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Creo en la honradez de las personas y creo en la fuerza de la unión. Si todos luchamos para conseguir que Alameda tenga un futuro, lo tendrá. Yo he visto la tremenda fuerza que tiene un pueblo cuando se une por un objetivo común. No hay quien lo pare.

De Los Cuatro Escalones de Jordi Collell en Profit Editorial

Para viajar no es suficiente con tener un mapa o un plano, porque ambos no son más que la representación a escala de un territorio. Necesito saber a dónde quiero ir en concreto y cómo puedo llegar hasta allí. Recuerdo que una vez, saliendo de la estación de Atocha, fijé en Google Maps la dirección a la que me dirigía, memoricé el sentido en que debía moverme y al cabo de un rato me di cuenta de que estaba justo en la zona opuesta a la que debiera haber llegado. Hacía frío, medio lloviznaba y mi enfado fue importante. Teniendo un destino concreto había fijado un rumbo inadecuado.

La situación anterior no hubiera sucedido de haberme fijado en la brújula que lleva la aplicación o de haber ido cotejando con la pantalla si mi posición coincidía con la esperada. Cosas de la vida, que de vez en cuando, pasan en las mejores familias.

Durante muchos años de mi vida profesional en los que coseché éxitos notables, tenía muy claros qué objetivos quería conseguir. Algunos los fijaba yo, los menos, y otros me venían dados, los más. El denominador común en ambas situaciones es que yo estaba en el camino y se esperaba que siguiera andando sin parar hasta llegar a otro punto final para seguir hasta otro punto en una carrera sin fin. Llegaba a sitios concretos, pero nunca tenía claro si eran o no, los sitios a los que yo quería llegar. Iba sin brújula y acertar la meta era, en parte, gracias al azar.

A lo largo del tiempo me he dado cuenta de que ir en una deriva más o menos permanente es algo habitual, tanto como cuando en la playa uno se deja mecer por el vaivén de las olas, se duerme y acaba a varias millas de su punto de origen. Sentirse un impostor en el propio camino es mucho más frecuente de lo que parece, y es generador de tensión interior y de estrés.

Para tomar el control del rumbo de la vida necesitas tener un propósito, un sueño que te ayude a decidir cuáles son los verdaderos objetivos y que a modo de brújula te vaya indicando si el sentido es el correcto. Sin propósito acaba reinando el caos.

Martín, nuestro personaje de Los Cuatro Escalones, logró verbalizar su propósito, su creencia en las personas y en su unión, lo explicó y logró unir a todos los que lo compartían para vencer al caos. El mío tiene que ver con la igualdad de oportunidades y el poder de las personas. Son mis dos creencias fundamentales y todo lo que me aleja de ellas me indica que voy en sentido equivocado, como aquella fría mañana en Atocha.

Te invito a que te dejes acompañar por Martin en la lucha contra el caos. Su camino es una historia de marca personal, de alegría y dolor, de amor y de superación, como la tuya y como la mía para que puedas aprender a dejar marca de manera práctica y en cuatro pasos. “Los Cuatro Escalones. Sube a la cima de tu marca personal”: https://www.profiteditorial.com/libro/los-cuatro-escalones/