marca personal vuela alto
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Permite que tu marca personal vuele alto

Acuciado por las urgencias de siempre, me propuse ganar tiempo. Era un desafío

insensato y, también como siempre, el tiempo me ganó a mí. Es un adversario temible.

Era de Prever de Pere Calders

No podemos encerrar ni nuestra alma ni los sueños en una habitación. Ambos están hechos para volar lo más alto posible.

Los sueños materializan aquello que nos da sentido, nuestro foco, nuestra visión.

Nos pasamos parte de nuestra vida preparando el futuro en una lucha titánica contra el tiempo y nos olvidamos vivir el momento presente. Esto suena a tópico pero es más real que la vida misma.

John Maynard Keynes, uno de los economistas más prestigiosos del siglo pasado, nos deleitó con una cita repetida hasta la saciedad: “ a largo plazo todos estaremos muertos”.

Los que me conocéis recordaréis que repito con mucha frecuencia que la marca personal se conjuga en presente. En el día a día, en el momento, presente integramos los conocimientos y experiencias del pasado y proyectamos y preparamos el futuro.

Lo que existe se ubica en el presente, el pasado es pura historia que se transforma en experiencia y el futuro son expectativas y posibilidades fruto de lo que estamos haciendo ahora y de lo que hemos aprendido pero en el fondo no es más que especulación.

Nuestros sueños son la base de nuestro proyecto personal y el eje vertebrador de la huella que dejamos, nuestra marca personal y debemos permitirles volar muy, muy alto pero arraigados en el ahora. El mero hecho de convertir un sueño en un proyecto y ponernos manos a la obra para hacerlo realidad ya sea preparando el modelo de negocio o un simple mapa mental nos hace tocar con los pies en el suelo y lo va materializando de manera que deja de ser una pura conjetura para convertirse en una realidad, incipiente pero realidad al fin y al cabo. Es como una flor que antes de abrirse y aparecer con toda su belleza se manifiesta en forma de botón en el tallo de la planta, puede que no vea su plenitud pero ya ha nacido.

Enjaular un sueño o un proyecto entre cuatro paredes significa matarlo y es importante que seamos conscientes de las circunstancias que pueden provocar que esto suceda para poderlas evitar.

En primer lugar tenemos que estar atentos a nuestros miedos y sobre todo a fracasar. No tener éxito en lo que nos proponemos es realmente un engorro. Y que algunos hagan una épica del fracaso no significa que sea deseable, si no todo lo contrario. Y a pesar de que del fracaso se aprende, hay otras maneras de hacerlo sin perder tiempo, dinero y reputación. Herramientas como el modelo de negocio nos pueden ayudar a disipar temores y a ser capaces de arriesgarnos sin hacer un salto al vacío.

En segundo lugar vigilemos nuestras creencias. La peor de todas es el pensar que no seremos capaces de hacer lo que nos proponemos o, aun peo, que no nos lo merecemos. Si hemos llegado a transformar un sueño en un proyecto es porque está en línea con lo que nos da sentido como personas y por lo tanto nos motiva. De todos modos nadie ha dicho nunca que fuera fácil o rápido y que cueste no significa que sea imposible si no que necesita una hoja de ruta, una estrategia y la configuración de diversos escenarios para poder dar respuesta a las contingencias que puedan aparecer. Frente a las creencias que nos limitan utilicemos nuestra razón, nuestros conocimientos y experiencia.

En tercer lugar la falta de recursos puede hacer que el proyecto quede confinado en la caja de las posibilidades que nunca vieron la luz. Sólo unos pocos disponen de todos los recursos necesarios pero afortunadamente podemos pensar en alianzas que nos pueden dar un empujón financiero, técnico o de conocimiento. Una parte del plan de comunicación puede estar destinado a buscar socios.

