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El discreto encanto de la marca volátil

Tu aurais pu, mon vieux Joseph

Faire des petits avec Marie

Et leur apprendre ton métier

Comme ton père te l’avait appris

Pourquoi a-t-il fallu, Joseph

Que ton enfant, cet innocent

Ait eu ces étranges idées

Qui ont tant fait pleurer Marie?

Parfois je pense à toi, Joseph

Mon pauvre ami, lorsque l’on rit

De toi qui n’avais demandé

Qu’à vivre heureux avec Marie

Joseph de Georges Moustaki

De entre los personajes populares que siempre me han fascinado uno de ellos ha sido José. Hace algún tiempo dediqué un artículo a las personas que voluntariamente deciden vivir en el anonimato y paradójicamente su marca no deja huella y nuestro personaje de hoy siempre se me ha antojado uno de ellos.

Dentro de unos días se nos caerá encima el día del padre y este año no quiero desaprovechar la ocasión para reflexionar sobre el personaje al que históricamente se la ha considerado el ejemplo de la paternidad por antonomasia pero del que no sabemos nada o casi nada porque siempre ha resultado ser un personaje secundario, como uno de estos actores que son necesarios para que la trama se desarrolle pero que al final saben que no se van a llevar ningún Oscar.

Os haré una confesión personal, la figura de José, de San José para algunos, conforme han ido pasando los años se me ha ido presentando con más crudeza y lo he convertido en una especie de referente para aquellas situaciones en que la discreción y el silencio son necesarios aunque lo que me gustaría es decir mi opinión a gritos y también para aquellas situaciones en que es necesario aceptar una situación porque toca, porque la intuición dice que es necesario aguantar aunque las tripas digan lo contrario.

[bctt tweet=”¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal?” username=”jordicollell”]

Que Georges Moustaki le dedicara una canción me sorprendió en su día cuando yo todavía consideraba que el personaje era un señor de barba blanca que había tenido la extraña suerte, si así se le puede llamar, de aparejarse con alguien que le fue metiendo de lío en lío y que lo soportó tan en silencio que su discreción hizo que pasara a la posteridad.

¿Es un personaje sin marca o es la destilación de la marca? Imaginemos la situación, que no es fácil, por lo menos trasladada a nuestra época actual, de alguien que sabe que no es el padre de quien se dice que es su hijo, que es el centro de las miradas irónicas por el embarazo de su mujer, que se tiene que jugar la vida para acompañar y defender una misión que no es la suya a sabiendas que el beneficio personal será escaso a nivel práctico. Vaya, que cualquiera de nosotros se plantearía tirar la toalla.

Y a pesar de todo el personaje persevera y está donde tiene que estar y cuando tiene que estar, aunque posiblemente el lugar no sea el que posiblemente hubiera escogido de haber tenido la posibilidad.

Para mi José es el más humano de los personajes de las historias que me contaba mi abuelo y que seguía con atención en el colegio mientras devoraba a hurtadillas el bocadillo del desayuno. Nunca ha sido un héroe, ni nadie a quien haya querido imitar porque, sinceramente, nunca he tenido claro qué era lo imitable, pero con los años se ha ido haciendo presente en mi vida, siempre le he visto como un ser humano común, uno como nosotros. Uno de tantos que lo único y quizás definitivo fue ser fiel su compromiso, a su intuición a pesar de que la situaciones pudieran parecer paradójicas. ¿Sin su huella volátil hubieran podido tirar adelante sus proyectos los otros actores, María y su hijo? ¿ De haber querido tener el protagonismo no se habría quedado en el personaje corriente que era y acabado en el olvido colectivo?

La discreción, el estar al servicio de una causa que no es estrictamente la nuestra pero a la que podemos acompañar para que pueda ser, el no abandonar cuando todo parece indicar que sería lo correcto ¿pueden ser atributos de marca personal?

¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal? ¿Tienen cabida este tipo de situaciones en un mundo cambiante como es el nuestro?

Y en estos casos ¿qué significa ser elegido?

Muchas preguntas y pocas respuestas para un personaje que aparece año tras año y que sigue dando mucho de si.

Imagen Rafa? Olbi?ski
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Cuando gritan las entrañas recuerda tus valores

“Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos tenemos la impresión de que todo el universo está de acuerdo” Paulo Coelho en Once Minutos Ed.Planeta

Nos movemos como funámbulos en el frágil equilibrio entre el corazón y la razón. Nuestra vida es cosa de ideas y de tripas. Y dependiendo de lo que pese más en cada momento tomaremos unas decisiones u otras.

Lo que parece una cosa un tanto falaz, poco orientada a resultados, poco útil para encontrar trabajo o tener más ingresos puede resultar al final suficientemente importante como para desmovilizar o dar mayor impulso al trabajo de gestión de nuestra marca personal. Porque nuestras tripas pueden dejar un rastro tanto o más profundo que el cerebro.

