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ser el elegido

No ser uno más, ser el elegido

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

Cesar Vallejo: Masa

Cuando los demás no quieren dejarte ir, cuando lloran tu ausencia es que has dejado huella. Tu huella es ambivalente reafirma tu presencia y alivia el vacío de tu ausencia.

Presencia y ausencia son dos formas de tratar el recuerdo y van unidas al concepto de marca personal. Saint-Exupery decía en su libro Carta a un Rehén algo así como que a los muertos hay que hacerlos muertos porque es en su papel de muertos que recuperan de alguna forma su presencia. Es el gran poder de la marca de las personas.

El poder de cada uno es enorme si sabemos distanciarnos de la masa para ser precisa y simplemente nosotros sabiendo estar al mismo tiempo al mismo nivel que los demás. Estar lejos significa aislamiento, confundirse representa rebajarse, distinguirse ni que sea por la capacidad de mirar más lejos es reafirmar la identidad para ser tenido en cuenta.

Para ser digno de confianza tienes que ser como los demás, codo a codo, compartiendo las asperezas y las mieles del día a día pero aportando un toque diferencial.

Cuando todos miran hacia delante siempre hay alguien que tiene la vista fijada en el horizonte y que ve venir las oportunidades y los peligros y que sabe leer el mensaje de las nubes. Cuando todos siguen el mismo ritmo siempre hay alguien parece que baila con un son distinto. Y estos alguien son recordados precisamente por haberse distinguido mientras el resto se extinguía en la monotonía.

El egoísmo forma parte de la monotonía de la masa, centrarte simplemente en ti mismo te iguala con todos aquellos que hacen lo mismo y que son mayoría. Pensar en los demás, en aquello que puedes hacer por ellos, tener una propuesta de valor, te acerca y al mismo tiempo te distingue. Dos caras de una misma moneda que te hacen ser conocido y reconocido.

Si vives de acuerdo con unos principios que hacen que te respetes a ti mismo y a los demás te sitúas más cerca de su corazón y te acaban recordando.

Si te distingues pero sigues al lado de los que te necesitan acabarás siendo elegido, no lo dudes. Que te elijan es una consecuencia natural que ni sale de la nada ni se improvisa si no que se crea con el trabajo diario.

Y cuando no estás los demás no sólo hablan bien de ti si no que te echan de menos y el poder de tu marca les sigue iluminando durante tu ausencia aunque esta sea permanente. Al final tu marca te transciende.

Imagen @Tommy Inberg

El discreto encanto de la marca volátil

Tu aurais pu, mon vieux Joseph

Faire des petits avec Marie

Et leur apprendre ton métier

Comme ton père te l’avait appris

Pourquoi a-t-il fallu, Joseph

Que ton enfant, cet innocent

Ait eu ces étranges idées

Qui ont tant fait pleurer Marie?

Parfois je pense à toi, Joseph

Mon pauvre ami, lorsque l’on rit

De toi qui n’avais demandé

Qu’à vivre heureux avec Marie

Joseph de Georges Moustaki

De entre los personajes populares que siempre me han fascinado uno de ellos ha sido José. Hace algún tiempo dediqué un artículo a las personas que voluntariamente deciden vivir en el anonimato y paradójicamente su marca no deja huella y nuestro personaje de hoy siempre se me ha antojado uno de ellos.

Dentro de unos días se nos caerá encima el día del padre y este año no quiero desaprovechar la ocasión para reflexionar sobre el personaje al que históricamente se la ha considerado el ejemplo de la paternidad por antonomasia pero del que no sabemos nada o casi nada porque siempre ha resultado ser un personaje secundario, como uno de estos actores que son necesarios para que la trama se desarrolle pero que al final saben que no se van a llevar ningún Oscar.

Os haré una confesión personal, la figura de José, de San José para algunos, conforme han ido pasando los años se me ha ido presentando con más crudeza y lo he convertido en una especie de referente para aquellas situaciones en que la discreción y el silencio son necesarios aunque lo que me gustaría es decir mi opinión a gritos y también para aquellas situaciones en que es necesario aceptar una situación porque toca, porque la intuición dice que es necesario aguantar aunque las tripas digan lo contrario.

[bctt tweet=”¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal?” username=”jordicollell”]

Que Georges Moustaki le dedicara una canción me sorprendió en su día cuando yo todavía consideraba que el personaje era un señor de barba blanca que había tenido la extraña suerte, si así se le puede llamar, de aparejarse con alguien que le fue metiendo de lío en lío y que lo soportó tan en silencio que su discreción hizo que pasara a la posteridad.

