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Propuestas para no sabotear los proyectos propios

El fuego amigo es  muy conocido en los círculos militares, se refiere a aquella situación en la que los disparos provienen del propio bando y es muy temido porque crea desconcierto y causa muchas bajas que se hubieran podido evitar. Generalmente se produce por fallos de coordinación que llevan a tomar como enemigos a  los que no lo son, y el resultado es que las bajas se producen en el bando propio.

Cuando decidimos emprender, ya sea dentro de la propia empresa o por nuestra cuenta, tenemos que evitar generar fuego amigo que nos pueda llevar por caminos no deseados si no directamente al desastre.

Lo peor que nos puede pasar es convertirnos, sin quererlo, en nuestro propio enemigo y lanzar dardos envenenados hacia donde más duele: la moral. Emprender es una decisión que nos lleva a desarrollar un proyecto en condiciones de incertidumbre, de riesgo, de posibilidad de éxito y de error; y esto ya de por si es complicado de gestionar y puede serlo todavía más si permitimos que nos invadan pensamientos negativos que incrementen el nivel de inseguridad. Si somos capaces de identificar este tipo de situaciones de antemano cuando aparezcan tendremos mayores posibilidades de hacerles frente y neutralizarlos.

[bctt tweet=”Emprender es una decisión que nos lleva a desarrollar un proyecto en condiciones de incertidumbre. Si nos invaden pensamientos negativos el nivel de inseguridad crece.”]

Los pensamientos negativos aparecen en los momentos más inoportunos y de manera preferente cuando estamos en horas bajas. Es como si quisieran hacer leña del árbol caído, o en los momentos en que tendríamos que estar celebrando un avance aparecen para aguar la fiesta. Son tóxicos porque emponzoñan nuestra existencia, muchas veces consiguen apartarnos de nuestros objetivos y lo peor es que somos nosotros mismos los que los fabricamos.

En el origen del mal está la semilla de la solución ya que, si nosotros los creamos, también podemos deshacernos de ellos conociéndonos mejor, tomando consciencia de lo que nos está sucediendo y teniendo a mano un botiquín de primeras curas para desactivarlos cuando aparezcan.

Veamos algunos ejemplos de pensamientos negativos dispuestos a convertirse en fuego amigo:

  • No soy capaz. Después de estar años y años luchando en muchos frentes y habiendo demostrado que somos capaces de salir airosos de las situaciones más complicadas de pronto nos damos cuenta de que no servimos para lo que precisamente nos hemos propuesto con tanta ilusión. Y la idea del fracaso se asoma por el horizonte. Es hora de hacer un balance de nuestra trayectoria profesional hasta el momento actual y recordar cómo hemos hecho frente a situaciones similares. Esto ayudará a resituarnos y a no ver el presente y el futuro tan amenazantes; hablar con otras personas que hayan pasado por circunstancias de incertidumbre y por dificultades nos puede ayudar a encontrar el camino de la solución y volver a sentirnos capaces den si no comernos el mundo, por lo menos movernos sin miedo.
  • No estoy preparado. En un mundo en constante cambio. ¿Quién está suficientemente preparado? Los emprendedores tenemos el alma de director de orquesta, sabemos crear sonidos armónicos pero no somos virtuosos en ningún instrumento. Y mejor que nunca lo seamos, porque cuando esto suceda estaremos perdiendo visión y oportunidades. Cuando amenace el fantasma de la falta de preparación es recomendable recurrir a la experiencia para agarrarnos a nuestras auténticas palancas, el camino que hemos recorrido nos ha hecho indiscutiblemente sabios y a las personas que nos pueden complementar para llegar a alcanzar nuestros objetivos.
  • Yo solo no puedo con todo. Y nadie te lo pide. Busca ayuda en otros profesionales, reparte juego y vende tu proyecto con ilusión para que otros te acompañen y apoyen. El buey solo bien se lame del dicho popular no sirve para hacer negocios y las buenas alianzas pueden sacarnos de la soledad y de más de un atolladero.
  • Ya no se ni para que sirvo. Es un obús que muchas veces lanzamos a nuestro punto de flotación y no tiene otra finalidad que cargarnos nuestra propuesta de valor. Si antes de comenzar un negocio o un proyecto trabajamos a fondo la estrategia, y somos capaces de explicarnos cuál es nuestro propósito y cuáles son nuestras propuestas de valor, cuando lleguen las dudas podremos tirar mano de nuestro modelo de negocio para disipar dudas al instante.
  • No tengo carácter. O en otras palabras no sé por qué me he metido en esto. Los que somos aficionados a subir montañas tenemos más posibilidades de comprender esta situación ya que cuando llevas horas andando, sudando, hambriento y con los pies doloridos te preguntas que diantres estás haciendo allí cuando podrías haberte quedado en casa y lo más chocante es que la mayoría de veces has iniciado el camino con ilusión después de haber preparado minuciosamente el ascenso. La mejor manera de superar esta situación es tener una imagen clara de dónde queremos llegar y de dónde estamos en cada momento, poder visualizar la cima o los objetivos que nos hemos propuesto nos ayuda a disipar dudas sobre nuestra capacidad emocional para hacer frente a los retos y un buen mapa mental ayuda mucho a tener las cosas claras. Al final, cuando llegamos a la cima, la satisfacción por haber luchado para no desfallecer nos hace recuperar la confianza con creces y nos refuerza para aventuras futuras.
  • No me lo merezco. Es una frase con dos lecturas. La primera es que cuando las cosas van viento en popa aparece en nuestro pensamiento para quitarnos el derecho a triunfar. He tenido algunos clientes que de manera monótonamente periódica esperaban que llegara el momento de ser desenmascarados por su impostura ya que estaban convencidos que el haber llegado hasta sus puestos actuales no era más que un error de casting por parte de sus jefes o de sus clientes y lo peor de todo es que cuando ya se veían de patitas en la calle o en la ruina llegaba un nuevo ascenso o un nuevo contrato que volvía a llenarles de desazón. Yo he llegado a la conclusión de que este tipo de personas tienen un concepto tan elevado de lo que es potencialmente bueno, de lo que se espera que sean, que cuando se ven en la realidad, llenos de contradicciones, no se aceptan tal como son y se identifican como impostores a pesar de que los resultados lo niegan. Lo mejor es darse a uno mismo la posibilidad de equivocarse y tomar perspectiva de las situaciones. La meditación ayuda mucho así como poder contrastar el desempeño con alguien de confianza o con un mentor. La segunda lectura aparece cuando las cosas van mal y para no tomar responsabilidades sobre el asunto nos repetimos hasta la saciedad que no merecemos el trato recibido por parte de quien sea o, cómo no, del destino que nos tiene tirria: Vaya como si la cosa no fuera con nosotros. En este caso hacer un esfuerzo de lucidez para ver que tipo de responsabilidad tenemos sobre las cosas es de gran utilidad y pedir feed back al entorno puede aclararnos muchas cosas.

Vayan las cosas bien o mal no nos castiguemos. Somos responsables de los éxitos y de los fracasos y tenemos la posibilidad de asumirlo pero en ningún caso tiene sentido que practiquemos actos de sabotaje hacia nuestra persona y nuestros proyectos. Aprendiendo de todas las situaciones reforzaremos nuestra marca personal.

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Las decisiones son para el verano, piénsalo bien

Uno de los aspectos más característicos de las vacaciones es que tenemos más tiempo para pensar en nosotros. No es que durante el año laboral no lo hagamos. Claro que pensamos en nosotros para protegernos, para alimentarnos, para satisfacer nuestras necesidades básicas, para no perder el trabajo -o la cabeza-,  pero a lo que me refiero es que no tenemos tiempo para pensar en el medio y largo plazo. Casi siempre lo postergamos porque tenemos cosas más urgentes que hacer, porque estamos cansados o porque nos da miedo abrir una puerta que en el fragor de la batalla del día a día no sepamos cómo cerrar y además tenemos alrededor nuestro otros estímulos que nos ayudan a llenar los momentos de soledad sean redes sociales, televisión, trabajo doméstico o el paso de los coches por la calle, todo vale con tal de que no tengamos ningún tiempo vacío a nuestra disposición.

