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La crisis que robó personas dejando productos

La crisis que robó personas dejando productos

La crisis ha roto nuestra manera de ver el mundo, ha instaurado nuevos roles y ha dejado fuera de juego a muchas personas afectadas. Que hay un antes y un después no es una conjetura, es una pura evidencia que es aplicable, no sólo individualmente, si no a todas las capas de la sociedad.

En un excelente artículo en el suplemento de cultura de La Vanguardia del pasado 28 de enero,  José Ramón Ubieto hacía una lectura de los efectos de los reveses económicos desde la visión psicoanalítica que pone en evidencia nuestra extrema fragilidad que nos expone a ser a ser víctimas de diversas patologías cuando nos enfrentamos a pecho descubierto a nuevas situaciones desestabilizantes.
Retengo una cita de Zygmunt Bauman que invita a la reflexión sobre el momento que vivimos: “En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su carácter de sujeto si no se preocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en si mismo cualidades y habilidades que se exigen a todo producto de consumo” Afirmación dura que refleja los riesgos de aceptar la mercantilización de la existencia individual vaciada de contenido y que me interesa resaltar desde un punto de vista más preventivo que como paradigma del comportamiento o elemento de determinismo social.

Ni esta crisis que vivimos es la primera ni será la última, aunque esta vez nos haya pillado desprevenidos y nadie es inmune a sus efectos. En la etapa actual, que todavía no es el final del recorrido, podemos observar una sociedad más polarizada en la que el número de pobres ha aumentado y la clase media ha retrocedido en capacidad económica y poder adquisitivo.
De una observación directa a nuestro alrededor es bastante fácil encontrar situaciones que corroboran la afirmación anterior y que en muchos casos han tenido tintes dramáticos.
Que ninguno de nosotros sea inmune a nuevas situaciones de crisis nos debería hacer reflexionar sobre cómo hemos rearmarnos individualmente para poder hacer frente a nuevas embestidas o para recomponernos y afrontar el futuro con optimismo.

Retomando la cita de Bauman, si aceptamos la condición de producto estaremos en manos de los avatares del momento y de los mercados y ganaremos o perderemos sentido y significado sin tener la más mínima capacidad de acción o de reacción. Es cierto que la visión del mundo ha cambiado y que situaciones que antes eran aceptadas como evidentes han dejado de serlo sobre todo las que se refieren a la durabilidad de los puestos de trabajo y a la necesidad de visibilidad de las personas porque los puestos de trabajo para toda la vida se han acabado esto lleva anexo que las personas invisibles tendrán cada vez mayores dificultades para poder salir adelante y esta nueva situación nos lleva a la necesidad individual de ser conocido, reconocido y memorable para poder ser tenido en cuenta. Pero no como productos, si no como propuestas de valor por la capacidad de solucionar problemas, del tipo que sean, a los demás.
Una vez que aceptemos que lo que ha cambiado no volverá  y dejemos de vivir de recuerdos e ilusiones pasadas. El paso fundamental es que sepamos encontrar lo que realmente da sentido a nuestra existencia, identifiquemos cómo podemos solucionar problemas a los demás y nos pongamos manos a la obra para conseguirlo.  Así conseguiremos alejar de una vez el fantasma de ser considerados meros productos.