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La importancia de la visión en la marca personal

En algún momento de nuestra vida todos hemos soñado. No me refiero al sueño cotidiano, y generalmente, inconsciente que pasa por nuestra vida de manera discreta la mayoría de las veces aunque en otras ocasiones nos despertamos sobresaltados, aterrados y desconcertados, o al revés, nos deja una suave sensación de lasitud, placer y felicidad; me refiero a aquellos momentos en los que hemos imaginado de manera más o menos consciente nuestro futuro, nos hemos proyectado hacia él y por un instante hemos vivido la sensación de haber conseguido algo importante para nosotros, hemos acariciado con nuestra imaginación la felicidad en forma de un proyecto profesional , un abrazo de alguien muy deseado, un logro personal superando un fuerte desafío, el beso cálido que siempre hemos esperado o simplemente algo material que nos hace mucha ilusión poseer y que en un momento dado somos capaces de ver, tocar y oler. Todos o casi todos hemos soñado que hemos tocado el cielo y hemos sido felices, hemos tenido una visión.

[bctt tweet=”La visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida y define la marca personal”]

Nuestra visión es la toma de consciencia de lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos permite proyectarnos al final de nuestras vidas y contestar a la pregunta de cómo nos gustaría ser recordados. Y no es una declaración que se graba a fuego alguna parte de nosotros, ya sea nuestro corazón o nuestra mente, si no que es en muchos casos un pensamiento volátil que si no lo mantenemos vivo desaparece con el tiempo, se borra de nuestro recuerdo y pierde la oportunidad de verse convertido en realidad.

En nuestra mente imaginamos situaciones ideales, desde un yo nuestro ideal, una pareja, un trabajo o un proyecto ideales que en un momento dado abrazamos, sentimos, tocamos y nos emociona intensamente, tanto que afirmamos que estamos viviendo la felicidad. El tiempo pasa, el día a día exige dedicación, las decisiones nos aprietan, aparecen situaciones que identificamos como oportunidades que nos llevan  por caminos insospechados y sin darnos cuenta nuestras situaciones ideales se van desvaneciendo hasta ser unas completas desconocidas. Y nos encontramos con parejas, trabajos y proyectos que no identificamos como nuestros; solemos decir que la vida o el día a día nos han llevado hasta allá y aunque hayamos podido alcanzar situaciones de éxito no lo vivimos con alegría si no con la perplejidad de estar conviviendo con un extraño.

Los momentos de mayor plenitud en nuestra vida no son aquellos en los que estamos donde nos sentimos cómodos si no aquellos en los que tenemos la valentía de estar allí dónde nuestra visión nos lleva.  La comodidad generalmente es fruto de la relajación y la visión es el faro que nos orienta para encontrar el camino que tenemos que seguir. Tomando mi ejemplo preferido de un ruta montañera, la comodidad nos lleva a tomar el camino más fácil o a quedarnos simplemente al buen resguardo del refugio mientras que la visión nos indica que tenemos que continuar el ascenso aunque nos duela el cuerpo y el viento sea gélido.

Sin visión no podemos dejar huella porque sin brújula o sin ver las estrellas perdemos la orientación y vamos hacia ninguna parte por esto para gestionar nuestra marca personal tenemos que descubrirla o recordarla. La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad, nadie puede redactarnos nuestra declaración de visión porque nadie puede construir nuestra vida, mejor o peor explicada sólo cada uno de nosotros es capaz de revelarla.

[bctt tweet=”La visión es el pilar de nuestro autoconocimiento y de nuestra identidad”]

Trabajar nuestra visión no es complicado y sólo necesitamos dejarla fluir, que salga de nuestro interior. Para ello hemos de procurarnos unas condiciones favorables de silencio y recogimiento que nos faciliten la labor. Un entorno ruidoso, excesivamente luminoso o tenso no es el más recomendable; respirar profundamente cómodamente sentados aceptando con cada inspiración que la vida penetra en nuestro interior, que el aire nos transforma y que cuando expiramos llevamos al exterior aquello que nos impide crecer nos ayudará a crear un clima personal de apertura hacia nosotros. Y estaremos en condiciones dejar salir nuestros sueños, de escoger aquel que nos da mayor sentido y redactarlo para poderlo tener presente en el futuro, en cada momento.

La visión nos ayuda a tomar las decisiones cotidianas, aceptar aquellas cosas que nos ayudan a mantenernos en el camino o que nos impulsan a dar un salto adelante y a rechazar las que nos paralizan o nos hacen retroceder aunque puedan proporcionarnos placer y comodidad. Y lo haremos con pasión aunque el final todavía esté lejos y por el momento sólo seamos capaces de abrazar el aire.

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6 secretos para ir bien acompañado

Dice un viejo proverbio que si caminas solo irás más rápido, pero si caminas acompañado llegarás más lejos.  Unir fuerzas y esfuerzos con otras personas para alcanzar un objetivo común es de entrada una opción atractiva que nos puede permitir conseguir metas que yendo en solitario podrían resultar más difíciles y costosas pero también conlleva sus riesgos que deben ser valorados porque una mala elección de los compañeros de viaje nos puede conducir hacia una vía muerta.

