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La trampa del futuro previsto

Trampa del futuro

 

De vez en cuando es bueno
ser consciente
de que hoy
de que ahora
estamos fabricando
las nostalgias
que descongelarán
algún futuro.

Mario Benedetti, Conjugaciones, 8 (previsión)

¿Y tu dónde quieres estar dentro de diez años? Extraña pregunta a la que nunca he sabido responder. Tengo que confesar que hoy se me ha colado en una sesión de trabajo y por un momento he sentido el vértigo del absurdo y del contrasentido. ¿Qué importa dónde esté dentro de diez años? Nunca me ha importado, ni creo que ya me importe y de haberla respondido mi vida no hubiera estado bajo mayor control que ahora.
No puedes tener la vida bajo control por la sencilla razón de que no tienes la capacidad de controlar la mayor parte de las variables que intervienen y por mucho que te empeñes, nunca lo tendrás.

El futuro no existe, lo modelas ahora porque se conjuga en presente pero no tienes ni la más remota idea de cómo será.
¿Qué sentido tiene prever tu vida y tu profesión? Ninguno, no te sigas engañando porque te llevarás más de un desengaño cuando te des cuenta del trabajo inútil que has hecho.

Haciendo una línea de vida coincidíamos con una cliente en que habíamos tenido éxito profesional sin hacer ningún ejercicio previsional significativo y que no nos había ido mal. Y la conversación de hoy no es un hecho puntual si no una tendencia que empieza a ser recurrente, cada vez me encuentro con más personas que se encuentran en la misma situación.

¿Quiere esto decir que tienes que ser un guijarro modelado por la corriente? Tampoco. No controlas todas las variables, pero puedes tomar decisiones que te hacen avanzar en un sentido u otro, esta es la gran cuestión. Tu decides y es este hecho el que pone tu vida en situación de control pero lo haces en el día a día o como máximo en el medio plazo. Y también es cierto que tus actos te encaminan hacia algunos derroteros y te alejan de otros y también lo es que puedes encaminarte hacia una dirección concreta aunque no sabes hacia dónde te llevará.

Simon Sinek explicó con su famoso círculo de oro que para tener éxito, una marca tenía que avanzar definiendo su ¿por qué?, su sentido, para a continuación aclarar cómo va a conseguirlo y finalizar por la definición concreta del producto o servicio.

Con las personas pasa lo mismo y con la pregunta de marras estamos empezando la casa por el tejado. La pregunta a bocajarro, al estilo coach, deja pendiente un trabajo previo de autoconocimiento que de no haberse realizado, la invalida de entrada y en caso contrario, el haber trabajado el por qué y el cómo sólo ofrece una guía para afrontar con buenas probabilidades de éxito los envites del azar que intentará llevarte vete a saber dónde.

Si quieres enfocar los próximos diez años no respondas a esta pregunta, trabaja lo que te da sentido, cómo lo vas a conseguir y tus valores. Y llegarás a alguna parte con la certeza de haber ido disfrutando de todos los instantes del presente.
No te dejes engatusar y convéncete que tu control está en el día a día y así serás feliz.

Imagen @Tommy Ingberg
ser el elegido

No ser uno más, ser el elegido

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

Cesar Vallejo: Masa

Cuando los demás no quieren dejarte ir, cuando lloran tu ausencia es que has dejado huella. Tu huella es ambivalente reafirma tu presencia y alivia el vacío de tu ausencia.

Presencia y ausencia son dos formas de tratar el recuerdo y van unidas al concepto de marca personal. Saint-Exupery decía en su libro Carta a un Rehén algo así como que a los muertos hay que hacerlos muertos porque es en su papel de muertos que recuperan de alguna forma su presencia. Es el gran poder de la marca de las personas.

El poder de cada uno es enorme si sabemos distanciarnos de la masa para ser precisa y simplemente nosotros sabiendo estar al mismo tiempo al mismo nivel que los demás. Estar lejos significa aislamiento, confundirse representa rebajarse, distinguirse ni que sea por la capacidad de mirar más lejos es reafirmar la identidad para ser tenido en cuenta.

Para ser digno de confianza tienes que ser como los demás, codo a codo, compartiendo las asperezas y las mieles del día a día pero aportando un toque diferencial.

