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marca personal vuela alto
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Permite que tu marca personal vuele alto

Acuciado por las urgencias de siempre, me propuse ganar tiempo. Era un desafío

insensato y, también como siempre, el tiempo me ganó a mí. Es un adversario temible.

Era de Prever de Pere Calders

No podemos encerrar ni nuestra alma ni los sueños en una habitación. Ambos están hechos para volar lo más alto posible.

Los sueños materializan aquello que nos da sentido, nuestro foco, nuestra visión.

Nos pasamos parte de nuestra vida preparando el futuro en una lucha titánica contra el tiempo y nos olvidamos vivir el momento presente. Esto suena a tópico pero es más real que la vida misma.

John Maynard Keynes, uno de los economistas más prestigiosos del siglo pasado, nos deleitó con una cita repetida hasta la saciedad: “ a largo plazo todos estaremos muertos”.

Los que me conocéis recordaréis que repito con mucha frecuencia que la marca personal se conjuga en presente. En el día a día, en el momento, presente integramos los conocimientos y experiencias del pasado y proyectamos y preparamos el futuro.

Lo que existe se ubica en el presente, el pasado es pura historia que se transforma en experiencia y el futuro son expectativas y posibilidades fruto de lo que estamos haciendo ahora y de lo que hemos aprendido pero en el fondo no es más que especulación.

Nuestros sueños son la base de nuestro proyecto personal y el eje vertebrador de la huella que dejamos, nuestra marca personal y debemos permitirles volar muy, muy alto pero arraigados en el ahora. El mero hecho de convertir un sueño en un proyecto y ponernos manos a la obra para hacerlo realidad ya sea preparando el modelo de negocio o un simple mapa mental nos hace tocar con los pies en el suelo y lo va materializando de manera que deja de ser una pura conjetura para convertirse en una realidad, incipiente pero realidad al fin y al cabo. Es como una flor que antes de abrirse y aparecer con toda su belleza se manifiesta en forma de botón en el tallo de la planta, puede que no vea su plenitud pero ya ha nacido.

Enjaular un sueño o un proyecto entre cuatro paredes significa matarlo y es importante que seamos conscientes de las circunstancias que pueden provocar que esto suceda para poderlas evitar.

En primer lugar tenemos que estar atentos a nuestros miedos y sobre todo a fracasar. No tener éxito en lo que nos proponemos es realmente un engorro. Y que algunos hagan una épica del fracaso no significa que sea deseable, si no todo lo contrario. Y a pesar de que del fracaso se aprende, hay otras maneras de hacerlo sin perder tiempo, dinero y reputación. Herramientas como el modelo de negocio nos pueden ayudar a disipar temores y a ser capaces de arriesgarnos sin hacer un salto al vacío.

En segundo lugar vigilemos nuestras creencias. La peor de todas es el pensar que no seremos capaces de hacer lo que nos proponemos o, aun peo, que no nos lo merecemos. Si hemos llegado a transformar un sueño en un proyecto es porque está en línea con lo que nos da sentido como personas y por lo tanto nos motiva. De todos modos nadie ha dicho nunca que fuera fácil o rápido y que cueste no significa que sea imposible si no que necesita una hoja de ruta, una estrategia y la configuración de diversos escenarios para poder dar respuesta a las contingencias que puedan aparecer. Frente a las creencias que nos limitan utilicemos nuestra razón, nuestros conocimientos y experiencia.

En tercer lugar la falta de recursos puede hacer que el proyecto quede confinado en la caja de las posibilidades que nunca vieron la luz. Sólo unos pocos disponen de todos los recursos necesarios pero afortunadamente podemos pensar en alianzas que nos pueden dar un empujón financiero, técnico o de conocimiento. Una parte del plan de comunicación puede estar destinado a buscar socios.

En último lugar, cualquier cosa nueva que hagamos está sujeta a riesgo. Y no me refiero sólo a la posibilidad de fracaso si no a la de tener que hacer ajustes, cambios e improvisaciones que a veces nos incomodan. Un proyecto es como una excursión que iniciamos con ilusión pero que a medio camino aparecen desde el cansancio o el mal tiempo y para acabar de arréglalo podemos perdernos y tener que retroceder para volver a encontrar el camino; y nos acabamos preguntando por qué no nos hemos quedado tranquilos en casa.

El riesgo implica muchas veces incomodidad, pero si tenemos claro donde queremos llegar podemos hacer frente a las inclemencias con mayor facilidad.

Y recordemos que para poner en marcha nuestro proyecto personal si lo hacemos solos es posible que vayamos más rápidos pero si nos dejamos acompañar llegaremos más lejos.

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6 secretos para ir bien acompañado

Dice un viejo proverbio que si caminas solo irás más rápido, pero si caminas acompañado llegarás más lejos.  Unir fuerzas y esfuerzos con otras personas para alcanzar un objetivo común es de entrada una opción atractiva que nos puede permitir conseguir metas que yendo en solitario podrían resultar más difíciles y costosas pero también conlleva sus riesgos que deben ser valorados porque una mala elección de los compañeros de viaje nos puede conducir hacia una vía muerta.