¿Es un personaje sin marca o es la destilación de la marca? Imaginemos la situación, que no es fácil, por lo menos trasladada a nuestra época actual, de alguien que sabe que no es el padre de quien se dice que es su hijo, que es el centro de las miradas irónicas por el embarazo de su mujer, que se tiene que jugar la vida para acompañar y defender una misión que no es la suya a sabiendas que el beneficio personal será escaso a nivel práctico. Vaya, que cualquiera de nosotros se plantearía tirar la toalla.

Y a pesar de todo el personaje persevera y está donde tiene que estar y cuando tiene que estar, aunque posiblemente el lugar no sea el que posiblemente hubiera escogido de haber tenido la posibilidad.

Para mi José es el más humano de los personajes de las historias que me contaba mi abuelo y que seguía con atención en el colegio mientras devoraba a hurtadillas el bocadillo del desayuno. Nunca ha sido un héroe, ni nadie a quien haya querido imitar porque, sinceramente, nunca he tenido claro qué era lo imitable, pero con los años se ha ido haciendo presente en mi vida, siempre le he visto como un ser humano común, uno como nosotros. Uno de tantos que lo único y quizás definitivo fue ser fiel su compromiso, a su intuición a pesar de que la situaciones pudieran parecer paradójicas. ¿Sin su huella volátil hubieran podido tirar adelante sus proyectos los otros actores, María y su hijo? ¿ De haber querido tener el protagonismo no se habría quedado en el personaje corriente que era y acabado en el olvido colectivo?

La discreción, el estar al servicio de una causa que no es estrictamente la nuestra pero a la que podemos acompañar para que pueda ser, el no abandonar cuando todo parece indicar que sería lo correcto ¿pueden ser atributos de marca personal?

¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal? ¿Tienen cabida este tipo de situaciones en un mundo cambiante como es el nuestro?

Y en estos casos ¿qué significa ser elegido?

Muchas preguntas y pocas respuestas para un personaje que aparece año tras año y que sigue dando mucho de si.

Imagen Rafa? Olbi?ski
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Mas fuertes, mejores y más seguros

Las personas brillamos en la oscuridad de la noche. Siempre dejamos una estela de luz que ilumina nuestro alrededor. No somos gente anónima.
En la soledad de las ciudades, donde todo confunde y se difumina, cuando las calles se encuentran vacías y la vida parece carecer de sentido siempre emerge un fulgor que nos indica que alguien está allí dejando su huella.

Nadie es igual a sus semejante, cada cual deja su huella que es genuina y personal, todos tenemos nuestra marca que luce a pesar de los pesares.
Y a pesar de brillar con luz propia los espacios en que nos movemos nos ayudan a distinguirnos, a dejarnos ver con mayor claridad.

Dos hombres, una mujer y un barman. Tres huellas y tres marcas distintas. Poco sabemos de sus vidas, están al final del día pensativos y con ganas da agotar el tiempo que les queda para sumergirse de nuevo en la oscuridad del asfalto.

[bctt tweet=”Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos” username=”jordicollell”]

Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos. Cada uno de ellos es un universo completo en el que se reflejan los momentos más bajos y los más sublimes, todo queda en su interior pero su luz sigue brillando. No sabemos nada de su propuesta de valor excepto para el barman que calma la sed y apacigua los corazones

Gestionar la marca personal es buscar en cada momento que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta de valor, por lo que podemos hacer para curar el dolor de los demás, para proveerlos de aquello que les falta. Y hemos de suscitar el interés para que el resto del entorno parezca vacío y carente de contenido. Sólo nosotros y la luz que desprendemos deben distinguirse.

Para, que nuestra luz sea potente hemos de tener una identidad fuerte forjada a través de los demás. Sin ellos no seríamos y no tendría sentido dejar huella. Aunque estemos solos, la ausencia de los demás nos llena de contenido de marca y estamos siempre esperando el momento de podernos comunicar. Porque somos marcas sociales.

[bctt tweet=”Gestionar la marca personal es buscar que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta” username=”jordicollell”]

En la vida gestionamos diversos roles que dan contenido a la diversidad de la huella que dejamos, que nos permiten que cada día sea distinto y que el autobús nunca se pare en la misma parada. Diversidad de roles y unidad de marca porque la huella que dejamos sin ser única es nuestra y sólo nuestra.