Durante las vacaciones el fenómeno es a la inversa, nos vemos inmersos a una convivencia forzosa con las personas más próximas porque no existe la posibilidad de volver tarde para acabar un proyecto urgente, la cobertura de nuestros cachivaches electrónicos no siempre es la óptima, ya sea porque no llega al lugar dónde estamos, o porque el exceso de demanda pone el sistema de comunicaciones fuera de combate, o porque recibir y mandar datos es tan caro por el imperativo de la itinerancia que se hace prohibitivo. La consecuencia de todo ello es que por una parte disponemos de tiempo y por otra podemos ver la realidad sin la contaminación de otros asuntos, es decir, con perspectiva y es el caldo de cultivo favorable a la toma de decisiones grandes o pequeñas.

Para no dispersarnos en pensamientos inútiles y evitar que nuestra mente ejerza el mismo papel narcotizante que el televisor en momentos de zapping vale la pena tener a mano una batería de preguntas que nos ayuden a reflexionar sobre nosotros. Sin ánimos de amargar la existencia a individuos y familias he preparado algunas cuestiones que nos ayuden a abrir aclarar la situación en que nos encontramos, el punto de partida, que nos ayuden a pensar y si es preciso abran las puertas de las decisiones.

  • ¿Controlas tu vida? ¿Tienes la sensación de que detrás de lo que te sucede estás tu o de que son las circunstancias las que escriben tu agenda?
  • ¿Disparas sobre dianas o das palos de ciego? ¿En lo que haces y decides estás centrado en aquellas cosas en las que tienes algún tipo de influencia o vas andando a trompicones intentando cambiar lo que no depende de ti de ninguna manera? ¿Sabes identificar aquello en lo que realmente puedes influir?oñ
  • ¿Cuándo organizas tu agenda durante el año qué criterios utilizas para dar prioridad o no a los asuntos que van apareciendo?
  • ¿Tienes algún sueño que te gustaría cumplir? ¿tienes entre manos algún proyecto que te emocione?
  • ¿Tu vida está equilibrada? ¿Cuáles son las cosas importantes a las que quieres dedicar tu tiempo?:¿Familia? ¿trabajo? ¿amigos? ¿dinero? ¿salud?…
  • ¿Lo que haces tiene valor para los demás? ¿Les ayudas en algo? ¿Les tienes en cuenta? ¿O siempre hablas de ti?
  • ¿Cómo valoras tu salud? ¿Necesitas actuar para mejorarla?

Busca un cuaderno nuevo y ponte manos a la obra y si es posible dibuja un esquema con los resultados obtenidos poniéndote tu en el centro y los resultados conectados a su alrededor.

Y prepárate para tomar decisiones a la vuelta de vacaciones y en caso de duda pregúntame.

Feliz trabajo.

 

Imagen: @Edward Hopper “Gente al sol”
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Si ser el mejor te paraliza, sé simplemente bueno

¿Has tenido alguna vez la tentación de abandonar una idea o un proyecto por el temor a que tú aportación no fuera la mejor de las posibles?  ¿Te has sentido mal contigo mismo por la angustia de no poder llegar a todo?  Todos nos hemos enfrentado alguna vez a situaciones en las que al tener la certeza de no poder dar la mejor de las respuestas nos hemos estresado, abrumado y nos ha venido un impulso irrefrenable de salir corriendo. La incertidumbre de alcanzar el resultado óptimo puede hacernos renunciar a la mejor de las opciones.

El exceso de expectativas en la realización de un proyecto personal, profesional o empresarial tiene el mismo efecto que el exceso de información en la elección de diferentes opciones. Cuando vamos al supermercado a comprar cualquier tipo de producto nos encontramos con decenas y hasta centenares de posibilidades para escoger algo que satisfaga nuestras necesidades y el resultado de este exceso generalmente es la insatisfacción; es lo que se describe como la paradoja de la elección que formuló de manera magistral el psicólogo Barry Schwartz.