En último lugar, cualquier cosa nueva que hagamos está sujeta a riesgo. Y no me refiero sólo a la posibilidad de fracaso si no a la de tener que hacer ajustes, cambios e improvisaciones que a veces nos incomodan. Un proyecto es como una excursión que iniciamos con ilusión pero que a medio camino aparecen desde el cansancio o el mal tiempo y para acabar de arréglalo podemos perdernos y tener que retroceder para volver a encontrar el camino; y nos acabamos preguntando por qué no nos hemos quedado tranquilos en casa.

El riesgo implica muchas veces incomodidad, pero si tenemos claro donde queremos llegar podemos hacer frente a las inclemencias con mayor facilidad.

Y recordemos que para poner en marcha nuestro proyecto personal si lo hacemos solos es posible que vayamos más rápidos pero si nos dejamos acompañar llegaremos más lejos.

El grito de nuestra identidad

<<Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.>>

Con estas palabras Edvard Munch define en 1982 como gestó la creación de EL GRITO.

Las personas somos seres sociales y nuestra identidad cobra sentido en la medida en que está en contacto con otras identidades, con otras personas. Sin alteridad la palabra identidad carecería de sentido.

De hecho, cuando nacemos descubrimos la presencia de los demás antes de tener consciencia de nuestra propia presencia. Nos cuidan, nos alimentan, nos abrigan, nos acarician y nos quieren.  Somos seres dependientes y nuestros referentes son muy limitados a pesar de los medios de comunicación y de la información que constantemente flotan en el aire.

De repente, en algún momento tomamos consciencia de nosotros mismos y descubrimos que somos seres autónomos y que lo que habíamos vivido hasta el momento no era más que un espejismo, una representación de la realidad en la que faltaba un componente fundamental: nosotros. Y es en ese momento en el que tomamos consciencia de nuestra identidad.

En El Grito nuestro protagonista está tomando consciencia de su identidad. Es un momento duro, cruel, un reflejo del primer lloro después del nacimiento, cuando se despliegan los pulmones y el acto de respirar de manera autónoma se vuelve doloroso aunque necesario e imprescindible para seguir viviendo. A partir de este momento nada es igual, todo cambia de manera súbita, ser autónomo significa poder decidir y equivocarse. Estar solo frente al mundo buscando alianzas con los que antes habían sido sus protectores. Dos personajes desaparecen en el horizonte a espaldas de nuestro hombre que grita horrorizado.

Hasta este preciso momento él no era consciente, no sabía, que dejaba huella, que dejaba marca. Sólo lo sabían los demás. A partir de ahora su relación con sus iguales será de enriquecimiento mutuo. Seguirá dejando marca, seguirá siendo marca porque seguirá estando en contacto con otras marcas personales.

Y su cara de terror cambiará cuando se dé cuenta que ocupa un espacio en el mundo que deberá descubrir, conocer y comprender;  más allá del mar embravecido que ahora le limita.  Y será en este espacio en el que se impregnará de los demás y al mismo tiempo los impregnará a ellos con sus características especiales, con su singularidad, con su identidad.

Y se dará cuenta que es capaz de transformarse, de transformar a los demás y al propio entorno; de que puede modelar las personas y el mundo, incluso en las circunstancias más desfavorables. Y descubrirá que esto lo puede hacer a través de un proyecto personal y colectivo y se convertirá en una identidad, en una marca personal inserida en el mundo.

Y también tomará consciencia de que su singularidad le lleva a ocupar no solo un lugar único en el mundo si no en el universo. En palabras del poeta ruso Evtuchenko: No existen hombres poco interesantes // Sus destinos son como historias de planetas // Cada uno es único y solo, él solo // No hay ningún otro que se le parezca. // Y si alguien ha vivido en silencio // feliz en su rincón // su misma insignificancia // le ha hecho interesante//.

Porque tiene algo que le distingue y que le ensalza dando sentido a lo que hace, a cómo se relaciona y  a cómo modela y transforma la realidad, algo que le indica el camino hacia la plenitud que es el camino hacia la felicidad. Y cuando formule su visión, misión y valores  estará profundizando en el relato de su identidad, estará respondiendo a las preguntas más genuinas de la condición humana y conectando con la trascendencia. Y sabrá que es una marca personal vocacional.