Tenemos diversos proyectos fieles a nuestras propuestas de valor y al final de cuentas queremos hacer un mundo mejor, ayudando a los demás a tener una vida más fácil, más feliz, más plena y dando solución a sus preocupaciones. Esto es nuestra propuesta de valor y lo que nos da sentido.

Al final de día pasamos cuentas con nosotros mismos, como los clientes del bar de la ilustración de Hopper y nos preguntamos por lo que hemos hecho. Y lo hacemos en solitario, de espaldas, un poco cabizbajos o acompañados por aquellos que nos quieren aunque a veces no sepamos como explicarlo y tengamos la sensación que que una relación se está agotando.

Vendrá de nuevo el día y la luz del sol desplazará el fulgor de los neones y volveremos a quedar rodeados por la multitud, buscando nuestro momento de brillo y poniendo en práctica aquello que hemos aprendido en las sombras de la noche.

Día y noche, nacer y morir, avanzar y retroceder son el día a día de nuestra marca personal, con la seguridad de que hagamos lo que hagamos, si nos hemos trabajado a consciencia estamos condenados a ser más fuertes y mejores. Es la gran seguridad que nos proporciona la gestión de nuestra marca.

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Dónde está el motor de la marca personal

Quien no pisa fuerte, no deja huella. Y en tiempos líquidos como los actuales, quien no tiene la consistencia suficiente para mover las aguas, no deja ver su estela. Este es el meollo de la cuestión de toda marca persona: la potencia de la pisada y la calidad del surco dependiendo de los momentos y de los entornos.
De poco sirve un automóvil que, a pesar de tener una carrocería atractiva y un sistema de navegabilidad de última generación, es incapaz de recorrer distancias a una velocidad decente, subir cuestas o moverse en suelos poco estables; si el motor no tira, el resto de elementos pierden funcionalidad y se convierten en puramente decorativos. Lo que define un vehículo automóvil es su capacidad para trasladar personas y objetos de un sitio para otro, no su carrocería ni su equipamiento, aunque también es cierto que un motor potente y un equipamiento flojo lo desmerecen y devalúan.
Cuando gestionamos una marca personal tenemos que saber distinguir su motor de los complementos y centrarnos en lo que es realmente importante, sin olvidar que al final la armonía y la potencia del conjunto serán imprescindibles para conseguir que sea conocida, reconocida, memorable y elegida.

El motor de una marca personal es la persona. Si no tenemos claro este principio habremos empezado el camino con mal pie. Sin persona no hay marca, sin persona no hay huella.
La mejor contribución que podemos hacer los personal branders a nuestros clientes es ayudarles a reconocer lo que son, cuáles son sus competencias, sus habilidades y sobre todo, lo que les aporta sentido.
La gestión de una marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación que nos hace transcendentes. El motor de la marca personal está en el interior de cada persona y tiene una doble mirada que va de lo que la define como ser individual a su contribución con los demás, el entorno y el mundo. Si la mirada interior no se proyecta hacia el entorno, si no se convierte en una propuesta de valor, la marca se desvanece porque la huella que dejamos las personas solo tiene sentido si es reconocida por los demás, sin ellos dejarla o no sería irrelevante.
Es por esto que cada vez estoy más convencido que la parte indelegable de la gestión de la marca personal es lo que definimos como autoconocimiento. Los personal branders podemos guiar a los clientes en esta tarea pero no podemos hacerla por su cuenta. Y, ¿en que consiste este autoconocimiento? Pues en sabernos explicar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, en reconocer cuales son aquellas cosas que nos caracterizan como personas, las habilidades que poseemos, en situar y ubicar el camino que hemos recorrido hasta el momento, en saber lo que los demás opinan sobre nosotros y lo que es más importante en descubrir aquello que nos da sentido y que nos permite ayudar a los demás y cambiar el mundo.
Tener definidas la misión, la visión y los valores personales, la identificación de las propuestas de valor y la explicitación del proyecto personal es la puesta en evidencia de que la fase de autoconocimiento ha llegado a su fin.
La estrategia y la visibilidad forman parte de la carrocería de la marca personal y ayudan a comunicar y dar a conocer lo que cada cliente ha definido como la huella que quiere dejar, son la puesta en sociedad del autoconocimiento y son la parte más delegable del proceso. Pero de esto hablaremos en otros artículos.

