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“En cualquier lugar en que estuvieran recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera.”

De Cien Años de Soledad (Gabriel García Márquez)

No se si entre todos somos del todo conscientes de que estamos haciendo historia. Todos los siglos tienen sus momentos clave y la pandemia del coronavirus es, sin duda, uno de ellos. Porque afecta a todo el mundo, porque golpea a occidente y es imposible banalizar todavía como se ha hecho con la enorme cantidad de muertos en Próximo Oriente o en África o cuando se hablaba del ebola. Lo que pilla lejos, lo que se ve y se repite y se consume, se acaba banalizando, incorporando al día a día y te acabas quedando tan ancho. De esta saldremos, está claro, hasta el presente la humanidad ha acabado por salir de todas las situaciones difíciles que se le han planteado pero lo importante es que la salida no represente un claro retroceso económico, social y organizativo.

Tiempo de compartir

El silencio no siempre juega a favor. Callar puede ser prudente, tanto que puede hacer que te olviden. Estos días de retiro observo muchas llamadas a la prudencia y también al silencio que en realidad son una coartada de la falta de compromiso o de la tibieza. Una cosa es no poner palos en las ruedas a los intentos de salir de esta situación difícil que estamos viviendo y otra muy diferente no opinar y no expresar y compartir las emociones. Y sigo observando demasiados silencios o excesivas llamadas a la prudencia y esto me asusta sobre todo cuando pienso en el futuro que me niego a construirlo callado.

Este confinamiento no es lineal, tengo momentos de todo tipo algunos de ellos muy optimistas y otros menos. Compartamos emociones experimentadas a ver si coincidimos:

  • Miedo. Yo he sentido miedo. Un miedo personal, el temor de infectarme con el virus de marras, que de momento no se ha materializado. Un miedo familiar, a dejar colgada mi familia, a que se infecten. Miedo social, porque se plantean muchas incógnitas sobre cómo hacer frente a la situación como sociedad y por no saber que precio tendrá la salida ni quién lo pagará. Miedo a mantener los ingresos, miedo al propio miedo cuando se convierte en temor irracional. A no saber responder adecuadamente.
  • Tristeza. Por el dolor ajeno, por las noticias que me van llegando por todos los medios sobre amigos y conocidos enfermos o que han perdido a alguien cercano. Por la injusticia que sigue golpeando a los más débiles que no tienen ni los medios ni los recursos personales para hacer frente a la situación. Por los maltratos domésticos que van en aumento. Por la insolidaridad que se filtra en declaraciones públicas. Por sentirme tantas veces impotente.
  • Rabia. Cuando veo un trato no equitativo en las respuestas y se da más valor a las cosas que a las personas pervirtiendo el concepto de bien común. Al observar tan poca solidaridad por parte de algunos agentes internacionales que siguen pensando que este país vive de la fiesta y el despilfarro. Cuando la palabra unidad significa uniformidad y no optimiza los recursos escasos de los que se dispone. Por el oportunismo, que antepone el interés por seguir marcando paquete electoral a la colaboración en la solución de la crisis sanitaria y que crea estados de opinión manipulados, ya habrá tiempo de rendir y exigir cuentas.
  • Alegría. El confinamiento me ha dado la oportunidad de disfrutar de mi familia a tiempo completo, compartiendo techo de manera permanente, con tres adolescentes, sin que se haya convertido en un infierno. Por la respuesta de mi universidad, Blanquerna, por haber puesto los recursos necesarios para poder mantener la docencia on line y también por el compromiso de los estudiantes que asisten a todas las clases. Cuando cada día a las ocho de la noche salimos a aplaudir agradeciendo a todos los que hacen posible que la vida continúe el trabajo realizado.
  • Esperanza. Porque se está iniciando una nueva etapa en la que tendré y tendremos que seguir inventando. Una esperanza realista, no basada en una fe ciega, si no en la certeza de que se abren muchas oportunidades que sabré y sabremos interpretar y darles respuesta. 