El personaje del cuadro grita porque está en un instante iniciático. Y todos en algún momento de nuestra vida pasamos por el.

La gestión de nuestra marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación, que nos hace transcendentes. Y es un trabajo personal de descubrimiento, gestión y aceptación que siempre representa un desafío y abre las puertas a grandes cambios porque cuestiona nuestra manera de hacer. Es una condición necesaria aunque no suficiente para dejar huella que requiere la humildad necesaria para aceptar que hemos de cambiar.

autoconocimiento
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El autoconocimiento puede cambiar tu vida

En algún momento de nuestra vida todos nos hemos encontrado dentro de un túnel desde el que no podíamos ver la luz del final. La búsqueda de la luz nos ha obsesionado de tal manera que nos ha hecho olvidar que la llevábamos puesta, que éramos sus portadores.
El hombre del cuadro vestido elegantemente podría ser cualquiera de nosotros. La mano derecha crispada encima de la mesa en una posición casi imposible, deforme. La mano izquierda posiblemente relajada se esconde como si quisiera indicar que no quiere saber nada de su homónima. Las dos manos indican el desconcierto, la travesía a oscuras, la imposibilidad de andar a tientas porque ambas están descoordinadas. La piedra con toques selenitas pasa desapercibida porque nuestro hombre no mira, no ve, está en pleno proceso de autodescubrimiento.
Está en una fase de cambio. Su cuerpo lentamente se va transformando en luz. Está descubriendo que tiene la fuerza para iluminar su vida y que no depende de focos y faros exteriores. Él es su propio foco y tiene la fuerza para guiar su vida. Está en pleno momento de marca personal.
El autoconocimiento es un proceso en el que descubrimos que, a pesar de ser seres eminentemente sociales, tenemos la capacidad de cambiar el mundo a través de nuestro proyecto que iluminará nuestra vida y la de los demás.[bctt tweet=”Decidir es atreverse a brillar con luz propia a pesar de los costes que puede conllevar” username=”jordicollell”]
Nuestro hombre está solo. Nosotros también necesitamos estar solos para tomar decisiones trascendentales, relevantes, que cambian nuestras vidas. Podemos apoyarnos en los demás pero los que acabamos decidiendo somos nosotros y únicamente nosotros. Sin introspección no hay luz y en medio del bullicio ésta se difumina y acaba apagándose porque es muy fácil quedarse en las zonas de confort.
Nos cuesta entender que los demás necesiten tomar distancia cuando tienen entre manos el destino de su vida, su silencio nos preocupa y nos descoloca. Y viceversa, porque tampoco se entiende que nosotros lo hagamos.
Todos tenemos un proyecto. A veces los proyectos convergen y de repente se separan. Una intuición, una tercera persona que aparece en la vida, una enfermedad o un accidente pueden ser el indicador de que algo se está rompiendo. Se produce un antes y un después. Y hay que tomar decisiones aunque duelan porque la vida depende de ello.

Y entramos en el túnel. A oscuras, presos del desasosiego, actores o víctimas del desamor, sin saber que decidir, sin saber por quién decidirse. Esto pasa en el entorno de pareja, con los amigos y con los trabajos. Y vamos a tientas y a ciegas, perdidos y acongojados, víctimas o verdugos, lo mismo da porque la ceguera afecta a todas las partes.
Y de repente se hace la luz, nos convertimos en luz. Decidir es atreverse a brillar con luz propia a pesar de los costes que puede conllevar, a pesar de las rupturas y de los cambios que pueda representar.
El autoconocimiento es un acto de amor a uno mismo, de aceptar nuestras propias decisiones y es, también, un acto de amor a los demás, de aceptar sus decisiones aunque nos duelan, aunque nos alejen.

Trabajar la marca personal no es una actividad inocua, puede tener efectos secundarios. Es una aventura que, para que sea exitosa ,sólo pide que seamos consecuentes con nuestro proceso y que aceptemos el de los demás. Sabemos como entramos pero podemos salir transformados. Pero siempre encontramos en nosotros la luz que nos ilumina hasta el final.