Imagen: @Jack Vettriano The Birth of a Dream

¡Peligro! La gente tóxica arruina la marca personal

personas tóxicas

No se por qué pero hoy me he puesto a pensar en aquellas cosas que no son lo que aparentan y de las cosas, he pasado a las personas, y no he podido evitar acordarme de algunos tipos raros que han transitado por mi vida. Decirlo en pasado es una manera de hablar porque hay tipologías humanas que se repiten a lo largo de los tiempos y que, a pesar de que los entornos y las situaciones cambien, están siempre presentes representado una verdadera historia interminable.
Hay personas que aparentando abnegación, dedicación, competencia profesional y amor a las personas y a las empresas, lo que realmente hacen es servir a sus intereses particulares (o a nada en concreto), otras son tan tiquismiquis que nos obligan a negociar hasta la saciedad los más mínimos detalles para que las cosas más triviales se puedan poner en marcha y los hay que, bajo una aparente situación de control en sus trabajos y en sus vidas y, por no saber delegar, absorben todas situaciones y las convierten en un calvario o en un polvorín.
Son los individuos tóxicos. Su manera de hacer nos puede hacer perder los nervios, minar la autoestima y en momentos de crisis poner nuestros proyectos y nuestras ilusiones al borde del abismo.
Se distinguen por su manera de actuar y para clasificarlos, a partir de mi experiencia personal y profesional, he ido elaborando una tipología que me ha ayudado a evitarlos para no acabar intoxicado porque, no nos engañemos, lo tóxico ha nacido para destruir.
El bonachón es un personaje singular  porque bajo una apariencia de ser gente legal, buena gente, a menudo simpática con buen rollo y hasta amante de la buena mesa tiene una visión restringida de la vida, los negocios y de las personas y es un obstáculo para el cambio.

El chantajista tipo peligroso, acostumbra a ser un profesional competente en su terreno, el mejor profesional, lo que le convierte en centrípetos incapaces de delegar. Tiene su entorno sumido a la tiranía del control total, exige fidelidad a toda prueba y da cobijo a una tribu de incompetentes que pasan desapercibidos precisamente porque  él es quien realiza todos los trabajos. Frena el cambio con la amenaza de la dimisión que dejará a empresas y personas huérfana de conocimiento o de cariño.

El canalla, es un personaje que de entrada muestra una actitud positiva hacia las cosas  y presume de sus éxitos que le han elevado al pedestal de los héroes. Es en apariencia muy competente y se rodea de gente también muy competente, es exigente y aprieta a sus subordinados para que actúen a su imagen y semejanza. No escucha y actúa en beneficio estrictamente propio  boicoteando de manera sutil cualquier acción que no le reporte resultados personales y no le importa hacer daño de manera directa o indirecta. Como es egocéntrico no escucha, no delega, quiere controlarlo y no comparte cosas importantes si no es con personas que se encuentran en situación de inferioridad manifiesta o que ve claro que no le podrán hacer la competencia, es receloso con los éxitos de los demás y vocea los propios para marcar terreno. Por su actitud desconsiderada puede acabar quemando y desilusionando a sus colaboradores porque con el mismo desparpajo que ventila sus éxitos culpa de sus errores a los demás. Para contrarrestar el mal rollo que acaba generando en su entorno inmediato se convierte en un networker eficaz hasta que se pone en evidencia.
El anti grupo, anti organización y anti normas no soporta trabajar con criterios ordenados y comunes de actuación, vaya, no le gustan las normas. Siempre hace lo que le da la gana y lo justifica de manera más o menos sólida. Se hace difícil trabajar con él y cuando es posible es a costa de tener que cargar con el peso de tener que organizar su lío y al final acaba compartiendo las mieles del éxito y escabulléndose del fracaso en medio del caos.
El ventilador, cuando pone en marcha las aspas difumina sus errores y las culpas en todos los sentidos y permanece indemne. Puede compartir este perfil con alguno de los anteriores y su actitud normal es el ataque constante aunque no venga a cuento.

El normativo, encuentra en las normas, procedimientos y la legislación en general escusas para no actuar ni dejar actuar a los demás. Boicotea las reuniones con argumentos de imposibilidad en la mayoría de situaciones. Es un pelmazo.

La gente tóxica es, por regla general sutil. Invade como los gérmenes nocivos las vidas ajenas de manera que cuando se la detecta las situaciones son graves.
Hay que evitarlos y neutralizarlos usando todos los recursos que tengamos a mano. Facilitando la justa información para que no la mal utilicen, tejiendo alianzas que esterilicen sus intentos de boicot al quedar en minoría, denunciando su actitud y no siguiendo su juego cuando aparezcan como salvadores o abriendo espacios mentales que permitan abstraernos de su presencia. En cualquier caso hemos de vivir y gestionar nuestra vida  con independencia de su presencia porque de lo contrario su huella destruirá nuestra marca personal. Estemos atentos.

