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El autoconocimiento puede cambiar tu vida

En algún momento de nuestra vida todos nos hemos encontrado dentro de un túnel desde el que no podíamos ver la luz del final. La búsqueda de la luz nos ha obsesionado de tal manera que nos ha hecho olvidar que la llevábamos puesta, que éramos sus portadores.
El hombre del cuadro vestido elegantemente podría ser cualquiera de nosotros. La mano derecha crispada encima de la mesa en una posición casi imposible, deforme. La mano izquierda posiblemente relajada se esconde como si quisiera indicar que no quiere saber nada de su homónima. Las dos manos indican el desconcierto, la travesía a oscuras, la imposibilidad de andar a tientas porque ambas están descoordinadas. La piedra con toques selenitas pasa desapercibida porque nuestro hombre no mira, no ve, está en pleno proceso de autodescubrimiento.
Está en una fase de cambio. Su cuerpo lentamente se va transformando en luz. Está descubriendo que tiene la fuerza para iluminar su vida y que no depende de focos y faros exteriores. Él es su propio foco y tiene la fuerza para guiar su vida. Está en pleno momento de marca personal.
El autoconocimiento es un proceso en el que descubrimos que, a pesar de ser seres eminentemente sociales, tenemos la capacidad de cambiar el mundo a través de nuestro proyecto que iluminará nuestra vida y la de los demás.[bctt tweet=”Decidir es atreverse a brillar con luz propia a pesar de los costes que puede conllevar” username=”jordicollell”]
Nuestro hombre está solo. Nosotros también necesitamos estar solos para tomar decisiones trascendentales, relevantes, que cambian nuestras vidas. Podemos apoyarnos en los demás pero los que acabamos decidiendo somos nosotros y únicamente nosotros. Sin introspección no hay luz y en medio del bullicio ésta se difumina y acaba apagándose porque es muy fácil quedarse en las zonas de confort.
Nos cuesta entender que los demás necesiten tomar distancia cuando tienen entre manos el destino de su vida, su silencio nos preocupa y nos descoloca. Y viceversa, porque tampoco se entiende que nosotros lo hagamos.
Todos tenemos un proyecto. A veces los proyectos convergen y de repente se separan. Una intuición, una tercera persona que aparece en la vida, una enfermedad o un accidente pueden ser el indicador de que algo se está rompiendo. Se produce un antes y un después. Y hay que tomar decisiones aunque duelan porque la vida depende de ello.

Y entramos en el túnel. A oscuras, presos del desasosiego, actores o víctimas del desamor, sin saber que decidir, sin saber por quién decidirse. Esto pasa en el entorno de pareja, con los amigos y con los trabajos. Y vamos a tientas y a ciegas, perdidos y acongojados, víctimas o verdugos, lo mismo da porque la ceguera afecta a todas las partes.
Y de repente se hace la luz, nos convertimos en luz. Decidir es atreverse a brillar con luz propia a pesar de los costes que puede conllevar, a pesar de las rupturas y de los cambios que pueda representar.
El autoconocimiento es un acto de amor a uno mismo, de aceptar nuestras propias decisiones y es, también, un acto de amor a los demás, de aceptar sus decisiones aunque nos duelan, aunque nos alejen.

Trabajar la marca personal no es una actividad inocua, puede tener efectos secundarios. Es una aventura que, para que sea exitosa ,sólo pide que seamos consecuentes con nuestro proceso y que aceptemos el de los demás. Sabemos como entramos pero podemos salir transformados. Pero siempre encontramos en nosotros la luz que nos ilumina hasta el final.

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La importancia de la visión en la marca personal

En algún momento de nuestra vida todos hemos soñado. No me refiero al sueño cotidiano, y generalmente, inconsciente que pasa por nuestra vida de manera discreta la mayoría de las veces aunque en otras ocasiones nos despertamos sobresaltados, aterrados y desconcertados, o al revés, nos deja una suave sensación de lasitud, placer y felicidad; me refiero a aquellos momentos en los que hemos imaginado de manera más o menos consciente nuestro futuro, nos hemos proyectado hacia él y por un instante hemos vivido la sensación de haber conseguido algo importante para nosotros, hemos acariciado con nuestra imaginación la felicidad en forma de un proyecto profesional , un abrazo de alguien muy deseado, un logro personal superando un fuerte desafío, el beso cálido que siempre hemos esperado o simplemente algo material que nos hace mucha ilusión poseer y que en un momento dado somos capaces de ver, tocar y oler. Todos o casi todos hemos soñado que hemos tocado el cielo y hemos sido felices, hemos tenido una visión.