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Mas fuertes, mejores y más seguros

Las personas brillamos en la oscuridad de la noche. Siempre dejamos una estela de luz que ilumina nuestro alrededor. No somos gente anónima.
En la soledad de las ciudades, donde todo confunde y se difumina, cuando las calles se encuentran vacías y la vida parece carecer de sentido siempre emerge un fulgor que nos indica que alguien está allí dejando su huella.

Nadie es igual a sus semejante, cada cual deja su huella que es genuina y personal, todos tenemos nuestra marca que luce a pesar de los pesares.
Y a pesar de brillar con luz propia los espacios en que nos movemos nos ayudan a distinguirnos, a dejarnos ver con mayor claridad.

Dos hombres, una mujer y un barman. Tres huellas y tres marcas distintas. Poco sabemos de sus vidas, están al final del día pensativos y con ganas da agotar el tiempo que les queda para sumergirse de nuevo en la oscuridad del asfalto.

[bctt tweet=”Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos” username=”jordicollell”]

Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos. Cada uno de ellos es un universo completo en el que se reflejan los momentos más bajos y los más sublimes, todo queda en su interior pero su luz sigue brillando. No sabemos nada de su propuesta de valor excepto para el barman que calma la sed y apacigua los corazones

Gestionar la marca personal es buscar en cada momento que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta de valor, por lo que podemos hacer para curar el dolor de los demás, para proveerlos de aquello que les falta. Y hemos de suscitar el interés para que el resto del entorno parezca vacío y carente de contenido. Sólo nosotros y la luz que desprendemos deben distinguirse.

Para, que nuestra luz sea potente hemos de tener una identidad fuerte forjada a través de los demás. Sin ellos no seríamos y no tendría sentido dejar huella. Aunque estemos solos, la ausencia de los demás nos llena de contenido de marca y estamos siempre esperando el momento de podernos comunicar. Porque somos marcas sociales.

[bctt tweet=”Gestionar la marca personal es buscar que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta” username=”jordicollell”]

En la vida gestionamos diversos roles que dan contenido a la diversidad de la huella que dejamos, que nos permiten que cada día sea distinto y que el autobús nunca se pare en la misma parada. Diversidad de roles y unidad de marca porque la huella que dejamos sin ser única es nuestra y sólo nuestra.

Tenemos diversos proyectos fieles a nuestras propuestas de valor y al final de cuentas queremos hacer un mundo mejor, ayudando a los demás a tener una vida más fácil, más feliz, más plena y dando solución a sus preocupaciones. Esto es nuestra propuesta de valor y lo que nos da sentido.

Al final de día pasamos cuentas con nosotros mismos, como los clientes del bar de la ilustración de Hopper y nos preguntamos por lo que hemos hecho. Y lo hacemos en solitario, de espaldas, un poco cabizbajos o acompañados por aquellos que nos quieren aunque a veces no sepamos como explicarlo y tengamos la sensación que que una relación se está agotando.

Vendrá de nuevo el día y la luz del sol desplazará el fulgor de los neones y volveremos a quedar rodeados por la multitud, buscando nuestro momento de brillo y poniendo en práctica aquello que hemos aprendido en las sombras de la noche.

Día y noche, nacer y morir, avanzar y retroceder son el día a día de nuestra marca personal, con la seguridad de que hagamos lo que hagamos, si nos hemos trabajado a consciencia estamos condenados a ser más fuertes y mejores. Es la gran seguridad que nos proporciona la gestión de nuestra marca.

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Que la fuerza te acompañe y puedas seguir avanzando

Sean cuales sean tus deseos ocultos, siempre habrá manos que te retengan. El reto en la vida es encontrar la fuerza para escapar de estas cadenas. Nathan Sawaya.

