La cara es el espejo de la marca

La cara es el espejo de la marca

A mi no me gusta la gente que no da la cara. Si la cara es el espejo del alma, quien la esconde es para mí, objeto de sospecha de que esconde algo, de que no es trigo limpio. Ir a cara descubierta es siempre un riesgo, todos te identifican y te pueden señalar con el dedo pero es la única manera de no pasar desapercibido y evitar, siendo uno más, convertirse en uno menos tal y como nos cuenta Andrés Pérez Ortega.

Esconder la cara, esconderse en general, puede tener un origen atávico motivado por el recuerdo de que quienes se distinguían por algo, cuando el resto del mundo era átono, podían ser objeto de represalias por el hecho de ser diferentes. También puede ser que si hay alguien que no se acepta tal y como es, si no se gusta, quiera ocultarse para evitar que los demás tengan un shock estético. Y también puede suceder que quiera deambular por el mundo viendo sin ser visto y reconociendo sin ser reconocido. Pueden ser muchas las causas y las justificaciones, pero a mí, el que se esconde, me sigue dando mala espina.

A mí me gusta enseñar mi cara, por convicción, porque con el tiempo he aprendido a gustarme, porque mis arrugas son el indicativo de una vida ya larga y plena y porque quiero que los se crucen en mi camino me recuerden.

Para que los demás nos acepten y nos tengan en cuentan tenemos que empezar por aceptarnos nosotros tal y como somos. El que se esconde de sí mismo se convierte en invisible y no es ni conocido, ni reconocido y por lo tanto, nadie puede recordarle y mucho menos elegirle para algo. Quien se oculta convierte su huella en invisible y se convierte en alguien sin marca.

En redes sociales no acepto a nadie que no enseñe su cara. Cuando el contacto físico es inexistente, cuando el diálogo sólo puede hacerse por escrito, cuando no hay ni olor, ni tono de voz, ni lenguaje corporal, ver la cara me permite hacerme una idea de con quien me estoy relacionando, porque en redes sociales tengo amigos y también conocidos, directos y por referencias de terceros y no tengo el placer de conocerlos a todos en persona. Quiero que todos juguemos con cartas no marcadas, sólo hago excepciones con la iconografía que me gusta y he decidido relacionarme con personas que comparten mis principios, se quieran y se acepten.
Nuestra cara es la mejor tarjeta de presentación y el espejo de nuestra marca.

La suerte es el pretexto de los fracasados

La suerte es el pretexto de los fracasados

Si queremos que los demás nos tengan en cuenta, si queremos que nos reconozcan en medio de la multitud y se fijen en nosotros, si queremos que nos elijan o por lo menos nos tengan en consideración primero de todo hemos de querernos, conocernos y aceptarnos.
Todos hemos dejado una huella en el camino y la seguimos dejando día tras día a través de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, de lo que hablamos y de lo que callamos, de lo que vemos y de lo que dejamos voluntariamente de ver porque por donde pasamos dejamos marca.
Ni todas las personas somos iguales ni las huellas que dejamos son igual de profundas. Hay quien pasa de puntillas, sin hacer ruido, sin que casi nadie le recuerde; hay vidas que son estelas que se difuminan. Y hay vidas que son surcos, que se hacen notar y que su recuerdo permanece. Ambas son poseedoras de un sentido único, genuino y trascendente pero para los demás unas existen y las otras no.
Ser estela o surco es una elección individual. Para ser relevantes para los demás hemos de serlo primero para nosotros y hemos de estar dispuestos a aceptarlo aun cuando lo desconocido nos de miedo o pereza y aceptar la posibilidad de equivocarnos. Y primero de todo es necesario que identifiquemos lo que realmente nos hace vibrar, es imprescindible que reconozcamos nuestros sueños, los transformemos en proyectos y los convirtamos en algo valioso también para los demás.
La gestión de la propia marca comienza siempre por uno mismo.
Pablo Neruda resumió en un poema un auténtico manual de autoconocimiento que nos ayudará a dar el primer paso para reconocernos como una marca.

TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISMO (PABLO NERUDA)

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie
porque fundamentalmente Tú has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo
y el valor de acusarte en el fracaso
para volver a empezar, corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean,
hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer,
las circunstancias son buenas o malas
según la voluntad o la fortaleza de tu corazón.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte,
enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera
son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu fracaso.
Si tú has sido el ignorante, el irresponsable,
Tú únicamente Tú, nadie pudo haberlo sido por ti.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los audaces,
imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores,
a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo
y tus problemas, sin alimento, morirán.

Aprende a nacer del dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.
Mírate en el espejo de ti mismo.
Comienza a ser sincero contigo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad
y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo,
reconociéndote a ti mismo, más libre y fuerte,
y dejarás de ser un títere de las circunstancias.
Porque Tú mismo eres el destino
y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de la vida.
Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.

