustración por una carencia que parece que los demás no tienen. El envidioso es un personaje inseguro que quiere destruir a aquellos que según su criterio poseen lo que a él le falta y esto último puede abarcar un enorme abanico de posibilidades desde dinero y estilo de vida amor y amistades pasando por conocimientos y habilidades. Los envidiosos que conozco son en el fondo unos narcisistas con un cierto grado de inmadurez porque al final te das cuenta que lo que les mueve no son las cosas que los demás tienen si no el hecho de que los demás las tengan.
La mejor manera de alejar de nosotros estas actitudes tóxicas es tener identificado nuestro foco, lo que nos mueve, nuestro sueño. Tener un objetivo por el que luchar nos alejará de la frustración y de la toxicidad y nos ayudará a tener unas relaciones más sanas con los demás.

Tiempo y silencio, cimientos de la marca personal

El roce hace el cariño y esto requiere tiempo. Cada año por estas fechas, con mi familia llegamos a esta conclusión después de las vacaciones. Hay algo repetitivo, y no por ello menos importante, que es el comprobar que al pasarnos un mes juntos nos sentimos más fuertes y con la certeza de que hemos crecido como personas y como colectivo.

El tiempo es irremplazable y muchas veces, cuando nuestras posibilidades para dedicarnos a los nuestros son bajas, pasamos a hablar de tiempo de calidad, que no es más que poco tiempo pero con dedicación intensa, para convencernos de que la concentración tiene un efecto aglutinador de la relación y así olvidamos que siempre nos estamos moviendo en entornos líquidos.

En las relaciones con las personas lo bueno si es breve no tiene porque ser forzosamente dos veces bueno. Necesitamos disponer de tiempo para dejar que los acontecimientos maduren, para dejar un lugar a la duda y a la perplejidad sin atosigarnos y para saborear los silencios.
El poeta catalán Miquel Martí i Pol decía que saborear el silencio es una muy discreta forma de amar.
El silencio nos ayuda a conocernos mejor, a conocer a los demás y, sobre todo, a respetarnos. Y vivirlo requiere tiempo, no tiempo de calidad, si no tiempo en bruto.

[bctt tweet=”El silencio nos ayuda a conocernos mejor, a conocer a los demás y, sobre todo, a respetarnos.”]
Y antes y después del silencio están las palabras. Las conversaciones de calidad no pueden ser precipitadas, requieren presencia que es tener la mente y el cuerpo dedicado a las personas con las que estamos hablando para poder poner al cien por cien nuestra capacidad de escucha y para preguntar. Sin preguntas una conversación se convierte en una simple charla.
Aprendemos los unos de los otros y hay muchas cosas que sabemos porque alguien nos la ha transmitido. Desde dar un beso o una caricia, aprender un refrán a preparar una buena comida. La transmisión de valores y conocimientos requiere presencia, insistencia, perseverancia y sobre todo dedicarle tiempo.

Estar físicamente en contacto nos facilita información de los demás y a lo largo del tiempo ponemos de manifiesto lo bueno y lo malo que llevamos dentro. Para conocer a los demás necesitamos vivirlos y sin invertir tiempo no podemos hacerlo.
No existen relaciones eternas. Las relaciones siempre son líquidas, fluyen de manera constante, necesitan ser creadas, alimentadas, cuidadas y disfrutadas día a día. El tiempo invertido mejora y enriquece la calidad de las relaciones. También es estadísticamente cierto que cuando las relaciones entre personas están deterioradas el contacto prolongado puede acelerar las rupturas.
Y disponer del tiempo necesario para lo que es realmente importante para cada uno de nosotros es siempre el resultado de una elección.

[bctt tweet=”La gestión de la marca personal es una carrera de fondo y el tiempo influye en su calidad.”]

La gestión de la marca personal tiene más a ver con una carrera de fondo que con una de velocidad y el tiempo influye de manera directa en su calidad. Si no le dedicamos todo el tiempo necesario los resultados serán menores que los esperados y tardaremos más en ser conocidos, reconocidos, memorables y elegidos.

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El storytelling, el DNI de nuestra marca personal

Si la fe mueve montañas las historias ablandan los corazones. Un buen relato es la mejor contraseña para conectar emocionalmente con nuestro interlocutor y nos ayudará a ser  conocidos, reconocidos, memorables y elegidos. Una buena historia, la nuestra, es la mejor herramienta de comunicación de nuestra marca personal.