Nathan Sawaya es el artista que utiliza piezas de Lego para desarrollar su obra.  Visité con mi familia la exposición The art of the brick en Barcelona que aplaudimos casi por unanimidad, y digo casi, porque la unanimidad es un concepto que en mi familia está por principio desterrado, las decisiones acaban siendo producto de un pacto como suele suceder en la mayoría de grupos humanos.

Sawaya tiene dos trayectorias profesionales. En su primera etapa fue abogado hasta que en el 2004 dejo los despachos para dedicarse a su pasión: crear esculturas con piezas de Lego.

No conozco su biografía más allá de lo que he encontrado en la red, que es bastante poco, pero me imagino las dificultades que tuvo que vencer cuando decidió cambiar su orientación profesional. Dejar la seguridad de una profesión reputada por la incierta vida del artista -que para como utiliza piezas de un juego infantil- no debió de ser fácil y sin embargo triunfó y sus exposiciones itinerantes a lo largo y ancho del mundo son todo un éxito.

Cambiar no es fácil, hay que vencer, por regla general, resistencias tanto internas como externas. Las propias zonas de confort son el primer escollo que hay que salvar y los consejos bien intencionados pueden acabar de rematar la faena y dejar el anhelado cambio fuera de combate.

Aunque no nos sintamos satisfechos con nuestra situación actual y decidamos cambiar el miedo nos puede acabar paralizando. ¿Miedo a que? A lo que no conocemos, a tener que enfrentarnos a situaciones que de momento solo podemos imaginar, a la falta de experiencia, a nuestras propias profecías: “esto no está hecho par mi”, “sería bonito, pero creo que son solo elucubraciones que no llevan a ninguna parte”. El vale más malo conocido que bueno por conocer nos puede acabar consolando y darnos la excusa para no hacer nada. Nuestras manos son las primeras que nos retienen.

Las buenas intenciones ajenas son otra fuente de inmovilismo. En mi vida me he encontrado con dos tipos extremos de buenos amigos que son un obstáculo para avanzar. Los que aplauden las decisiones de manera irreflexiva con una palmada en la espalda y un no explícito, así te las compongas, y los que vuelcan miedos y recelos para que no muevas un dedo. Ambos son letales y acaban siendo las otras manos que, de una manera u otra nos retienen, porque empujar al abismo, esperar el fracaso ajeno disfrazado de palmadas o expandir el terror es una manera muy eficaz de poner barreras. Al final la euforia y el miedo pueden conseguir el mismo objetivo que es, ni más ni menos, que fracasemos en nuestro intento de cambio.

Para preparar un cambio es importante tener herramientas que nos ayuden tanto a tomar decisiones como a tener una visión completa para alejar los malos augurios infundados. Trabajar un modelo de negocio, por ejemplo, nos da esta visión completa y objetiva de un proyecto nuevo y un DAFO nos sitúa en el sutil equilibrio de fuerzas tanto interno como externo. De esta manera alejaremos tanto la euforia como el miedo y nos liberaremos de las manos que nos retienen.

Cuando gestionamos nuestra marca personal aprendemos a salir de nuestras zonas de confort y a alejarnos de aquellos que con sus buenas intenciones nos empujan hacia el fracaso. Una marca personal fuerte encuentra siempre la fuerza para romper las cadenas que la atan al inmovilismo.

Imagen @tommyingberg
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Que tienes que buscar en un consultor de marca personal

Si decides gestionar tu marca personal acompañado por un profesional te garantizo que llegarás más lejos que si decides hacerlo solo porque es cierto que cuatro ojos en más que dos y si acertamos en la elección conseguiremos que el todo sea superior a la suma de las partes.

A estas alturas posiblemente te habrás dado cuenta que hay bastantes profesionales que dicen ser expertos en personal branding.  Si me lo permites te daré algunos consejos para que puedas distinguir el grano de la paja y acertar en tu elección porque te juegas mucho.

