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Los que hace tiempo que me seguís a través de este blog o el de Soymimarca, o a través de las redes sociales sabéis que tengo un pasado como directivo del que nunca he renunciado. Es por esto que cuando trato con directivos y ejecutivos sé de lo que hablo, porque he vivido sus mismos problemas durante muchos años y he tenido la posibilidad de encontrar soluciones, y hasta reinventarme, esto último por convicción que no por necesidad.

La vida de un directivo -y mucho más si es mujer- no es fácil, debemos luchar en muchos frentes: los que nos son propios, los que heredamos por las circunstancias o por el efecto ventilador y los que van apareciendo porque la vida está en constante cambio. Tenemos la obligación de estar siempre al día para permitir que nuestra empresa, y nuestro departamento, aporten el valor añadido que se les supone tanto para los clientes como para los accionistas. Y todo ello sabiendo que no tenemos nada asegurado, y que el puesto de trabajo está siempre a disposición de la empresa.

Ser directivo es apasionante porque es un reto constante y porque, lo que desde el personal branding llamamos el nuevo paradigma -que se resume en que se acabó el trabajo fijo para siempre y que a partir de ahora trabajaremos por proyectos-, lo estamos poniendo en la práctica desde hace por lo menos dos décadas. Los directivos tenemos la oportunidad de tomar muchas decisiones y ser nuestra propia sociedad dentro de la compañía.

A pesar de ello los directivos gozamos de poca credibilidad, si nos atenemos a los últimos barómetros de la empresa Edelman, y a pesar de la carga de responsabilidad y trabajo en el interior de las corporaciones, somos poco conocidos en el exterior. Es importante hacer algo para mejorar nuestra reputación y poder convertirnos en los mejores prescriptores de nuestra empresa y también en los nuestros, porque si no damos a conocer lo que sabemos, lo que aportamos y lo que podemos ofrecer, nadie lo va a hacer por nosotros.

[bctt tweet=”Es importante mejorar nuestra reputación y ser prescriptores de nuestra empresa”]

Estar en las redes sociales requiere tiempo, y quien diga lo contrario o no ha tenido nunca la presión de nuestro trabajo, y no sabe de lo que está hablando, o miente. Perdonad mi crudeza pero es así. Si a mi, en el momento más álgido de mi etapa anterior en la que viajaba entre tres y cinco días a la semana, me hubieran planteado tener una vida activa en redes sociales y mantener un blog o colaborar en el blog de la empresa, me lo hubiera pensado dos veces.

Pero las redes sociales son la plataforma que nos abre las puertas del mundo y la posibilidad de entrar en contacto con las personas que queramos y para irnos haciendo conocidos, reconocidos, recordados y elegidos cuando se produce una necesidad tanto por parte de nuestros clientes como de nuestra compañía y por lo tanto es una oportunidad que no podemos y que no debemos desperdiciar porque a medio  y hasta a corto plazo puede llegar a tener malas consecuencias para nuestro desarrollo profesional y para la empresa a la que representamos. Si no nos ven, no existiremos.

Ya son muchas las empresas que incentivan que sus directivos tengan una presencia en el exterior. Otras, no obstante, dependiendo de la actividad y el sector, tienen algunas limitaciones en este sentido con el temor de que se puedan generar polémicas que salpiquen la compañía, depende siempre de la actividad y del sector en están operando.

Tanto en un caso como en otro, podemos, y debemos estar presentes en el mundo online aceptando las restricciones como un reto.

De todos modos nadie nos va a ahorrar el tiempo que necesitemos para poder poner en práctica nuestra política de comunicación porque cuando tenemos un recurso limitado tenemos que ser conscientes de los usos alternativos que tiene para poder optimizarlo. Os propongo el siguiente plan de trabajo:

  1. Definir los pilares de vuestra marca personal. Identificar el foco y la manera de llevarlo a la práctica, la misión, y los valores que nos acompañan. Definir y explicar nuestro proyecto y como conecta con el de nuestra empresa.
  2. Trabajar un plan de comunicación dirigido a nuestra audiencia y a la de nuestra empresa y si es preciso consensuarlo internamente y si no es posible evitar cualquier situación de roce con la política de comunicación de nuestra compañía.
  3. Comunicar utilizando la ayuda profesional que sea necesaria para poner en práctica nuestro plan de comunicación y hacernos visibles. Si acudimos a profesionales para tareas cotidianas que si tuviéramos tiempo podríamos solucionar nosotros, tales como asistencia doméstica, reparaciones varias, representación legal o asistencia en temas fiscales, ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestra comunicación?

Si también desarrollas los dos primeros pasos del plan de trabajo acompañado por un profesional ahorrarás todavía más tiempo y conseguirás una mayor profundidad y eficacia en los resultados.

Yo puedo acompañarte, tengo las herramientas y la experiencia y se de lo que estoy hablando porque lo he vivido como tu.

Imagen @Rodney Smith