Estamos a la mitad de un proceso en el que todavía hay muchos interrogantes abiertos y que debe acabar lo mejor posible para todos.

Tiempo de espera

Estamos a la mitad de un proceso en el que todavía hay muchos interrogantes abiertos y que debe acabar lo mejor posible para todos. Es un momento en el que las actitudes individuales cuentan mucho y sumadas se convierten en fuerza colectiva. Los tiempos de espera ponen a prueba la marca personal, soy muy consciente que la huella que dejaré dependerá de mis actitudes y que esconder la cabeza debajo del ala restará. Hacer como si no pasara nada, como si el futuro no fuera imperfecto, continuar con el mismo discurso o simplemente callar son signos de inacción. El tiempo de espera requiere coraje para abrirse a lo desconocido y atreverse a convivir y manejar la incertidumbre.

Me identifico con las actitudes que mantienen las puertas abiertas y las miradas limpias de ira y de temor. Identifiquemos algunas:

  • Espíritu crítico. Los comentarios vuelan y más los malintencionados y las fake news. La llamada a las emociones más que a los hechos comprobados es el pan de cada día y en tiempos de coronavirus se multiplican. Estamos en tiempos de prisas, seguimos queriendo respuestas inmediatas y esto no siempre es posible. Vemos que se indignan aquellos que sin responsabilidad ejecutiva aprovechan la rendija del error para sembrar el desconcierto e intentar recoger votos al final del túnel. Nos rendirán cuentas en su momento, pero con toda la información encima de la mesa. De momento tomar con pinzas las informaciones, mirarlas al trasluz y ver si tienen manchas interesadas. ¿Puede que tenga algo que ver que la falta de material con los recortes en sanidad? ¿Puede tener alguna relación la situación boyante de Holanda con el dumping fiscal?
  • Memoria. Guardar las informaciones en el disco duro y no borrarlas es una actitud de responsabilidad. No todo vale, ni tenemos por qué tragar con todo. Una cosa es responsabilidad y sentido crítico y otra ser bobo. Mantener la memoria en alerta, anotar aquello que hemos considerado en algún momento como intolerable y ponerlo en evidencia cuando toque. Salir vivos de esta no quiere decir perdonarlo todo a todos, a los que no han llegado a la altura que se suponía y a los que han puesto piedras en el camino o sembrado cizaña. 
  • Responsabilidad. Parte de la solución depende de cada cual. Pretender que desde arriba o desde fuera venga la salvación sin mover ficha por nuestra parte es infantil. Cumplir con lo que se espera de cada uno de nosotros es imprescindible para llegar hasta el final en el mejor estado posible. Esta actitud también incluye el no dar pábulo a todo lo que se cuenta, como ya hemos visto, y no crear más tensión que la que ya estamos soportando. Y esto vale para casa, la comunidad de vecinos, la farmacia y por dónde nos tengamos que mover.
  • Confianza. Confiar no es dar un cheque en blanco. En un momento complejo como el que vivimos en el que nos estamos enfrentando a un fenómeno parcialmente conocido y muy desconocido en sus inicios, es casi imposible que no se cometan errores. Y los errores tienen costes que pueden ser muy dolorosos pero que no invalidan la capacidad de quienes gestionan. Estamos en manos expertas que van aprendiendo conforme avanza la situación y en manos de políticos que intentan que la situación no se les escape de las manos y que tiene que tomar decisiones que no gustan a todos. ¿Es creíble que todo se haga mal i a propósito?
  • Agradecimiento. Mantener la cotidianidad, tener la nevera llena o poder ser atendido en el hospital depende de personas concretas que se juegan literalmente la piel para hacerlo posible. Vale la pena mostrar nuestro agradecimiento. Y también dar gracias por haber llegado hasta aquí y estarlo contando.

Compartir y esperar. Para salir lo menos perjudicados posibles porque estamos en tiempo de supervivencia y a lo lejos llega el tiempo de reorganizar la vida. Y por esto estamos haciendo historia.