Entradas

El discreto encanto de la marca volátil

Tu aurais pu, mon vieux Joseph

Faire des petits avec Marie

Et leur apprendre ton métier

Comme ton père te l’avait appris

Pourquoi a-t-il fallu, Joseph

Que ton enfant, cet innocent

Ait eu ces étranges idées

Qui ont tant fait pleurer Marie?

Parfois je pense à toi, Joseph

Mon pauvre ami, lorsque l’on rit

De toi qui n’avais demandé

Qu’à vivre heureux avec Marie

Joseph de Georges Moustaki

De entre los personajes populares que siempre me han fascinado uno de ellos ha sido José. Hace algún tiempo dediqué un artículo a las personas que voluntariamente deciden vivir en el anonimato y paradójicamente su marca no deja huella y nuestro personaje de hoy siempre se me ha antojado uno de ellos.

Dentro de unos días se nos caerá encima el día del padre y este año no quiero desaprovechar la ocasión para reflexionar sobre el personaje al que históricamente se la ha considerado el ejemplo de la paternidad por antonomasia pero del que no sabemos nada o casi nada porque siempre ha resultado ser un personaje secundario, como uno de estos actores que son necesarios para que la trama se desarrolle pero que al final saben que no se van a llevar ningún Oscar.

Os haré una confesión personal, la figura de José, de San José para algunos, conforme han ido pasando los años se me ha ido presentando con más crudeza y lo he convertido en una especie de referente para aquellas situaciones en que la discreción y el silencio son necesarios aunque lo que me gustaría es decir mi opinión a gritos y también para aquellas situaciones en que es necesario aceptar una situación porque toca, porque la intuición dice que es necesario aguantar aunque las tripas digan lo contrario.

[bctt tweet=”¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal?” username=”jordicollell”]

Que Georges Moustaki le dedicara una canción me sorprendió en su día cuando yo todavía consideraba que el personaje era un señor de barba blanca que había tenido la extraña suerte, si así se le puede llamar, de aparejarse con alguien que le fue metiendo de lío en lío y que lo soportó tan en silencio que su discreción hizo que pasara a la posteridad.

¿Es un personaje sin marca o es la destilación de la marca? Imaginemos la situación, que no es fácil, por lo menos trasladada a nuestra época actual, de alguien que sabe que no es el padre de quien se dice que es su hijo, que es el centro de las miradas irónicas por el embarazo de su mujer, que se tiene que jugar la vida para acompañar y defender una misión que no es la suya a sabiendas que el beneficio personal será escaso a nivel práctico. Vaya, que cualquiera de nosotros se plantearía tirar la toalla.

Y a pesar de todo el personaje persevera y está donde tiene que estar y cuando tiene que estar, aunque posiblemente el lugar no sea el que posiblemente hubiera escogido de haber tenido la posibilidad.

Para mi José es el más humano de los personajes de las historias que me contaba mi abuelo y que seguía con atención en el colegio mientras devoraba a hurtadillas el bocadillo del desayuno. Nunca ha sido un héroe, ni nadie a quien haya querido imitar porque, sinceramente, nunca he tenido claro qué era lo imitable, pero con los años se ha ido haciendo presente en mi vida, siempre le he visto como un ser humano común, uno como nosotros. Uno de tantos que lo único y quizás definitivo fue ser fiel su compromiso, a su intuición a pesar de que la situaciones pudieran parecer paradójicas. ¿Sin su huella volátil hubieran podido tirar adelante sus proyectos los otros actores, María y su hijo? ¿ De haber querido tener el protagonismo no se habría quedado en el personaje corriente que era y acabado en el olvido colectivo?

La discreción, el estar al servicio de una causa que no es estrictamente la nuestra pero a la que podemos acompañar para que pueda ser, el no abandonar cuando todo parece indicar que sería lo correcto ¿pueden ser atributos de marca personal?

¿Pueden ser el silencio y el anonimato, en favor de los demás, un proyecto personal? ¿Tienen cabida este tipo de situaciones en un mundo cambiante como es el nuestro?

Y en estos casos ¿qué significa ser elegido?

Muchas preguntas y pocas respuestas para un personaje que aparece año tras año y que sigue dando mucho de si.

Imagen Rafa? Olbi?ski

Un libro para que te vean y te compren

Yo soy un bayboomer. Formo parte de este numeroso colectivo que nació entre la mitad de la década de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado en España. Como todos los miembros de esta tribu dejé atrás los cuarenta y estoy en la recta final de los cincuenta pero técnicamente formo parte del grupo de más de cuarenta.
Como muchos de mi generación he pasado una parte muy importante de mi carrera profesional saltando de empresa en empresa y, aunque afortunadamente las cosas no me han ido mal en mi recorrido, hasta hace ocho años casi nadie sabía nada de mi. Los bayboomers somos desconocidos porque hemos invertido todas nuestras energías en las empresas para las que hemos trabajado y hemos olvidado de gestionar nuestra marca personal y nuestra visibilidad. Dicho en otras palabras: hemos cuidado a los demás y nos hemos descuidado de nosotros.