Porque me importas siempre, no descuido mi imagen ni un solo día

Lo que se ve de nosotros es importante. Al final las primeras impresiones son las que cuentan, y mucho, en la opinión que los demás se forman de nosotros. Es así porque entre otras cosas somos imagen, lenguaje no verbal y de manera consciente o no nos pasamos la vida entera comunicando.
Lo que es válido para las primeras impresiones también lo es para las relaciones continuadas. Nuestro aspecto, nuestra manera de vestir y lo que expresamos con nuestro cuerpo son indicativos de nuestro estado de ánimo y de nuestra manera de ser y estar en cualquier circunstancia.
Aunque nuestra imagen sea importante, no podemos perder de vista que todavía lo es más lo que queremos transmitir, nuestro mensaje. Imagen y lenguaje no verbal son un medio para que el mensaje llegue con fuerza al receptor y no un fin en si mismos y por esto es fundamental que seamos plenamente conscientes de lo que transmitimos o podemos correr el riesgo de que el medio mate el mensaje.
Cuando hablamos de imagen nos estamos refiriendo a cómo nos perciben los demás, a nuestra marca personal, y no olvidemos que sin ellos, sin los demás, no tendrían sentido ni la imagen ni la marca personal. Nuestra marca personal existe porque los demás están aquí.
Generalmente asociamos nuestra imagen a un entorno profesional o a situaciones en las que nos interesa especialmente destacar para deslumbrar o seducir pero ¿qué pasa con el día a día? ¿qué pasa con las personas que tenemos más cerca de las que queremos y sabemos que nos quieren?
Para que el mensaje prevalezca por encima de todo, que es el caso de las relaciones profesionales, María Asunción Sánchez apuesta por mantener una neutralidad clara y simple mientras que para deslumbrar o seducir la opción es la opuesta. En las relaciones cotidianas, de amistad o de pareja, la imagen sigue siendo importante. Si la cara, y por extensión el aspecto, es el espejo del alma ¿tiene sentido minimizarlo cuando priman el afecto, el amor y la amistad?
Dicho de otra manera, ¿es razonable dejar de gestionar nuestra marca personal fuera de los entornos profesionales o enfocados a un fin material concreto?
En No Imagen, María A. Sánchez, afirma que “si vamos a un lugar en el que se nos quiere, la imagen es lo de menos, y si no se nos quiere, ¿para qué vamos?. En mi opinión la apariencia es una herramienta de comunicación cuando no hay afecto”.
Aunque sea una opinión de la autora su contenido es como un mantra que en muchos ambientes se repite a través de diversas formulaciones y tengo que decir que me preocupa. Si bien es cierto que quien bien nos quiere lo hará más allá de nuestro aspecto físico, la indiferencia hacia la percepción que el que nos quiere tiene de nosotros ¿no es de por si una manera de rebajar o desvalorizar la relación? Si con el cuerpo, y a través de nuestra imagen, podemos expresar amor, pasión, interés, proximidad, exclusividad y muchas más cosas ¿por qué aceptamos que la neutralidad mate estas posibilidades de mensaje?
La imagen no es el todo, en palabras de Walter Riso “si la autoafirmación personal, es decir, lo que valgo como ser humano depende de mi belleza física, esto indica una alarmante inversión de valores” pero si nos despreocupamos, mucho o poco, por la misma cuando estamos en círculos personales o íntimos ¿no será que estamos abriendo la puerta a la rutina y sembrando la semilla del desamor?

¿Somos marcas o monigotes?

Afortunadamente no estamos solos pero si lo estuviéramos sería indiferente que dejáramos huella o no. Las personas somos seres sociales y nuestra identidad cobra sentido en la medida que está en contacto con otras identidades, con otras personas.
De hecho, cuando nacemos descubrimos la presencia de los demás antes de tener consciencia de nuestra propia presencia. Nos cuidan, nos alimentan, nos abrigan, nos acarician y nos quieren. Y es a partir de aquí que tomamos consciencia de nosotros mismos y descubrimos, con el paso del tiempo, nuestra identidad. Sin la presencia de los demás no podríamos iniciar el camino hacia el descubrimiento de nosotros.
La huella que dejamos desde nuestro instante cero es conocida y reconocida antes por los demás que por nosotros mismos. Dejar marca es inevitable e imprescindible, la relación con los demás implica un enriquecimiento mutuo que nos modela como personas al mismo tiempo que modelamos a los demás. Somos una marca personal porque estamos con otras marcas personales.