Una marca personal potente necesita tener detrás a una persona equilibrada en sus actos en cualquier ámbito en el que se mueva, sea personal, familiar, social o laboral porque todo deja huella.

¿A quién hemos de hacer caso, al corazón o a la razón? La búsqueda del equilibrio en las realidades cotidianas nos hace vivir con fragilidad el debate  entre la razón y los sentimientos. Al final la cuestión es del mismo calado que el de la libertad personal, precisamente soy libre porque no hago lo que  simplemente quiero si no lo que decido.

Con mis sentimientos pasa algo similar, me tengo que guiar por mi corazón y tengo el límite en el dolor que pueda causar a los demás. Siempre repito el mismo estribillo de que somos seres sociales y como tales, debemos tener en cuenta con nuestros actos y decisiones el entorno en que nos movemos. Somos personas no depredadores. Somos una marca personal que debe ser respetuosa con el entorno emocional que nos rodea o nos convertiremos en elementos perturbadores de los equilibrios de las marcas personales con las que interactuamos.

Y no es cierto que el universo esté de acuerdo cuando nos enamoramos, cuando hacemos algo con pasión, cuando desarrollamos nuestro proyecto profesional. Ya basta con tomar el nombre del universo en vano para justificar nuestras misérrimas atrocidades, nuestro egoísmo y la falta de respeto hacia los demás que no es si no un reflejo del poco respeto que nos tenemos a nosotros mismos.

Los sentimientos, el hecho de haber escuchado el corazón y aparcado la mente hasta otra ocasión, no justifican necesariamente nuestros actos. Es posible que no seamos del todo responsables de los sentimientos que nos invaden como un torrente desbordado pero si que lo somos en cualquier caso de nuestros actos. Y todos los actos tienen consecuencias.

Es por esta razón que en el proceso de personal branding también trabajamos los valores, para que nos indiquen, y enciendan las señales de alarma correspondientes, el momento en que estamos dejando apartados del camino nuestros principios. Y cuando las tripas aprieten nos ayudarán a seguir fieles a los compromisos que hemos tomado en momentos de lucidez.

Una marca personal con valores escucha el corazón, valora los consejos de la razón y es fiel a sus principios.

marca personal vuela alto
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Permite que tu marca personal vuele alto

Acuciado por las urgencias de siempre, me propuse ganar tiempo. Era un desafío

insensato y, también como siempre, el tiempo me ganó a mí. Es un adversario temible.

Era de Prever de Pere Calders

No podemos encerrar ni nuestra alma ni los sueños en una habitación. Ambos están hechos para volar lo más alto posible.

Los sueños materializan aquello que nos da sentido, nuestro foco, nuestra visión.

Nos pasamos parte de nuestra vida preparando el futuro en una lucha titánica contra el tiempo y nos olvidamos vivir el momento presente. Esto suena a tópico pero es más real que la vida misma.

John Maynard Keynes, uno de los economistas más prestigiosos del siglo pasado, nos deleitó con una cita repetida hasta la saciedad: “ a largo plazo todos estaremos muertos”.

Los que me conocéis recordaréis que repito con mucha frecuencia que la marca personal se conjuga en presente. En el día a día, en el momento, presente integramos los conocimientos y experiencias del pasado y proyectamos y preparamos el futuro.

Lo que existe se ubica en el presente, el pasado es pura historia que se transforma en experiencia y el futuro son expectativas y posibilidades fruto de lo que estamos haciendo ahora y de lo que hemos aprendido pero en el fondo no es más que especulación.

Nuestros sueños son la base de nuestro proyecto personal y el eje vertebrador de la huella que dejamos, nuestra marca personal y debemos permitirles volar muy, muy alto pero arraigados en el ahora. El mero hecho de convertir un sueño en un proyecto y ponernos manos a la obra para hacerlo realidad ya sea preparando el modelo de negocio o un simple mapa mental nos hace tocar con los pies en el suelo y lo va materializando de manera que deja de ser una pura conjetura para convertirse en una realidad, incipiente pero realidad al fin y al cabo. Es como una flor que antes de abrirse y aparecer con toda su belleza se manifiesta en forma de botón en el tallo de la planta, puede que no vea su plenitud pero ya ha nacido.

Enjaular un sueño o un proyecto entre cuatro paredes significa matarlo y es importante que seamos conscientes de las circunstancias que pueden provocar que esto suceda para poderlas evitar.

En primer lugar tenemos que estar atentos a nuestros miedos y sobre todo a fracasar. No tener éxito en lo que nos proponemos es realmente un engorro. Y que algunos hagan una épica del fracaso no significa que sea deseable, si no todo lo contrario. Y a pesar de que del fracaso se aprende, hay otras maneras de hacerlo sin perder tiempo, dinero y reputación. Herramientas como el modelo de negocio nos pueden ayudar a disipar temores y a ser capaces de arriesgarnos sin hacer un salto al vacío.

