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Cada vez que me acerco a un medio de comunicación, el que sea, si está hablando un político tengo la sensación de estar enfrente de una marca blanca. El mismo contenido según el partido de que se trate, repitiendo siempre los mismos mensajes aunque el envase, cada persona, sea en la forma distinto.

¿Por qué esta monotonía que tiende al encefalograma plano? ¿Son todos los políticos iguales, correas de transmisión del pensamiento de sus partidos? ¿Puede existir la diferencia?

En España la diferencia está mal vista cuando hablamos de los políticos: no prima la opinión personal y sí la del partido al cual pertenecen. En caso de divergencia se acostumbra a castigar al díscolo con penalizaciones más o menos severas siempre en proporción con el tamaño de la discrepancia. Las listas cerradas no facilitan la singularización de las acciones porque para formar parte de las mismas es el partido quien decide.

Siempre me hago la misma pregunta ¿quién es el público objetivo de un político, el partido o los electores? Y en la práctica la respuesta no me deja lugar a mucha duda y siempre acabo concluyendo que es el partido.

Esto se nota en la calle y en las encuestas. Si nos fijamos en el último Barómetro de Confianza que publica la consultora Edelman observaremos que en España el gobierno y por extensión los representantes públicos tienen una puntuación de 34 sobre 100 que en lenguaje académico significa un suspenso.

¿Por qué este desencanto? ¿Qué se está haciendo que en vez de emocionar genera desconfianza? Una posible respuesta es el alejamiento de los políticos respecto a sus votantes.

La duplicidad de públicos a los que  los representantes públicos se dirigen con sus mensaje y su gestión con el añadido de que uno de estos, el partido, tiene en sus manos su carrera y el ir o no a unas listas estando en posición de elegibilidad o de relleno provoca que los electores pasen a ser material de trámite. Es el pecado original de las listas cerradas. Los votantes que son personas quieren hablar con otras personas y no con instituciones como son los partidos, necesitan tener delante a otras personas con las que poder compartir y cuando esto no sucede se produce un distanciamiento.

¿La situación actual tiene solución o tendremos que esperar que las listas sean abiertas?  La gestión por parte de cada político de un perfil propio puede significar el inicio de la reversión de esta situación y la apertura de un diálogo franco y directo con los electores. Por el momento, si observamos lo que se cuece en las redes sociales de muchos políticos, lo que se difunde sigue siendo el mensaje institucional, la critica del adversario y poco más, el diálogo sigue ausente. Podríamos resumirlo en menos seguidismo de las consignas del partido y más propuesta de valor, más marca personal, porque los electores necesitan soluciones a sus problemas y deben poder confiar en los que las tienen que impulsar.

¿Qué puede conseguir un político gestionando su marca personal? ¿cuál es la finalidad del personal branding político?

Si se consigue generar un diálogo con los electores manteniendo el equilibrio dentro de su formación política gestionando un perfil propio se habrá conseguido un gran éxito. Las redes sociales permiten tener un gran número de seguidores, los políticos tienen por su posición un número reducido aunque puedan contarse por decenas o centenares de miles y los contenidos deben ser bidireccionales escuchando y proponiendo soluciones porque en el mundo político todo es posible y por lo menos debe quedar constancia de que los intereses de los votantes se perciben, se analizan y se convierten en propuestas de cambio y mejora o que se explique por qué no pueden ser tenidos en cuenta.

¿Cómo se traduce el punto anterior a la práctica?

De manera muy esquemática podemos considerar que la gestión de una marca personal política pasa por las siguientes etapas:

  • Fase de conocimiento: Los electores podrán conocer quién es el político, de dónde viene, qué pasado tiene y cual es su visión del mundo, su propósito.
  • Fase de reconocimiento: Explicación de su propuesta de valor personal que debe encajar con la de su formación política pero con un perfil propio y singular.
  • Fase de enamoramiento: Si el público no ama a su representante, si no se produce una comunicación emocional, si el político no puede llegar al corazón de su gente se produce una seria disfunción que analizamos en el siguiente punto.
  • Fase de memorabilidad: Recordamos aquello que además de llegar a nuestro cerebro ocupa un lugar de nuestro corazón. Emociones y valores personales serán los que en definitiva permitan al político ser recordado.
  • Fase de intención de voto: Es la conclusión lógica de la memorabilidad, cuando alguien dice en las próximas elecciones yo le voto ha dado el paso casi deinitivo.
  • Fase de elección: Manteniendo viva la memoria del elector llegará el día de las votaciones y conseguirá los votos deseados.

¿La diferencia respecto al partido y el perfil propios son buenos o enredan todavía más las cosas? Es imprescindible para salir de la posición actual en la que no hay opinión propia y mucho menos disparidad de criterios en los temas fundamentales y para garantizar la transición de marca blanca a marca personal. Sólo las personas pueden devolver la ilusión a los ciudadanos.