Nuestra vida personal y profesional es un camino que está compuesto de muchas etapas y en cada una de ellas podemos escoger ir solos o en compañía en función de los objetivos que queramos conseguir. Una alianza para que funcione debe ser capaz de potenciar las propuestas de valor individuales para que el todo sea mayor que la suma de las partes.

 

[bctt tweet=”Una alianza debe potenciar las propuestas de valor individuales para que el todo sea mayor que la suma de las partes.”]

En mi camino profesional he vivido alianzas que han funcionado, otras que han resultado un auténtico desastre y algunas que, pudiendo haber sido exitosas, se han muerto por agotamiento. De todas esta situaciones he aprendido que para que una alianza funcione debe cumplir por lo menos las siguientes características:

  1. Que sea necesaria. Muchas veces buscamos compañía para hacer aquello que podríamos hacer solos y que no nos atrevemos a hacerlo ya sea por falta de confianza en nosotros o por miedo o por no haber valorado suficientemente nuestras propias competencias y talentos. Las preguntas clave son ¿por qué necesito ir acompañado? y ¿en qué se refuerza mi propuesta de valor con esta alianza? El autoconocimiento es una herramienta fundamental en esta fase inicial.
  2. Escoger adecuadamente a los compañeros de viaje. No se trata solamente de que nos puedan aportar un valor adicional si no que es necesario que tengamos información de las personas con las que vamos a hacer ruta. Las elecciones a priori o los flechazos pueden tener malas consecuencias. Las preguntas que nos podemos hacer son ¿tiene mis posibles socios un historial de alianzas positivo? ¿ha habido en el pasado situaciones de fracaso que deba tener en cuenta para tomar la decisión? Informarse es imprescindible porque aliarse con alguien que tiene detrás suyo una ristra de malas experiencias nos debería hacer reflexionar.
  3. Se trata de ganar-ganar. Todas las partes tienen que ganar y para ello tienen que hacer aportaciones  equivalentes. Cuando se produce un desequilibrio y una de las partes aporta menos o quiere recibir más que los demás la alianza peligra. Como norma general los aprovechados no tienen cabida. Preguntémonos ¿qué gano? y  ¿qué aporto? No demos  nada por supuesto.
  4. Con reglas claras.  Hay que dejar muy claro como hemos de funcionar y también cómo y en que supuestos debemos acabar el recorrido juntos. Una alianza nace con ilusión y se disuelve con dolor. Cuando las cosas no funcionan es más complicado tener la mente clara por lo que es importante prever la manera en que se pueda poner fin sin que se generen litigios innecesarios. Anticiparse a los acontecimientos no es ser agorero, es ser previsor. Si algún socio se muestra reacio preguntémonos si nos interesa continuar porque puede ir con malas intenciones.
  5. Valores de marca personal compartidos. Aunque el objetivo sea común el fin no justifica los medios. Y la unión de personas con métodos basados en valores dispares puede lastrar la percepción del entorno y debilitar la marca de algunos participantes. Es claro que si nos aliamos con personas sin escrúpulos podemos ser percibidos de igual manera. Para ello es necesario que nosotros tengamos claros nuestros valores y los pongamos en común con los futuros socios.
  6. Divertida: Mi experiencia me demuestra que cuando nos lo pasamos bien las cosas funcionan mejor. Cuando afloran los malos rollos y las recriminaciones vale la pena entrar en cuarentena y aplicar cirugía.

Cuando pensemos en aliarnos con alguien hagamos una valoración inicial potente, revisemos periódicamente los resultados y seguro que llegaremos muy lejos.

Imagen: @Jack Vettriano
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El storytelling, el DNI de nuestra marca personal

Si la fe mueve montañas las historias ablandan los corazones. Un buen relato es la mejor contraseña para conectar emocionalmente con nuestro interlocutor y nos ayudará a ser  conocidos, reconocidos, memorables y elegidos. Una buena historia, la nuestra, es la mejor herramienta de comunicación de nuestra marca personal.

El storytelling, la narrativa, el contar historias, es una técnica publicitaria muy conocida y utilizada y su incorporación al personal branding es una consecuencia lógica que ayuda a comunicar la propuesta de valor.

Cuando trabajamos nuestro relato tenemos en el visor a nuestro público objetivo, queremos emocionar para que nuestro mensaje cale hondo y muchas veces olvidamos que el primer destinatario de nuestra historia somos nosotros mismos.

Nuestra marca personal no es una marca comercial y cuando tomamos consciencia de que es importante gestionarla ya hemos recorrido una parte importante de camino, nunca partimos de cero y nuestro pasado importa porque gracias a él somos lo que somos en un momento dado. Podemos cambiar, podemos mejorar, podemos hacer grandes planes, podemos reformular  nuestra propuesta de valor, pero no podemos hacer tabla rasa, venimos de donde venimos y hemos de ser conscientes de ello.

