Lo que es importante para ti también puede serlo para otras personas. Algo tan básico que por serlo no lo conviertes en norma de comportamiento. ¿Cuántas veces te sigue dando vergüenza dar a conocer lo que piensas? ¿Cuántas veces sientes un escalofrío cuando estás a punto de mostrar tu alma? ¿Cuántas veces has roto una página o borrado un párrafo porque era demasiado personal?

Si no compartes lo que piensas, lo que te gusta, aquello que te emociona o lo que te hace enfadar, si no pones una parte de ti al descubierto, seguirás siendo uno de más, un perfecto desconocido.

El contenido seguirá siendo tendencia como elemento aglutinador de tu marca personal tal como anunciaba el artículo de apertura del año.

¿De qué hablo cuando hablo de contenido?

Que Murakami me perdone por tener la osadía de robarle el título, pero la carne es débil. Contenido es todo aquello que compartes con tu público, sea de creación propia o de otros, sean palabras, sonidos o imágenes. Si quieres que los demás te conozcan debes enseñar algo de tu intimidad, algo que sea tuyo y solamente tuyo, que te haya hecho estremecer en alguna ocasión, iluminado en momentos de oscuridad o hecho reír a pierna suelta.

La primera regla para compartir contenido es que sea relevante para ti. Si lo has creado tu no hay lugar a dudas y si lo pides prestado es necesario que explique por qué lo estas compartiendo.

¿Compartir material de otros es copiar?

Copiar o plagiar es atribuirse la creación de algo que ha hecho otra persona. Compartir algo citando la autoría nuca es copia o plagio. Si yo comparto un poema de un autor conocido y cito no sólo su nombre si no el título y la obra en que se inscribe te estoy aportando una parte de mi conocimiento que puede enriquecerte. Lo mismo que si comparto un artículo sobre las consecuencias del trabajo on line en la organización futura del trabajo que he encontrado en el blog de una consultoría, al hacerlo te estoy acercando mis focos de interés y proporcionándote un conocimiento que te podría haber pasado por alto.

Los curadores de contenido son personas especializadas en un área del conocimiento que buscan información sobre lo que se está produciendo para recopilarlo y difundirlo.

¿Qué es mejor compartir contenido propio o ajeno?

No todas las personas tienen el don, la capacidad o la valentía para estar creando permanentemente contenido. A veces para que la reflexión sobre algo florezca es necesario invertir mucho tiempo, otras no nos atrevemos a decir lo que pensamos por mil motivos y en bastantes porque alguien se nos ha adelantado y nos ofrece una visión que compartimos.

No hay ninguna fórmula mágica y el dime con quien andas y te diré quien eres funciona.  Tanto si el contenido es propio como ajeno estás dando a conocer una parte de ti y estás aportando conocimiento a los demás. Procura no caer en la trampa de la parálisis por el análisis.

Pero ¿si no creo contenido propio acabaré siendo víctima del síndrome del “déjà vu”?

Muchos autores se basan en la difusión transversal de contenidos ajenos. Partiendo de las investigaciones y pensamientos de otros sacan sus propias conclusiones. Otros se limitan simplemente a difundir aquello que les interesa para ponerlo a disposición de los demás de manera ordenada. Y otros crean contenido propio partiendo de cero, los menos. Las tres formas de difusión del conocimiento son válidas y no desmerecen en modo alguno a quienes las practican. Históricamente ha habido muy buenos docentes y profesionales que nunca han realizado un trabajo de investigación y que han dedicado sus vidas a explicar o a poner en la práctica lo que otros han desarrollado o creado.

Escribió el poeta Evgeniy Evtushenko en su poema Gente que No existen hombres poco interesantes/ sus destinos son como historias de planetas. / Cada uno es único, solo, él solo/ no hay nadie más que se le parezca… Punto de vista que comparto y te inmuniza contra el síndrome del déjà vu porque si lo que escribes, compartes o recompones te sale del corazón nuca será igual a lo que haya dicho otro.

Es por esto por lo que cuando compartas algo que no sea tuyo debes explicar el por qué lo haces, Qué es lo que hace un texto, una imagen o un sonido interesante desde tu punto de vista y por qué crees que puede serlo para los que te estén leyendo.

Y, por favor, no te creas a aquellos que te intentan vender que la distinción se basa sólo en la diferencia por la diferencia. Muchas veces redescubrimos lo déjà vu con sorpresa y lo acabamos reincorporando como si fuera novedad. Mirar atrás para ver lo que se ha hecho y cómo hemos avanzado en determinados temas forma parte del proceso de aprendizaje y sólo si la práctica u otros avances lo han invalidado pasa a ser obsoleto. Quien te habla sólo de promocionar lo que es nuevo probablemente vaya mal leído.

¿Debo compartir lo que me gusta o lo que creo que va a gustar a los demás?

Me decía un inversor en arte que lo primero que el hacía antes de pensar en si la obra sería una buena inversión era ver si le gustaba. Nunca invertía en aquello que no le gustase.

Lo mismo aplica para los contenidos, no compartas nunca algo que no te guste. 

Pero como tu no estás solo en el mundo y quieres que los demás lean lo que compartes también debes pensar en lo que les interesa y en la manera de hacer interesante para ellos lo que lo es para ti.

Dirígete siempre a tu público, a aquellas personas que has identificado como tu audiencia y a las que te quieres dirigir. Trabaja tu estilo para que sea lo más próximo y comprensible para este público y explica en tus comentarios porque crees que puede interesarles. Explica a tus lectores cual es la propuesta de valor que estás ofreciendo al compartir.

¿Y si no tengo tiempo para buscar contenido sobre los que trabajar?

Condición necesaria para poder compartir contenido es estar atento a lo que pasa. Si no lees ni escuchas lo tienes complicado. Pero si vas estando atento lo que pasa por el mundo la tecnología puede ayudarte a recopilar contenido para que no se te pierda en la inmensidad.  Hay un artículo de Claudio Inacio que te ayudará a encontrar las herramientas que necesites para tener siempre contenido fresco y a punto.

Ahora ya no tienes excusas.

No olvides nunca que compartir es proporcionar valor a tu audiencia Hablar por hablar, vacilar y no aportar te penaliza.  Si después de haber leído este artículo crees que no tienes nada que explicar plantéate callar, por tu bien y el de todos.

¿Por dónde empezar?

Si te he animado a compartir contenidos te recomiendo que no demores tus buenos propósitos. Aplica la regla del producto mínimo viable y comienza por poco, compartiendo contenido ajeno que previamente habrás seleccionado, iníciate en el uso de las herramientas para guardar y recibir información. Y conforme veas como responde tu audiencia podrás ir aumentando, centrarte en determinados tipos de contenido e ir entrando en el mundo de la creación que te encantará. Y si no quieres hacerlo en solitario cuenta conmigo para darte el empujón inicial.