Nuestra vida personal y profesional es un camino que está compuesto de muchas etapas y en cada una de ellas podemos escoger ir solos o en compañía en función de los objetivos que queramos conseguir. Una alianza para que funcione debe ser capaz de potenciar las propuestas de valor individuales para que el todo sea mayor que la suma de las partes.

 

[bctt tweet=”Una alianza debe potenciar las propuestas de valor individuales para que el todo sea mayor que la suma de las partes.”]

En mi camino profesional he vivido alianzas que han funcionado, otras que han resultado un auténtico desastre y algunas que, pudiendo haber sido exitosas, se han muerto por agotamiento. De todas esta situaciones he aprendido que para que una alianza funcione debe cumplir por lo menos las siguientes características:

  1. Que sea necesaria. Muchas veces buscamos compañía para hacer aquello que podríamos hacer solos y que no nos atrevemos a hacerlo ya sea por falta de confianza en nosotros o por miedo o por no haber valorado suficientemente nuestras propias competencias y talentos. Las preguntas clave son ¿por qué necesito ir acompañado? y ¿en qué se refuerza mi propuesta de valor con esta alianza? El autoconocimiento es una herramienta fundamental en esta fase inicial.
  2. Escoger adecuadamente a los compañeros de viaje. No se trata solamente de que nos puedan aportar un valor adicional si no que es necesario que tengamos información de las personas con las que vamos a hacer ruta. Las elecciones a priori o los flechazos pueden tener malas consecuencias. Las preguntas que nos podemos hacer son ¿tiene mis posibles socios un historial de alianzas positivo? ¿ha habido en el pasado situaciones de fracaso que deba tener en cuenta para tomar la decisión? Informarse es imprescindible porque aliarse con alguien que tiene detrás suyo una ristra de malas experiencias nos debería hacer reflexionar.
  3. Se trata de ganar-ganar. Todas las partes tienen que ganar y para ello tienen que hacer aportaciones  equivalentes. Cuando se produce un desequilibrio y una de las partes aporta menos o quiere recibir más que los demás la alianza peligra. Como norma general los aprovechados no tienen cabida. Preguntémonos ¿qué gano? y  ¿qué aporto? No demos  nada por supuesto.
  4. Con reglas claras.  Hay que dejar muy claro como hemos de funcionar y también cómo y en que supuestos debemos acabar el recorrido juntos. Una alianza nace con ilusión y se disuelve con dolor. Cuando las cosas no funcionan es más complicado tener la mente clara por lo que es importante prever la manera en que se pueda poner fin sin que se generen litigios innecesarios. Anticiparse a los acontecimientos no es ser agorero, es ser previsor. Si algún socio se muestra reacio preguntémonos si nos interesa continuar porque puede ir con malas intenciones.
  5. Valores de marca personal compartidos. Aunque el objetivo sea común el fin no justifica los medios. Y la unión de personas con métodos basados en valores dispares puede lastrar la percepción del entorno y debilitar la marca de algunos participantes. Es claro que si nos aliamos con personas sin escrúpulos podemos ser percibidos de igual manera. Para ello es necesario que nosotros tengamos claros nuestros valores y los pongamos en común con los futuros socios.
  6. Divertida: Mi experiencia me demuestra que cuando nos lo pasamos bien las cosas funcionan mejor. Cuando afloran los malos rollos y las recriminaciones vale la pena entrar en cuarentena y aplicar cirugía.

Cuando pensemos en aliarnos con alguien hagamos una valoración inicial potente, revisemos periódicamente los resultados y seguro que llegaremos muy lejos.

Imagen: @Jack Vettriano
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El storytelling, el DNI de nuestra marca personal

Si la fe mueve montañas las historias ablandan los corazones. Un buen relato es la mejor contraseña para conectar emocionalmente con nuestro interlocutor y nos ayudará a ser  conocidos, reconocidos, memorables y elegidos. Una buena historia, la nuestra, es la mejor herramienta de comunicación de nuestra marca personal.

El storytelling, la narrativa, el contar historias, es una técnica publicitaria muy conocida y utilizada y su incorporación al personal branding es una consecuencia lógica que ayuda a comunicar la propuesta de valor.

Cuando trabajamos nuestro relato tenemos en el visor a nuestro público objetivo, queremos emocionar para que nuestro mensaje cale hondo y muchas veces olvidamos que el primer destinatario de nuestra historia somos nosotros mismos.

Nuestra marca personal no es una marca comercial y cuando tomamos consciencia de que es importante gestionarla ya hemos recorrido una parte importante de camino, nunca partimos de cero y nuestro pasado importa porque gracias a él somos lo que somos en un momento dado. Podemos cambiar, podemos mejorar, podemos hacer grandes planes, podemos reformular  nuestra propuesta de valor, pero no podemos hacer tabla rasa, venimos de donde venimos y hemos de ser conscientes de ello.