Estando con otras personas ocupamos un espacio en el mundo que tenemos que conocer, comprender y descifrar para poder ubicarnos y reconocernos. Es en este espacio en el que nos embebemos de los demás, y al mismo tiempo, les impregnamos con nuestras características personales, donde vivimos la vida, crecemos y tenemos la posibilidad de transformarlo. Es en el mundo donde modelamos el futuro porque tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas y la clave del progreso a todos los niveles y en todas las escalas.
En el mundo nos comprometemos con los demás, con el entorno, para hacer avanzar las cosas, incluso en las circunstancias menos amigables. Somos una marca personal en el mundo.

También somos singulares ocupando un lugar único en el mundo y en el universo. Tenemos algo que nos distingue y que nos ensalza dando sentido a lo que hacemos, a cómo nos relacionamos y a cómo modelamos y transformamos la realidad, algo que nos indica el camino hacia la plenitud que es el camino hacia la felicidad. Cuando formulamos nuestra visión, misión y valores no estamos haciendo “estrategia”, estamos profundizando en el relato de nuestra identidad, estamos respondiendo a las preguntas más genuinas de nuestra condición humana y conectamos con la trascendencia. Somos una marca personal vocacional.
La gestión de nuestra marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo, que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación que nos hace transcendentes. Y es un trabajo personal de descubrimiento, gestión y aceptación que siempre representa un desafío y abre las puertas a grandes cambios porque cuestiona nuestra manera de hacer. Es una condición necesaria aunque no suficiente para dejar huella y que requiere la humildad necesaria para aceptar que hemos de cambiar.
Sin autoconocimiento no somos capaces de gestionar la marca que dejamos y corremos el riesgo de convertirnos en meros monigotes.

La cara es el espejo de la marca

La cara es el espejo de la marca

A mi no me gusta la gente que no da la cara. Si la cara es el espejo del alma, quien la esconde es para mí, objeto de sospecha de que esconde algo, de que no es trigo limpio. Ir a cara descubierta es siempre un riesgo, todos te identifican y te pueden señalar con el dedo pero es la única manera de no pasar desapercibido y evitar, siendo uno más, convertirse en uno menos tal y como nos cuenta Andrés Pérez Ortega.

Esconder la cara, esconderse en general, puede tener un origen atávico motivado por el recuerdo de que quienes se distinguían por algo, cuando el resto del mundo era átono, podían ser objeto de represalias por el hecho de ser diferentes. También puede ser que si hay alguien que no se acepta tal y como es, si no se gusta, quiera ocultarse para evitar que los demás tengan un shock estético. Y también puede suceder que quiera deambular por el mundo viendo sin ser visto y reconociendo sin ser reconocido. Pueden ser muchas las causas y las justificaciones, pero a mí, el que se esconde, me sigue dando mala espina.

A mí me gusta enseñar mi cara, por convicción, porque con el tiempo he aprendido a gustarme, porque mis arrugas son el indicativo de una vida ya larga y plena y porque quiero que los se crucen en mi camino me recuerden.

Para que los demás nos acepten y nos tengan en cuentan tenemos que empezar por aceptarnos nosotros tal y como somos. El que se esconde de sí mismo se convierte en invisible y no es ni conocido, ni reconocido y por lo tanto, nadie puede recordarle y mucho menos elegirle para algo. Quien se oculta convierte su huella en invisible y se convierte en alguien sin marca.

En redes sociales no acepto a nadie que no enseñe su cara. Cuando el contacto físico es inexistente, cuando el diálogo sólo puede hacerse por escrito, cuando no hay ni olor, ni tono de voz, ni lenguaje corporal, ver la cara me permite hacerme una idea de con quien me estoy relacionando, porque en redes sociales tengo amigos y también conocidos, directos y por referencias de terceros y no tengo el placer de conocerlos a todos en persona. Quiero que todos juguemos con cartas no marcadas, sólo hago excepciones con la iconografía que me gusta y he decidido relacionarme con personas que comparten mis principios, se quieran y se acepten.
Nuestra cara es la mejor tarjeta de presentación y el espejo de nuestra marca.