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Así como de golpe ha pasado la primera semana de confinamiento. Es cierto que el tiempo vuela y se hace más evidente cuando la circunstancias obligan a vivir de una manera poco habitual. Muy poco tiempo atrás la perspectiva de estar toda la familia en casa sin salir y durante una semana me hubiera llevado a la boca la palabra hacinamiento, no están hechos los pisos para pasar largas temporadas, su comodidad está pensada para estancias cortas a pesar de las comodidades. Nunca había pasado tanto tiempo bajo el mismo techo sin tener ninguna enfermedad, la última vez que estuve confinado fue cuando me rompieron la pierna esquiando hace ya ocho largos años pero podía salir con muletas. Y mucho menos había compartido cobijo con la familia sin salir a tomar el aire día tras día hasta sumar un total de ocho con previsión de alargarse por lo menos el triple.

Estar encerrado es una experiencia que pone a prueba tu identidad, tu manera de ser y por supuesto lo que los demás perciben de ti, es todo un examen para la marca personal.

Supongo que lo que te estoy contando no es nuevo. Nos hemos encontrado embarcados en una aventura que se ha convertido en colectiva sin que hayamos tenido tiempo de pensarlo dos veces y cuya única finalidad es salvar el pellejo. Nunca había tenido la sensación de estar más hermanado con mis vecinos que en estos días.

Tampoco había tenido nunca la sensación de sentirme tan privilegiado como durante estos días, el encierro no me ha obligado a estar en absoluto ocioso, he podido seguir dando clase desde casa porque la época hiperconectada que vivimos en algunos aspectos es una lata, pero cuando van mal dadas se convierte en una bendición. El poder saber de mi entorno afectivo y profesional ha confirmado mi profesión de fe por las redes sociales que tanto criticamos por intrusivas.

El sentirme en forma, el no tener ninguna sintomatología preocupante también me ha hecho tomar conciencia de lo importante que es la salud en general y me ha acercado a aquellas personas que no han sido tan afortunadas.

Los aplausos de las veinte en agradecimiento a los sanitarios y la cacerolada del jueves a las veintiuna me han demostrado que somos una sociedad agradecida, aunque despierta y alerta que no se deja engañar ni tomar el pelo. Somos un país con marca.

Algunas enseñanzas prácticas de una semana como rehén de un coronavirus

Como observador de mi propia realidad y de la ajena he ido anotando algunos de los factores que me han ayudado a mantenerme en buen estado y que quiero compartir contigo por si te pueden ser de utilidad durante las próximas semanas de reclusión que, según dicen los expertos, marcarán un antes y un después como se de un fenómeno iniciático se tratara.

  1. Mantén tus rutinas. Como buenos animales de costumbres tenemos gestos cotidianos que se repiten y que han pasado a formar parte de nuestra identidad, me refiero a cosas tan triviales como ducharse, afeitarse, peinarse, lavarse el pelo, maquillarse y similares. Romper estas tradiciones higiénicas acaba desubicando y esto es lo último que necesitamos, la vida sigue. Si te pintas los labios de color carmín síguelo haciendo, aunque estés sola en casa, hazlo por ti para estar por encima de las circunstancias que el momento te ha impuesto. Y por supuesto si cada día te vistes y te pones ropa limpia no vayas hecho unos zorros en pijama todo el día, tu dignidad puede quedar tocada.
  2. Actividad es salud. Si tu trabajo te lo permite mantén la actividad desde casa. Ya no es por un motivo económico, que de por si es de peso pesado, si no porque como decía mi abuelo la ociosidad es la madre de todos los vicios, aunque venga forzada. Yo he encontrado gran consuelo en poder seguir dando clases, en haber tenido que pensarlas y adaptarlas para un entorno no presencial y en esperar con ilusión el momento de la conexión. Otra forma de mantenerse activo es reemprender aquellas cosas que habías dejado a medias y que ahora puedes rematar. O hacer aquellas reuniones que era imposible agendar y que ahora el retiro forzoso de todos los asistentes convierte en posibles y deseables. Y por supuesto no dejes la actividad física, muévete y haz alguna tabla de ejercicios, hay muchas en la red.
  1. La cultura es vida. Para mi todo confinamiento voluntario u obligado ha ido asociado a la lectura. Desde las anginas de la infancia, la gripe de la madurez o el escaso espacio del avión o del AVE han tenido los libros como acompañantes. Una manera de acortar la espera y vivir un universo propio y por ello muy especial es leer. Te acerca a ti mismo y al mundo, te llena tu espacio emocional y te reporta los elementos necesarios para entender la realidad y mantenerte en estado de alerta. Y ahora además de los libros tenemos las benditas series que complementan el menú.
  2. La información es poder. Aunque estés en casa sin poder salir el mundo no se para. Pasan cosas y muchas y es importante no estar al margen. Yo nunca he entendido algunas personas que se jactan de no informarse, siempre las he visto como auténtica carne de cañón. Durante estos días se van colando noticias que si no las recoges y las guardas en tu disco duro cuando pase todo otros utilizarán para dártela con queso. Nuestra sociedad tiende a banalizar aquello que no es correcto y si esto es ya de por si negativo todavía es más lacerante para tu espíritu que te tomen por imbécil y que te hagan creer lo increíble. Tu poder radica en tu capacidad  decir no, pero no podrás ejercerlo si no te mantienes informado.
  3. Mantén las formas. Estar cómodamente en casa no significa que no tengas que estar presentable cuando trabajes on line. Estos días he podido observar que muchas cámaras no se conectan porque algunos de los colegas van en pijama y lo dicen sin ningún pudor, estoy en casa y voy como me da la gana. La imagen es uno de los pilares de tu marca personal y si por no haberla cuidado no te atreves a dar la cara la cosa pinta fea. Si en tiempos normales la puntualidad es un signo de respeto en las reuniones on line es una obligación, las esperas virtuales convierten los segundos en una eternidad. Y por supuesto las cámaras lo ven todo, si eres valiente y das la cara cuidado con hurgarse las narices o hacer gestos extraños con las manos o la cara, el lenguaje no verbal si te están filmando sigue siendo importante. Las formas mantienen o erosionan tu marca.
  4. Vive en presente, pero mira al futuro. Solo existe el presente, el pasado es historia y el futuro es proyecto, es cierto. El momento actual de desierto puedes aprovecharlo para pensar en ti y preparar el día después, que llegará. Si no lo has hecho o lo tienes a medias acaba de perfilar tu propósito y tu propuesta de valor. Sácale punta a tu marca personal, seguro quela tenías descuidada por falta de tiempo y ahora casi te sobra.

Y aquí me quedo que ocho días no han dado para más. 

En estos días de confinamiento te invito a que te dejes acompañar Los Cuatro Escalones. Sube a la cima de tu marca personal