Ser visible a parte de una necesidad es una opción personal es una necesidad. En un artículo anterior hablaba del valor de los invisibles, aquellas personas que siendo imprescindibles para las organizaciones viven en el anonimato interno y externo, su valor es tan grande que en algunos casos su salida puede ser un factor de riesgo y por esto deben ser detectados, valorados y motivados. Pero en situaciones de crisis, como la que hace años nos acecha y que obliga a grandes reestructuraciones en las empresas, en momentos en que nadie se salva de la quema, quien se lleva la peor parte son aquellos cuya visibilidad es menor porque por duro que parezca en el mercado si no te ven y no te conocen no existes.
Como toda opción invertir en visibilidad no es gratis, tiene sus costes en tiempo de reflexión, en aprendizaje de nuevas tecnologías y en mantener viva la llama propia. Ser visible es una tarea que cuando se inicia no se puede parar porque la capacidad de olvido de nuestro entorno es alta.
Ser visible tiene que convertirse en un hábito. Plan de visibilidad 40

Neus Arqués en su último libro Tu plan de visibilidad 40+ ofrece las herramientas para iniciar el camino de ser visible para los profesionales senior , para aquellos que, parafraseando a Neus, teniendo el grado de la veteranía el valor de su experiencia computa sólo para ellos. Porque la visibilidad permite convertir la experiencia en un valor de mercado.
Tu plan de visibilidad 40+ es un libro que recomiendo. Que la autora sea Neus es una garantía porque es una gran profesional de la comunicación y una excelente escritora que ha escrito más de una decena de libros, cinco de ellos de comunicación. Fue la introductora del concepto marca personal en España a través del libro Y tú, ¿qué marca eres? en el ya lejano año 2007 y que reeditó y amplió en el año 2012.
El libro ofrece cuarenta ideas fuerza para trabajar individualmente la visibilidad y una gran cantidad de ejemplos y ejercicios para facilitar el camino de convertir la necesidad en hábito sin sufrimiento saliendo de las cómodas pero improductivas zonas de confort.
Una excelente y provechosa opción para el Día del Libro. Podrás comprar un libro para que te compren.

Imagen diseñada por Freepik

La cara es el espejo de la marca

La cara es el espejo de la marca

A mi no me gusta la gente que no da la cara. Si la cara es el espejo del alma, quien la esconde es para mí, objeto de sospecha de que esconde algo, de que no es trigo limpio. Ir a cara descubierta es siempre un riesgo, todos te identifican y te pueden señalar con el dedo pero es la única manera de no pasar desapercibido y evitar, siendo uno más, convertirse en uno menos tal y como nos cuenta Andrés Pérez Ortega.

Esconder la cara, esconderse en general, puede tener un origen atávico motivado por el recuerdo de que quienes se distinguían por algo, cuando el resto del mundo era átono, podían ser objeto de represalias por el hecho de ser diferentes. También puede ser que si hay alguien que no se acepta tal y como es, si no se gusta, quiera ocultarse para evitar que los demás tengan un shock estético. Y también puede suceder que quiera deambular por el mundo viendo sin ser visto y reconociendo sin ser reconocido. Pueden ser muchas las causas y las justificaciones, pero a mí, el que se esconde, me sigue dando mala espina.

A mí me gusta enseñar mi cara, por convicción, porque con el tiempo he aprendido a gustarme, porque mis arrugas son el indicativo de una vida ya larga y plena y porque quiero que los se crucen en mi camino me recuerden.

Para que los demás nos acepten y nos tengan en cuentan tenemos que empezar por aceptarnos nosotros tal y como somos. El que se esconde de sí mismo se convierte en invisible y no es ni conocido, ni reconocido y por lo tanto, nadie puede recordarle y mucho menos elegirle para algo. Quien se oculta convierte su huella en invisible y se convierte en alguien sin marca.

En redes sociales no acepto a nadie que no enseñe su cara. Cuando el contacto físico es inexistente, cuando el diálogo sólo puede hacerse por escrito, cuando no hay ni olor, ni tono de voz, ni lenguaje corporal, ver la cara me permite hacerme una idea de con quien me estoy relacionando, porque en redes sociales tengo amigos y también conocidos, directos y por referencias de terceros y no tengo el placer de conocerlos a todos en persona. Quiero que todos juguemos con cartas no marcadas, sólo hago excepciones con la iconografía que me gusta y he decidido relacionarme con personas que comparten mis principios, se quieran y se acepten.
Nuestra cara es la mejor tarjeta de presentación y el espejo de nuestra marca.