[bctt tweet=” Sin un método riguroso en el trabajo de la marca personal no habrán resultados significativos.” username=”jordicollell”]

En primer lugar infórmate sobre el profesional en cuestión. Mira su trayectoria personal y profesional y sobre todo su experiencia tanto laboral como personal. Desconfía de alguien que no haya tenido una vida más o menos intensa o que no sepa explicarlo. Si eres un profesional, un empresario o un directivo busca alguien con un pasado afín al tuyo, que entienda tu lenguaje, que pueda interpretar tus retos, que pueda entender tu sueño y tus proyectos y que sea capaz de enriquecerte con su experiencia y con su visión.

Ten en cuenta su formación. Aunque la vida sea la mejor de las universidades es importante que pueda aportarte el punto de reflexión que vaya más allá de la pura experiencia y que sea capaz de aportar elementos de razonamiento. Te juegas mucho.

Verifica que gestiona su marca personal adecuadamente, mira como comunica, lo que escribe y lo que enseña. Qué hace fuera y dentro de las redes sociales, que esté presente en el mundo real y que no sea un artefacto de la red. Si habla mucho de el y poco de los demás es posible que se comporte del mismo modo contigo.

Pregúntale por su manera de trabajar. En marca personal tiene que haber un equilibrio entre lo que tu aportes y lo que aporte el consultor porque tu marca es tuya y sólo tuya y si el consultor te lo hace todo al final acabarás siendo dependiente. Sin método no habrán resultados significativos.

Finalmente antes de empezar habla con el y pregúntale por todos los puntos anteriores y por todo lo que se te ocurra. Es importante que haya química con tu consultor para que puedas sacar todo el provecho.

Tu elijes siempre.

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Emociones que modelan nuestra huella

Las emociones son las grandes olvidadas en la gestión de la marca personal. Sabemos que están ahí, reconocemos su importancia y pasamos por encima de ellas de manera sigilosa, casi con temor de despertar algo que nos cuesta entender, reconocer y, por supuesto, manejar.

Y lo curioso de la situación es que las emociones marcan nuestro tono y el que imprimimos como líderes en las organizaciones. Como si de un coro se tratara el tono emocional nos ayuda a afinar nuestra melodía particular y  la del conjunto, cuando alguien desafina se resiente todo el colectivo. Las emociones son un componente fundamental de nuestra marca personal porque configuran la huella que dejamos en el corazón de los demás.

Amor, alegría, tristeza, rabia y miedo están siempre presentes en nuestra vida y como en muchas ocasiones no sabemos o no nos atrevemos a detectarlas les cambiamos el nombre y nos quedamos tan anchos. Así decimos que estamos estresados cuando lo que en realidad nos sucede es que estamos tristes o que estamos apáticos, desganados, cuando lo que pasa  es que tenemos miedo.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a un desayuno de trabajo organizado por Hunivers People Hub, consultoría de recursos humanos con alma fundada y dirigida por Esther Casademont, sobre Líderes diseñadores de estado de ánimo: cómo generar equipos extraordinarios. Joana Frigolé, coach  y consultora,  hizo una gran introducción al mundo de las emociones y hablo de su importancia cuando queremos construir equipos humanos potentes. Las emociones del líder influyen en el equipo y pueden determinar que se dirija hacia los objetivos propuestos o que se lance por otros derroteros.

Si las emociones impulsan y paralizan a las organizaciones, sus líderes tienen algo que ver con ello y mucho que decir y aportar para generar estados de ánimo positivos. En cualquier caso cada líder debe saber con que gafas emocionales está mirando el mundo para poder influir positivamente y permitir que  la organización y las personas que la conforman puedan fluir.

Fluir es un estado de ánimo que nos hace sentir plenos y en el que, cuando se produce, el tiempo se parece detenerse porque vivimos en un estado completo  de satisfacción. Es una sensación que es posible que hayamos experimentado ya sea realizando una tarea concreta o estando con alguien que nos haya  llenado especialmente; si buscamos con cariño a lo largo de nuestra vida seguro que sabremos detectarla.

