“Las cosas no acababan de andar bien para Juan Miguel. Siempre había sido un profesional con una agenda envidiable, tenía amigos, conocidos y saludados en casi todos los ámbitos y sectores de su ciudad y de su región. Si hubiera salido en una fotografía al lado del mismísimo Papa alguien hubiera preguntado ¿quién es este señor mayor que está al lado de Juan Miguel?

Pero últimamente no estaba satisfecho. La pandemia y el parón le había golpeado como a todo el mundo. Se había pasado un periodo en barbecho que lejos de oxigenarlo le habían despertado sus temores. Facturaba poco y la respuesta de su público no era la que él esperaba. Se planteó que tenía que hacer algún tipo de cambio para que las cosas volvieran a ser lo más parecidas a lo que el llamaba “antes”.

No se había dado cuenta que la pandemia había cambiado la sociedad, que su público envejecía al mismo ritmo que él, que muchos de sus contactos de referencia estaban en el umbral de la jubilación y su interés era ceder el testigo más que iniciar nuevas aventuras.

Era evidente que el éxito profesional no se debía sólo a sus extraordinarias dotes para ganarse a las personas, sin un equipos no hubiera sobrevivido a lo largo de los años y de las sucesivas crisis, siempre había tenido personas a su alrededor, pero ninguna de ellas había durado más allá de lo imprescindible, todas no, por supuesto, había una que, por alguna razón que no viene al caso, se mantenía a su lado a sol y sombra. El resto llegaba, colaboraba y se iba por el mismo camino.

Juan Miguel era una persona exigente, cierto, y no toleraba a los demás aquello que sí se toleraba a si mismo. En su fuero interno siempre pensaba en sus colaboradores como si fueran recursos dispuestos a cubrirlas las necesidades que hiciera falta. Siempre había una crítica en su boca y siempre acababa sucediendo algo que ponía en tela de juicio a sus colaboradores, cosas nimias, sin importancia, desde una mirada que no era de su gusto hasta una palabra que no consideraba la mejor en aquel momento. Descalificaba bastante y agradecía poco.

Frente esta situación Juan Miguel decidió hacer un brindis al sol, prescindir de su equipo y volver a reinventarse”

Apuntes para un diario de la vida, fragmento inédito y apócrifo.

Una de las frases que recuerdo de mi abuelo Pepe es la de “buey solo, bien se lame”. Lo decía siempre que consideraba que la presencia de los demás no era lo mejor para tirar adelante una iniciativa. Formaba parte de una generación que había tenido que hacerse a si misma. Salido de un pequeño pueblo al lado de Elche, hijo penúltimo de una ristra de doce hermanos, cuando tuvo estructura física suficiente para poder moverse solo, salió a buscarse la vida. 

Afortunadamente, su físico iba acompañado de una fortaleza personal envidiable a sus catorce años, porque consiguió tirar adelante teniendo un fin en su mente. Me contaba, durante algunas de nuestras interminables conversaciones durante las vacaciones o cuando me hacía compañía en alguna de mis frecuentes amigdalitis, que todo empezó cuando en una cita ritual de su pueblo, Santa Pola, en la Isla de Tabarca, pilló un tifus y le vio las orejas a la muerte. Tras una larga convalecencia, los medios sanitarios eran muy limitados en la época, se prometió a si mismo que a partir de entonces se ganaría la vida y ayudaría a su familia. Este propósito duró toda su vida.

Total, que se fue a Barcelona a casa de un tío suyo que era capellán de la Compañía Transatlántica y acabó haciendo de aprendiz en un barco que hacía la ruta de Barcelona a Buenos Aires. Empezó fregando escaleras y sacando brillo a los niquelados y al poco tiempo ya era responsable del comedor de primera clase.

¿Qué produjo este cambio? Algo muy simple, tomó consciencia de que en solitario no llegaría a ninguna parte y seguiría haciendo faenas que no eran de su interés y se buscó las alianzas necesarias para que reparasen en el los que estaban en situación de decidir, obtener la ayuda y complicidad imprescindible para los que estaban a su nivel y motivar a los que dependieron de el cuando tuvo la oportunidad de dirigir personas. Vaya, descubrió el liderazgo de 360 grados antes de que lo popularizara John Maxwell. 

Y, ¿por qué repetía la frase del buey de marras? Siempre decía que detrás de cualquier acción en su vida estaba su decisión personal, única e intransferible. Tomaba las decisiones en soledad, comenzando por la primera en Tabarca.

Las personas

Juan Miguel no cree en las personas. Es un caso recurrente de alguien que gracias a su carisma personal tiene una buena entrada, puede dar en algunos momentos muestras de simpatía y generosidad, pero en la práctica nunca acaba de fraguar un equipo. Su entorno se mueve por simpatía o por interés y no por convergencia de propósitos.

Para formar equipo, para liderar, no basta con ser simpático, altruista o muy inteligente. Si no eres capaz de generar confianza en los demás, tendrás a mucha gente revoloteando a tu alrededor que te reirán las gracias o te invitarán a cenar mientras les intereses, pero nunca conseguirás amalgamar lo que podrías llamar “tu gente”, aquellos que te siguen no sólo por lo que haces o dices si no por lo que eres y lo que te propones. 