Nuestro pasado, sea cual sea, es una palanca fundamental para proyectarnos hacia el futuro. Es posible que hayamos tenido éxitos importantes o que hayamos metido la pata hasta el fondo, pero si estamos aquí es gracias a ello, todo ha sido motivo de aprendizaje que ayuda a situarnos en el momento presente y a visualizar el futuro.

Por esto decir que cuando elaboramos el relato de nuestra marca personal el primer destinatario somos nosotros no es una necedad. Trabajar nuestro relato nos ayuda a tomar consciencia de donde venimos y a definir la meta que nos proponemos alcanzar. Y como no, hemos de ser los primero en creérnoslo.

Nuestro storytelling no es una técnica publicitaria, es un acto de libertad a través del cual exponemos nuestro objetivo en la vida que es nuestra visión,  la manera de alcanzarlo que es  nuestra misión , las reglas con las que queremos hacerlo que son nuestros valores y por supuesto explicamos nuestra propuesta de valor y lo que nos hace únicos.

Para convencer a los demás tenemos que estar en primer lugar absolutamente convencidos de que nuestra propuesta es realmente de valor, de lo que nos hace únicos y de que lo que estamos proponiendo tiene sentido. El primer paso para el éxito comienza en uno mismo pero, no lo olvidemos, el primer paso para el fracaso también. Es por esto que nuestro relato es personal e intransferible porque está embebido de nuestra historia y de nuestros proyectos, porque conecta lo que hemos sido hasta el momento presente con lo que queremos ser y porque explica como a través de lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, sea larga o corta,  ayudaremos a nuestro público, a nuestros clientes, a alcanzar sus objetivos.

Que el relato sea personal e intransferible significa estrictamente que tiene que ser un reflejo de lo que somos, un relato artificial convertirá nuestra marca personal en un artefacto y acabaremos perdiendo la credibilidad de los demás. A través de trabajar el autoconocimiento, los personal branders ayudamos a nuestros clientes a redactar storytelling poderosos, emocionantes y convincentes.

Cuando nuestro relato nos convenza y emocione ya estaremos capacitados para ponerlo en conocimiento de los demás.

¿Tienes ya un relato elaborado? ¿Eres consciente de lo que cuentas a los demás? Ya sabes que estoy a tu disposición para ayudarte.

Imagen @Rodney Smith

No te escondas tras el inglés cuando no sepas qué decir

Es verano, hace calor y las ideas fluyen con menor liquidez. El calor solidifica las ideas, al contrario de lo que sucede con el resto de materiales y elementos, el frío las licúa  y ayuda a expandirlas, la sombra es siempre una buena amiga y permite  que el pensamiento sea claro, eficaz y positivo.

Leo lo que sale publicado en Facebook y LinkedIn, cuando algo me interesa entro en las páginas correspondientes y siempre encuentro materiales dignos de interés. Las redes sociales son proveedoras de material de reflexión en bruto, sin contrastar, porque cualquiera puede escribir cualquier cosa y todo vale, todo cabe mientras no sea ofensivo para terceros de manera clara y directa.

Me choca el uso de anglicismos, el decir las cosas no por su nombre si no por el que le dan los otros. Tengo la sensación que quien tiene poco que decir o no domina lo que cuenta usa tecnicismos y anglicismos para poner fuera de combate a su interlocutor y para despistar a su cliente. Tengo la sospecha de que el uso de tecnicismos  y anglicismos es una cortina de humo para querer hacer ver que se está a la última y para esconder lo que falta, una auténtica propuesta de valor.

Si de lo que se trata, cuando hablamos de propuesta de valor,  es de ayudar a los demás a resolver problemas que les atormentan, si lo que decimos es que nos proponemos es curar el dolor de los demás en los aspectos más variados de su existencia, si lo que se quiere es ser útil, ¿por qué lo explicamos utilizando palabras que no sabemos si nuestro interlocutor entiende o le interesa entender? Mi hipótesis es que los que actúan de esta manera lo que pretenden es más quedarse satisfechos consigo mismos y con demostrar que saben lo que no saben que estar del lado del interlocutor para solucionarle algo.

Tenemos la suerte de tener un idioma rico y hablado por mas de quinientos millones de personas según una nota reciente del periódico La Vanguardia, y por  tanto, no tenemos excusa, si no usamos palabras propias es porque no queremos.

La próxima vez que participemos en una discusión, presentemos una propuesta, escribamos un artículo, demos una charla o un curso pensemos cómo podemos acercarnos más a nuestro público usando palabras próximas, familiares siempre que sea posible. En la búsqueda encontraremos mejores maneras de explicar lo que vamos a decir y convertiremos nuestro discurso en un discurso de valor.

Un ejercicio para este verano: Hacer una lista de los anglicismos que usamos más frecuentemente, buscar en la red los anglicismos que otros usan de manera habitual y poner al lado su equivalencia en nuestro idioma. Volveremos más ricos de las vacaciones.