Cuando todos miran hacia delante siempre hay alguien que tiene la vista fijada en el horizonte y que ve venir las oportunidades y los peligros y que sabe leer el mensaje de las nubes. Cuando todos siguen el mismo ritmo siempre hay alguien parece que baila con un son distinto. Y estos alguien son recordados precisamente por haberse distinguido mientras el resto se extinguía en la monotonía.

El egoísmo forma parte de la monotonía de la masa, centrarte simplemente en ti mismo te iguala con todos aquellos que hacen lo mismo y que son mayoría. Pensar en los demás, en aquello que puedes hacer por ellos, tener una propuesta de valor, te acerca y al mismo tiempo te distingue. Dos caras de una misma moneda que te hacen ser conocido y reconocido.

Si vives de acuerdo con unos principios que hacen que te respetes a ti mismo y a los demás te sitúas más cerca de su corazón y te acaban recordando.

Si te distingues pero sigues al lado de los que te necesitan acabarás siendo elegido, no lo dudes. Que te elijan es una consecuencia natural que ni sale de la nada ni se improvisa si no que se crea con el trabajo diario.

Y cuando no estás los demás no sólo hablan bien de ti si no que te echan de menos y el poder de tu marca les sigue iluminando durante tu ausencia aunque esta sea permanente. Al final tu marca te transciende.

Imagen @Tommy Inberg
frágil equilibrio

El frágil equilibrio del castillo de naipes

Si ves un monte de espumas,
es mi verso lo que ves:
mi verso es un monte, y es
un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal
que por el puño echa flor:
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido:
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada:
mi verso, breve y sincero,
es del vigor del acero
con que se funde la espada.

José Martí, Versos sencillos, 1891.

Las decisiones se toman en la soledad. Las consensúas, compartes y participas pero al final siempre decides tú, solo frente a las dudas, a los reproches pasados o futuros, a la incertidumbre o a la certeza. Mientras la marejada se mueve a tu alrededor, a ti te toca decidir, y a veces la tempestad está dentro de ti a pesar de que en el exterior asome la calma.

Curiosa paradoja dado que eres un ser social. Pasas de la dependencia más absoluta en tus primeros pasos a la total independencia en tu madurez y la conviertes en símbolo de la posesión de tu identidad. Reconocer tu identidad es tomar consciencia de la independencia para decidir y para escoger tu futuro.

Nacida para decidir. Este es es tu destino como persona. Pero, ¿decidir, qué? porque muchas veces seguro que tienes la sensación de que tu vida pasa, más bien se desliza en estado líquido y tú no eres mas que una espectadora que respira aliviada cuando las cosas van bien, que retiene el aliento frente a la incertidumbre o refunfuña y maldice el destino cuando pintan bastos. Cuando esto te pasa o tomas cartas sobre el asunto o el castillo de naipes que has montado se derrumba sobre ti y te acabas ahogando entre las finas hojas de cartulina.

Lo primero a decidir es si quieres ser agente del cambio o su objeto. Si lo diriges aunque sea de soslayo o dejas que otros lo hagan por ti. Porque aquí no hay medias tintas, no cabe la tibieza o eres actor o dejas marca o eres un monigote.  Otra cosa es la intensidad del trazo con que dibujas tu futuro, ten presente que lo importante es el trazo no la intensidad porque lo mejor es enemigo de lo bueno aunque es mejor aspirar a lo óptimo.

Y el mapa para dibujar este futuro es tu proyecto, sin él tu trazo se diluye y se convierte en estela y con el se convierte en surco. A veces tienes la sensación de estar arando en un barbecho, es cierto, pero vas dejando surco en el que en su momento germina lo que te has propuesto y si no cambias de terreno y buscas otro de más fértil. Pero no pares el arado ni la siembra de tu proyecto.

La columna que te sustenta frente al temporal es tu voluntad de seguir, de no parar. Es lo que convierte en imparable. Y aunque estés sola frente a tus decisiones siempre encontrarás una mano, un hombro y una sonrisa que te acogerán cuando estés a punto de perderte o desfallecer. Siempre que tu te dejes, claro.