En segundo lugar vigilemos nuestras creencias. La peor de todas es el pensar que no seremos capaces de hacer lo que nos proponemos o, aun peo, que no nos lo merecemos. Si hemos llegado a transformar un sueño en un proyecto es porque está en línea con lo que nos da sentido como personas y por lo tanto nos motiva. De todos modos nadie ha dicho nunca que fuera fácil o rápido y que cueste no significa que sea imposible si no que necesita una hoja de ruta, una estrategia y la configuración de diversos escenarios para poder dar respuesta a las contingencias que puedan aparecer. Frente a las creencias que nos limitan utilicemos nuestra razón, nuestros conocimientos y experiencia.

En tercer lugar la falta de recursos puede hacer que el proyecto quede confinado en la caja de las posibilidades que nunca vieron la luz. Sólo unos pocos disponen de todos los recursos necesarios pero afortunadamente podemos pensar en alianzas que nos pueden dar un empujón financiero, técnico o de conocimiento. Una parte del plan de comunicación puede estar destinado a buscar socios.

En último lugar, cualquier cosa nueva que hagamos está sujeta a riesgo. Y no me refiero sólo a la posibilidad de fracaso si no a la de tener que hacer ajustes, cambios e improvisaciones que a veces nos incomodan. Un proyecto es como una excursión que iniciamos con ilusión pero que a medio camino aparecen desde el cansancio o el mal tiempo y para acabar de arréglalo podemos perdernos y tener que retroceder para volver a encontrar el camino; y nos acabamos preguntando por qué no nos hemos quedado tranquilos en casa.

El riesgo implica muchas veces incomodidad, pero si tenemos claro donde queremos llegar podemos hacer frente a las inclemencias con mayor facilidad.

Y recordemos que para poner en marcha nuestro proyecto personal si lo hacemos solos es posible que vayamos más rápidos pero si nos dejamos acompañar llegaremos más lejos.

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Mas fuertes, mejores y más seguros

Las personas brillamos en la oscuridad de la noche. Siempre dejamos una estela de luz que ilumina nuestro alrededor. No somos gente anónima.
En la soledad de las ciudades, donde todo confunde y se difumina, cuando las calles se encuentran vacías y la vida parece carecer de sentido siempre emerge un fulgor que nos indica que alguien está allí dejando su huella.

Nadie es igual a sus semejante, cada cual deja su huella que es genuina y personal, todos tenemos nuestra marca que luce a pesar de los pesares.
Y a pesar de brillar con luz propia los espacios en que nos movemos nos ayudan a distinguirnos, a dejarnos ver con mayor claridad.

Dos hombres, una mujer y un barman. Tres huellas y tres marcas distintas. Poco sabemos de sus vidas, están al final del día pensativos y con ganas da agotar el tiempo que les queda para sumergirse de nuevo en la oscuridad del asfalto.

[bctt tweet=”Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos” username=”jordicollell”]

Cada cual lleva su identidad a cuestas, su soledad y sus pensamientos. Cada uno de ellos es un universo completo en el que se reflejan los momentos más bajos y los más sublimes, todo queda en su interior pero su luz sigue brillando. No sabemos nada de su propuesta de valor excepto para el barman que calma la sed y apacigua los corazones

Gestionar la marca personal es buscar en cada momento que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta de valor, por lo que podemos hacer para curar el dolor de los demás, para proveerlos de aquello que les falta. Y hemos de suscitar el interés para que el resto del entorno parezca vacío y carente de contenido. Sólo nosotros y la luz que desprendemos deben distinguirse.

Para, que nuestra luz sea potente hemos de tener una identidad fuerte forjada a través de los demás. Sin ellos no seríamos y no tendría sentido dejar huella. Aunque estemos solos, la ausencia de los demás nos llena de contenido de marca y estamos siempre esperando el momento de podernos comunicar. Porque somos marcas sociales.

[bctt tweet=”Gestionar la marca personal es buscar que podamos ser distinguidos por nuestra propuesta” username=”jordicollell”]

En la vida gestionamos diversos roles que dan contenido a la diversidad de la huella que dejamos, que nos permiten que cada día sea distinto y que el autobús nunca se pare en la misma parada. Diversidad de roles y unidad de marca porque la huella que dejamos sin ser única es nuestra y sólo nuestra.

Tenemos diversos proyectos fieles a nuestras propuestas de valor y al final de cuentas queremos hacer un mundo mejor, ayudando a los demás a tener una vida más fácil, más feliz, más plena y dando solución a sus preocupaciones. Esto es nuestra propuesta de valor y lo que nos da sentido.

Al final de día pasamos cuentas con nosotros mismos, como los clientes del bar de la ilustración de Hopper y nos preguntamos por lo que hemos hecho. Y lo hacemos en solitario, de espaldas, un poco cabizbajos o acompañados por aquellos que nos quieren aunque a veces no sepamos como explicarlo y tengamos la sensación que que una relación se está agotando.