El storytelling, la narrativa, el contar historias, es una técnica publicitaria muy conocida y utilizada y su incorporación al personal branding es una consecuencia lógica que ayuda a comunicar la propuesta de valor.

Cuando trabajamos nuestro relato tenemos en el visor a nuestro público objetivo, queremos emocionar para que nuestro mensaje cale hondo y muchas veces olvidamos que el primer destinatario de nuestra historia somos nosotros mismos.

Nuestra marca personal no es una marca comercial y cuando tomamos consciencia de que es importante gestionarla ya hemos recorrido una parte importante de camino, nunca partimos de cero y nuestro pasado importa porque gracias a él somos lo que somos en un momento dado. Podemos cambiar, podemos mejorar, podemos hacer grandes planes, podemos reformular  nuestra propuesta de valor, pero no podemos hacer tabla rasa, venimos de donde venimos y hemos de ser conscientes de ello.

Nuestro pasado, sea cual sea, es una palanca fundamental para proyectarnos hacia el futuro. Es posible que hayamos tenido éxitos importantes o que hayamos metido la pata hasta el fondo, pero si estamos aquí es gracias a ello, todo ha sido motivo de aprendizaje que ayuda a situarnos en el momento presente y a visualizar el futuro.

Por esto decir que cuando elaboramos el relato de nuestra marca personal el primer destinatario somos nosotros no es una necedad. Trabajar nuestro relato nos ayuda a tomar consciencia de donde venimos y a definir la meta que nos proponemos alcanzar. Y como no, hemos de ser los primero en creérnoslo.

Nuestro storytelling no es una técnica publicitaria, es un acto de libertad a través del cual exponemos nuestro objetivo en la vida que es nuestra visión,  la manera de alcanzarlo que es  nuestra misión , las reglas con las que queremos hacerlo que son nuestros valores y por supuesto explicamos nuestra propuesta de valor y lo que nos hace únicos.

Para convencer a los demás tenemos que estar en primer lugar absolutamente convencidos de que nuestra propuesta es realmente de valor, de lo que nos hace únicos y de que lo que estamos proponiendo tiene sentido. El primer paso para el éxito comienza en uno mismo pero, no lo olvidemos, el primer paso para el fracaso también. Es por esto que nuestro relato es personal e intransferible porque está embebido de nuestra historia y de nuestros proyectos, porque conecta lo que hemos sido hasta el momento presente con lo que queremos ser y porque explica como a través de lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, sea larga o corta,  ayudaremos a nuestro público, a nuestros clientes, a alcanzar sus objetivos.

Que el relato sea personal e intransferible significa estrictamente que tiene que ser un reflejo de lo que somos, un relato artificial convertirá nuestra marca personal en un artefacto y acabaremos perdiendo la credibilidad de los demás. A través de trabajar el autoconocimiento, los personal branders ayudamos a nuestros clientes a redactar storytelling poderosos, emocionantes y convincentes.

Cuando nuestro relato nos convenza y emocione ya estaremos capacitados para ponerlo en conocimiento de los demás.

¿Tienes ya un relato elaborado? ¿Eres consciente de lo que cuentas a los demás? Ya sabes que estoy a tu disposición para ayudarte.

Imagen @Rodney Smith
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Las decisiones son para el verano, piénsalo bien

Uno de los aspectos más característicos de las vacaciones es que tenemos más tiempo para pensar en nosotros. No es que durante el año laboral no lo hagamos. Claro que pensamos en nosotros para protegernos, para alimentarnos, para satisfacer nuestras necesidades básicas, para no perder el trabajo -o la cabeza-,  pero a lo que me refiero es que no tenemos tiempo para pensar en el medio y largo plazo. Casi siempre lo postergamos porque tenemos cosas más urgentes que hacer, porque estamos cansados o porque nos da miedo abrir una puerta que en el fragor de la batalla del día a día no sepamos cómo cerrar y además tenemos alrededor nuestro otros estímulos que nos ayudan a llenar los momentos de soledad sean redes sociales, televisión, trabajo doméstico o el paso de los coches por la calle, todo vale con tal de que no tengamos ningún tiempo vacío a nuestra disposición.