Imagen @Tony Ingberg

El éxito es saber ir inventando el final de tu historia

Je ne t’attends pas au bout d’une ligne droite

Je sais qu’il faudra faire encore des détours

Et voir passer encore des jours et des jours

Mais sans que rien ne vienne éteindre notre hâte

Je sais que tu seras au bout de mes voyages

Je sais que tu viendras malgré tous les détours

Nous dormirons ensemble et nous ferons l’amour

Dans un monde réinventé à notre image.

Georges Moustaki : La Ligne Droite (Fragmentos)

 

El tiempo es un aliado y un enemigo, mejor dicho dispara fuego amigo y acostumbra a poner los proyectos personales y las situaciones en la picota. Si algo no sucede rápidamente es susceptible de ser perdido para siempre y esto es falso.

Hay situaciones personales que requieren maduración, reflexión y puesta en marcha y son cosas de que no suceden de un día para otro. Las que controlas tu al cien por cien son susceptibles de ser aceleradas en la medida que no dependen de nadie más pero las que estás fuera de tu zona de control necesitan su tiempo que lo marca quien las controla.

Es fácil perder la calma esperando, todo sería más fácil si sucedería al mismo ritmo que avanza el pensamiento pero ni es una situación real ni es deseable. Esperar te hace más fuerte, te convierte en más lúcido y te abre posibilidades de decidir con mayor criterio. La espera tiene sus riesgos porque puede ser que lo que tanto deseabas pierda interés y sea sustituido por otra cosa, otro proyecto u otra persona. Quien espera desespera.

En la vida tienes pocas certezas absolutas, un pesimista te diría que la única es que todo tiene un final y que el final de los finales es tu muerte. La vida está compuesta de pequeñas muertes, al final los ciclos vitales, las estaciones, las plantas necesitan un principio y un fin, un nacimiento y una muerte para que puedan ser. La muerte no es un final si no una etapa de paso de una situación a otra. El optimista te diría que lo importante no es el final si no el camino que estás recorriendo y que por este motivo, por los aprendizajes realizados en el trayecto siempre encontrarás una recompensa u otra que será lo que habrás ido creando mientras estabas en marcha.

Los extremos se tocan y el optimista y el pesimista acaban compartiendo una misma realidad pero con tonos vitales distintos, para uno el camino la espera es la esperanza de que algo buenos sucederá porque  los aprendizajes sólo pueden reportar cosas buenas mientras que para el otro el final será la culminación del fracaso vital, el vacío.

Una vida sin meandros, una vida en línea recta es una vida sin renuncias, sin pequeñas muertes cotidianas y por lo tanto sin aprendizajes. Ya sabes que la vida es contradictoria e incierta, a fin de cuentas nos la pasamos gestionando la incerteza iluminados por aquello que nos da sentido, por lo que es nuestro foco y nos permite seguir avanzando cuando el camino se vuelve complicado. El propio perdón, el perdonarnos y el perdonar a los demás es la consecuencia de una pequeña muerte, es como la fruta que para permitir que crezca un árbol tiene que descomponerse.

El éxito, el amor, el crecimiento, la realización no te esperan al final de una línea recta pero te esperan al final del camino si quieres o eres capaz ser fiel a aquello que te da sentido y tienes la imaginación para ir reescribiendo al final a medida que este se va acercando. Y esto forma parte de la huella que dejas.

 

El discreto encanto de la marca volátil

Tu aurais pu, mon vieux Joseph

Faire des petits avec Marie

Et leur apprendre ton métier

Comme ton père te l’avait appris

Pourquoi a-t-il fallu, Joseph

Que ton enfant, cet innocent

Ait eu ces étranges idées

Qui ont tant fait pleurer Marie?

Parfois je pense à toi, Joseph

Mon pauvre ami, lorsque l’on rit

De toi qui n’avais demandé

Qu’à vivre heureux avec Marie

Joseph de Georges Moustaki

De entre los personajes populares que siempre me han fascinado uno de ellos ha sido José. Hace algún tiempo dediqué un artículo a las personas que voluntariamente deciden vivir en el anonimato y paradójicamente su marca no deja huella y nuestro personaje de hoy siempre se me ha antojado uno de ellos.