Vendrá de nuevo el día y la luz del sol desplazará el fulgor de los neones y volveremos a quedar rodeados por la multitud, buscando nuestro momento de brillo y poniendo en práctica aquello que hemos aprendido en las sombras de la noche.

Día y noche, nacer y morir, avanzar y retroceder son el día a día de nuestra marca personal, con la seguridad de que hagamos lo que hagamos, si nos hemos trabajado a consciencia estamos condenados a ser más fuertes y mejores. Es la gran seguridad que nos proporciona la gestión de nuestra marca.

Manipuladores de la marca personal

Cuando hablamos de marcar la agenda nos referimos, en el lenguaje más usual, a la capacidad de los medios de comunicación de influir en la percepción del público sobre lo que es importante o no cuando debería ser el propio público, las personas, quien definiera sus prioridades.

En nuestra vida más que los medios de comunicación es posible que haya personas  que intenten marcar  nuestras prioridades  prescindiendo de nuestra voluntad y de nuestros intereses.

Marcar la agenda sin nuestro consentimiento es, se mire por donde se mire, una forma de manipulación. Si nuestros objetivos, nuestros proyectos, nuestras prioridades, nuestras relaciones y la planificación de nuestro día a día nos vienen impuestos, nos convertimos en un artefacto al servicio de otros.

¿Quién puede intentar marcar nuestra agenda? ¿Quién puede estar interesado en manipularnos?

[bctt tweet=” A las personas con una marca personal potente nadie les marca la agenda.”]

Las formas de influir en nuestro día a día y en nuestra estrategia son la mayoría veces muy sutiles, difíciles de percibir y nos solemos dar cuenta cuando ha pasado mucho tiempo o se producen circunstancias excepcionales que las ponen en evidencia.

Que nos marquen la agenda es una forma de control y quien quiere controlarnos es porque o bien desconfía de nosotros, o nos tiene temor y se siente inseguro. Las personas seguras de si mismas no necesitan controlar a los demás y cuando lo tienen que hacer por su función utilizan los mecanismos establecidos en las organizaciones y que forman parte de los procesos de control interno.

La forma mas frecuente de manipular es el chantaje, ya sea de tipo emocional o físico. El chantaje emocional puede venir de todos los niveles de relación ya sean subordinados, personas de nuestro mismo nivel o de nuestros superiores jerárquicos, se producen cuando no hay argumentos tangibles a los que poder apelar y ocurre tanto en nuestra actividad laboral como en nuestras relaciones más íntimas. En muchas ocasiones viene definido por agravios comparativos que lo que promueven de manera consciente o no crearnos un estado de mala consciencia, de inseguridad o de boicot para desestabilizarnos y obligarnos a tomar acciones en contra de nuestra voluntad inmediata o abandonar actividades que hemos emprendido. El chantaje físico se materializa con la  amenaza de dejarnos  solos ante el peligro y es una forma entre muchas de deslealtad, quien nos amenaza con dejarnos con el culo al aire, o lo hace sin más, rompe la débil línea de la confianza.

El chantajista es capaz de justificar sus actos aludiendo agravios reales o imaginarios que le hayamos podido producir en un intento de pasarnos la culpa de algo que no hemos cometido. Su propia inseguridad le hace vivir la ficción de que es una víctima cuando en realidad no es más que un acosador.

¿Cómo podemos hacer frente a este tipo de situaciones? La manera más eficaz de evitar que nos marquen la agenda es tener claros nuestro foco y nuestros objetivos. Las personas que saben  lo que quieren y como lograrlo son difícilmente manipulables.

Los intentos de manipular nuestra agenda y nuestra vida se desactivan haciendo caso omiso y siguiendo nuestro camino aunque corramos el riesgo de tener que hacerlo solos y teniendo claro que si nos equivocamos tendremos que asumir nuestro error y que si acertamos crearemos más inseguridad en nuestros manipuladores porque se sentirán prescindibles.

Quien vive al día sin hacer el esfuerzo para plantearse dónde quiere llegar y qué quiere conseguir está en situación de debilidad frente a manipuladores y chantajistas y puede caer en sus garras porque quien no ha definido su camino no puede andar solo por la vida y la posibilidad de verse abandonado se le hace insoportable. Cuando gestionamos nuestra marca personal tenemos  claro cual es nuestro foco y esto nos da la tranquilidad de que sabemos lo que queremos y   cómo queremos alcanzarlo y esto nos da la seguridad de poder ir solos o acompañados pero sabiendo que en ningún caso nos apartaremos de nuestro camino. A las personas con una marca personal potente nadie les marca la agenda.

