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cuando la marca no deja huella

Necesarios e invisibles, cuando la marca no deja huella

Un axioma es una proposición que se considera tan evidente que no necesita ser demostrada. La frase “ si no te ven no existes” ha tomado matices axiomáticos tan fuertes que nos hemos volcado hacia una cultura de la visibilidad menospreciando a las personas invisibles. Pero algunas veces, lo que parece evidente no es del todo cierto.

En un artículo publicado en la Harvard Business Review, David Zweig nos explicaba hace justo un año que existen perfiles en las empresas que, siendo poco o nada visibles, tienen una gran influencia en la generación de negocio y resultados y, como no, en la buena marcha de la organización. Se trata de personas que no ven en la visibilidad una necesidad y que prefieren concentrarse en su trabajo por encima de cualquier otra cosa. Zweig los llamaba simplemente “los invisibles”.

Dentro de este concepto, que para algunos puede resultar chocante, se cobijan desde ingenieros civiles encargados de hacer cálculos de estructuras o diseñar túneles, a anestesistas que asisten anónimamente a las operaciones que realizan cirujanos de renombre o expertos en naming que, a pesar de haber bautizado productos de gran consumo y de mayor éxito, nadie es capaz de relacionarlos con tamaña proeza. También hay, por supuesto, financieros que apoyan desde sus competencias operaciones empresariales complejas y que no se les ve o directores de producción encargados de grandes y complejas plantas industriales que a pesar de estar ocultos a las miradas públicas si desaparecieran crearían situaciones difícilmente sostenibles.

¿Se trata de individuos tan singulares que constituyen una especie de agujero negro en el que se concentra una gran capacidad de trabajo que a pesar de su anonimato se vuelven imprescindibles para sus organizaciones?
Son singulares, sí, pero de acuerdo con las investigaciones de nuestro autor tiene tres puntos que por regla general les caracterizan:

  • Tienen una visión especial sobre las recompensas y para ellos el tiempo que puedan invertir en escuchar elogios es por encima de todo un tiempo que se pierde para trabajar. Esto no significa que menosprecien una remuneración adecuada y hasta elevada pero sus prioridades son distintas del resto de personas.
  • Son meticulosos y les gusta el trabajo fino y bien hecho. Más que la cantidad por la cantidad tienen una ética basada en la calidad.
  • Les gustan las responsabilidades. Y no se trata de una paradoja, todo lo contrario. A menudo ocupan puestos de vital importancia: ya sea en una obra, en un quirófano o en un despacho. Responsabilidades que comparten y delegan porque en muchos casos tienen un sentido de equipo muy interiorizado, utilizando más “el nosotros” que “el yo” cuando se trata de poner en evidencia los logros conseguidos.

Su presencia puede causar estupor en muchos de nosotros, que somos predicadores de la visibilidad, pero lo cierto es que no sólo existen si no que son absolutamente necesarios. En una época donde la visibilidad es uno de los paradigmas mas aplaudidos y en la que la invisibilidad se considera como algo teñido de color gris su excepcionalidad puede resultar molesta porque nos puede poner en contradicción.

De todos modos es otro de los casos en que la excepción confirma la regla porque a pesar de los efectos benéficos de los invisibles los empleados visibles, influyentes y divulgadores de sus empresas son imprescindibles porque son los que gozan de mayor credibilidad y confianza social tal como nos lo van demostrando los barómetros de la Agencia Edelman de los últimos años.

El gran reto está del lado de los directivos que tienen la responsabilidad de detectar y motivar a los invisibles para que sin que brillen puedan dejar huella en beneficio de todos.