Mientras una situación interesa las personas aguantan muchos chaparrones, pero se mueven por conformidad. Al final todo el mundo acaba dándose cuenta si el trato que recibe es de igual a igual o de mirada por encima del hombro, si las críticas corresponden a elementos objetivos que ayudan a mejorar o son la consecuencia de situaciones emocionales mal asimiladas que acaban creando, por ejemplo, envidias o temores hacia las personas.

Altruismo en lo material no tiene por qué implicar generosidad en el liderazgo. He visto en muchas personas un gran desprendimiento a la hora de dar dinero o tiempo, pero con un enorme egoísmo al compartir un proyecto. 

También me he encontrado con los que dicen que no quieren trabajar solos, pero en la práctica nunca acaban confiando en nadie, es más siempre encuentran peros a todos los que quieren ayudarlos o colaborar con ellos.

Equipos y liderazgo consciente

¿Cuáles son los aspectos que alguien que quiere liderar desde la consciencia debe de tener en cuenta cuando quiere trabajar en equipo?

  1. Motiva desde el propósito. El líder consciente no utiliza la zanahoria y el palo, juntos o por separado. Es capaz de motivar a los demás porque comparte su propósito y esto distingue y lo hace atractivo.
  2. Se basa en principios claros. El líder consciente tiene que estar dispuesto a transpirar los valores que predica. Si a pesar de tener un propósito compartido ilusionante la manera de llevarlo a la práctica no es coherente con los valores que dice detentar, nunca conseguirá mantener cohesionadas a las personas a su alrededor. Su liderazgo será un fogonazo, brillante pero corto en el tiempo.
  3. Gestiona emociones. Las propias y las de los demás. No utiliza su déficit emocional o su incapacidad de autogestión para culpar a los demás, reconoce sus emociones y las gestiona. Del mismo modo es capaz de entender las emociones de su gente para ayudar a gestionarlas. Es asertivo, sabe mantener su posición, pero siempre que sirva para seguir el camino que marca su propósito. Y escucha de manera activa.
  4. Practica la reciprocidad. Siempre que pregunto a alguien qué es más fácil si dar o recibir, la respuesta suele ser lo primero, dar. Porque generalmente se da de lo que sobra o cuando se es realmente generoso se obtiene la satisfacción de estar haciendo lo correcto, Dedicar tu tiempo a escuchar o a dar consejos te sitúa en un plano, inconsciente, de control sobre el otro. Pero para recibir hay que tener agallas.  Recibir es reconocerse necesitado y por lo tanto vulnerable. Quien está acostumbrado a dar puede considerar que recibir degrada y más si viene de alguien que depende de uno. Sin reciprocidad en el dar y recibir nos alejamos del liderazgo desde la consciencia.
  5. Respeta a tu gente. No caigas en el error de sentirte superior. Así de fácil. Supervisar, dirigir no significa de ningún modo tener superioridad en ninguno de sus grados. Por lo tanto, cuando descubras errores explícalos con respeto, que sirvan para mejorar y no para hundir. Y tampoco utilices tu posición para desvalorizar lo que tu gente hace, si saben más que tu de algo es fácil ceder a la tentación de restarle valor y buscar tres pies al gato para demostrar una superioridad que no existe.
  6. Cumple con el rol que tienes asignado. Si tu rol es mirar hacia delante y supervisar tareas haz esto. No quieras ocupar el espacio de los demás, no te corresponde. No seas micro manager. Tampoco te quejes del rol que tienes, si no te gusta no lo hagas, dimite, pero no te quejes. Los demás esperan que hagas lo que tienes que hacer para poder hacer ellos lo suyo. Vive y deja vivir.
  7. Comunica. Guardarse información es signo de inseguridad o de mala fe. Siempre hay algo que no se puede contar, ya lo sé, pero no me refiero a esto. Cuenta todo lo que puedas para que tu gente sepa siempre el terreno que pisa y no de pasos en falso. Y nunca utilices la información que no has dado para erigirte como salvador.
  8. Habla en plural. Tus éxitos nunca son estrictamente tuyos si no trabajas solo, por lo tanto, reconoce la participación de los demás y no te atribuyas en solitario lo que no te corresponde. Desde el momento en que necesitas un equipo lo bueno se comparte porque tu solo nunca lo hubieras conseguido.
  9. Asume tus errores. Lo que corresponde al rol que has asumido forma parte de tu entera responsabilidad por lo tanto nunca acuses a tu gente de tus deficiencias. Es muy fácil considerar que tu te equivocas porque los demás son mediocres, no caigas en esta trampa porque lo que estarás poniendo de manifiesto es tu propia mediocridad e incapacidad y los demás dejarán de confiar en ti.
  10. Asume estar solo en algunos momentos. No es un tópico, el que decide debe sentirse solo cuando afronta determinadas decisiones. Hay niveles de responsabilidad que no se comparten y esto o lo asumes o te destroza. Y no te quejes por esta situación forma parte de tu rol como líder. 

No olvides que quien no consigue aglutinar un equipo no es líder.