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La importancia de la visión en la marca personal

En algún momento de nuestra vida todos hemos soñado. No me refiero al sueño cotidiano, y generalmente, inconsciente que pasa por nuestra vida de manera discreta la mayoría de las veces aunque en otras ocasiones nos despertamos sobresaltados, aterrados y desconcertados, o al revés, nos deja una suave sensación de lasitud, placer y felicidad; me refiero a aquellos momentos en los que hemos imaginado de manera más o menos consciente nuestro futuro, nos hemos proyectado hacia él y por un instante hemos vivido la sensación de haber conseguido algo importante para nosotros, hemos acariciado con nuestra imaginación la felicidad en forma de un proyecto profesional , un abrazo de alguien muy deseado, un logro personal superando un fuerte desafío, el beso cálido que siempre hemos esperado o simplemente algo material que nos hace mucha ilusión poseer y que en un momento dado somos capaces de ver, tocar y oler. Todos o casi todos hemos soñado que hemos tocado el cielo y hemos sido felices, hemos tenido una visión.

[bctt tweet=”La visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida y define la marca personal”]

Nuestra visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos permite proyectarnos al final de nuestras vidas y contestar a la pregunta de cómo nos gustaría ser recordados. Y no es una declaración que se graba a fuego alguna parte de nosotros, ya sea nuestro corazón o nuestra mente, si no que es en muchos casos un pensamiento volátil que si no lo mantenemos vivo desaparece con el tiempo, se borra de nuestro recuerdo y pierde la oportunidad de verse convertido en realidad.

En nuestra mente imaginamos situaciones ideales, desde un yo nuestro ideal, una pareja, un trabajo o un proyecto ideales que en un momento dado abrazamos, sentimos, tocamos y nos emociona intensamente, tanto que afirmamos que estamos viviendo la felicidad. El tiempo pasa, el día a día exige dedicación, las decisiones nos aprietan, aparecen situaciones que identificamos como oportunidades que nos llevan  por caminos insospechados y sin darnos cuenta nuestras situaciones ideales se van desvaneciendo hasta ser unas completas desconocidas. Y nos encontramos con parejas, trabajos y proyectos que no identificamos como nuestros; solemos decir que la vida o el día a día nos han llevado hasta allá y aunque hayamos podido alcanzar situaciones de éxito no lo vivimos con alegría si no con la perplejidad de estar conviviendo con un extraño.

Los momentos de mayor plenitud en nuestra vida no son aquellos en los que estamos donde nos sentimos cómodos si no aquellos en los que tenemos la valentía de estar allí dónde nuestra visión nos lleva.  La comodidad generalmente es fruto de la relajación y la visión es el faro que nos orienta para encontrar el camino que tenemos que seguir. Tomando mi ejemplo preferido de un ruta montañera, la comodidad nos lleva a tomar el camino más fácil o a quedarnos simplemente al buen resguardo del refugio mientras que la visión nos indica que tenemos que continuar el ascenso aunque nos duela el cuerpo y el viento sea gélido.

Sin visión no podemos dejar huella porque sin brújula o sin ver las estrellas perdemos la orientación y vamos hacia ninguna parte por esto para gestionar nuestra marca personal tenemos que descubrirla o recordarla. La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad, nadie puede redactarnos nuestra declaración de visión porque nadie puede construir nuestra vida, mejor o peor explicada sólo cada uno de nosotros es capaz de revelarla.

[bctt tweet=”La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad”]

Trabajar nuestra visión no es complicado y sólo necesitamos dejarla fluir, que salga de nuestro interior. Para ello hemos de procurarnos unas condiciones favorables de silencio y recogimiento que nos faciliten la labor. Un entorno ruidoso, excesivamente luminoso o tenso no es el más recomendable; respirar profundamente cómodamente sentados aceptando con cada inspiración que la vida penetra en nuestro interior, que el aire nos transforma y que cuando expiramos llevamos al exterior aquello que nos impide crecer nos ayudará a crear un clima personal de apertura hacia nosotros. Y estaremos en condiciones dejar salir nuestros sueños, de escoger aquel que nos da mayor sentido y redactarlo para poderlo tener presente en el futuro, en cada momento.

La visión nos ayuda a tomar las decisiones cotidianas, aceptar aquellas cosas que nos ayudan a mantenernos en el camino o que nos impulsan a dar un salto adelante y a rechazar las que nos paralizan o nos hacen retroceder aunque puedan proporcionarnos placer y comodidad. Y lo haremos con pasión aunque el final todavía esté lejos y por el momento sólo seamos capaces de abrazar el aire.

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Sin calor humano la marca personal se extingue

Influir en los demás es algo que en algún momento de nuestra vida personal o profesional nos hemos planteado. Si gestionamos nuestra marca personal es para ser conocidos, reconocidos, memorables y elegidos y esto último es la manifestación más clara de nuestra capacidad de influencia, que nos elijan a nosotros y no a otro.
En términos más cotidianos la influencia es la capacidad que tenemos la personas para hacer que nuestro mensaje sea aceptado por los demás y también para hacer que los demás actúen de una determinada manera que sin nuestra intervención seguramente no harían. Influimos en nuestro entorno profesional y en nuestro entorno personal.
La influencia es un término que a veces resulta pegajoso e incómodo porque a menudo se asocia a la manipulación, que también pretende lograr que el mensaje sea aceptado aunque a través del uso de tácticas engañosas. Influencia y manipulación son las dos cara de una misma moneda y sólo las separa la tenue línea que diferencia lo que está bien de lo que está mal, entre las dos hay una brecha ética.
A estas altura ya nos habremos dado cuenta de que influir está en las base del liderazgo y como liderar es una cuestión de estilo, la influencia también lo es.