Nuestro pasado, sea cual sea, es una palanca fundamental para proyectarnos hacia el futuro. Es posible que hayamos tenido éxitos importantes o que hayamos metido la pata hasta el fondo, pero si estamos aquí es gracias a ello, todo ha sido motivo de aprendizaje que ayuda a situarnos en el momento presente y a visualizar el futuro.

Por esto decir que cuando elaboramos el relato de nuestra marca personal el primer destinatario somos nosotros no es una necedad. Trabajar nuestro relato nos ayuda a tomar consciencia de donde venimos y a definir la meta que nos proponemos alcanzar. Y como no, hemos de ser los primero en creérnoslo.

Nuestro storytelling no es una técnica publicitaria, es un acto de libertad a través del cual exponemos nuestro objetivo en la vida que es nuestra visión,  la manera de alcanzarlo que es  nuestra misión , las reglas con las que queremos hacerlo que son nuestros valores y por supuesto explicamos nuestra propuesta de valor y lo que nos hace únicos.

Para convencer a los demás tenemos que estar en primer lugar absolutamente convencidos de que nuestra propuesta es realmente de valor, de lo que nos hace únicos y de que lo que estamos proponiendo tiene sentido. El primer paso para el éxito comienza en uno mismo pero, no lo olvidemos, el primer paso para el fracaso también. Es por esto que nuestro relato es personal e intransferible porque está embebido de nuestra historia y de nuestros proyectos, porque conecta lo que hemos sido hasta el momento presente con lo que queremos ser y porque explica como a través de lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, sea larga o corta,  ayudaremos a nuestro público, a nuestros clientes, a alcanzar sus objetivos.

Que el relato sea personal e intransferible significa estrictamente que tiene que ser un reflejo de lo que somos, un relato artificial convertirá nuestra marca personal en un artefacto y acabaremos perdiendo la credibilidad de los demás. A través de trabajar el autoconocimiento, los personal branders ayudamos a nuestros clientes a redactar storytelling poderosos, emocionantes y convincentes.

Cuando nuestro relato nos convenza y emocione ya estaremos capacitados para ponerlo en conocimiento de los demás.

¿Tienes ya un relato elaborado? ¿Eres consciente de lo que cuentas a los demás? Ya sabes que estoy a tu disposición para ayudarte.

Imagen @Rodney Smith
Personal Brander, una profesión de futuro
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El personal brander, una profesión joven con mucho futuro por delante

Después de varias semanas de silencio este blog recupera la voz. Junio ha sido un mes intenso y aunque siempre me cuesta aceptarlo, cuando tenemos por delante metas singulares que nos absorben mucha energía tenemos que priorizar.
El Personal Branding LabDay ha sido mi centro durante el último mes y la experiencia ha valido la pena porque  hemos dado un paso en la puesta de largo del personal branding como disciplina profesional y se empiezan a disipar en el horizonte los nubarrones de prácticas profesionales poco proclives a trabajar la marca de las personas en toda su integridad.

Las conclusiones más importantes del Personal Branding Lab Day de este año 2015 son que tenemos mucho trabajo por delante para reforzar las bases de actuación de los profesionales de la marca personal y que existe la voluntad de unir esfuerzos entre aquellos que pensamos que el personal branding es una disciplina de largo recorrido. Disponemos de un año para poner en marcha estos retos con la voluntad de que el Personal Brandig Lab Day del año 2016 cierre el ciclo fundacional para definir las competencias profesionales de los personal branders  y permita que el arte de conseguir que las personas sean conocidas, reconocidas, memorables y elegidas tenga un recorrido largo y consistente a lo largo del tiempo.

En realidad somos una profesión joven, muy joven. Ha llovido realmente poco desde que el 31 de agosto de 1997  se publicara en la revista Fast Company el artículo “The Brand Called You” que representó el pistoletazo de salida de lo que hoy nos está reuniendo en este auditorio: el Personal Branding.

De ser una profesión nueva, y por tanto completamente desconocida, a convertirse en menos de una década en una de las profesiones de futuro y con futuro. La misma revista Fast Company la incluía en un estudio publicado en mayo de este año 2015 dentro de los nuevas profesiones que estarán de moda dentro de 10 años gracias al cambio que se está produciendo y que se ha producido en la sociedad. Estaremos en el top profesional si no nos dormimos en los laureles.

De la nada a  tendencia en menos de 10 años es toda una proeza.

Y esto ha sido posible por dos motivos fundamentales:

  • La tendencia a la desaparición del trabajo remunerado vitalicio.
  • La eclosión y el empuje de las redes sociales.

Pensar que alguien pueda estar trabajando durante toda su vida laboral, o tan siquiera durante una parte importante de la misma en una única empresa o en un mismo entorno, es un espejismo del pasado. El futuro pasa por el trabajo por proyectos concretos que pueden encadenarse o no  en el mismo entorno empresarial y hasta en la misma empresa, pero que al final de los cuales las personas se renovarán o repetirán dependiendo de los resultados individuales obtenidos y de su capacidad de comunicarlos a las personas que tengan capacidad para contratarlos. Comunicar la trayectoria personal, dar a conocer la huella dejada en cada momento es ya una necesidad porque si no somos visibles no existimos y si no existimos ¿quién querrá trabajar con nosotros?