Dentro de unos días se nos caerá encima el día del padre y este año no quiero desaprovechar la ocasión para reflexionar sobre el personaje al que históricamente se la ha considerado el ejemplo de la paternidad por antonomasia pero del que no sabemos nada o casi nada porque siempre ha resultado ser un personaje secundario, como uno de estos actores que son necesarios para que la trama se desarrolle pero que al final saben que no se van a llevar ningún Oscar.

Os haré una confesión personal, la figura de José, de San José para algunos, conforme han ido pasando los años se me ha ido presentando con más crudeza y lo he convertido en una especie de referente para aquellas situaciones en que la discreción y el silencio son necesarios aunque lo que me gustaría es decir mi opinión a gritos y también para aquellas situaciones en que es necesario aceptar una situación porque toca, porque la intuición dice que es necesario aguantar aunque las tripas digan lo contrario.

[bctt tweet=”¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal?” username=”jordicollell”]

Que Georges Moustaki le dedicara una canción me sorprendió en su día cuando yo todavía consideraba que el personaje era un señor de barba blanca que había tenido la extraña suerte, si así se le puede llamar, de aparejarse con alguien que le fue metiendo de lío en lío y que lo soportó tan en silencio que su discreción hizo que pasara a la posteridad.

¿Es un personaje sin marca o es la destilación de la marca? Imaginemos la situación, que no es fácil, por lo menos trasladada a nuestra época actual, de alguien que sabe que no es el padre de quien se dice que es su hijo, que es el centro de las miradas irónicas por el embarazo de su mujer, que se tiene que jugar la vida para acompañar y defender una misión que no es la suya a sabiendas que el beneficio personal será escaso a nivel práctico. Vaya, que cualquiera de nosotros se plantearía tirar la toalla.

Y a pesar de todo el personaje persevera y está donde tiene que estar y cuando tiene que estar, aunque posiblemente el lugar no sea el que posiblemente hubiera escogido de haber tenido la posibilidad.

Para mi José es el más humano de los personajes de las historias que me contaba mi abuelo y que seguía con atención en el colegio mientras devoraba a hurtadillas el bocadillo del desayuno. Nunca ha sido un héroe, ni nadie a quien haya querido imitar porque, sinceramente, nunca he tenido claro qué era lo imitable, pero con los años se ha ido haciendo presente en mi vida, siempre le he visto como un ser humano común, uno como nosotros. Uno de tantos que lo único y quizás definitivo fue ser fiel su compromiso, a su intuición a pesar de que la situaciones pudieran parecer paradójicas. ¿Sin su huella volátil hubieran podido tirar adelante sus proyectos los otros actores, María y su hijo? ¿ De haber querido tener el protagonismo no se habría quedado en el personaje corriente que era y acabado en el olvido colectivo?

La discreción, el estar al servicio de una causa que no es estrictamente la nuestra pero a la que podemos acompañar para que pueda ser, el no abandonar cuando todo parece indicar que sería lo correcto ¿pueden ser atributos de marca personal?

¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal? ¿Tienen cabida este tipo de situaciones en un mundo cambiante como es el nuestro?

Y en estos casos ¿qué significa ser elegido?

Muchas preguntas y pocas respuestas para un personaje que aparece año tras año y que sigue dando mucho de si.

Imagen Rafa? Olbi?ski

Si no te cuentas te evaporas

No existen hombres poco interesantes.
Sus destinos son como historias de planetas.
Cada uno es único y solo, él solo,

No hay ningún otro que se le parezca.

Y si alguien ha vivido en silencio,
Feliz en su rincón,

su misma insignificancia
Le ha hecho interesante.

Cada cual tiene un mundo secreto, muy suyo,
Donde se esconde el mejor instante,
Donde se esconde la hora más terrible.
Pero nosotros no sabemos nada.

Y si un hombre muere,
Muere también su primavera nevada,

Y el primer beso, y el primer combate…
Todo se lo lleva consigo.

Fragmento del poema GENTE de E.A. Evtuchenko

Todas las historias personales tienen sentido, no las hay ni buenas ni malas y sólo son historias singulares. No hay dos relatos iguales y todos son emocionantes, el tuyo también si lo sacas de tu corazón y lo pones a disposición de los demás.