El debate primario se centra entre si para ser influyente una persona, un líder debe ser amado o temido. Maquiavelo se decantó por lo último, aunque con algunas dudas, que el paso de los años han acabado por validar. Las investigaciones más recientes parecen que se decantan por situar la influencia en el ámbito de la confianza y del calor humano más que en la fuerza.
Para liderar y para influir hay que crear conexiones, o por lo menos ésta es la conclusión a la que llegan Amy J.C. Cuddy, Matthew Kohut Y John Neffinger en un artículo publicado por la Harvard Business Review el año 2013.
Por regla general en cualquier posición de liderazgo tenemos la tendencia de demostrar en primer lugar nuestra capacidad ofreciendo una imagen fuerte de nosotros mismos. Necesitamos dejar bien claro que estamos a la altura de las circunstancias, y para ello presentamos ideas y soluciones innovadoras, queremos ser los primeros en dar ejemplo cuando se trata de abordar nuevas situaciones y aumentamos nuestra dedicación, el número de horas de trabajo. Primamos el demostrar que nos sentimos seguros de nosotros antes que demostrar que somos dignos de confianza.
Poner por delante la competencia profesional compromete el liderazgo porque sin una base de confianza, los miembros de una organización se amoldan a los deseos de sus dirigentes pero hay pocas posibilidades de que se lo crean, de que adopten en su fuero interior los valores, la cultura y la misión de la empresa. En las organizaciones en las que no predomina la confianza impera la ley de la selva por la que cada cual va a su aire y todos están más ocupados en protegerse individualmente que en colaborar con lo demás.

Es en este punto en el que los trabajos de investigación demuestran que, mientras la mayoría de nosotros nos empeñamos en demostrar nuestra fuerza -ya sea a través de la capacidad de trabajo o de las aportaciones profesionales- el calor humano juega un papel significativo en la manera en que los demás nos ven y nos juzgan. Las personas valoran inicialmente más el calor humano que las competencias profesionales clásicas.

En la mayoría de situaciones que implican gestión de personas, la confianza favorece que la información sea compartida, la aceptación de ideas y ser más receptivos al mensaje de los demás.

La confianza cambia los patrones visuales de comportamiento en actitudes permanentes entre las personas y por ello se convierte en el motor principal de la influencia que, recordemos, es la capacidad de hacer que los demás acepten plenamente nuestro mensaje.

Volviendo a lo que decía Maquiavelo, la mejor manera para desarrollar nuestra influencia es combinar la fuerza con el calor humano y esto pasa por la manera como cada uno de nosotros vivimos la realidad. A mayores niveles de autoestima y capacidad de hacer frente situaciones adversas se desprende mayor autenticidad y calor humano. En definitiva: cuanto mayor sea la fortaleza interior mayor será la capacidad de influir en los demás.
La influencia se basa en nuestra capacidad de abordar la realidad de manera que viviéndola con plenitud, convirtiéndonos en guerreros felices en palabras de los autores del artículo, seremos capaces de transmitir a los demás la seguridad y la confianza que les decantarán por la aceptación de nuestro mensaje y nuestro liderazgo. Una marca personal fuerte ejerce niveles elevados de influencia.

¡Peligro! La gente tóxica arruina la marca personal

personas tóxicas

No se por qué pero hoy me he puesto a pensar en aquellas cosas que no son lo que aparentan y de las cosas, he pasado a las personas, y no he podido evitar acordarme de algunos tipos raros que han transitado por mi vida. Decirlo en pasado es una manera de hablar porque hay tipologías humanas que se repiten a lo largo de los tiempos y que, a pesar de que los entornos y las situaciones cambien, están siempre presentes representado una verdadera historia interminable.
Hay personas que aparentando abnegación, dedicación, competencia profesional y amor a las personas y a las empresas, lo que realmente hacen es servir a sus intereses particulares (o a nada en concreto), otras son tan tiquismiquis que nos obligan a negociar hasta la saciedad los más mínimos detalles para que las cosas más triviales se puedan poner en marcha y los hay que, bajo una aparente situación de control en sus trabajos y en sus vidas y, por no saber delegar, absorben todas situaciones y las convierten en un calvario o en un polvorín.
Son los individuos tóxicos. Su manera de hacer nos puede hacer perder los nervios, minar la autoestima y en momentos de crisis poner nuestros proyectos y nuestras ilusiones al borde del abismo.
Se distinguen por su manera de actuar y para clasificarlos, a partir de mi experiencia personal y profesional, he ido elaborando una tipología que me ha ayudado a evitarlos para no acabar intoxicado porque, no nos engañemos, lo tóxico ha nacido para destruir.
El bonachón es un personaje singular  porque bajo una apariencia de ser gente legal, buena gente, a menudo simpática con buen rollo y hasta amante de la buena mesa tiene una visión restringida de la vida, los negocios y de las personas y es un obstáculo para el cambio.

