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Porque somos seres sociales, la mirada -la nuestra y la de los demás- otorga identidad a las personas que nos rodean y por supuesto a nosotros también y, al mismo tiempo, nos asigna un papel, un rol, en la sociedad y en el mundo.

La mirada no es neutra, está influida por la manera que cada uno de nosotros tiene de ver el mundo, por la historia personal y colectiva, por las emociones, los estados de ánimos y las creencias. Por lo tanto podemos hablar sin demasiados tapujos de la relatividad de la mirada.

La aproximación a los demás, la lectura de la huella que dejan, la interpretación de su marca personal está siempre sesgada por nuestros propios juicios y prejuicios. A  no ser que lo que veamos sea nítido, diáfano y muy claro, pesará más nuestra propia lectura que la realidad en si misma. Y las valoraciones que emitamos podrán estar más o menos lejos de la veracidad y estaremos más o menos acertados en nuestro juicio pero, al final, acabará siendo nuestra verdad. Y viceversa, porque los demás actuarán del mismo modo con nosotros.

Si la interpretación de la marca personal es siempre relativa, ¿existe la verdad?, ¿puede haber una lectura correcta o siempre estaremos sujetos a la relatividad de la interpretación ajena?

Nuestra marca personal es por definición el reflejo de nuestra identidad, es una expresión condensada de nuestra propuesta de valor y es también una promesa hacia los demás.

Por lo tanto el conocimiento más cercano a la verdad, a la realidad de nuestra identidad, es nuestro y nos corresponde a nosotros el compromiso de transmitirlo al exterior para evitar interpretaciones relativas, erróneas y parciales.

Es a cada uno de nosotros, a ti y a mi querido lector, que nos corresponde ofrecer los elementos necesarios para que la mirada ajena obtenga información suficiente para poder captar nuestra identidad. Es nuestra responsabilidad y también es nuestro reto particular.

Pero tampoco somos inmunes a la parcialidad de nuestra mirada interior. Aunque nos parezca inverosímil no disponemos de toda la información relativa a nosotros mismos. Precisamente porque somos seres sociales los demás reciben elementos sobre nuestro comportamiento y manera de ser que nosotros no captamos, ya sea por la propia inercia del momento que nos impide la necesaria introspección o bien por la incapacidad de procesar toda la información que emitimos. Hay cosas relativas a nosotros  que no vemos pero que los demás si ven.

El compromiso para obtener el máximo alcance de nuestro conocimiento, de nuestro autoconocimiento, en neutralizar la relatividad de esta mirada interior por el único camino posible, preguntando, solicitando información, pidiendo feedback. Nuestra condición de seres sociales nos permite conocernos mejor con la ayuda de los demás.

Parar de vez en cuando para preguntarnos sobre nuestra identidad, sobre lo que queremos que transmita nuestra marca personal no es sólo recomendable si no que se convierte en imprescindible. Si nos dejamos llevar por el ritmo de los acontecimientos corremos el riesgo de quedarnos con una visión propia moldeada por lo que los demás esperan de nosotros con la pérdida de control y de dirección de nuestra vida y de nuestro foco y viceversa si nos quedamos sólo con nuestro propio relato nos perdemos parte de la información. Paremos, pues, para poner orden en nuestro interior y para salir fuera a recabar los elementos que nos faltan para componer nuestro rompecabezas identitario.

Y si necesitáis ayuda para sacar el máximo provecho de vuestra reflexión no dudéis en contactarme, vuestros resultados serán extraordinarios,

Imagen Rodney Smith