… Que autodeterminación no es hacer las cosas solo…

Que nadie quiere estar solo…

Que para no estar solo hay que dar…

Que para dar, debemos recibir antes…

Que para que nos den también hay que saber pedir…

Que saber pedir no es regalarse…

Que regalarse en definitiva no es quererse…

Fragmento de Desde los Afectos de Mario Benedetti

 

Una de las cosas que, en el pasado año, durante la pandemia y sus secuelas, se ha puesto en evidencia para muchas personas es que sin el esfuerzo y el compromiso colectivos los proyectos y las organizaciones no pueden tirar adelante.

Clientes que han conseguido no sólo sobrevivir a la crisis si no salir reforzados nos han explicado que, en los momentos iniciales de la pandemia, la llamada al compromiso de los equipos a vivir en la incertidumbre, a trabajar mano a mano sin mirar el reloj y a compartir los problemas y las soluciones a todos los niveles fue la piedra filosofal para convertir una muerte segura en un nuevo horizonte.

La respuesta colectiva positiva, la puesta en evidencia de que era posible un compromiso colectivo, nos ha enseñado que no era producto de la necesidad de mantener el puesto de trabajo o de la persuasión por parte de la dirección. En estas empresas había habido con mayor o menor intensidad un trabajo previo  con las personas para compartir el propósito y la propuesta de valor corporativos e individuales. Se hace difícil comprender que se pueda activar un compromiso colectivo sin la existencia de elementos en común que unan la empresa, encarnada en el equipo directivo, y las personas.

¿Cuáles son los elementos provocadores del compromiso colectivo? ¿Qué podemos hacer durante el año que se inicia para activarlos?

  1. Autodeterminación no es hacer las cosas sólo. Nos gusta hablar de independencia. Para muchos es la situación ideal y la asimilan a poder hacer lo que quieran, como quieran y cuando quieran. La independencia no es un fin en el crecimiento personal si no solo un eslabón de la cadena de la madurez. Es simplemente la salida de la fase de dependencia en la no sabemos actuar solos y necesitamos que alguien nos de la mano de manera constante. Cuando somos independientes ya no necesitamos esta mano y podemos apañárnoslas a solas.
    Cuando somos capaces de ver que hacer las cosas solos no es la panacea, que los proyectos avanzan sumando competencias y que algunas no las tenemos ni se espera que las tengamos, en este momento podemos encerrarnos en nuestro caparazón mantenernos en lo que sabemos hacer o abrirnos, abrazar a los demás y compartir nuestras  habilidades. Y así nos enganchamos al siguiente eslabón de la cadena de la madurez, la interdependencia. Autodeterminación es interdependencia, es no hacer las cosas solo.
  1. La solución está con los demás. Las soluciones nunca vienen solas. Por brillante que uno sea nunca puede soportar todo el peso de una solución. Sin la ayuda de los demás las soluciones no acaban por ser mejores ni simplemente buenas, son soluciones a medias. Las empresas que según nuestros datos se han reforzado en tiempos de pandemia y confinamiento son las que han podido contar con la colaboración incondicional de las personas que las forman. Los equipos directivos han sido catalizadores de las soluciones. Con  la ayuda de los demás no hay problema que se resista pero si ella los abordajes nunca son completos. 
  2. Sin las personas adecuadas, el remedio es peor que la enfermedad. Es inútil intentar iniciar un camino de compromiso con aquellos que no compartes tus principìos básicos. No estamos llamados a entendernos con todas las personas. Ser selectivos al buscar alianzas no es una estrategia de supervivencia si no un acto de lucidez. No sirven ni el buenismo ni la abnegación, decir no cuando conviene y dar un paso al lado para seguir caminando nunca es un fracaso, todo lo contrario, es asegurar que la marcha será sostenida y que se superarán los escollos que vayan apareciendo.
  3. Compartir y conocerse empiezan por c. Si no sabemos lo que queremos será muy complicado poder trabajar mano a mano con otras personas. Para poder ser interdependientes es necesario que tengamos definido nuestro cuaderno de ruta. Dicho de otro modo, sin proyecto personal no hay posibilidad de seducir a nadie para que nos acompañe y tampoco podremos apuntarnos a una iniciativa ajena con garantías de continuidad.  La interdependencia es producto o consecuencia del autoconocimiento.
  4. Proporcionar valor es más potente de los imanes. Interesamos a los demás por lo que podamos aportarles. Sin valor no hay amor. El contigo a pan y cebolla sólo vale para los fotogramas finales de algunas películas. En la vida real para recibir tenemos que aportar valor. Las relaciones a todos los niveles fracasan cuando no hay una aportación compartida de valor. No valen las buenas palabras cuando se quedan en palabras, no valen los deseos si detrás no hay un plan para convertirlos en realidad. Los demás nos seguirán y nosotros subiremos a un carro si detrás hay un proyecto que proporcione valor.
  5. Quien no pide, no recibe. Estoy seguro que todos tenemos alguna experiencia de que cuando hemos pedido algo, cuando hemos sido  capaces de pedir, hemos recibido ayudas que nunca hubiéramos sospechado. Para poder recibir hemos de saber pedir. Pedir es un arte y requiere un alto nivel de autoconocimiento, otra vez el autoconocimiento. Para pedir de manera eficiente hemos de haber reflexionado previamente y visualizado la solución. Sin esto, pedir se convierte en mendigar, en ponerse en manos de la caridad ajena, cuando en realidad es un acto de compartir expectativas que no podemos abordar solos.
  6. Reconocerse vulnerable es un plus. Venimos de tiempos de soberbia, de querer ser autosuficientes, de menospreciar la vulnerabilidad por considerarla un signo de debilidad. Si no somos capaces de asumir que somos vulnerables y que necesitamos el cobijo, el acompañamiento y la ayuda de los demás nos costará mucho encontrar alianzas duraderas. Los tiempos de pandemia que vivimos son una de las muchas muestras de nuestra vulnerabilidad individual, social y por supuesto empresarial. De un plumazo, de la noche al día, todo se puede desmoronar como un castillo de naipes. Y para reconstruirlo se necesita tiempo, manos y humildad para buscarlas.
  7. En un yermo no salen flores. Para que florezca la colaboración de los demás es necesario crear los entornos adecuados para que fluya la comunicación, sean posibles las alianzas interpersonales, se permita el compartir las emociones sin vergüenza y se fomente la creatividad. Sin ellos seguiremos viviendo en un barbecho permanente.

 Hasta aquí nada nuevo ni que no haya sido dicho en otras ocasiones y foros. Pero lo que realmente marcará tendencia es redescubrir que si lo bueno y conocido no se pone en práctica estamos perdiendo una oportunidad de oro.

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