El chantajista tipo peligroso, acostumbra a ser un profesional competente en su terreno, el mejor profesional, lo que le convierte en centrípetos incapaces de delegar. Tiene su entorno sumido a la tiranía del control total, exige fidelidad a toda prueba y da cobijo a una tribu de incompetentes que pasan desapercibidos precisamente porque  él es quien realiza todos los trabajos. Frena el cambio con la amenaza de la dimisión que dejará a empresas y personas huérfana de conocimiento o de cariño.

El canalla, es un personaje que de entrada muestra una actitud positiva hacia las cosas  y presume de sus éxitos que le han elevado al pedestal de los héroes. Es en apariencia muy competente y se rodea de gente también muy competente, es exigente y aprieta a sus subordinados para que actúen a su imagen y semejanza. No escucha y actúa en beneficio estrictamente propio  boicoteando de manera sutil cualquier acción que no le reporte resultados personales y no le importa hacer daño de manera directa o indirecta. Como es egocéntrico no escucha, no delega, quiere controlarlo y no comparte cosas importantes si no es con personas que se encuentran en situación de inferioridad manifiesta o que ve claro que no le podrán hacer la competencia, es receloso con los éxitos de los demás y vocea los propios para marcar terreno. Por su actitud desconsiderada puede acabar quemando y desilusionando a sus colaboradores porque con el mismo desparpajo que ventila sus éxitos culpa de sus errores a los demás. Para contrarrestar el mal rollo que acaba generando en su entorno inmediato se convierte en un networker eficaz hasta que se pone en evidencia.
El anti grupo, anti organización y anti normas no soporta trabajar con criterios ordenados y comunes de actuación, vaya, no le gustan las normas. Siempre hace lo que le da la gana y lo justifica de manera más o menos sólida. Se hace difícil trabajar con él y cuando es posible es a costa de tener que cargar con el peso de tener que organizar su lío y al final acaba compartiendo las mieles del éxito y escabulléndose del fracaso en medio del caos.
El ventilador, cuando pone en marcha las aspas difumina sus errores y las culpas en todos los sentidos y permanece indemne. Puede compartir este perfil con alguno de los anteriores y su actitud normal es el ataque constante aunque no venga a cuento.

El normativo, encuentra en las normas, procedimientos y la legislación en general escusas para no actuar ni dejar actuar a los demás. Boicotea las reuniones con argumentos de imposibilidad en la mayoría de situaciones. Es un pelmazo.

La gente tóxica es, por regla general sutil. Invade como los gérmenes nocivos las vidas ajenas de manera que cuando se la detecta las situaciones son graves.
Hay que evitarlos y neutralizarlos usando todos los recursos que tengamos a mano. Facilitando la justa información para que no la mal utilicen, tejiendo alianzas que esterilicen sus intentos de boicot al quedar en minoría, denunciando su actitud y no siguiendo su juego cuando aparezcan como salvadores o abriendo espacios mentales que permitan abstraernos de su presencia. En cualquier caso hemos de vivir y gestionar nuestra vida  con independencia de su presencia porque de lo contrario su huella destruirá nuestra marca personal. Estemos atentos.