El amor y la alegría potencian el fluir, mientras que la tristeza, la rabia y el miedo pueden bloquearlo. Para construir futuro Joana Frigolé recomienda utilizar un lenguaje positivo que ponga el foco en las fortalezas, normalizar los problemas, alejar el victimismo porque mira hacia el pasado, simplificar, soñar para visualizar el punto de destino y sobre todo agradecer cada día la parte de camino recorrida y los aprendizajes obtenidos.

Tomar consciencia y querer gestionar nuestras emociones nos permitirá dejar una huella más profunda.

Los tres objetivos de la marca personal

Los que me habéis escuchado en alguna charla o en algún curso ya sabéis que soy muy insistente recordando el objetivo que perseguimos cuando gestionamos nuestra marca personal y si insisto es porque lo hemos de tener muy claro y grabado a fuego en nuestra mente.

Primero de todo tenemos que conseguir que nos conozcan, hacernos visibles, porque si  no nos ven, no existiremos para los demás. Por buenos que seamos, por más cosas que seamos capaces de hacer para solucionar problemas reales de los demás si no lo explicamos, si los usuarios no se enteran no va a servir de nada. Lo primero es ser conocidos.

Pero como no estamos solos en el mundo y podemos estar seguros que alrededor nuestro va a haber otros que harán cosas similares a las que nosotros somos capaces de hacer hemos de ser capaces de distinguirnos, de explicar en qué somos únicos para que los demás nos reconozcan precisamente a nosotros y no a nuestros competidores.

El segundo paso es ser reconocidos.

A pesar de que nos conozcan y nos reconozcan es más que posible que cuando los demás se den cuenta de que existimos y de lo buenos que somos no necesiten en aquel preciso momento nuestros servicios por lo que hemos de conseguir que nos recuerden para que cuando surja una necesidad que nosotros podamos satisfacer seamos nosotros los que les vengamos primero a la mente. El tercer paso es ser memorables.

Pero de nada sirven que se cumplan los tres pasos anteriores si al final del proceso acaban eligiendo a otro. El objetivo final de la gestión de nuestra marca personal es que nos elijan a nosotros, es ser los elegidos.

Y en el camino para conseguirlo aprenderemos mucho, tanto que las veces que no consigamos que nos elijan no lo veremos como un fracaso rotundo si no como un paso más en nuestro aprendizaje.

Si gestionas tu marca personal de manera metódica y con la ayuda de un profesional tendrás todas las posibilidades para ser elegido por los demás.

Emprendedores con marca personal

Para ser emprendedor se necesita formación, actitud y una marca personal bien gestionada. Las tres cosas van cogidas de la mano: La falta de formación aleja de la competencia, sin actitud se pierde el norte y sin una buena gestión de la marca personal las ideas y proyectos se mueren en el anonimato.

9 pasos para el cambio
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9 pasos para afrontar el cambio (a mejor)

¿Quién no ha soñado alguna vez en hacer algo distinto a lo que se ha convertido en habitual? A veces tenemos la sensación de que es necesario un cambio de aires para respirar mejor, en otros casos hay elementos que en nuestro trabajo actual no funcionan y que nos invitan a pensar si nuestro tiempo en un entorno concreto se está agotando y también sucede que se pueden producir cambios no deseados en nuestro entorno que nos obligan a tomar decisiones sobre la manera de seguir ganándonos la vida. Ya sea un atisbo de insatisfacción, la necesidad de nuevos retos o simplemente porque sabemos que en nuestro grupo a una determinada edad se jubila al personal y no tenemos ganas de pasar a engrosar las clases pasivas porque todavía tenemos fuelle y, lo que es más importante, salud para seguir muchos años en activo, son motivos suficientes para ir reflexionando un posible cambio.

Tenemos que partir del principio de que si queremos cambiar tiene que ser a algo mejor, que nos llene más y que nos de ingresos suficientes. En muchas ocasiones cuando nos ponemos a pensar en nosotros, en lo que nos interesa, en qué nos gustaría hacer llegamos a la conclusión que no sabemos lo que queremos y abandonamos con lo que perdemos una posible oportunidad o la postergamos hasta que sucede algo inevitable y acabamos perdiendo parte del control de la situación.