[bctt tweet=”La visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida y define la marca personal”]

Nuestra visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos permite proyectarnos al final de nuestras vidas y contestar a la pregunta de cómo nos gustaría ser recordados. Y no es una declaración que se graba a fuego alguna parte de nosotros, ya sea nuestro corazón o nuestra mente, si no que es en muchos casos un pensamiento volátil que si no lo mantenemos vivo desaparece con el tiempo, se borra de nuestro recuerdo y pierde la oportunidad de verse convertido en realidad.

En nuestra mente imaginamos situaciones ideales, desde un yo nuestro ideal, una pareja, un trabajo o un proyecto ideales que en un momento dado abrazamos, sentimos, tocamos y nos emociona intensamente, tanto que afirmamos que estamos viviendo la felicidad. El tiempo pasa, el día a día exige dedicación, las decisiones nos aprietan, aparecen situaciones que identificamos como oportunidades que nos llevan  por caminos insospechados y sin darnos cuenta nuestras situaciones ideales se van desvaneciendo hasta ser unas completas desconocidas. Y nos encontramos con parejas, trabajos y proyectos que no identificamos como nuestros; solemos decir que la vida o el día a día nos han llevado hasta allá y aunque hayamos podido alcanzar situaciones de éxito no lo vivimos con alegría si no con la perplejidad de estar conviviendo con un extraño.

Los momentos de mayor plenitud en nuestra vida no son aquellos en los que estamos donde nos sentimos cómodos si no aquellos en los que tenemos la valentía de estar allí dónde nuestra visión nos lleva.  La comodidad generalmente es fruto de la relajación y la visión es el faro que nos orienta para encontrar el camino que tenemos que seguir. Tomando mi ejemplo preferido de un ruta montañera, la comodidad nos lleva a tomar el camino más fácil o a quedarnos simplemente al buen resguardo del refugio mientras que la visión nos indica que tenemos que continuar el ascenso aunque nos duela el cuerpo y el viento sea gélido.

Sin visión no podemos dejar huella porque sin brújula o sin ver las estrellas perdemos la orientación y vamos hacia ninguna parte por esto para gestionar nuestra marca personal tenemos que descubrirla o recordarla. La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad, nadie puede redactarnos nuestra declaración de visión porque nadie puede construir nuestra vida, mejor o peor explicada sólo cada uno de nosotros es capaz de revelarla.

[bctt tweet=”La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad”]

Trabajar nuestra visión no es complicado y sólo necesitamos dejarla fluir, que salga de nuestro interior. Para ello hemos de procurarnos unas condiciones favorables de silencio y recogimiento que nos faciliten la labor. Un entorno ruidoso, excesivamente luminoso o tenso no es el más recomendable; respirar profundamente cómodamente sentados aceptando con cada inspiración que la vida penetra en nuestro interior, que el aire nos transforma y que cuando expiramos llevamos al exterior aquello que nos impide crecer nos ayudará a crear un clima personal de apertura hacia nosotros. Y estaremos en condiciones dejar salir nuestros sueños, de escoger aquel que nos da mayor sentido y redactarlo para poderlo tener presente en el futuro, en cada momento.

La visión nos ayuda a tomar las decisiones cotidianas, aceptar aquellas cosas que nos ayudan a mantenernos en el camino o que nos impulsan a dar un salto adelante y a rechazar las que nos paralizan o nos hacen retroceder aunque puedan proporcionarnos placer y comodidad. Y lo haremos con pasión aunque el final todavía esté lejos y por el momento sólo seamos capaces de abrazar el aire.