Porque me importas siempre, no descuido mi imagen ni un solo día

Lo que se ve de nosotros es importante. Al final las primeras impresiones son las que cuentan, y mucho, en la opinión que los demás se forman de nosotros. Es así porque entre otras cosas somos imagen, lenguaje no verbal y de manera consciente o no nos pasamos la vida entera comunicando.
Lo que es válido para las primeras impresiones también lo es para las relaciones continuadas. Nuestro aspecto, nuestra manera de vestir y lo que expresamos con nuestro cuerpo son indicativos de nuestro estado de ánimo y de nuestra manera de ser y estar en cualquier circunstancia.
Aunque nuestra imagen sea importante, no podemos perder de vista que todavía lo es más lo que queremos transmitir, nuestro mensaje. Imagen y lenguaje no verbal son un medio para que el mensaje llegue con fuerza al receptor y no un fin en si mismos y por esto es fundamental que seamos plenamente conscientes de lo que transmitimos o podemos correr el riesgo de que el medio mate el mensaje.
Cuando hablamos de imagen nos estamos refiriendo a cómo nos perciben los demás, a nuestra marca personal, y no olvidemos que sin ellos, sin los demás, no tendrían sentido ni la imagen ni la marca personal. Nuestra marca personal existe porque los demás están aquí.
Generalmente asociamos nuestra imagen a un entorno profesional o a situaciones en las que nos interesa especialmente destacar para deslumbrar o seducir pero ¿qué pasa con el día a día? ¿qué pasa con las personas que tenemos más cerca de las que queremos y sabemos que nos quieren?
Para que el mensaje prevalezca por encima de todo, que es el caso de las relaciones profesionales, María Asunción Sánchez apuesta por mantener una neutralidad clara y simple mientras que para deslumbrar o seducir la opción es la opuesta. En las relaciones cotidianas, de amistad o de pareja, la imagen sigue siendo importante. Si la cara, y por extensión el aspecto, es el espejo del alma ¿tiene sentido minimizarlo cuando priman el afecto, el amor y la amistad?
Dicho de otra manera, ¿es razonable dejar de gestionar nuestra marca personal fuera de los entornos profesionales o enfocados a un fin material concreto?
En No Imagen, María A. Sánchez, afirma que “si vamos a un lugar en el que se nos quiere, la imagen es lo de menos, y si no se nos quiere, ¿para qué vamos?. En mi opinión la apariencia es una herramienta de comunicación cuando no hay afecto”.
Aunque sea una opinión de la autora su contenido es como un mantra que en muchos ambientes se repite a través de diversas formulaciones y tengo que decir que me preocupa. Si bien es cierto que quien bien nos quiere lo hará más allá de nuestro aspecto físico, la indiferencia hacia la percepción que el que nos quiere tiene de nosotros ¿no es de por si una manera de rebajar o desvalorizar la relación? Si con el cuerpo, y a través de nuestra imagen, podemos expresar amor, pasión, interés, proximidad, exclusividad y muchas más cosas ¿por qué aceptamos que la neutralidad mate estas posibilidades de mensaje?
La imagen no es el todo, en palabras de Walter Riso “si la autoafirmación personal, es decir, lo que valgo como ser humano depende de mi belleza física, esto indica una alarmante inversión de valores” pero si nos despreocupamos, mucho o poco, por la misma cuando estamos en círculos personales o íntimos ¿no será que estamos abriendo la puerta a la rutina y sembrando la semilla del desamor?

¿Somos marcas o monigotes?

Afortunadamente no estamos solos pero si lo estuviéramos sería indiferente que dejáramos huella o no. Las personas somos seres sociales y nuestra identidad cobra sentido en la medida que está en contacto con otras identidades, con otras personas.
De hecho, cuando nacemos descubrimos la presencia de los demás antes de tener consciencia de nuestra propia presencia. Nos cuidan, nos alimentan, nos abrigan, nos acarician y nos quieren. Y es a partir de aquí que tomamos consciencia de nosotros mismos y descubrimos, con el paso del tiempo, nuestra identidad. Sin la presencia de los demás no podríamos iniciar el camino hacia el descubrimiento de nosotros.
La huella que dejamos desde nuestro instante cero es conocida y reconocida antes por los demás que por nosotros mismos. Dejar marca es inevitable e imprescindible, la relación con los demás implica un enriquecimiento mutuo que nos modela como personas al mismo tiempo que modelamos a los demás. Somos una marca personal porque estamos con otras marcas personales.

Estando con otras personas ocupamos un espacio en el mundo que tenemos que conocer, comprender y descifrar para poder ubicarnos y reconocernos. Es en este espacio en el que nos embebemos de los demás, y al mismo tiempo, les impregnamos con nuestras características personales, donde vivimos la vida, crecemos y tenemos la posibilidad de transformarlo. Es en el mundo donde modelamos el futuro porque tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas y la clave del progreso a todos los niveles y en todas las escalas.
En el mundo nos comprometemos con los demás, con el entorno, para hacer avanzar las cosas, incluso en las circunstancias menos amigables. Somos una marca personal en el mundo.

También somos singulares ocupando un lugar único en el mundo y en el universo. Tenemos algo que nos distingue y que nos ensalza dando sentido a lo que hacemos, a cómo nos relacionamos y a cómo modelamos y transformamos la realidad, algo que nos indica el camino hacia la plenitud que es el camino hacia la felicidad. Cuando formulamos nuestra visión, misión y valores no estamos haciendo “estrategia”, estamos profundizando en el relato de nuestra identidad, estamos respondiendo a las preguntas más genuinas de nuestra condición humana y conectamos con la trascendencia. Somos una marca personal vocacional.
La gestión de nuestra marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo, que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación que nos hace transcendentes. Y es un trabajo personal de descubrimiento, gestión y aceptación que siempre representa un desafío y abre las puertas a grandes cambios porque cuestiona nuestra manera de hacer. Es una condición necesaria aunque no suficiente para dejar huella y que requiere la humildad necesaria para aceptar que hemos de cambiar.
Sin autoconocimiento no somos capaces de gestionar la marca que dejamos y corremos el riesgo de convertirnos en meros monigotes.