Una tarde de domingo de final de primavera, aprovechando un momento en que estábamos los dos solos en el comedor, mi padre, ya anciano, me hizo un comentario inusual en él. 

Siempre fue una persona reservada, era difícil saber lo que pensaba y cuando se expresaba lo hacía a través de las manualidades. Su silencio se convertía en creatividad y en un mensaje que cada cual interpretaba a su manera.

Aquella tarde yo estaba sentado en el suelo y él en su sillón habitual. Estábamos hojeando un álbum familiar. En un momento dado me puso la mano en el hombro y me pregunto si recordaba una vez que fuimos a visitar un museo cuando yo debía de tener ocho o nueve años. Claro que me acordaba, era una de las pocas veces que había ido con él a solas y así se lo dije. ¿Sabes lo que más lamento de mi vida?, me dijo. Yo me lo miré con sorpresa, pero no me dejo responder. Lo que más lamento es no haber repetido visitas como ésta, hemos estado juntos muy poco tiempo, siempre estuve trabajando. Si viviera de nuevo lo haría todo al revés, ahora ya es demasiado tarde, no me queda tiempo.

Un par de semanas más tarde, el último día del mes de junio, murió.

Esta experiencia personal viene a cuento porque hace unos días encontré unas notas personales a propósito de un libro que escribió Bronnie Ware hace ya unos cuantos años. Se titulaba Top Five Regrets of the Dying:A Life transformed by the Dearly Departing, que se tradujo al castellano como  “Los cinco mandamientos para tener una vida plena”. 

Bronnie Ware es una enfermera australiana que trabajaba con enfermos terminales lo que le permitió conocer y analizar como se comportan muchas personas al final de su vida. En este libro Bronnie explica que cuando los pacientes terminales ven que el final se acerca, muchos de ellos lamentan no haber hecho determinadas cosas cuando era posible. Y lo resumió en cinco principios:

  1. “Quisiera haber hecho lo que quería y no lo que otros querían que hiciera” Según la autora es el reproche más frecuente. Es doloroso darse cuenta al final de la vida que se ha vivido en función de las expectativas de los demás y no de los deseos propios. Salvar las apariencias, no querer defraudar y no haberse escuchado más está en la base de este lamento que también se explica a través de no atreverse a desafiar el statu quo.
  2. “Ojalá no hubiera trabajado tanto” ¿De que me ha servido trabajar tanto? ¿De que me sirven los éxitos y dinero acumulados si no he atendido a las personas que amaba? Seguro que esto a la mayoría no le suena a demasiado extraño.
  3. “No haber tenido la valentía de expresar mis sentimientos” El miedo a lo que los demás puedan pensar o el temor a herir susceptibilidades pueden frenar la libre expresión de los sentimientos y al final acaba pasando factura en forma de lamento por no haber tenido una existencia más plena, con mayor calor humano.
  4. “No haber dedicado tiempo a los amigos” Una vez más la sensación de haber invertido poco tiempo en las personas queridas al estar encerrados en nuestro caparazón.
  5. “No haberme permitido ser más feliz” Aquí se refiere a la sensación de haber vivido de cara a la galería pensando más en el futuro que en el presente. En tener la mente fijada más en los objetivos que en las cosas cotidianas, los regalos del día a día. La felicidad es la capacidad de vivir el momento presente, de tener los pies arraigados en el ahora y no en el mañana o el ayer.

Releer las notas del libro me hizo revivir la que fue la última conversación con mi padre.

Vivir desde la consciencia para evitar el lamento y dejar marca.

El mensaje terminal es uno de los ejercicios que se hacen a menudo en los sesiones de autoconocimiento. Se trata de responder a la pregunta de ¿cómo querrías que te recordaran los asistentes a tu funeral? No siempre es un ejercicio útil ya que sólo sirve para remover consciencias y generar ansiedad si no va acompañado de un manual de cómo utilizar los años que quedan de vida hasta el momento del sepelio. 

Liderar la vida desde la consciencia puede ayudar a reconstruir el camino para que cuando el final se acerque los lamentos sean menos intensos. Si eres capaz de liderar tu vida desde la consciencia podrás influir en los demás y serás recordado. El liderazgo comienza por uno mismo. 

Los principios del liderazgo consciente son de hecho una manera de enfocar la vida que permite llegar a un estado de mayor plenitud y constituye una propuesta de trabajo para que los deseos no se queden en palabras.

Veamos de qué estamos hablando:

  1. Autoconocimiento: Es un trabajo permanente, un life long work, que requiere un compromiso con uno mismo. Se trata de conocer las propis grandezas y aptitudes, así como las propias sombras y creencias limitantes. Es un trabajo iterativo, de avanzar a trompicones a través de la prueba y el error, porque las personas somos contradictorias por naturaleza y esto nos permite sanarnos, reinventarnos y corregirnos.
  2. Propósito: El propósito responde al ¿por qué estamos aquí? Es situacional y nos posiciona frente al mundo y a las personas. Nunca es utilitarista. Se resume en aquello en lo que creemos y hacia lo que queremos avanzar.
    Yo creo en la igualdad de oportunidades y en el poder de las personas y por esto mi propuesta de valor es ayudar a personas y empresas a ser conocidas, reconocidas, memorables y elegidas para que puedan materializar su propósito. Con esta guía puedo avanzar con menores riesgos de errar el rumbo y de llegar al puerto sin lamentaciones.
  1. Independencia: Se trata de desafiar el statu quo siempre que se presente la ocasión, como Apple en sus inicios. Implica a veces nadar a contracorriente y seguir el camino que indica el propósito y el corazón. A veces cuesta e implica dejar atrás empresas y personas, pero no se puede contentar a todo el mundo. He tomado decisiones en mi vida que me han apartado de algunos que creía amigos hasta aquel momento. Y visto con perspectiva no lo lamento.
  2. Competencias basadas en principios: Estar orientado a la ética y no a la competitividad y esta visión aleja del comportamiento egoico. Ser héroe es ser fiel a los propios principios y no a los que vienen impuesto por el momento o las conveniencias sociales. Ser capaz de decir no y cortar relaciones malsanas es heroico.
  3. Ser gestor de emociones: Practicar la inteligencia emocional conociendo y gestionando las emociones propias y las ajenas a través de la empatía, escuchando activamente, manteniendo relaciones con asertividad y teniendo consciencia social.
  4. Circularidad: Ser capaz de trabajar y compartir en grupo de modo que e éxito propio también lo sea de los demás. Y esto aplicado a todos los ámbitos y roles: familia, ocio, grupos sociales, empresas y sociedad, guiando e inspirando.
  5. Responsabilidad: Cada cual es responsable de sus acciones. Culpar a los demás o a las circunstancias solo sirve para desviar la atención y eludir el necesario aprendizaje a partir del error. Ser responsable es asumir cualquier circunstancia la vida nos imponga.

Si somos recordados como personas que hemos liderado desde la consciencia habremos conseguido dos objetivos evitar los lamentos finales y dejar huella.