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Propuestas para no sabotear los proyectos propios

El fuego amigo es  muy conocido en los círculos militares, se refiere a aquella situación en la que los disparos provienen del propio bando y es muy temido porque crea desconcierto y causa muchas bajas que se hubieran podido evitar. Generalmente se produce por fallos de coordinación que llevan a tomar como enemigos a  los que no lo son, y el resultado es que las bajas se producen en el bando propio.

Cuando decidimos emprender, ya sea dentro de la propia empresa o por nuestra cuenta, tenemos que evitar generar fuego amigo que nos pueda llevar por caminos no deseados si no directamente al desastre.

Lo peor que nos puede pasar es convertirnos, sin quererlo, en nuestro propio enemigo y lanzar dardos envenenados hacia donde más duele: la moral. Emprender es una decisión que nos lleva a desarrollar un proyecto en condiciones de incertidumbre, de riesgo, de posibilidad de éxito y de error; y esto ya de por si es complicado de gestionar y puede serlo todavía más si permitimos que nos invadan pensamientos negativos que incrementen el nivel de inseguridad. Si somos capaces de identificar este tipo de situaciones de antemano cuando aparezcan tendremos mayores posibilidades de hacerles frente y neutralizarlos.

[bctt tweet=”Emprender es una decisión que nos lleva a desarrollar un proyecto en condiciones de incertidumbre. Si nos invaden pensamientos negativos el nivel de inseguridad crece.”]

Los pensamientos negativos aparecen en los momentos más inoportunos y de manera preferente cuando estamos en horas bajas. Es como si quisieran hacer leña del árbol caído, o en los momentos en que tendríamos que estar celebrando un avance aparecen para aguar la fiesta. Son tóxicos porque emponzoñan nuestra existencia, muchas veces consiguen apartarnos de nuestros objetivos y lo peor es que somos nosotros mismos los que los fabricamos.

En el origen del mal está la semilla de la solución ya que, si nosotros los creamos, también podemos deshacernos de ellos conociéndonos mejor, tomando consciencia de lo que nos está sucediendo y teniendo a mano un botiquín de primeras curas para desactivarlos cuando aparezcan.

Veamos algunos ejemplos de pensamientos negativos dispuestos a convertirse en fuego amigo:

  • No soy capaz. Después de estar años y años luchando en muchos frentes y habiendo demostrado que somos capaces de salir airosos de las situaciones más complicadas de pronto nos damos cuenta de que no servimos para lo que precisamente nos hemos propuesto con tanta ilusión. Y la idea del fracaso se asoma por el horizonte. Es hora de hacer un balance de nuestra trayectoria profesional hasta el momento actual y recordar cómo hemos hecho frente a situaciones similares. Esto ayudará a resituarnos y a no ver el presente y el futuro tan amenazantes; hablar con otras personas que hayan pasado por circunstancias de incertidumbre y por dificultades nos puede ayudar a encontrar el camino de la solución y volver a sentirnos capaces den si no comernos el mundo, por lo menos movernos sin miedo.
  • No estoy preparado. En un mundo en constante cambio. ¿Quién está suficientemente preparado? Los emprendedores tenemos el alma de director de orquesta, sabemos crear sonidos armónicos pero no somos virtuosos en ningún instrumento. Y mejor que nunca lo seamos, porque cuando esto suceda estaremos perdiendo visión y oportunidades. Cuando amenace el fantasma de la falta de preparación es recomendable recurrir a la experiencia para agarrarnos a nuestras auténticas palancas, el camino que hemos recorrido nos ha hecho indiscutiblemente sabios y a las personas que nos pueden complementar para llegar a alcanzar nuestros objetivos.
  • Yo solo no puedo con todo. Y nadie te lo pide. Busca ayuda en otros profesionales, reparte juego y vende tu proyecto con ilusión para que otros te acompañen y apoyen. El buey solo bien se lame del dicho popular no sirve para hacer negocios y las buenas alianzas pueden sacarnos de la soledad y de más de un atolladero.
  • Ya no se ni para que sirvo. Es un obús que muchas veces lanzamos a nuestro punto de flotación y no tiene otra finalidad que cargarnos nuestra propuesta de valor. Si antes de comenzar un negocio o un proyecto trabajamos a fondo la estrategia, y somos capaces de explicarnos cuál es nuestro propósito y cuáles son nuestras propuestas de valor, cuando lleguen las dudas podremos tirar mano de nuestro modelo de negocio para disipar dudas al instante.
  • No tengo carácter. O en otras palabras no sé por qué me he metido en esto. Los que somos aficionados a subir montañas tenemos más posibilidades de comprender esta situación ya que cuando llevas horas andando, sudando, hambriento y con los pies doloridos te preguntas que diantres estás haciendo allí cuando podrías haberte quedado en casa y lo más chocante es que la mayoría de veces has iniciado el camino con ilusión después de haber preparado minuciosamente el ascenso. La mejor manera de superar esta situación es tener una imagen clara de dónde queremos llegar y de dónde estamos en cada momento, poder visualizar la cima o los objetivos que nos hemos propuesto nos ayuda a disipar dudas sobre nuestra capacidad emocional para hacer frente a los retos y un buen mapa mental ayuda mucho a tener las cosas claras. Al final, cuando llegamos a la cima, la satisfacción por haber luchado para no desfallecer nos hace recuperar la confianza con creces y nos refuerza para aventuras futuras.
  • No me lo merezco. Es una frase con dos lecturas. La primera es que cuando las cosas van viento en popa aparece en nuestro pensamiento para quitarnos el derecho a triunfar. He tenido algunos clientes que de manera monótonamente periódica esperaban que llegara el momento de ser desenmascarados por su impostura ya que estaban convencidos que el haber llegado hasta sus puestos actuales no era más que un error de casting por parte de sus jefes o de sus clientes y lo peor de todo es que cuando ya se veían de patitas en la calle o en la ruina llegaba un nuevo ascenso o un nuevo contrato que volvía a llenarles de desazón. Yo he llegado a la conclusión de que este tipo de personas tienen un concepto tan elevado de lo que es potencialmente bueno, de lo que se espera que sean, que cuando se ven en la realidad, llenos de contradicciones, no se aceptan tal como son y se identifican como impostores a pesar de que los resultados lo niegan. Lo mejor es darse a uno mismo la posibilidad de equivocarse y tomar perspectiva de las situaciones. La meditación ayuda mucho así como poder contrastar el desempeño con alguien de confianza o con un mentor. La segunda lectura aparece cuando las cosas van mal y para no tomar responsabilidades sobre el asunto nos repetimos hasta la saciedad que no merecemos el trato recibido por parte de quien sea o, cómo no, del destino que nos tiene tirria: Vaya como si la cosa no fuera con nosotros. En este caso hacer un esfuerzo de lucidez para ver que tipo de responsabilidad tenemos sobre las cosas es de gran utilidad y pedir feed back al entorno puede aclararnos muchas cosas.

Vayan las cosas bien o mal no nos castiguemos. Somos responsables de los éxitos y de los fracasos y tenemos la posibilidad de asumirlo pero en ningún caso tiene sentido que practiquemos actos de sabotaje hacia nuestra persona y nuestros proyectos. Aprendiendo de todas las situaciones reforzaremos nuestra marca personal.

¿Somos marcas o monigotes?

Afortunadamente no estamos solos pero si lo estuviéramos sería indiferente que dejáramos huella o no. Las personas somos seres sociales y nuestra identidad cobra sentido en la medida que está en contacto con otras identidades, con otras personas.
De hecho, cuando nacemos descubrimos la presencia de los demás antes de tener consciencia de nuestra propia presencia. Nos cuidan, nos alimentan, nos abrigan, nos acarician y nos quieren. Y es a partir de aquí que tomamos consciencia de nosotros mismos y descubrimos, con el paso del tiempo, nuestra identidad. Sin la presencia de los demás no podríamos iniciar el camino hacia el descubrimiento de nosotros.
La huella que dejamos desde nuestro instante cero es conocida y reconocida antes por los demás que por nosotros mismos. Dejar marca es inevitable e imprescindible, la relación con los demás implica un enriquecimiento mutuo que nos modela como personas al mismo tiempo que modelamos a los demás. Somos una marca personal porque estamos con otras marcas personales.

