“El sol caía como un globo rojo por detrás de las montañas. Un viento suave acariciaba el pelo de Marta que sumida en sus pensamientos apenas notaba el penetrante olor a tomillo. Las vacaciones estaban resultando mejores de lo esperado, había conseguido conectar consigo misma y empezaba a ver claro dentro del laberinto físico y emocional en el se había metido durante los últimos años. Ahora era capaz de visualizar el mapa de su vida y el camino a seguir. Se acababan las intuiciones, el ir improvisando y los brindis al sol, tenía las certezas a tocar de su mano y no quería desaprovechar la ocasión. Se sentía plena, contenta, feliz.

Al llegar a la ciudad se pondría manos a la obra de inmediato, no tenía tiempo que perder y ya estaba harta de procrastinar las cosas importantes. Rompería con todas aquellas ataduras que la tenían sometida y empezaría una vida nueva. En realidad, tampoco era la primera vez que se reinventaba. Las crisis la habían obligado a repensar su actuación profesional para adaptarse a las nuevas exigencias de la realidad y no lo había hecho del todo mal, pensaba. Pero esta vez quería que fuera diferente, quería un cambio radical que le permitiera fijar el rumbo de los próximos años, posiblemente los últimos de su larga carrera profesional…”

Apuntes para un diario de la vida, fragmento inédito y apócrifo.

Los finales de vacaciones, así como los de cada año suelen ser momentos de tomas de decisiones importantes. Seguramente el caso de Marta no te resulte muy disonante, es posible que estés en la misma línea de pensamiento o que lo hayas estado alguna vez en tu vida. Hay momentos y situaciones que abran las puertas a nuevas etapas catalizando, como auténticos aceleradores, todos los pensamientos y emociones que habían aparecido en los últimos tiempos. De repente ¡zas!, aparece un haz de luz que permite ver allí donde antes sólo había oscuridad y todo parece extremadamente fácil y evidente.

Pero ¿es todo tan sencillo y evidente? ¿ver la luz es estar al final del túnel?  El mapa permite ver el territorio en perspectiva, pero para dirigirse de un punto a otro se necesita fijar una ruta y preguntarse cuáles van a ser los obstáculos a los que tendrás que hacer frente para estar preparada.

Carl Gustav Jung dijo que “las grandes decisiones de la vida humana tienen como regla general mucho más que ver con los instintos y otros misteriosos factores inconscientes que con la voluntad consciente y el sentido de razonabilidad” pero ¿es posible andar con pasos más seguros para asegurar el éxito sin caer en la parálisis por el análisis? ¿qué puedes hacer con la carga emocional que rodea a las decisiones importantes? ¿eres conscientes del momento emocional que vives cuando tienes entre manos decisiones que afectan tu existencia a largo plazo?

Decisiones, emociones y liderazgo consciente

Las decisiones importantes pueden implicar un proceso de toma de consciencia de la realidad antes de llevarlas a cabo. A pesar de que tu visión sea clara y lo que quieras hacer parezca evidente antes de rendirte a la evidencia vale la pena que veas si es simplemente viable, que puertas puede cerrar y cuáles nuevas puede abrir y que costes puede conllevar. La frase lo mejor es enemigo de lo bueno va simplemente de esto, de tomar la mejor de las decisiones y no la primera que tu intuición te indique. Una decisión es un proceso que   debes optimizar teniendo en cuenta que hay restricciones para tener en cuenta para no darte de bruces contra una pared.

Las decisiones desde la consciencia tienen, como no, una componente intuitiva, emocional y a veces difícilmente explicable en los primeros envites, pero también necesitan reflexión, análisis la certeza de que se toman en coherencia con tus opciones más profundas.  

A efectos prácticos te propongo que consideres los siguientes aspectos antes de tomar una decisión importante:

  1. Toma distancia de tus emociones. Las decisiones tomadas en plena efervescencia emocional pueden estar sesgadas y por lo tanto es importante asegurar que se están tomando desde la consciencia.  Le impulsividad no es buena consejera por lo que lo mejor es tomar consciencia de las emociones que estés viviendo para poder distanciarte de ellas si es preciso.
  2. Tu propósito es el tamiz. Filtra la decisión que vayas a tomar utilizando tu propósito. La pregunta que puedes hacerte es ¿me ayuda está decisión a avanzar hacia mi propósito o me aleja de él? Esto vale para todo tipo de decisiones incluyendo las más operativas ya que como principio básico puedes asumir que todo aquello que no contribuya a la realización de tu propósito es digno de ser descartado.
  3. Guíate por tus valores. Tus principios cuentan y no siempre el fin justifica los medios. Tus valores sirven precisamente para equilibrar los objetivos con la manera de conseguirlos. A veces la ilusión puede alejarte de tus principios y si no los tienes en cuenta te acabará pasando factura en algún momento.
  4. Pregunta. La opinión de los demás puede ser valiosa, pero búscate personas que vayan más allá de su interés por complacerte. Si tras una conversación no sales suficientemente interpelada toma la opinión de tu interlocutor con reservas y busca otras.
  5. Prepara una estrategia. Cada decisión es un camino que vas a recorrer y necesitas situarlo en el entorno adecuado. Es fundamental que prepares los pasos que vas a dar para poner en marcha tu decisión, los costes que representa y si puedes asumirlos a no. Los costes pueden ser de índole material o emocional. Cortar con un trabajo puede representar una pérdida de ingresos y acabar una relación puede suponer una nueva manera de vivir la vida de la que tienes que ser consciente, las alianzas son fáciles de romper y difíciles de tejer.
  6. Ten en cuenta a los afectados. Cuando una decisión afecte a otras personas piensa en las consecuencias que puede tener para ellas. Sin renunciar a tus objetivos intenta minimizar los aspectos que puedan ser perjudiciales para las personas afectadas, aunque en muchos casos sea inevitable el dolor.
  7. Acota la decisión en el tiempo. Todo lo que no tiene un horizonte temporal definido ya está siendo procrastinado en la práctica. Pon fechas viables y si tienes que cambiarlas hazlo, pero por un motivo de peso.
  8. Empieza por lo básico y ves ampliando. No caigas en la rigidez de quererlo alcanzar todo en el mismo momento porque ya sabes que quien mucho abarca poco aprieta. Márcate objetivos realizables, aunque sean pequeños para irlos ampliando progresivamente. Piensa siempre en un producto mínimo viable.
  9. Busca indicadores. Cuando caminas de noche o en medio de la neblina necesitas saber si sigues por el camino correcto o te has desviado. En la toma de decisiones los indicadores sirven precisamente para esto, para saber si vas bien o no. Y el no disponer de ellos te puede llevar a caerte por un despeñadero.
  10. No olvides el final del camino. Ten un ojo siempre puesto en lo que quieres conseguir. No olvides nuca tu propósito porque cualquier decisión pasa por momentos de sequía y dolor que de no tener claro el desino final te pueden hacer abandonar a mitad de camino.

Aunque el decálogo anterior te parezca básico ten presente que las cosas simples son las que nos ofrecen una gran ayuda. Y nadie ha dicho que el liderazgo consciente tenga que ser algo complicado.

Que tengas una feliz toma de decisiones.