Tu vida te puede parecer una insignificancia pero es única, nadie la ha vivido por ti ni lo hará y esto es lo que crea tu grandeza y tu miseria. Una cosa es insignificante cuando tiene escasa importancia o relevancia, ¿cómo va a ser poco relevante algo que es exclusivo? 

Tu día a día, el de cada cual, por el hecho de ser tuyo ya cobra singularidad. ¿Piensas a menudo en las cosas cotidianas que haces y en el por qué las haces? Tu eres un ser social que puede cambiar el mundo, si no su totalidad si aquella porción que te corresponde y a la que estás unido. Tus acciones por pequeñas que sean no sólo te afectan a ti  porque aunque no te des cuenta, aunque estés escondido en tu rincón influyes en los demás. Quieras o no, lo sepas o no, lo aceptes o no, siempre dejas huella y haces mella.

Una sonrisa, un beso, un te quiero, una mala cara, un desprecio, un abandono, reír, celebrar un éxito, llorar un fracaso, cocinar un plato, limpiar la casa, poner tu hombro a un amigo, no tener en cuenta a los demás en tus decisiones, cambiar los pañales, cuidar de tus padres, ser egoísta, planchar, escribir un post, mandar un mensaje, tener un pensamiento… son cosas pequeñas insignificantes pero que por su poder de influencia en los demás se convierten en trascendentales. Lo curioso es que muchas veces no te das cuenta y lo vives o bien como una frivolidad o como una carga. Y te olvidas de ser feliz.

Tu tienes tu zona secreta donde escondes las cosas más personales, aquellas que no has querido compartir con nadie porque dices que forman parte de tu intimidad. Es tu decisión y debes valorar que es lo que guardas y lo que no, cuantas más cosas se queden en tu interior menor capacidad de influencia tendrás sobre los demás, serás peor comprendido y al final te llevarás tu tesoro a tu tumba. No niegues a nadie la posibilidad de conocer tu insignificante grandeza es una forma inconsciente de egoísmo y dejas a los demás en la ignorancia de ti.

Si yo comparto mis momentos buenos y malos con vosotros es precisamente porque quiero que mi vida aporte un poco de luz a quien quiera verla, mi vida pequeña pero tan mía que es lo único que poseo. Si me la guardara para mi sería como malgastar agua en el desierto.

No tengas miedo, tu vida es mucho más parecida al resto de vidas de lo que crees pero tiene tu aroma personal. Nadie se va a extrañar de nada que puedas contar porque de una manera u otra se parecerá a lo que les está sucediendo a los demás y lo importante es tu toque personal, es tu enfoque único, es tu manera de abordar cada una de tus vivencias porque convierte cada acto tuyo en singular y en una lección de vida para los demás.

Si no te cuentas te evaporas. ¿Quieres convertirte en humo o en huella?

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Cuando gritan las entrañas recuerda tus valores

“Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos tenemos la impresión de que todo el universo está de acuerdo” Paulo Coelho en Once Minutos Ed.Planeta

Nos movemos como funámbulos en el frágil equilibrio entre el corazón y la razón. Nuestra vida es cosa de ideas y de tripas. Y dependiendo de lo que pese más en cada momento tomaremos unas decisiones u otras.

Lo que parece una cosa un tanto falaz, poco orientada a resultados, poco útil para encontrar trabajo o tener más ingresos puede resultar al final suficientemente importante como para desmovilizar o dar mayor impulso al trabajo de gestión de nuestra marca personal. Porque nuestras tripas pueden dejar un rastro tanto o más profundo que el cerebro.

Una marca personal potente necesita tener detrás a una persona equilibrada en sus actos en cualquier ámbito en el que se mueva, sea personal, familiar, social o laboral porque todo deja huella.

¿A quién hemos de hacer caso, al corazón o a la razón? La búsqueda del equilibrio en las realidades cotidianas nos hace vivir con fragilidad el debate  entre la razón y los sentimientos. Al final la cuestión es del mismo calado que el de la libertad personal, precisamente soy libre porque no hago lo que  simplemente quiero si no lo que decido.

Con mis sentimientos pasa algo similar, me tengo que guiar por mi corazón y tengo el límite en el dolor que pueda causar a los demás. Siempre repito el mismo estribillo de que somos seres sociales y como tales, debemos tener en cuenta con nuestros actos y decisiones el entorno en que nos movemos. Somos personas no depredadores. Somos una marca personal que debe ser respetuosa con el entorno emocional que nos rodea o nos convertiremos en elementos perturbadores de los equilibrios de las marcas personales con las que interactuamos.

