Entradas

,

Cuando gritan las entrañas recuerda tus valores

“Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos tenemos la impresión de que todo el universo está de acuerdo” Paulo Coelho en Once Minutos Ed.Planeta

Nos movemos como funámbulos en el frágil equilibrio entre el corazón y la razón. Nuestra vida es cosa de ideas y de tripas. Y dependiendo de lo que pese más en cada momento tomaremos unas decisiones u otras.

Lo que parece una cosa un tanto falaz, poco orientada a resultados, poco útil para encontrar trabajo o tener más ingresos puede resultar al final suficientemente importante como para desmovilizar o dar mayor impulso al trabajo de gestión de nuestra marca personal. Porque nuestras tripas pueden dejar un rastro tanto o más profundo que el cerebro.

Una marca personal potente necesita tener detrás a una persona equilibrada en sus actos en cualquier ámbito en el que se mueva, sea personal, familiar, social o laboral porque todo deja huella.

¿A quién hemos de hacer caso, al corazón o a la razón? La búsqueda del equilibrio en las realidades cotidianas nos hace vivir con fragilidad el debate  entre la razón y los sentimientos. Al final la cuestión es del mismo calado que el de la libertad personal, precisamente soy libre porque no hago lo que  simplemente quiero si no lo que decido.

Con mis sentimientos pasa algo similar, me tengo que guiar por mi corazón y tengo el límite en el dolor que pueda causar a los demás. Siempre repito el mismo estribillo de que somos seres sociales y como tales, debemos tener en cuenta con nuestros actos y decisiones el entorno en que nos movemos. Somos personas no depredadores. Somos una marca personal que debe ser respetuosa con el entorno emocional que nos rodea o nos convertiremos en elementos perturbadores de los equilibrios de las marcas personales con las que interactuamos.

Y no es cierto que el universo esté de acuerdo cuando nos enamoramos, cuando hacemos algo con pasión, cuando desarrollamos nuestro proyecto profesional. Ya basta con tomar el nombre del universo en vano para justificar nuestras misérrimas atrocidades, nuestro egoísmo y la falta de respeto hacia los demás que no es si no un reflejo del poco respeto que nos tenemos a nosotros mismos.

Los sentimientos, el hecho de haber escuchado el corazón y aparcado la mente hasta otra ocasión, no justifican necesariamente nuestros actos. Es posible que no seamos del todo responsables de los sentimientos que nos invaden como un torrente desbordado pero si que lo somos en cualquier caso de nuestros actos. Y todos los actos tienen consecuencias.

Es por esta razón que en el proceso de personal branding también trabajamos los valores, para que nos indiquen, y enciendan las señales de alarma correspondientes, el momento en que estamos dejando apartados del camino nuestros principios. Y cuando las tripas aprieten nos ayudarán a seguir fieles a los compromisos que hemos tomado en momentos de lucidez.

Una marca personal con valores escucha el corazón, valora los consejos de la razón y es fiel a sus principios.

,

La ilusión del camino del éxito

A todos nos gusta el éxito, aunque sucede a menudo que no tenemos una idea clara de lo que es. Por regla general lo identificamos con alcanzar las metas que nos hemos fijado, pero muchas veces pasa que, cuando nos fijamos objetivos y gracias a trabajar muy duramente los alcanzamos, tenemos la sensación de que nos hemos quedado cortos y nos sentimos insatisfechos. Es lo que se llama la ilusión del caminante.
Alfred Sauvy, demógrafo francés que vivió entre 1898 y 1990, la describió de la siguiente manera: Cuando se pregunta a una persona: “¿qué aumento de tus ingresos te permitiría satisfacer tus necesidades?” la respuesta general es: “Aproximadamente un aumento de un tercio”. Al repetir la pregunta diez años más tarde a las personas que han conseguido un aumento de aproximadamente un tercio de sus ingresos, la respuesta continua siendo la misma:  ”Una tercera parte más”.
¿En qué se basa realmente el éxito? Si hacemos caso a Sauvy es bastante posible que el verdadero éxito, aquel que nos deja satisfechos, que se graba en nuestro corazón y nos marca, no está relacionado con metas materiales si no con el hecho de vivir una vida plena.  Mark Twain dijo que los dos días mas importantes de nuestra vida son el día en que nacemos y el día en que descubrimos por qué.
El propósito nos da el camino para encontrar el camino del éxito. Cuando las metas estén alineadas con nuestro propósito alcanzarlas será todo un éxito o en palabras de George Bernard Shaw esta es la verdadera alegría de la vida, el ser utilizado para un designio que uno mismo reconoce como algo poderoso.
Encontrar el por qué de nuestra vida no es una tarea ni fácil ni evidente pero sí es un camino que tiene sentido ser recorrido porque la propia búsqueda es enriquecedora y cuando llegamos al final tenemos la oportunidad de tener una vida plena.
Buscar el propósito significa tener los ojos y los oídos bien abiertos a los mensajes que vamos recibiendo de nuestro interior, significa también tener el resto de los sentidos bien activados para que ninguna señal pueda pasar desapercibida y representa ante todo querer ser valientes para no cerrar ninguna puerta. El mayor enemigo del éxito es no querer salir de nuestras zonas de confort para permitir que nuestra vida cambie. Y es que el propósito no es sólo una declaración bien redactada, ya que si no se materializa en un modelo de vida, es papel mojado que nos despista y descoloca a los demás.
La coherencia de nuestros actos con nuestro propósito es lo que da forma y consistencia a la huella que dejamos en los demás y que nos permite ser conocidos, reconocidos y sobre todo recordados y tenidos en cuenta. Y entonces sabremos que hemos tenido éxito.