Durante las vacaciones el fenómeno es a la inversa, nos vemos inmersos a una convivencia forzosa con las personas más próximas porque no existe la posibilidad de volver tarde para acabar un proyecto urgente, la cobertura de nuestros cachivaches electrónicos no siempre es la óptima, ya sea porque no llega al lugar dónde estamos, o porque el exceso de demanda pone el sistema de comunicaciones fuera de combate, o porque recibir y mandar datos es tan caro por el imperativo de la itinerancia que se hace prohibitivo. La consecuencia de todo ello es que por una parte disponemos de tiempo y por otra podemos ver la realidad sin la contaminación de otros asuntos, es decir, con perspectiva y es el caldo de cultivo favorable a la toma de decisiones grandes o pequeñas.

Para no dispersarnos en pensamientos inútiles y evitar que nuestra mente ejerza el mismo papel narcotizante que el televisor en momentos de zapping vale la pena tener a mano una batería de preguntas que nos ayuden a reflexionar sobre nosotros. Sin ánimos de amargar la existencia a individuos y familias he preparado algunas cuestiones que nos ayuden a abrir aclarar la situación en que nos encontramos, el punto de partida, que nos ayuden a pensar y si es preciso abran las puertas de las decisiones.

  • ¿Controlas tu vida? ¿Tienes la sensación de que detrás de lo que te sucede estás tu o de que son las circunstancias las que escriben tu agenda?
  • ¿Disparas sobre dianas o das palos de ciego? ¿En lo que haces y decides estás centrado en aquellas cosas en las que tienes algún tipo de influencia o vas andando a trompicones intentando cambiar lo que no depende de ti de ninguna manera? ¿Sabes identificar aquello en lo que realmente puedes influir?oñ
  • ¿Cuándo organizas tu agenda durante el año qué criterios utilizas para dar prioridad o no a los asuntos que van apareciendo?
  • ¿Tienes algún sueño que te gustaría cumplir? ¿tienes entre manos algún proyecto que te emocione?
  • ¿Tu vida está equilibrada? ¿Cuáles son las cosas importantes a las que quieres dedicar tu tiempo?:¿Familia? ¿trabajo? ¿amigos? ¿dinero? ¿salud?…
  • ¿Lo que haces tiene valor para los demás? ¿Les ayudas en algo? ¿Les tienes en cuenta? ¿O siempre hablas de ti?
  • ¿Cómo valoras tu salud? ¿Necesitas actuar para mejorarla?

Busca un cuaderno nuevo y ponte manos a la obra y si es posible dibuja un esquema con los resultados obtenidos poniéndote tu en el centro y los resultados conectados a su alrededor.

Y prepárate para tomar decisiones a la vuelta de vacaciones y en caso de duda pregúntame.

Feliz trabajo.

 

Imagen: @Edward Hopper “Gente al sol”
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Si ser el mejor te paraliza, sé simplemente bueno

¿Has tenido alguna vez la tentación de abandonar una idea o un proyecto por el temor a que tú aportación no fuera la mejor de las posibles?  ¿Te has sentido mal contigo mismo por la angustia de no poder llegar a todo?  Todos nos hemos enfrentado alguna vez a situaciones en las que al tener la certeza de no poder dar la mejor de las respuestas nos hemos estresado, abrumado y nos ha venido un impulso irrefrenable de salir corriendo. La incertidumbre de alcanzar el resultado óptimo puede hacernos renunciar a la mejor de las opciones.

El exceso de expectativas en la realización de un proyecto personal, profesional o empresarial tiene el mismo efecto que el exceso de información en la elección de diferentes opciones. Cuando vamos al supermercado a comprar cualquier tipo de producto nos encontramos con decenas y hasta centenares de posibilidades para escoger algo que satisfaga nuestras necesidades y el resultado de este exceso generalmente es la insatisfacción; es lo que se describe como la paradoja de la elección que formuló de manera magistral el psicólogo Barry Schwartz.

El temor a no saber escoger la opción óptima nos produce estrés e insatisfacción y la solución parece estar, de acuerdo con las investigaciones de Schwartz, en encontrarse cómodos con el concepto “suficientemente bueno” en vez de perder el tiempo y a riesgo de paralizarnos buscando la decisión perfecta.