Las redes sociales son una herramienta fundamental para la difusión de nuestros mensajes. Ha habido un antes y un después. Antes se difundían los mensajes de quien tenía la capacidad de influir sobre los medios de comunicación o de pagar una campaña de comunicación, ahora cada uno de nosotros es capaz de llegar a quien quiera, esté donde esté, con un mínimo esfuerzo y un coste realmente bajo y asequible para todos los bolsillos. Y lo que es más importante: permite los diálogos de persona a persona, los diálogos individualizados y la conexión directa u ínica con el entorno emocional de cada persona.

Y por supuesto, el mundo de las cosas tangibles, el mundo off line en el que un apretón de manos cierra un trato y un abrazo sella una amistad sigue y seguirá existiendo.

Moverse en este entorno donde el común denominador es la incertidumbre no es una tarea sencilla, saber explicar en qué somos buenos, los éxitos obtenidos y hacerlo llegar hasta donde sea útil y necesario que llegue mientras se sigue manteniendo la actividad laboral tiene su punto de complejidad. Comunicar a los demás lo que realmente es cada persona, su identidad real, por encima de supuestos y de juicios de valor es de vital importancia ya que de ello depende y va a depender que los demás nos conozcan, nos reconozcan, nos recuerden y nos elijan. Y es aquí donde los personal branders tienen su papel estelar: ayudar a sus clientes a dejar una huella indeleble en el corazón de los demás.

Neus Arqués siempre recuerda sus conversaciones con Andrés Pérez Ortega sobre la soledad de los comienzos cuando estaban ellos y muy pocos más. Los personal branders en España se podían contar con los dedos de la mano y sobraba algún dedo. Hoy una búsqueda en Google ofrece miles  de entradas. Antes cabíamos en un despacho y hoy llenamos por lo menos alguna aula o algún que otro auditorio.

El personal branding ha calado. El concepto marca personal ya no suena a raro, se ha extendido y se habla mucho de marca personal, de branding personal, de marketing personal y de personal branding.

De hecho, cada día aparecen nuevos actores que se asocian al personal branding para ofrecer servicios de asesoría de imagen en el sentido más clásico, de posicionamiento on-line para salir dentro de los diez primeros lugares en una búsqueda de Google, de redacción de contenidos para webs y blogs, de ayuda para la mejora profesional o simplemente para hacer coaching en cualquiera de sus variedades.

Si dejamos que cualquiera pueda asociar cualquier cosa al personal branding, corremos el riesgo de confundir a la audiencia y hacer que se pierda en un mar propuestas que poco tienen que ver con el personal branding.
Si permitimos que  cualquiera pueda ponerse el sombrero de personal brander cuando le apetezca, estamos colaborando a la devaluación del concepto y favoreciendo que aparezcan personal branders de debajo de las piedras, como ha sucedido con los coachs, y si esto sucede, si cualquiera de las dos situaciones anteriores  suceden acabaremos cumpliendo la profecía de que el personal branding es una moda pasajera, es una de tantas estrategias de comunicación que han nacido de manos de creativos astutos pero que, por no tener una base sólida, han pasado de moda y han desaparecido.

Nos espera un hermoso trabajo hasta el próximo Personal Branding Lab Day.

¡Peligro! La gente tóxica arruina la marca personal

personas tóxicas

No se por qué pero hoy me he puesto a pensar en aquellas cosas que no son lo que aparentan y de las cosas, he pasado a las personas, y no he podido evitar acordarme de algunos tipos raros que han transitado por mi vida. Decirlo en pasado es una manera de hablar porque hay tipologías humanas que se repiten a lo largo de los tiempos y que, a pesar de que los entornos y las situaciones cambien, están siempre presentes representado una verdadera historia interminable.
Hay personas que aparentando abnegación, dedicación, competencia profesional y amor a las personas y a las empresas, lo que realmente hacen es servir a sus intereses particulares (o a nada en concreto), otras son tan tiquismiquis que nos obligan a negociar hasta la saciedad los más mínimos detalles para que las cosas más triviales se puedan poner en marcha y los hay que, bajo una aparente situación de control en sus trabajos y en sus vidas y, por no saber delegar, absorben todas situaciones y las convierten en un calvario o en un polvorín.
Son los individuos tóxicos. Su manera de hacer nos puede hacer perder los nervios, minar la autoestima y en momentos de crisis poner nuestros proyectos y nuestras ilusiones al borde del abismo.
Se distinguen por su manera de actuar y para clasificarlos, a partir de mi experiencia personal y profesional, he ido elaborando una tipología que me ha ayudado a evitarlos para no acabar intoxicado porque, no nos engañemos, lo tóxico ha nacido para destruir.
El bonachón es un personaje singular  porque bajo una apariencia de ser gente legal, buena gente, a menudo simpática con buen rollo y hasta amante de la buena mesa tiene una visión restringida de la vida, los negocios y de las personas y es un obstáculo para el cambio.

