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Hemos dejado un año atrás y entramos volando en el siguiente. El paso del tiempo me recuerda el movimiento ondulante de una pluma que se desliza por el aire moviéndose al son de una partitura inexistente. No podemos averiguar a dónde va pero sabemos que inexorablemente irá a alguna parte.

Un cuerpo que se desplaza por el aire no deja ni huella ni estela, aparece de improviso y desaparece con el mismo sigilo con el que llegó dejando un recuerdo tenue y fugaz. En el aire no se deja marca.

[bctt tweet=”En el aire no se deja huella pero en el mundo dejamos marca.”]

Vivimos tiempos todavía inciertos y convulsos que engendran situaciones que son difíciles de comprender y de asimilar, nuestro entorno, y nosotros con el, avanza sin brújula aparente. Es difícil saber dónde está el norte y nos invade un sentimiento de caos que se manifiesta tanto en la política y la economía como en el marco de las relaciones globales. Un año más podemos decir que nunca hemos tenido mejores posibilidades que ahora y sin embargo el mundo está cada vez más polarizado entre los que tienen más que de lo que necesitan y los que carecen absolutamente de todo. Nunca las escenas de dolor han acaparado tanto tiempo en nuestra existencia y hemos aprendido sin darnos cuenta a convivir con ellas sin que nos produzcan ni repulsión ni asombro. Jamás hemos estado tan cerca de la destrucción de nuestro entorno. Los principios y las libertades que se habían considerado fundamentales se van diluyendo en aras de la seguridad y la gobernabilidad. Y lo más chocante es que no encontramos colectivamente un relato con sentido, no somos capaces de explicarnos nuestro propio mundo y no tenemos las riendas del espacio vital que ocupamos. Vivimos  algo parecido al “no lugar” que definió el antropólogo Marc Augé hace unos años.

[bctt tweet=”El personal branding dota de las herramientas necesarias para entender el espacio que habitamos”]

En este entorno que podría ser desolador las personas tenemos la posibilidad de dominar el timón de nuestro destino y convertir los espacios que individuamente ocupamos en espacios con sentido. Y esta es la aportación fundamental del personal branding, dotar a cada persona de las herramientas necesarias para que pueda entender la porción del espacio que habita, formular su proyecto personal, sembrar la semilla del cambio y dejar huella de manera que la suma de muchas huellas vuelva a convertir al mundo en un lugar con sentido.  La suma de las marcas personales hace que el mundo cambie y es por este motivo que el personal branding es revolucionario.

En el aire no se deja huella pero en el mundo dejamos marca.

Feliz Año 2016, hagamos que sea un año que deje marca.

Imagen @Vincent Bourilhon