Cuando se trata de desarrollar nuevos proyectos u ofrecer nuevos servicios a los clientes sucede algo similar. Generalmente buscamos la perfección en una doble faceta: que el servicio sea el mejor y que la gestión sea absolutamente controlable de manera que, desde el principio, sepamos exactamente los resultados que vamos a obtener durante toda la vida del proyecto. Como ambas facetas están sujetas a incertidumbre porque controlamos sólo una  parte de los procesos, el resultado puede derivar en una colección de dudas que acaben paralizando y hasta abortando el proyecto, la idea o el negocio.

Para mitigar los efectos negativos de la perfección Eric Ries, creador de la filosofía Lean Startup, acuñó la idea de producto mínimo viable con el objetivo de facilitar el aprendizaje validado por los clientes al menor coste y que Brant Cooper definió como “un producto con el mínimo de características necesarias para lograr un objetivo específico y que los clientes estén dispuestos a pagar de alguna forma con un recurso escaso”. El producto mínimo viable tiene que ser barato, fácil de proporcionar a los clientes, que permita medir los resultados conforme se vayan produciendo y que responda a una auténtica propuesta de valor, algo que solucione algún tipo de problema a los clientes. El producto mínimo viable nos lleva desde lo bueno hasta lo mejor.

Ahora ya no tienes la posibilidad de excusarte en querer ofrecer lo opimo y ya sabes lo que tienes que hacer cuando se te  ocurra una nueva y brillante idea de negocio.

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Dónde está el motor de la marca personal

Quien no pisa fuerte, no deja huella. Y en tiempos líquidos como los actuales, quien no tiene la consistencia suficiente para mover las aguas, no deja ver su estela. Este es el meollo de la cuestión de toda marca persona: la potencia de la pisada y la calidad del surco dependiendo de los momentos y de los entornos.
De poco sirve un automóvil que, a pesar de tener una carrocería atractiva y un sistema de navegabilidad de última generación, es incapaz de recorrer distancias a una velocidad decente, subir cuestas o moverse en suelos poco estables; si el motor no tira, el resto de elementos pierden funcionalidad y se convierten en puramente decorativos. Lo que define un vehículo automóvil es su capacidad para trasladar personas y objetos de un sitio para otro, no su carrocería ni su equipamiento, aunque también es cierto que un motor potente y un equipamiento flojo lo desmerecen y devalúan.
Cuando gestionamos una marca personal tenemos que saber distinguir su motor de los complementos y centrarnos en lo que es realmente importante, sin olvidar que al final la armonía y la potencia del conjunto serán imprescindibles para conseguir que sea conocida, reconocida, memorable y elegida.

El motor de una marca personal es la persona. Si no tenemos claro este principio habremos empezado el camino con mal pie. Sin persona no hay marca, sin persona no hay huella.
La mejor contribución que podemos hacer los personal branders a nuestros clientes es ayudarles a reconocer lo que son, cuáles son sus competencias, sus habilidades y sobre todo, lo que les aporta sentido.
La gestión de una marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación que nos hace transcendentes. El motor de la marca personal está en el interior de cada persona y tiene una doble mirada que va de lo que la define como ser individual a su contribución con los demás, el entorno y el mundo. Si la mirada interior no se proyecta hacia el entorno, si no se convierte en una propuesta de valor, la marca se desvanece porque la huella que dejamos las personas solo tiene sentido si es reconocida por los demás, sin ellos dejarla o no sería irrelevante.
Es por esto que cada vez estoy más convencido que la parte indelegable de la gestión de la marca personal es lo que definimos como autoconocimiento. Los personal branders podemos guiar a los clientes en esta tarea pero no podemos hacerla por su cuenta. Y, ¿en que consiste este autoconocimiento? Pues en sabernos explicar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, en reconocer cuales son aquellas cosas que nos caracterizan como personas, las habilidades que poseemos, en situar y ubicar el camino que hemos recorrido hasta el momento, en saber lo que los demás opinan sobre nosotros y lo que es más importante en descubrir aquello que nos da sentido y que nos permite ayudar a los demás y cambiar el mundo.
Tener definidas la misión, la visión y los valores personales, la identificación de las propuestas de valor y la explicitación del proyecto personal es la puesta en evidencia de que la fase de autoconocimiento ha llegado a su fin.
La estrategia y la visibilidad forman parte de la carrocería de la marca personal y ayudan a comunicar y dar a conocer lo que cada cliente ha definido como la huella que quiere dejar, son la puesta en sociedad del autoconocimiento y son la parte más delegable del proceso. Pero de esto hablaremos en otros artículos.