Y no es cierto que el universo esté de acuerdo cuando nos enamoramos, cuando hacemos algo con pasión, cuando desarrollamos nuestro proyecto profesional. Ya basta con tomar el nombre del universo en vano para justificar nuestras misérrimas atrocidades, nuestro egoísmo y la falta de respeto hacia los demás que no es si no un reflejo del poco respeto que nos tenemos a nosotros mismos.

Los sentimientos, el hecho de haber escuchado el corazón y aparcado la mente hasta otra ocasión, no justifican necesariamente nuestros actos. Es posible que no seamos del todo responsables de los sentimientos que nos invaden como un torrente desbordado pero si que lo somos en cualquier caso de nuestros actos. Y todos los actos tienen consecuencias.

Es por esta razón que en el proceso de personal branding también trabajamos los valores, para que nos indiquen, y enciendan las señales de alarma correspondientes, el momento en que estamos dejando apartados del camino nuestros principios. Y cuando las tripas aprieten nos ayudarán a seguir fieles a los compromisos que hemos tomado en momentos de lucidez.

Una marca personal con valores escucha el corazón, valora los consejos de la razón y es fiel a sus principios.

personal branding en la empresa

El personal branding en la empresa: De la perdida de tiempo a la necesidad

Para comunicarse de manera efectiva, debemos darnos cuenta que todos somos diferentes en la forma en que percibimos el mundo y usar este conocimiento como guía para nuestra comunicación con los demás”

Anthony Robbins

Invertimos mucho empeño en hablar del personal branding en la empresa  y en demostrar las virtudes que tiene para las organizaciones contar con empleados con una marca personal fuerte, criticamos a los dirigentes empresariales por no tener la visión suficiente para fortalecer la marca corporativa a través de la huella que dejan sus colaboradores y no somos conscientes de que ambas, marca corporativa y personal, van unidas desde sus orígenes.

Los orígenes de personal branding

Fue un treinta de agosto de mil novecientos noventa y siete cuando Tom Peters publicó en la revista  Fast Company el artículo “The brand called You” se estaba refiriendo a la toma de consciencia por parte de los empleados de que el futuro pasaba por la intraemprendeduría de modo que cada empleado obrara como un pequeño empresario en el interior de la organización, como el CEO de YO S.L.

Para Peters, el reto estaba del lado del empleado y el camino era cambiar la manera de ver la realidad pasando a hacer lo necesario para crear su propia marca y actuar en consecuencia.

Situación Actual

Estamos ante un cambio global de paradigma, de manera de ver el mundo, y no lo digo como una generalidad si no que me refiero al ámbito concreto de las relaciones entre los empleados y las empresas para las que trabajan.

Por un lado la crisis ha roto el concepto de que un trabajo tiene que ser para toda la vida a las órdenes de alguien. Cada vez se hace más necesario que los empleados se “ganen” la continuidad en la empresa aportando valor a través de los trabajos que sean necesarios. Ya no vale el “ tú me dices lo que tengo que hacer” si no que “yo te propongo que puedo hacerte mejorar en…” Si no hay aportación de valor, la continuidad se interrumpe.

Por otra parte, la credibilidad de las empresas cae en picado a tenor de lo que dice el último estudio de la consultora de relaciones públicas EDELMAN. La credibilidad de los CEO y de los Comités de Dirección está viviendo sus momentos históricos más bajos mientras que los los expertos y las personas corrientes ocupan los lugares más elevados en el ranking. ¿Y qué son los empleados si no personas corrientes?

Y si es así ¿quién mejor que los empleados para ser los primeros prescriptores de la empresa?

Por tanto estamos en una situación en la que la corriente de intereses entre empleados y empresas converge en procurar que las marcas se den apoyo.

La paradoja de la marca personal

A pesar de estas constataciones no es habitual que las empresas apoyen a sus empleados para que por una parte gestionen su marca personal y por otra incluyan a la propia empresa en su mensaje. ¿Por qué?