El chantajista tipo peligroso, acostumbra a ser un profesional competente en su terreno, el mejor profesional, lo que le convierte en centrípetos incapaces de delegar. Tiene su entorno sumido a la tiranía del control total, exige fidelidad a toda prueba y da cobijo a una tribu de incompetentes que pasan desapercibidos precisamente porque  él es quien realiza todos los trabajos. Frena el cambio con la amenaza de la dimisión que dejará a empresas y personas huérfana de conocimiento o de cariño.

El canalla, es un personaje que de entrada muestra una actitud positiva hacia las cosas  y presume de sus éxitos que le han elevado al pedestal de los héroes. Es en apariencia muy competente y se rodea de gente también muy competente, es exigente y aprieta a sus subordinados para que actúen a su imagen y semejanza. No escucha y actúa en beneficio estrictamente propio  boicoteando de manera sutil cualquier acción que no le reporte resultados personales y no le importa hacer daño de manera directa o indirecta. Como es egocéntrico no escucha, no delega, quiere controlarlo y no comparte cosas importantes si no es con personas que se encuentran en situación de inferioridad manifiesta o que ve claro que no le podrán hacer la competencia, es receloso con los éxitos de los demás y vocea los propios para marcar terreno. Por su actitud desconsiderada puede acabar quemando y desilusionando a sus colaboradores porque con el mismo desparpajo que ventila sus éxitos culpa de sus errores a los demás. Para contrarrestar el mal rollo que acaba generando en su entorno inmediato se convierte en un networker eficaz hasta que se pone en evidencia.
El anti grupo, anti organización y anti normas no soporta trabajar con criterios ordenados y comunes de actuación, vaya, no le gustan las normas. Siempre hace lo que le da la gana y lo justifica de manera más o menos sólida. Se hace difícil trabajar con él y cuando es posible es a costa de tener que cargar con el peso de tener que organizar su lío y al final acaba compartiendo las mieles del éxito y escabulléndose del fracaso en medio del caos.
El ventilador, cuando pone en marcha las aspas difumina sus errores y las culpas en todos los sentidos y permanece indemne. Puede compartir este perfil con alguno de los anteriores y su actitud normal es el ataque constante aunque no venga a cuento.

El normativo, encuentra en las normas, procedimientos y la legislación en general escusas para no actuar ni dejar actuar a los demás. Boicotea las reuniones con argumentos de imposibilidad en la mayoría de situaciones. Es un pelmazo.

La gente tóxica es, por regla general sutil. Invade como los gérmenes nocivos las vidas ajenas de manera que cuando se la detecta las situaciones son graves.
Hay que evitarlos y neutralizarlos usando todos los recursos que tengamos a mano. Facilitando la justa información para que no la mal utilicen, tejiendo alianzas que esterilicen sus intentos de boicot al quedar en minoría, denunciando su actitud y no siguiendo su juego cuando aparezcan como salvadores o abriendo espacios mentales que permitan abstraernos de su presencia. En cualquier caso hemos de vivir y gestionar nuestra vida  con independencia de su presencia porque de lo contrario su huella destruirá nuestra marca personal. Estemos atentos.

12 retos del personal branding en la empresa

Este texto está inspirado en una publicación de Didier Erwoine, psicólogo belga y precursor de la difusión de la marca personal en las empresas de su país, que nos plantea 12 realidades en forma de retos para las empresas.

1. Nueva configuración de la organización: Las nuevas tendencias organizativas tienden a que las empresas trabajen por proyectos o en red. En este marco los trabajadores dejan de ser meros ejecutantes situados en una estructura jerárquica para tener un papel de “emprendedores” de modo que la identidad estereotipada y la apariencia única dejan lugar a una reconstrucción libre del entorno. Conservando la identidad individual se desarrollan sinergias que promueven una interdependencia saludable.

– El personal branding y la visibilidad individual pueden contribuir a la puesta en marcha de proyectos y espacios virtuales de colaboración así como a la construcción del conocimiento.

2. Imagen personal e imagen corporativa: Del mismo modo que la imagen de la empresa influye en la imagen personal, la imagen de un individuo puede tener un impacto sobre la imagen de la empresa.

– Una imagen fuerte y positiva de un individuo, por carisma, beneficia la imagen de la empresa.

3. Coherencia personal: Con un programa de personal branding la empresa favorece la coherencia personal de sus empleados y dispone a los trabajadores más en consonancia con sus misiones personales y les confiere más confianza en el desarrollo de sus funciones.

4. Nueva concepción del trabajo: Rompe con el antiguo paradigma del trabajo que es proporcionar el sustento. El personal branding refuerza la nueva tendencia:

– Búsqueda de sentido o actividades en concordancia con las pasiones.