Imagen: @Jack Vettriano The Birth of a Dream

¡Peligro! La gente tóxica arruina la marca personal

personas tóxicas

No se por qué pero hoy me he puesto a pensar en aquellas cosas que no son lo que aparentan y de las cosas, he pasado a las personas, y no he podido evitar acordarme de algunos tipos raros que han transitado por mi vida. Decirlo en pasado es una manera de hablar porque hay tipologías humanas que se repiten a lo largo de los tiempos y que, a pesar de que los entornos y las situaciones cambien, están siempre presentes representado una verdadera historia interminable.
Hay personas que aparentando abnegación, dedicación, competencia profesional y amor a las personas y a las empresas, lo que realmente hacen es servir a sus intereses particulares (o a nada en concreto), otras son tan tiquismiquis que nos obligan a negociar hasta la saciedad los más mínimos detalles para que las cosas más triviales se puedan poner en marcha y los hay que, bajo una aparente situación de control en sus trabajos y en sus vidas y, por no saber delegar, absorben todas situaciones y las convierten en un calvario o en un polvorín.
Son los individuos tóxicos. Su manera de hacer nos puede hacer perder los nervios, minar la autoestima y en momentos de crisis poner nuestros proyectos y nuestras ilusiones al borde del abismo.
Se distinguen por su manera de actuar y para clasificarlos, a partir de mi experiencia personal y profesional, he ido elaborando una tipología que me ha ayudado a evitarlos para no acabar intoxicado porque, no nos engañemos, lo tóxico ha nacido para destruir.
El bonachón es un personaje singular  porque bajo una apariencia de ser gente legal, buena gente, a menudo simpática con buen rollo y hasta amante de la buena mesa tiene una visión restringida de la vida, los negocios y de las personas y es un obstáculo para el cambio.

El chantajista tipo peligroso, acostumbra a ser un profesional competente en su terreno, el mejor profesional, lo que le convierte en centrípetos incapaces de delegar. Tiene su entorno sumido a la tiranía del control total, exige fidelidad a toda prueba y da cobijo a una tribu de incompetentes que pasan desapercibidos precisamente porque  él es quien realiza todos los trabajos. Frena el cambio con la amenaza de la dimisión que dejará a empresas y personas huérfana de conocimiento o de cariño.

El canalla, es un personaje que de entrada muestra una actitud positiva hacia las cosas  y presume de sus éxitos que le han elevado al pedestal de los héroes. Es en apariencia muy competente y se rodea de gente también muy competente, es exigente y aprieta a sus subordinados para que actúen a su imagen y semejanza. No escucha y actúa en beneficio estrictamente propio  boicoteando de manera sutil cualquier acción que no le reporte resultados personales y no le importa hacer daño de manera directa o indirecta. Como es egocéntrico no escucha, no delega, quiere controlarlo y no comparte cosas importantes si no es con personas que se encuentran en situación de inferioridad manifiesta o que ve claro que no le podrán hacer la competencia, es receloso con los éxitos de los demás y vocea los propios para marcar terreno. Por su actitud desconsiderada puede acabar quemando y desilusionando a sus colaboradores porque con el mismo desparpajo que ventila sus éxitos culpa de sus errores a los demás. Para contrarrestar el mal rollo que acaba generando en su entorno inmediato se convierte en un networker eficaz hasta que se pone en evidencia.
El anti grupo, anti organización y anti normas no soporta trabajar con criterios ordenados y comunes de actuación, vaya, no le gustan las normas. Siempre hace lo que le da la gana y lo justifica de manera más o menos sólida. Se hace difícil trabajar con él y cuando es posible es a costa de tener que cargar con el peso de tener que organizar su lío y al final acaba compartiendo las mieles del éxito y escabulléndose del fracaso en medio del caos.
El ventilador, cuando pone en marcha las aspas difumina sus errores y las culpas en todos los sentidos y permanece indemne. Puede compartir este perfil con alguno de los anteriores y su actitud normal es el ataque constante aunque no venga a cuento.

El normativo, encuentra en las normas, procedimientos y la legislación en general escusas para no actuar ni dejar actuar a los demás. Boicotea las reuniones con argumentos de imposibilidad en la mayoría de situaciones. Es un pelmazo.