Posiblemente porque desde la empresa no se visualicen los beneficios de contar con el apoyo de empleados con una marca personal fuerte y en algunos casos se materializa el temor de que si los colaboradores son conocidos por sus habilidades profesionales fuera de la compañía pueden ser atraídos por los competidores a cambio de un salario más elevado.

Qué ofrece el personal branding a las empresa

  • Generar confianza. Si las personas corrientes son las más creíbles, y los empleados son personas corrientes, que estos sean los embajadores de la compañía no puede más que mejorar la confianza hacia la misma.
  • Hacer frente a situaciones de crisis. Precisamente por su credibilidad, frente a una crisis la intervención de los empleados con una marca personal fuerte puede ser un instrumento poderoso de comunicación y una ayuda para superar la situación.
  • Alineación de valores y sentido. Cuando los empleados y la empresa comparten unos mismos valores y no rechinan las misiones y visiones individuales con la corporativa se produce un efecto de conexión amplifica su difusión en el mercado.
  • Retención de talento. Cuando se comparte sentido los lazos se fortalecen y con esto queda todo dicho porque el miedo a que los empleados escuchen cantos de sirena externos se minimiza.

De profesionales para profesionales

Un programa de personal branding en la empresa para convertir a los empleados en embajadores tiene que estar en manos de profesionales que por lo menos tengan dos requisitos imprescindibles:

  • Conocimiento del personal branding demostrable
  • Experiencia directiva

Amateurs, curiosos e impostores abstenerse.

Divino fracaso

Divino fracaso

“…pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pulman…”

Mario Benedetti: Chau Pesimismo

Cuando esperas unos resultados y no los obtienes en un proyecto, personal o colectivo, tienes sentimiento de fracaso, te sientes fracasado, en general fracasas.

La magnitud del sentimiento es mayor cuanto mayores son las expectativas puestas en él.

Fracasar y fallar no son sinónimos. El fallo depende de ti mismo, de una negligencia, de la falta de dedicación, de no tener suficiente conocimiento, mientras que el fracaso puede -y a veces suele- depender de causas externas o de otras personas.

En cualquier proyecto que emprendas hay siempre un factor de riesgo que se te escapa o que no sabes cómo controlar. Un fracaso puede ser la consecuencia de un fallo o de una causa fortuita.

Se ha puesto de moda una corriente de pensamiento proveniente en su mayor parte de la literatura de autoayuda, en la que se ensalza el fracaso transformándolo en fuente de aprendizaje y convirtiéndolo por esta misma causa, en algo deseable por su efecto transformador. Algunas veces yo lo he definido como la epifanía del fracaso, la revelación salvadora que obtienes a través de él, la posibilidad de crecer después de haberte revolcado en el fango. Algunas veces por deseado se me ha antojado casi masoquista: si no fracaso soy un don nadie.

Del error se habla menos porque proviene de un fallo personal, tú te equivocas, metes la pata y echas a perder un negocio, una relación o hundes una empresa. Tú eres el actor y el único motor del desastre te guste o no, y por eso los aprendizajes del fallo son inmediatos si te atreves a reconocerlo. Sufres las consecuencias, detectas las causas y enriqueces tu experiencia para no repetirlo en circunstancias parecidas. Y si tu error, tu fallo, te lleva a un fracaso, lo asumes como propio.

Otra cosa es asumir la responsabilidad de los fracasos sean cuales sean las causas, lo que me parece una auténtica memez. Y otra cosa muy distinta es que de entrada lo agradezcas, lo que me suena a autoflagelación. Fracasar es siempre, de entrada, una jugarreta, un mal trago, aunque la situación a la que te lleve, vista con la perspectiva que produce el paso del tiempo, sea algo positivo y mejor que antes.

Fracasar genera emociones que es importante que sepas detectar: de la sorpresa inicial puedes pasar a la ira y a la tristeza y que, convenientemente mezcladas, te generarán estados de ánimo que durarán el tiempo necesario hasta que se desvanezcan. Por eso tras un fracaso pasas un periodo de luto.

No tengo ningún pudor en decir que a mi no me gusta fracasar a pesar de los aprendizajes que pueda obtener y, gracias a Dios, la vida me ha premiado con pocos fracasos, por lo que mi experiencia se ha enriquecido más por el trabajo constante, a mi manera peculiar, que a consecuencia de los palos recibidos y doy gracias por ello.