– Búsqueda de reconocimiento

– Deseo de desarrollo personal

– Necesidad de interdependencia

– Querer ser “uno mismo” en el puesto de trabajo

5. Motivación: Uno de los desafíos de las empresas es poder conciliar sus retos con los proyectos personales de sus miembros. Los profesionales no se implican realmente  si los proyectos no tienen sentido para ellos.

– Desgraciadamente los individuos conocen mejor los objetivos de la empresa que sus objetivos personales, no están acostumbrados a dejar aflorar y a aceptar sus emociones y motivaciones profundas.

– Ayudar  a que los trabajadores se conozcan más y mejor y que por este hecho tengan una visión más clara de su futuro y de lo que quieren, constituye una fuerte palanca de motivación.

6. Sacar mejor partido de la experiencia: Si gracias al Personal branding el trabajador puede orientarse hacia el tipo de misiones que se corresponden mejor con su evolución y características personales la empresa se beneficia de un nivel de desempeño superior.

7. Gestión de las competencias: El Personal branding permite a la empresa perfilar de manera más certera las contrataciones que en un entorno clásico de contratación.

– Asimismo permite descubrir competencias en los trabajadores que antes hubieran quedado escondidas.

– Algunas empresas como Microsoft, Procter & Gamble, British Telecom, JP Morgan han integrado el concepto de Personal branding en su programa de desarrollo de talento. Estas empresas consideran que la mejor estrategia es pedir que sus trabajadores den lo mejor de sí y no el máximo.

8. Recursos Humanos = Gestores de Marcas Personales: Entramos en una época en que se necesitan profesionales multifunción capaces de cambiar de entornos, equipos y tareas al ritmo de las cambiantes condiciones de trabajo  y la relación empresa / trabajador ya no se basa solo en la fidelidad sino en la capacidad mutua de encaje a corto plazo. Se prevé una tendencia en la que los individuos serán su propia empresa unipersonal.

– La capacidad de los RRHH de gestionar las marcas individuales y contribuir a su evolución de acuerdo con las necesidades de la empresa marcará el nuevo rumbo.

9. Enriquecimiento de las funciones: Desarrollar una marca personal dentro de la empresa permite que el trabajador pueda proponer en cualquier momento de su carrera una oferta de servicios que vayan más allá de su descripción de funciones proporcionando un beneficio mutuo.

10. Networking: Contribuyendo al desarrollo del personal branding la empresa  afianza los contactos de sus colaboradores con el exterior que redundan en beneficio mutuo. Muchas veces se contrata a un profesional más que por sus conocimientos por su red de contactos.

– Lo mismo es aplicable a las redes sociales del entorno 2.0.

11. Competencias del Personal branding al servicio de la empresa: Una persona que desarrolla su marca personal despliega un conjunto de competencias que son de eminente interés y utilidad para la empresa:

– Espíritu de empresa

– Sentido de iniciativa

– Creación y búsqueda de oportunidades

– Creatividad práctica

– Audacia y originalidad

– Capacidad de comunicación y marketing

– Convicción personal y fuerza de persuasión

– Desarrollo de una personalidad fuerte

– Capacidad para desarrollar una estrategia

– Visión clara de sus objetivos profesionales

– Equilibrio de competencias y conocimientos

– Desarrollo constante y óptimo en su dominio profesional

– Pasión por su trabajo

– Desarrollo de una red de contactos

– Anticipación por las novedades y cambios del entorno

– Adaptación al cambio

– Capacidad para construir sus propios referentes

– Aptitud para manejar la incertidumbre

12. Riesgos: una lectura conservadora puede convertir todos o muchos de los puntos anteriores en riesgos para la compañía: Escasa confidencialidad, dispersión de la mano de obra….

Impaciencia

¿La impaciencia te quita el sueño?

Iniciamos formalmente un nuevo trimestre y el fin de la Semana Santa. Independientemente de cuando caiga, representa un indicador temporal de la parte del año que ya ha transcurrido. Los que nos movemos por calendarios lectivos solemos decir que en estas fechas el pescado ya está casi vendido y que si no nos apresuramos se nos va a pasar el arroz de los buenos propósitos. El fin de curso está próximo y siempre quedan cosas importantes por hacer.
Aunque formo parte del grupo de personas que suelen dormir bien, poco, pero bien, algunas veces me sobrevienen insomnios puntuales en los que la angustia se apodera del protagonismo del momento y sale a relucir la lista de los temas pendientes que tiñen la paz de la noche con opacos nubarrones.
La impaciencia es uno de los signos del momento en que vivimos. La inmediatez marca el ritmo de los acontecimientos y nos convierte en impacientes. Muchas veces ni nos damos cuenta, pero nuestro umbral de tolerancia a la espera de que los acontecimientos se resuelvan es, por regla general, baja. Y la impaciencia ubicada en un final de trimestre puede acabar en episodios de insomnio.
Según el diccionario de la RAE, la paciencia es la capacidad de padecer algo sin alterarse, para hacer cosas pesadas o minuciosas y también la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho mientras que su opuesto, la impaciencia, es la intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar.
Dado que es la impaciencia la que nos quita el sueño y que dormir bien es imprescindible para tener una existencia plena y equilibrada es interesante disponer de algunas astucias para hacerle frente cuando aparece en horas intempestivas:

  • En primer lugar es necesario identificar lo que provoca nuestra impaciencia y descubrir si se trata de algo con fundamentos sólidos o simplemente un hecho infundado que por los caprichos de nuestro subconsciente nos está dando la lata.
  • Si el hecho carece de fundamento, el haber tomado consciencia de ello acostumbra a ser motivo suficiente para que su presencia se desvanezca.
  • En caso de que nuestra impaciencia esté fundamentada, tenemos que ver hasta qué punto está en nuestras manos una solución rápida. Si no lo está es mejor apartar el problema y pasar a otro asunto. Si lo está, rehacer nuestra lista de prioridades para que se sitúe en el lugar que realmente le corresponde.
  • Mantener al día una lista de tareas pendientes, con fechas límite de cumplimiento, nos ayudará a ser conscientes del grado de avance y nos permitirá cambiar las prioridades en caso de que sea necesario.
  • En cualquier caso hemos de tener el fin en la mente. Es uno de los siete hábitos que definió Stephen Covey  y que se basa en centrarnos en aquellas acciones o actividades que estén en consonancia con nuestro propósito para dejar de lado las que no lo estén.
  • Y cuando la impaciencia da paso a la angustia, que suele ser norma habitual cuando actúa con nocturnidad, recomiendo un método que para mi se ha convertido en infalible que es centrarse en la propia respiración. Dirigiendo el aire inhalado hacia nuestro abdomen y pulmones y expulsando con cada exhalación el problema que nos angustia.  Nunca falla.

Y aunque antagónicas, la paciencia y la impaciencia son necesarias en nuestra vida y forman parte de nuestra marca personal porque mientras la primera nos ayuda a superar las dificultades y a aceptar el ritmo natural de las cosas y de los acontecimientos, la segunda nos impide dormirnos en los laureles. Ninguna de las dos es buena o mala en su origen, y todo depende de la proporción de ambas para que el conjunto resulte armónico y soportable.
Os deseo un buen inicio de trimestre.

¿Somos marcas o monigotes?

Afortunadamente no estamos solos pero si lo estuviéramos sería indiferente que dejáramos huella o no. Las personas somos seres sociales y nuestra identidad cobra sentido en la medida que está en contacto con otras identidades, con otras personas.
De hecho, cuando nacemos descubrimos la presencia de los demás antes de tener consciencia de nuestra propia presencia. Nos cuidan, nos alimentan, nos abrigan, nos acarician y nos quieren. Y es a partir de aquí que tomamos consciencia de nosotros mismos y descubrimos, con el paso del tiempo, nuestra identidad. Sin la presencia de los demás no podríamos iniciar el camino hacia el descubrimiento de nosotros.
La huella que dejamos desde nuestro instante cero es conocida y reconocida antes por los demás que por nosotros mismos. Dejar marca es inevitable e imprescindible, la relación con los demás implica un enriquecimiento mutuo que nos modela como personas al mismo tiempo que modelamos a los demás. Somos una marca personal porque estamos con otras marcas personales.

Estando con otras personas ocupamos un espacio en el mundo que tenemos que conocer, comprender y descifrar para poder ubicarnos y reconocernos. Es en este espacio en el que nos embebemos de los demás, y al mismo tiempo, les impregnamos con nuestras características personales, donde vivimos la vida, crecemos y tenemos la posibilidad de transformarlo. Es en el mundo donde modelamos el futuro porque tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar las cosas y la clave del progreso a todos los niveles y en todas las escalas.
En el mundo nos comprometemos con los demás, con el entorno, para hacer avanzar las cosas, incluso en las circunstancias menos amigables. Somos una marca personal en el mundo.

También somos singulares ocupando un lugar único en el mundo y en el universo. Tenemos algo que nos distingue y que nos ensalza dando sentido a lo que hacemos, a cómo nos relacionamos y a cómo modelamos y transformamos la realidad, algo que nos indica el camino hacia la plenitud que es el camino hacia la felicidad. Cuando formulamos nuestra visión, misión y valores no estamos haciendo “estrategia”, estamos profundizando en el relato de nuestra identidad, estamos respondiendo a las preguntas más genuinas de nuestra condición humana y conectamos con la trascendencia. Somos una marca personal vocacional.
La gestión de nuestra marca personal se inicia con la toma de consciencia de que estamos con otras personas en un mundo, que podemos cambiar porque tenemos una misión que cumplir, una vocación que nos hace transcendentes. Y es un trabajo personal de descubrimiento, gestión y aceptación que siempre representa un desafío y abre las puertas a grandes cambios porque cuestiona nuestra manera de hacer. Es una condición necesaria aunque no suficiente para dejar huella y que requiere la humildad necesaria para aceptar que hemos de cambiar.
Sin autoconocimiento no somos capaces de gestionar la marca que dejamos y corremos el riesgo de convertirnos en meros monigotes.