La gente tóxica es, por regla general sutil. Invade como los gérmenes nocivos las vidas ajenas de manera que cuando se la detecta las situaciones son graves.
Hay que evitarlos y neutralizarlos usando todos los recursos que tengamos a mano. Facilitando la justa información para que no la mal utilicen, tejiendo alianzas que esterilicen sus intentos de boicot al quedar en minoría, denunciando su actitud y no siguiendo su juego cuando aparezcan como salvadores o abriendo espacios mentales que permitan abstraernos de su presencia. En cualquier caso hemos de vivir y gestionar nuestra vida  con independencia de su presencia porque de lo contrario su huella destruirá nuestra marca personal. Estemos atentos.

Impaciencia

¿La impaciencia te quita el sueño?

Iniciamos formalmente un nuevo trimestre y el fin de la Semana Santa. Independientemente de cuando caiga, representa un indicador temporal de la parte del año que ya ha transcurrido. Los que nos movemos por calendarios lectivos solemos decir que en estas fechas el pescado ya está casi vendido y que si no nos apresuramos se nos va a pasar el arroz de los buenos propósitos. El fin de curso está próximo y siempre quedan cosas importantes por hacer.
Aunque formo parte del grupo de personas que suelen dormir bien, poco, pero bien, algunas veces me sobrevienen insomnios puntuales en los que la angustia se apodera del protagonismo del momento y sale a relucir la lista de los temas pendientes que tiñen la paz de la noche con opacos nubarrones.
La impaciencia es uno de los signos del momento en que vivimos. La inmediatez marca el ritmo de los acontecimientos y nos convierte en impacientes. Muchas veces ni nos damos cuenta, pero nuestro umbral de tolerancia a la espera de que los acontecimientos se resuelvan es, por regla general, baja. Y la impaciencia ubicada en un final de trimestre puede acabar en episodios de insomnio.
Según el diccionario de la RAE, la paciencia es la capacidad de padecer algo sin alterarse, para hacer cosas pesadas o minuciosas y también la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho mientras que su opuesto, la impaciencia, es la intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar.
Dado que es la impaciencia la que nos quita el sueño y que dormir bien es imprescindible para tener una existencia plena y equilibrada es interesante disponer de algunas astucias para hacerle frente cuando aparece en horas intempestivas:

  • En primer lugar es necesario identificar lo que provoca nuestra impaciencia y descubrir si se trata de algo con fundamentos sólidos o simplemente un hecho infundado que por los caprichos de nuestro subconsciente nos está dando la lata.
  • Si el hecho carece de fundamento, el haber tomado consciencia de ello acostumbra a ser motivo suficiente para que su presencia se desvanezca.
  • En caso de que nuestra impaciencia esté fundamentada, tenemos que ver hasta qué punto está en nuestras manos una solución rápida. Si no lo está es mejor apartar el problema y pasar a otro asunto. Si lo está, rehacer nuestra lista de prioridades para que se sitúe en el lugar que realmente le corresponde.
  • Mantener al día una lista de tareas pendientes, con fechas límite de cumplimiento, nos ayudará a ser conscientes del grado de avance y nos permitirá cambiar las prioridades en caso de que sea necesario.
  • En cualquier caso hemos de tener el fin en la mente. Es uno de los siete hábitos que definió Stephen Covey  y que se basa en centrarnos en aquellas acciones o actividades que estén en consonancia con nuestro propósito para dejar de lado las que no lo estén.
  • Y cuando la impaciencia da paso a la angustia, que suele ser norma habitual cuando actúa con nocturnidad, recomiendo un método que para mi se ha convertido en infalible que es centrarse en la propia respiración. Dirigiendo el aire inhalado hacia nuestro abdomen y pulmones y expulsando con cada exhalación el problema que nos angustia.  Nunca falla.

Y aunque antagónicas, la paciencia y la impaciencia son necesarias en nuestra vida y forman parte de nuestra marca personal porque mientras la primera nos ayuda a superar las dificultades y a aceptar el ritmo natural de las cosas y de los acontecimientos, la segunda nos impide dormirnos en los laureles. Ninguna de las dos es buena o mala en su origen, y todo depende de la proporción de ambas para que el conjunto resulte armónico y soportable.
Os deseo un buen inicio de trimestre.