De todos modos, siempre es mejor una actitud positiva que una negativa frente al fracaso o al fallo. Que hagas un esfuerzo para ver más allá del ahora y tengas la certeza de que superarás el fracaso, o que te perdones el fallo y lo integres en tu bagaje experiencial, es mejor que acomodarte en la autocompasión que no te llevará a ninguna parte y que marcará negativamente la huella que deja en ti y en el corazón de los demás. Y esto sí que depende en gran parte de ti.

Imagen @Rodney Smith
salto al vacío es un instante que puede cambiar el resto de tu vida
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Ante la duda: salta

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud se cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante

Octavio Paz  Sonetos I

Dar un salto al vacío es un instante que puede cambiar el resto de tu vida. Te pasas mucho tiempo decidiendo, evaluando posibilidades, haciendo análisis del coste beneficio… para tener la seguridad que la decisión que quieres tomar, la que sea, es la mejor de entre las posibles para no correr el riesgo de tener que arrepentirte.

Para crecer, para avanzar, para mejorar es imprescindible entrar en situaciones nuevas, desconocidas, de las que puedas obtener conocimiento y experiencia. Y como estás constantemente aprendiendo, como ningún día es igual que el anterior estás, te guste o no, dando pequeños saltos al vacío.

La cosa se complica cuando sales del día a día, en el que has establecido rutinas, y pasas a acciones de mayor calado que se salen de lo normal. Aquí empiezas a dudar porque interviene la posibilidad de que un error tenga mayores consecuencias, por lo menos sobre el papel, y que como has tomado la decisión de manera consciente y si las cosas no salen como te hubiera gustado que salieran tienes miedo de tener que tirarte de los pelos y enfadarte contigo mismo.

Ante la duda de equivocarte te pasas los días pensando, al borde del abismo, si saltas o no, y cuando vas a hacerlo te das cuenta que el abismo ha desaparecido y que el salto ha perdido sentido. Y respiras hondo, con alivio, diciéndote a ti mismo que el tiempo lo soluciona todo o entonces sí que te quedas con la duda de qué hubiera podido pasar si te hubieras decidido. Y este sentimiento puede durar la vida entera, lamentando todo lo que hubiera podido haber sido y no fue.

Toda decisión comporta riesgo porque siempre hay variables que no puedes controlar. Lo que repito hasta la pesadez sobre los círculos de influencia y de preocupación está en la base de nuestras decisiones y todo aquello que queda fuera de tu círculo de influencia está sujeto a riesgo.

No tienes la capacidad de adivinar el futuro pero si puedes trabajar con escenarios que te permiten valorar diversas situaciones para que, si alguna de ellas u otra que sea similar suceden, tengas en mente la posible solución. Pero ni aun así es posible tenerlo todo previsto.
Nassim Taleb desarrolló en el año 2007 la teoría de los “cisnes negros” que son aquellos acontecimientos de gran impacto, que ocurren de forma inesperada y fuera de lo que es estrictamente racional como por ejemplo la aparición de internet o el hundimiento y desaparición de la Unión Soviética y sólo pueden ser interpretados a posteriori, una vez que han sucedido, En tu vida pueden aparecer y de hecho aparecen tus cisnes negros que se escapan a tu capacidad de entendimiento, que nunca hubieras imaginado y que de momento ni entiendes ni sabes interpretar pero que con el tiempo acabarás comprendiendo.

Cuando estamos dudando y dudando para tomar una decisión que implique un salto al vacío la buena pregunta que te puedes formular es ¿qué pierdo si lo intento? Y a continuación ¿cuánto es lo máximo que puedo perder? y si acierto ¿qué y cuánto gano?  Y perder y ganar son conceptos transversales que van desde lo material como el dinero hasta lo inmaterial como la experiencia o la tranquilidad. Y aun así te puede aparecer un cisne negro que lo distorsione todo.

¿Qué necesitas para saltar al vacío? Tener formulados de manera lo más clara posible qué es lo que da sentido a tu vida, tu misión, y por donde no estás dispuesto a pasar, tus valores. Con estas alforjas ya puedes empezar el viaje que no pasarás ni hambre ni frío.

¡Feliz salto!