Estando con otras personas ocupamos un espacio en el mundo que tenemos que conocer, comprender y descifrar para poder ubicarnos y reconocernos. Es en este espacio en el que nos embebemos de los demás, y al mismo tiempo, les impregnamos con nuestras características personales, donde vivimos la vida, crecemos y tenemos la posibilidad de transformarlo. Es en el mundo donde modelamos el futuro porque tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas y la clave del progreso a todos los niveles y en todas las escalas.
En el mundo nos comprometemos con los demás, con el entorno, para hacer avanzar las cosas, incluso en las circunstancias menos amigables. Somos una marca personal en el mundo.

También somos singulares ocupando un lugar único en el mundo y en el universo. Tenemos algo que nos distingue y que nos ensalza dando sentido a lo que hacemos, a cómo nos relacionamos y a cómo modelamos y transformamos la realidad, algo que nos indica el camino hacia la plenitud que es el camino hacia la felicidad. Cuando formulamos nuestra visión, misión y valores no estamos haciendo “estrategia”, estamos profundizando en el relato de nuestra identidad, estamos respondiendo a las preguntas más genuinas de nuestra condición humana y conectamos con la trascendencia. Somos una marca personal vocacional.
La gestión de nuestra marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo, que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación que nos hace transcendentes. Y es un trabajo personal de descubrimiento, gestión y aceptación que siempre representa un desafío y abre las puertas a grandes cambios porque cuestiona nuestra manera de hacer. Es una condición necesaria aunque no suficiente para dejar huella y que requiere la humildad necesaria para aceptar que hemos de cambiar.
Sin autoconocimiento no somos capaces de gestionar la marca que dejamos y corremos el riesgo de convertirnos en meros monigotes.

La suerte es el pretexto de los fracasados

La suerte es el pretexto de los fracasados

Si queremos que los demás nos tengan en cuenta, si queremos que nos reconozcan en medio de la multitud y se fijen en nosotros, si queremos que nos elijan o por lo menos nos tengan en consideración primero de todo hemos de querernos, conocernos y aceptarnos.
Todos hemos dejado una huella en el camino y la seguimos dejando día tras día a través de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, de lo que hablamos y de lo que callamos, de lo que vemos y de lo que dejamos voluntariamente de ver porque por donde pasamos dejamos marca.
Ni todas las personas somos iguales ni las huellas que dejamos son igual de profundas. Hay quien pasa de puntillas, sin hacer ruido, sin que casi nadie le recuerde; hay vidas que son estelas que se difuminan. Y hay vidas que son surcos, que se hacen notar y que su recuerdo permanece. Ambas son poseedoras de un sentido único, genuino y trascendente pero para los demás unas existen y las otras no.
Ser estela o surco es una elección individual. Para ser relevantes para los demás hemos de serlo primero para nosotros y hemos de estar dispuestos a aceptarlo aun cuando lo desconocido nos de miedo o pereza y aceptar la posibilidad de equivocarnos. Y primero de todo es necesario que identifiquemos lo que realmente nos hace vibrar, es imprescindible que reconozcamos nuestros sueños, los transformemos en proyectos y los convirtamos en algo valioso también para los demás.
La gestión de la propia marca comienza siempre por uno mismo.
Pablo Neruda resumió en un poema un auténtico manual de autoconocimiento que nos ayudará a dar el primer paso para reconocernos como una marca.

TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISMO (PABLO NERUDA)

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie
porque fundamentalmente Tú has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo
y el valor de acusarte en el fracaso
para volver a empezar, corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean,
hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer,
las circunstancias son buenas o malas
según la voluntad o la fortaleza de tu corazón.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte,
enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera
son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu fracaso.
Si tú has sido el ignorante, el irresponsable,
Tú únicamente Tú, nadie pudo haberlo sido por ti.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los audaces,
imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores,
a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo
y tus problemas, sin alimento, morirán.

Aprende a nacer del dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.
Mírate en el espejo de ti mismo.
Comienza a ser sincero contigo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad
y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo,
reconociéndote a ti mismo, más libre y fuerte,
y dejarás de ser un títere de las circunstancias.
Porque Tú mismo eres el destino
y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de la vida.
Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.