El long life learning, el aprendizaje continuo, es una competencia de liderazgo que tenemos  más que asumida. Se trata ya de un clásico porque todos nos hemos hecho a la idea de que si queremos influir sobre los demás, dejar huella o simplemente sobrevivir nos hemos de mantener actualizados. Y más en una época en el que el cambio es exponencial.

El aprendizaje visto desde el lado de la consciencia, desde la óptica del liderazgo consciente, tiene que ver con la incorporación de conocimiento externo para comprender los cambios e influir sobre ellos y también con el interno que se basa en las lecciones que sacamos de la propia experiencia. El día a día con sus éxitos, fracasos, celebraciones y frustraciones se convierte en fuente de conocimiento personal pero transferible.  Sólo es necesario tener la sabiduría suficiente para convertir la vida en aprendizaje. 

A largo plazo éxitos y fracasos acaban convergiendo convertidos en experiencia. Así lo contaba por ejemplo Steve Jobs en su famoso discurso de apertura de curso. La perspectiva permite hacer una lectura de la realidad fuera del torbellino de las emociones para convertir lo que eran simplemente acontecimientos en aprendizaje.

¿Aprendemos  también a ser agradecidos?

La gratitud es un sentimiento de valoración y aprecio de aquello que hemos recibido. La palabra “sentimiento” es muy importante porque la aleja de la obligación. Somos agradecidos porque queremos. Agradecer es un acto de libertad.

Agradecer lo que la vida nos va dando es el resorte que permite convertir la cotidianidad en el conocimiento que comentábamos más arriba. Y es aquí donde el agradecimiento, la gratitud, se convierte en una competencia. Ya no se trata de dejar correr el tiempo para hacer inventario y celebrar lo aprendido si no de tener la habilidad suficiente para leer la realidad, mientras esta sucede, más allá de las emociones. Sin esta capacidad la vida puede fluir como una sucesión de momentos emocionales que pueden ser agradables o no, positivos o negativos y así tenderemos a incorporar lo que consideremos bueno y a apartar lo malo sin ninguna valoración y corriendo el riesgo de perdernos una parte importante de nuestro propio relato. Una vez pasado el fogonazo emocional la capacidad de la lectura que hagamos a corto plazo nos ayudará a ser conscientes de lo que vamos incorporando a nuestro bagaje personal, de lo que hemos de dejar como algo fijo y de lo que hemos de cambiar. Y sólo así podremos ir viendo que lo que en principio eran simplemente desaciertos o fracasos, si dejar de serlo, pasan a ser algo más que nos ayuda a crecer como personas y como líderes del cambio.

¿Qué podemos hacer para hacer para convertir la gratitud en competencia?

  1. Tomar consciencia de nuestras emociones. La consciencia emocional, el saber que nos está pasando, es fundamental para poder hacer una buena digestión. Saber que estamos tristes o enfadados o alegres es el primer paso y no siempre el más fácil.
  2. Mirar con perspectiva. Se trata de evitar que las remas no nos impidan ver el bosque. Quedarnos con la realidad sin filtrar es empobrecer lo que nos sucede. Si detrás del bosque hay un paisaje impresionante nuestro propósito nos ofrecerá la visión suficiente para poder descubrirlo. Sin propósito. Sin una visión personal del mundo es  complicado poder mirar la vida con gratitud.
  3. Tener los ojos abiertos. Estemos o no en un momento emocionalmente intenso hemos de quitarnos cualquier antifaz que nos impida ver lo que sucede a nuestro alrededor. Muchas veces tenemos a nuestro lado los elementos que nos pueden ayudar y personas dispuestas a hacerlo que somos incapaces de valorar suficientemente y que pasamos por alto.
  4. No despreciar la ayuda que se nos ofrece. Despreciar es lo apuesto a apreciar. Muchas veces hacemos oídos sordos a las ofertas de colaboración que recibimos. Y corremos el riesgo de perder aliados y amigos a causa de nuestra actitud. Si la oferta no es de nuestro interés mejor decirlo que ignorarla.
  5. Saber pedir ayuda a las personas adecuadas. Que serán aquellas que nos ayuden a ver más allá de lo que es evidente. Muchas veces nos centramos en valorar sólo a los que consideramos como los mejores o los más grandes en algún tema concreto cuando lo más realista es buscar a las personas más adecuadas para que nos echen una mano.
  6. Saberse vulnerable. Tener el valor de saber como somos vulnerables toda ayuda será buena y permitirá avanzar de un modo u otro. Un lider que no se sienta vulnerable y por lo tanto susceptible de ser ayudado nuca actuará desde la consciencia.
  7. No creerse el centro del universo. La soberbia es lo que más nos aleja de la gratitud. Mirar la realidad solamente con nuestros ojos sin tener en cuenta a los demás, saberse vulnerable sin aceptar ayuda porque queremos mantener un único protagonismo o quejarse de que solos no podemos pero siendo incapaces de abrir la puerta a la ayuda son manifestaciones de un comportamiento soberbio. 
  8. Tener una actitud positiva. Ver el vaso lleno ayuda a ser agradecido. Todos tenemos experiencias con personas que viven en la queja  o en la insatisfacción permanente. La falta de actitud positiva aleja del agradecimiento y te acaba convirtiendo en una persona tóxica. Ser positivo no significa, en ningún caso, vivir a espaldas de la realidad ya que lo intolerable siempre lo es, no te confundas ni me tomes por iluso.
  9. Ser sincero con uno mismo. Muchas veces nos hacemos trampas en el solitario. Y afirmamos cosas que ni nos creemos ni tenemos interiorizadas. El agradecimiento es un acto de sinceridad con uno mismo, con los demás y con la vida.
  10. Da las gracias. Cuando alguien te ayuda dale las gracias. Aunque lo que te ofrezca pueda ser mejorado. Una mano tendida te puede ayudar a no caer en un abismo aunque lo más seguro sea tener una cuerda sólida o una escalera a la que agarrarse. No critiques la ayuda que te aportan y menos si esta es gratuita.

¿Todo deja huella?

Es cierto que todo deja huella pero no todas las huellas son iguales. Si tu quieres es convertirte en un líder desde la consciencia uno de tus objetivos es ir dejando una marca sólida en los demás para poder influir en ellos y conseguir que se adhieran o compartan  tu propósito. 

Si eres una persona agradecida, si agradeces tu historia y la ayuda que te prestan los demás estarás dando un paso muy firme para conseguir que tu huella sea indeleble.

Y para profundizar un poco más sobre la gratitud desde el día a día os recomiendo el libro Colágeno para el alma: La gratitud de los amigos Tolo Alzina y Pere Jordi Munar.