El temor a no saber escoger la opción óptima nos produce estrés e insatisfacción y la solución parece estar, de acuerdo con las investigaciones de Schwartz, en encontrarse cómodos con el concepto “suficientemente bueno” en vez de perder el tiempo y a riesgo de paralizarnos buscando la decisión perfecta.

Cuando se trata de desarrollar nuevos proyectos u ofrecer nuevos servicios a los clientes sucede algo similar. Generalmente buscamos la perfección en una doble faceta: que el servicio sea el mejor y que la gestión sea absolutamente controlable de manera que, desde el principio, sepamos exactamente los resultados que vamos a obtener durante toda la vida del proyecto. Como ambas facetas están sujetas a incertidumbre porque controlamos sólo una  parte de los procesos, el resultado puede derivar en una colección de dudas que acaben paralizando y hasta abortando el proyecto, la idea o el negocio.

Para mitigar los efectos negativos de la perfección Eric Ries, creador de la filosofía Lean Startup, acuñó la idea de producto mínimo viable con el objetivo de facilitar el aprendizaje validado por los clientes al menor coste y que Brant Cooper definió como “un producto con el mínimo de características necesarias para lograr un objetivo específico y que los clientes estén dispuestos a pagar de alguna forma con un recurso escaso”. El producto mínimo viable tiene que ser barato, fácil de proporcionar a los clientes, que permita medir los resultados conforme se vayan produciendo y que responda a una auténtica propuesta de valor, algo que solucione algún tipo de problema a los clientes. El producto mínimo viable nos lleva desde lo bueno hasta lo mejor.

Ahora ya no tienes la posibilidad de excusarte en querer ofrecer lo opimo y ya sabes lo que tienes que hacer cuando se te  ocurra una nueva y brillante idea de negocio.

Personal Brander, una profesión de futuro
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El personal brander, una profesión joven con mucho futuro por delante

Después de varias semanas de silencio este blog recupera la voz. Junio ha sido un mes intenso y aunque siempre me cuesta aceptarlo, cuando tenemos por delante metas singulares que nos absorben mucha energía tenemos que priorizar.
El Personal Branding LabDay ha sido mi centro durante el último mes y la experiencia ha valido la pena porque  hemos dado un paso en la puesta de largo del personal branding como disciplina profesional y se empiezan a disipar en el horizonte los nubarrones de prácticas profesionales poco proclives a trabajar la marca de las personas en toda su integridad.

Las conclusiones más importantes del Personal Branding Lab Day de este año 2015 son que tenemos mucho trabajo por delante para reforzar las bases de actuación de los profesionales de la marca personal y que existe la voluntad de unir esfuerzos entre aquellos que pensamos que el personal branding es una disciplina de largo recorrido. Disponemos de un año para poner en marcha estos retos con la voluntad de que el Personal Brandig Lab Day del año 2016 cierre el ciclo fundacional para definir las competencias profesionales de los personal branders  y permita que el arte de conseguir que las personas sean conocidas, reconocidas, memorables y elegidas tenga un recorrido largo y consistente a lo largo del tiempo.

En realidad somos una profesión joven, muy joven. Ha llovido realmente poco desde que el 31 de agosto de 1997  se publicara en la revista Fast Company el artículo “The Brand Called You” que representó el pistoletazo de salida de lo que hoy nos está reuniendo en este auditorio: el Personal Branding.

De ser una profesión nueva, y por tanto completamente desconocida, a convertirse en menos de una década en una de las profesiones de futuro y con futuro. La misma revista Fast Company la incluía en un estudio publicado en mayo de este año 2015 dentro de los nuevas profesiones que estarán de moda dentro de 10 años gracias al cambio que se está produciendo y que se ha producido en la sociedad. Estaremos en el top profesional si no nos dormimos en los laureles.

De la nada a  tendencia en menos de 10 años es toda una proeza.