¿Nuestra marca personal hace vacaciones?

En agosto el mundo se para o por lo menos esta es la sensación que tengo. Las últimas semanas de julio acostumbran a ser voraces, cronófagas, no queda tiempo disponible para acabar todo aquello que queda pendiente y que no puede esperar hasta septiembre. En agosto llega la calma, quizás los primeros días se mantienen activos los aburridos por naturaleza, los que tienen mala conscienciay quieren acabar lo que de natural acabarían en septiembre y por supuesto los que han hecho vacaciones en julio o antes o después y disfrutan mortificando al resto.

Lo único que sigue en activo es nuestra marca personal. En vacaciones y fuera de ellas seguimos dejando huella con las cosas que hacemos y con las que dejamos de hacer y como en cualquier momento del año lo importante es que lo que hagamos tenga sentido.
Desconectar es una palabra mágica que de manera repetitiva se oye en los periodos vacacionales, cortar con las actividades que se hacen durante el año para muchas personas es la finalidad de los días de asueto, dedicarse a uno y olvidar el resto, centrarse en la familia y dejar de pensar en el trabajo, estar con los amigos y aparcar al resto de mortales. Lo que se hace durante el resto del año parece que tiene poco sentido y que hay que recuperarlo durante el mes escaso que duran las vacaciones. Es un razonamiento equivocado.
El trabajo embrutece cuando nos aleja de lo que realmente queremos y muchas veces también lo hace porque no sabemos lo queremos. Y cambiar el orden de las cosas cuesta mucho, pensar y plantearse que es lo que va y que es lo que no funciona da miedo porque nos puede dejar mal cuerpo o hacernos tomar decisiones importantes en las que dejemos cosas por el camino. Quien se siente motor de su vida y está enfocado hacia sus objetivos, quien es el director general de su vida ve las cosas de manera distinta al que tiene ojos de empleado y busca que otros le llenen su tiempo y si puede ser su bolsillo. ¿Cuál de ellos necesita desconectar?
Agosto y las vacaciones en general puede ser el buen momento para tener las antenas en funcionamiento y pensar en uno mismo, en lo que nos motiva y en lo que nos aburre, en lo que nos da sentido y en lo que nos lo quita y prepararse para hacer las cosas de manera diferente. Es un momento para dibujar o retocar la huella que queremos dejar en el corazón de los demás. Es por esto que la marca personal no desconecta en vacaciones.

Cuando un sombrero marca

Cuando un sombrero marca

La cabeza es una parte importante de nuestro cuerpo, sin ir más lejos es la unidad de control de nuestro organismo, donde se toman decisiones, se cuecen las emociones y se forjan las ilusiones. Tener la cabeza fría, ser un cabeza loca o tenerla llena de pájaros define momentos y situaciones por las que todos hemos pasado.
El sombrero es la prenda de vestir que se utiliza para cubrir la cabeza y sin él tenemos desnuda una parte de nuestro cuerpo y los pelos no son un atenuante porque también están en otras partes del cuerpo que púdicamente cubrimos.
Yo incorporé tardíamente el sombrero a mi vida, ya era un adulto hecho y derecho, y me impulsó más la pérdida de masa capilar que un interés estético.
A lo largo del tiempo nos hemos vuelto inseparables y si salgo de casa sin el me encuentro extraño, es como si faltara una parte de mi vestimenta y los que me conocen también se extrañan. El sombrero se ha convertido en uno de mis captadores de atención de mi imagen.
Que la gente se fije en uno es importante. Pasar desapercibido es sinónimo de no existir, ojos que no ven corazón que no siente dice el refrán, y es algo que no se puede permitir alguien que quiere dejar marca. Si la marca es la huella que dejamos en el corazón de los demás quien no sea capaz de hacer vibrar las entrañas ajenas poca marca dejará.
La manera como vestimos dice mucho de cómo somos. A fin de cuentas los que nos rodean lo primero que ven es nuestro cuerpo y les sirve para hacerse una idea sobre nosotros que puede estar de acuerdo con la realidad o no pero lo seguro es que nos marcará durante un tiempo. Que seamos capaces de hacer ver a los demás lo que realmente somos tiene una importancia capital , depende única y exclusivamente de nosotros y configura la huella que vamos dejando a lo largo de la vida. La manera de vestir es un atributo de marca.
El sombrero provoca que los que nos rodean dirijan la vista hacia nuestra cabeza, se fijen también en nuestra cara y la graben en su memoria. Y la cara es el espejo del alma. Y es aquí donde podemos afirmar que un sombrero, un simple sombrero marca y es un elemento de muestra marca.