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Cuanto más abiertos estemos a nuestros propios sentimientos, mejor podremos leer los de los demás. (Daniel Goleman)

Se consideraba una persona con temple. Había soportado situaciones y tragos que hubieran echado para atrás a la mayoría, nunca se había arrugado y siempre conseguía salir indemne. La llamaban la resiliente y escuchaba con estupor como sonaba con sorna esta palabra a sus espaldas cuando pasaba cerca de algún corrillo o en la máquina del café, le daba igual y seguía su camino. 

Si todo esto era cierto, se decía a si misma, no entendía como la reunión de hoy se le presentaba tan difícil. Tenía que tener una charla con sus dos colaboradoras y no sabía por dónde empezar. No sabía nada de ellas y nunca se había molestado en saberlo, de hecho, tenía una fundada sospecha que ella tampoco se conocía…

Del Libro de la Conciencia Perdida

Cuando uno de tus hijos se transforma en un adolescente lo que más rápidamente llama la atención son los bruscos cambios de ánimo y comportamiento que experimentan. El paso de la alegría al mas furibundo de los enojos te causa sorpresa, perplejidad y enfado, más o menos por este orden y muy a pesar de haber sido informada de antemano por multitud de notas, artículos y comentarios bien y mal intencionados. La memoria es selectiva y te resulta imposible darte cuenta de que un día más o menos lejano tú también obraste de manera muy similar. Aunque te parezca mentira.

En la vida de cada día, en el trabajo, con los amigos o en cualquier circunstancia los altibajos de los que te rodean resultan incómodos y difíciles de gestionar.

Y lo mismo sucede si eres tú los quien experimenta cambios en el comportamiento. Sientes idéntica incomodidad y dificultad de manejo.

Si tu no te comprendes cómo vas a comprender a los demás

Aunque parezca una verdad de Perogrullo es algo que olvidas con demasiada frecuencia. El día a día es muy goloso y devora el tiempo que ni te enteras. Eres buena gestionando lo escaso, pero por el camino siempre acabas asumiendo el coste de oportunidad que representa dejar de cuidarte. Y posiblemente vistes adecuadamente para tus gustos, y según las ocasiones, cuidas tu piel y tu pelo, eres un poco menos exigente respecto a la comida y te olvidas cuando se trata de hablar contigo, preguntarte cómo estás y saber lo qué te pasa.

Y cuando llega el momento de estar con alguien más no sabes por dónde empezar o te aprendes un guion en forma de preguntas para surfear la situación de la manera menos comprometida posible. Si la persona de contacto es afín, divertida y poco problemática la cosa funciona con facilidad, pero si es díscola, huraña, incómoda y encima tiene problemas, el estrés asoma su cabeza. Las buenas intenciones iniciales se tornan en hastío, con la que me está cayendo a mi y siempre me toca aguantar a alguien, dices con resignación, o quizás te implicas mucho más de la cuenta para no tener que identificar esto que te está pasando.

Si no te comprendes, te encuentras perdida.

Sentimientos y emociones, el meollo de la cuestión

Las emociones son respuestas automáticas, incontrolables, que da tu cuerpo a determinadas situaciones internas o externas, tiene que ver con la experiencia propia o adquirida. Ves una rata y sientes miedo, recuerdas al abuelo y te llenas de tristeza.

Los sentimientos son emociones refinadas, como el aceite de freír. Son estados de ánimo que tienen su origen en una emoción que luego pasas por el tamiz de tu mente.

Tu novio te hace una pregunta mientras estás escuchando tu música preferida y le envías a tomar viento porque sientes ira, estás viviendo una emoción. Pasado un rato piensas y llegas a la conclusión que no había para tanto, que te pasaste y te sientes culpable de haberle gritado, estás experimentando un sentimiento. Donde hay una emoción también hay un sentimiento.

Cuando no entiendes lo que te pasa y te crees que el mundo, con tu novio incluido, están en contra tuyo y tú eres una víctima es cuando empieza a liarse el asunto.

Ponle nombre a tus emociones

Vamos a hacer un recordatorio de cuales son estas respuestas automáticas para poderlas identificar cuando las experimentes.

Los expertos dicen que son seis las emociones básicas: tristeza, felicidad, sorpresa, miedo, ira y asco. Las emociones pueden generar más emociones que llamamos secundarias. Si te tiro una serpiente o una rata sentirás miedo primero y luego ira hacia mi por haber sido tan gamberro.

Cuanto una emoción te hace sentir bien la llamamos positiva y por el contrario si te hace sentir mal será negativa. A algunos no les gusta hablar de positivo o negativo, pero en el campo emocional, pero es más fácil de entender.

La próxima vez que te llegue una carta de hacienda ya sabes que nombre poner a las emociones que experimentarás.

Tu conciencia emocional: como desarrollarla

Si eres capaz de reconocer tus emociones tendrás conciencia emocional. Es algo tan evidente que se hace complicado ponerlo en práctica. Ya has visto que te cuesta mirarte hacia dentro, todo lo que va más allá del espejo acaba siendo tierra ignota y a veces da miedo adentrarse en ella por lo que pueda suceder.

También forma parte de tu conciencia emocional el saber identificar las emociones de los demás para entenderlas y para poder comprender su manera de actuar.

Pero si no te enteras de lo que te pasa será complicado que puedas entender a los demás.

Y, ¿ahora qué?

Si quieres desarrollar o mejorar tu conciencia emocional te cuento lo que a mi me ha sido de utilidad, no pretendo pontificar si no compartir contigo.

  1. Toma regularmente tiempo para estar contigo. Nadie te puede sustituir en este cometido, es indelegable. Busca algunos momentos de tranquilidad, pasea por donde puedas sin más compañía que tu sombra y mírate.
  2. Hazte preguntas. Intenta averiguar lo que te pasa, revisa tus reacciones, identifica lo que te hace o te ha hecho feliz, lo que te pone triste, lo que no te gusta. Intenta comprender lo que te pasa.
  3. Ponle nombre. Tristeza, alegría, odio, enfado, felicidad, miedo…pon nombre a cada situación. Identifica tus emociones y podrás entenderlas. A veces resulta molesto saber que te has enfadado o sorprendido o que estás contenta en un contexto que no toca estarlo, pero si no lo puedes explicar, no podrás gestionarlo.
  4. Analiza las respuestas que has dado. ¿Te sientes cómoda? ¿puedes cambiarlo en el futuro? ¿Te puedes disculpar ¿Lo podías celebrar y no lo has hecho? Ta ayudará a canalizar tus reacciones y vivir más cómodamente.
  5. Piensa en los demás. Intenta identificar las emociones ajenas. Analiza como influyes en sus emociones. Ponte en su lugar y obsérvales con otra mirada, sin ser reactiva, contemplando, con amor.

Si cuidas tu conciencia emocional podrás vivir tus emociones sin restricciones.