La cara es el espejo de la marca

La cara es el espejo de la marca

A mi no me gusta la gente que no da la cara. Si la cara es el espejo del alma, quien la esconde es para mí, objeto de sospecha de que esconde algo, de que no es trigo limpio. Ir a cara descubierta es siempre un riesgo, todos te identifican y te pueden señalar con el dedo pero es la única manera de no pasar desapercibido y evitar, siendo uno más, convertirse en uno menos tal y como nos cuenta Andrés Pérez Ortega.

Esconder la cara, esconderse en general, puede tener un origen atávico motivado por el recuerdo de que quienes se distinguían por algo, cuando el resto del mundo era átono, podían ser objeto de represalias por el hecho de ser diferentes. También puede ser que si hay alguien que no se acepta tal y como es, si no se gusta, quiera ocultarse para evitar que los demás tengan un shock estético. Y también puede suceder que quiera deambular por el mundo viendo sin ser visto y reconociendo sin ser reconocido. Pueden ser muchas las causas y las justificaciones, pero a mí, el que se esconde, me sigue dando mala espina.

A mí me gusta enseñar mi cara, por convicción, porque con el tiempo he aprendido a gustarme, porque mis arrugas son el indicativo de una vida ya larga y plena y porque quiero que los se crucen en mi camino me recuerden.

Para que los demás nos acepten y nos tengan en cuentan tenemos que empezar por aceptarnos nosotros tal y como somos. El que se esconde de sí mismo se convierte en invisible y no es ni conocido, ni reconocido y por lo tanto, nadie puede recordarle y mucho menos elegirle para algo. Quien se oculta convierte su huella en invisible y se convierte en alguien sin marca.

En redes sociales no acepto a nadie que no enseñe su cara. Cuando el contacto físico es inexistente, cuando el diálogo sólo puede hacerse por escrito, cuando no hay ni olor, ni tono de voz, ni lenguaje corporal, ver la cara me permite hacerme una idea de con quien me estoy relacionando, porque en redes sociales tengo amigos y también conocidos, directos y por referencias de terceros y no tengo el placer de conocerlos a todos en persona. Quiero que todos juguemos con cartas no marcadas, sólo hago excepciones con la iconografía que me gusta y he decidido relacionarme con personas que comparten mis principios, se quieran y se acepten.
Nuestra cara es la mejor tarjeta de presentación y el espejo de nuestra marca.

La suerte es el pretexto de los fracasados

La suerte es el pretexto de los fracasados

Si queremos que los demás nos tengan en cuenta, si queremos que nos reconozcan en medio de la multitud y se fijen en nosotros, si queremos que nos elijan o por lo menos nos tengan en consideración primero de todo hemos de querernos, conocernos y aceptarnos.
Todos hemos dejado una huella en el camino y la seguimos dejando día tras día a través de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, de lo que hablamos y de lo que callamos, de lo que vemos y de lo que dejamos voluntariamente de ver porque por donde pasamos dejamos marca.
Ni todas las personas somos iguales ni las huellas que dejamos son igual de profundas. Hay quien pasa de puntillas, sin hacer ruido, sin que casi nadie le recuerde; hay vidas que son estelas que se difuminan. Y hay vidas que son surcos, que se hacen notar y que su recuerdo permanece. Ambas son poseedoras de un sentido único, genuino y trascendente pero para los demás unas existen y las otras no.
Ser estela o surco es una elección individual. Para ser relevantes para los demás hemos de serlo primero para nosotros y hemos de estar dispuestos a aceptarlo aun cuando lo desconocido nos de miedo o pereza y aceptar la posibilidad de equivocarnos. Y primero de todo es necesario que identifiquemos lo que realmente nos hace vibrar, es imprescindible que reconozcamos nuestros sueños, los transformemos en proyectos y los convirtamos en algo valioso también para los demás.
La gestión de la propia marca comienza siempre por uno mismo.
Pablo Neruda resumió en un poema un auténtico manual de autoconocimiento que nos ayudará a dar el primer paso para reconocernos como una marca.

TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISMO (PABLO NERUDA)

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie
porque fundamentalmente Tú has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo
y el valor de acusarte en el fracaso
para volver a empezar, corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean,
hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer,
las circunstancias son buenas o malas
según la voluntad o la fortaleza de tu corazón.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte,
enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera
son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu fracaso.
Si tú has sido el ignorante, el irresponsable,
Tú únicamente Tú, nadie pudo haberlo sido por ti.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los audaces,
imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores,
a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo
y tus problemas, sin alimento, morirán.

Aprende a nacer del dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.
Mírate en el espejo de ti mismo.
Comienza a ser sincero contigo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad
y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo,
reconociéndote a ti mismo, más libre y fuerte,
y dejarás de ser un títere de las circunstancias.
Porque Tú mismo eres el destino
y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de la vida.
Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.