También suele suceder que puestos a pensar sobre nuestro futuro nos asustemos visualizando la posibilidad de un cambio y decidamos de entrada no hacer nada. Un cambio implica siempre riesgos y a fin de cuentas la insatisfacción es un atributo propio de la condición humana por lo que ¿para que arriesgarnos si nunca encontraremos la felicidad? ¿A alguien le suena este razonamiento? Es relativamente fácil autoengañarse y convertir una zona de fricción en zona de confort simplemente por el miedo a enfrentarnos a un cambio.

En cualquier caso si sentimos el run run interior que nos pide un cambio pongámonos manos a la obra sin dilación, no sea que dejemos pasar el tren y preparemos un plan.

  1. No invirtamos mucho tiempo analizando las causas. Puede ser que nos pique la curiosidad, o que no nos encontremos todo lo a gusto que nos gustaría o que el día a día se nos ha comido la ilusión o lo que sea, el caso es que sospechamos que nos irá bien un cambio y es en este en lo que debemos centrarnos. Así como muchas oportunidades de negocio se mueren prematuramente por exceso de análisis nuestro plan de cambio  puede ahogarse por exceso de reflexión de sus causas.
  2. Aprovechemos la oportunidad para soñar. Pensemos en lo que nos haría felices hacer, por dónde nos imaginamos que deberían ir las cosas y convirtamos un sueño, o una pasión, en un proyecto. No nos cortemos las alas.
  3. No olvidemos nuestra experiencia. Planear un cambio no es en ningún caso cortar con nuestro pasado y repudiar la experiencia adquirida. Partamos de nuestras capacidades, de nuestros talentos y competencias ya que usadas como palancas nos ayudarán a trazar el recorrido de manera más sencilla. Tracemos puentes con nuestro pasado y no cavemos fosos.
  4. Centrémonos en nuestro foco. Es el momento de revisar nuestros principios fundamentales, la misión, la visión y los valores. Que la ilusión no nos haga cometer el error de ir por una vía muerta.
  5. Definamos nuestro modelo de negocio. Para entender lo que nos proponemos de manera clara y para poderlo explicar lo mejor es dibujar nuestro modelo de negocio, el famoso lienzo, el canvas. Con el en la mano podremos explicarlo a quien sea y nos ahorraremos pruebas innecesarias. Y como no nos ayudará a decidirnos por el proyecto y por el momento de su puesta en marcha o por su abandono para ir a por otro.
  6. Empecemos desde mínimos. En lenguaje de las lean start-up se llama producto mínimo viable y tanto sirve para el producto como para nuestra manera de comunicar. No queramos prepararnos para salir cuando todo esté atado y bien atado porque nos quedaremos en el camino por aburrimiento, ruina o por cualquier otro motivo. Dejemos las cosas listas para poder funcionar con muy poco.
  7. Preparemos nuestra comunicación. Pensando en el futuro para cuando nos queramos poner en marcha y en el presente porque hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos podemos ir adentrándonos de manera sutil pero segura en nuestro nuevo mundo sin que nos afecte a la actividad actual.
  8. Seamos fieles a nuestro actual trabajo. Estamos explorando, no lo olvidemos, y no dejemos de lado nuestra ocupación actual, no desconectemos si no ha llegado el momento. La gran ventaja de actuar a tiempo es que tenemos el control de la situación y por lo tanto no tiene sentido que nos asalten ni el pánico ni las prisas. Nuestra empresa actual no merece ninguna desconsideración y, sobre todo, no mordamos la mano que nos alimenta.
  9. Hagamos una buena salida cuando se produzca la desconexión. Como lo tendremos todo o casi todo previsto sólo nos quedará ejecutar el plan y gestionar las excepciones

Planificar nuestro futuro es dibujar la huella que queremos seguir dejando y es un ejercicio básico de marca personal.  Si quieres planificar tu futuro cuenta conmigo.

Imagen @Tommy Ingberg