Y esto ha sido posible por dos motivos fundamentales:

  • La tendencia a la desaparición del trabajo remunerado vitalicio.
  • La eclosión y el empuje de las redes sociales.

Pensar que alguien pueda estar trabajando durante toda su vida laboral, o tan siquiera durante una parte importante de la misma en una única empresa o en un mismo entorno, es un espejismo del pasado. El futuro pasa por el trabajo por proyectos concretos que pueden encadenarse o no  en el mismo entorno empresarial y hasta en la misma empresa, pero que al final de los cuales las personas se renovarán o repetirán dependiendo de los resultados individuales obtenidos y de su capacidad de comunicarlos a las personas que tengan capacidad para contratarlos. Comunicar la trayectoria personal, dar a conocer la huella dejada en cada momento es ya una necesidad porque si no somos visibles no existimos y si no existimos ¿quién querrá trabajar con nosotros?

Las redes sociales son una herramienta fundamental para la difusión de nuestros mensajes. Ha habido un antes y un después. Antes se difundían los mensajes de quien tenía la capacidad de influir sobre los medios de comunicación o de pagar una campaña de comunicación, ahora cada uno de nosotros es capaz de llegar a quien quiera, esté donde esté, con un mínimo esfuerzo y un coste realmente bajo y asequible para todos los bolsillos. Y lo que es más importante: permite los diálogos de persona a persona, los diálogos individualizados y la conexión directa u ínica con el entorno emocional de cada persona.

Y por supuesto, el mundo de las cosas tangibles, el mundo off line en el que un apretón de manos cierra un trato y un abrazo sella una amistad sigue y seguirá existiendo.

Moverse en este entorno donde el común denominador es la incertidumbre no es una tarea sencilla, saber explicar en qué somos buenos, los éxitos obtenidos y hacerlo llegar hasta donde sea útil y necesario que llegue mientras se sigue manteniendo la actividad laboral tiene su punto de complejidad. Comunicar a los demás lo que realmente es cada persona, su identidad real, por encima de supuestos y de juicios de valor es de vital importancia ya que de ello depende y va a depender que los demás nos conozcan, nos reconozcan, nos recuerden y nos elijan. Y es aquí donde los personal branders tienen su papel estelar: ayudar a sus clientes a dejar una huella indeleble en el corazón de los demás.

Neus Arqués siempre recuerda sus conversaciones con Andrés Pérez Ortega sobre la soledad de los comienzos cuando estaban ellos y muy pocos más. Los personal branders en España se podían contar con los dedos de la mano y sobraba algún dedo. Hoy una búsqueda en Google ofrece miles  de entradas. Antes cabíamos en un despacho y hoy llenamos por lo menos alguna aula o algún que otro auditorio.

El personal branding ha calado. El concepto marca personal ya no suena a raro, se ha extendido y se habla mucho de marca personal, de branding personal, de marketing personal y de personal branding.

De hecho, cada día aparecen nuevos actores que se asocian al personal branding para ofrecer servicios de asesoría de imagen en el sentido más clásico, de posicionamiento on-line para salir dentro de los diez primeros lugares en una búsqueda de Google, de redacción de contenidos para webs y blogs, de ayuda para la mejora profesional o simplemente para hacer coaching en cualquiera de sus variedades.

Si dejamos que cualquiera pueda asociar cualquier cosa al personal branding, corremos el riesgo de confundir a la audiencia y hacer que se pierda en un mar propuestas que poco tienen que ver con el personal branding.
Si permitimos que  cualquiera pueda ponerse el sombrero de personal brander cuando le apetezca, estamos colaborando a la devaluación del concepto y favoreciendo que aparezcan personal branders de debajo de las piedras, como ha sucedido con los coachs, y si esto sucede, si cualquiera de las dos situaciones anteriores  suceden acabaremos cumpliendo la profecía de que el personal branding es una moda pasajera, es una de tantas estrategias de comunicación que han nacido de manos de creativos astutos pero que, por no tener una base sólida, han pasado de moda y han desaparecido.

Nos espera un hermoso trabajo hasta el próximo Personal Branding Lab Day.