-…Por cierto, ¿empezamos solo por el castillo o ya quieres embarcare en restaurar la escuela y otros edificios monumentales?

-Mira, mejor de menos a más. He estado consultando páginas que me ha aconsejado Héctor. Siempre que sea posible hemos de empezar por la versión más simple de nuestra oferta de manera que sean nuestros propios seguidores los que pidan más al darse cuenta de que lo que haremos les aportará valor…

De Los cuatro escalones. Sube a la cima de tu marca personal de Jordi Collell

¿Por qué se pierden tantas oportunidades?

Se pierden más oportunidades por el perfeccionismo que a causa del fracaso. Cuando fracasas por lo menos te has atrevido a hacer algo que no ha salido bien. Cuando ni tan solo empiezas porque no tienes en tus manos el control de todos los elementos o tu servicio no responde al cien por cien con tus especificaciones o tu producto no está desarrollado en todas sus posibilidades, te estás saboteando. 

Si pasas demasiado tiempo desarrollando una idea al máximo detalle corres el riesgo de que cuando lo tengas todo en perfecto estado de revista alguien se te haya adelantado o la propuesta de valor sea ya poco relevante. 

¿Sabes distinguir entre lo ideal, lo posible y lo bueno?

Es importante que distingas entre lo que es ideal, lo posible y lo bueno. Lo ideal es lo óptimo, un producto completo que soluciona totalmente una necesidad en todos sus aspectos y que contempla toda la casuística imaginable. Lo posible es lo que puedes permitirte con tus recursos o con tu capacidad de endeudamiento y que puede que no abarques todo lo que querrías, pero, ya se sabe, quien hace lo que puede no está obligado a más y si inviertes todo lo que tienes ¿qué más se te puede pedir? Lo bueno es aquello que el cliente necesita para empezar que en la mayoría de los casos está por debajo de lo posible y por lo tanto te obliga a una menor inversión de recursos.

Cuando hablo de posibilismo consciente me refiero a saber no lo qué es técnicamente posible si no a lo que nuestro público necesita, ni más pero tampoco menos. Tenemos la tentación de apuntar demasiado alto y lo que conseguimos es desviar la diana a las nubes y desperdiciar recursos.

¿Cuánto cuesta la perfección?

En economía hablamos de coste de oportunidad que al final del camino no es más que lo que dejamos de hacer para poder hacer algo. Si inviertes todos tus recursos, dinero, tiempo o lo que sea, en un proyecto el coste de oportunidad serán todos los proyectos alternativos que hubiera podido desarrollar con estos recursos y que no han sido posibles.

Si abandonas el principio de posibilismo consciente incurres en un coste de oportunidad mayor porque ofreciendo a tu público cosas que no necesita al cien por cien podrías destinar parte de tus recursos a otras actividades o a actividades futuras o a corregir el tiro si la cosa no acaba de funcionar.

¿Quiere esto decir que ofrecer un servicio pobre es lo más conveniente? 

Con esta pregunta no quiero atentar contra tu inteligencia, pero es mejor formularla para evitar malentendidos. Nunca tienes que ofrecer un servicio pobre, jamás, todo lo contrario. Lo que sucede en muchas ocasiones es que se produce un sesgo entre tus expectativas de servicio y lo que puede percibir o necesitar tu audiencia en el momento inicial. Si vas a por todas puede que parte de lo que propones se pierda porque estés sobre ofertando. No te centres en tus deseos o percepciones, empatiza con tu público y céntrate en lo que realmente necesita ni menos pero tampoco más.

Y muchas veces, como los recursos son escasos, te das cuenta de que no llegas a todo y acabas no haciendo nada cuando podrías haber hecho justo lo necesario.

¿Qué tengo que hacer para no perder oportunidades?

  1. Define correctamente tu propuesta de valor. Volvemos a lo de siempre, si sabes el mal que curas podrás hacer lo justo y necesario. Si no lo tienes demasiado claro dispararás a las nubes.
  2. Conoce a tu público. Otro principio elemental pero no por ello universal. Si empatizas con tu audiencia y sabes lo que necesita podrás ofrecer lo que precisa. Si le ofreces más te puede mal interpretar, puede pensar que eres caro y que no necesita tanto.  Pregunta, pregunta y pregunta, no des nada por supuesto. Preguntando se va a Roma y se ahorra dinero.
  3. Empieza ofreciendo lo básico. Y si funciona tus clientes te pedirán más y entonces podrás ofrecerles todo lo que ya tenías previsto.
  4. Reinvierte. Durante la fase de oferta básica guárdate las ganancias para cuando necesites ampliar. Sería triste que hayas llegado hasta aquí y no dispongas de los recursos necesarios. Y si esto sucede podrás buscar recursos ajenos sin riesgos ya que estarás respondiendo a una demanda real de tus clientes.
  5. No te duermas en los laureles. Cuando algo funciona acabas creyendo que durará para siempre, pero las necesidades de tu público son cambiantes. Sigue preguntando para ver si tu oferta es ampliable o hay que pensar en algo nuevo.
  6. Repite el proceso. Si tu producto o servicio se ha quedado obsoleto y tienes que cambiar a otro nuevo empieza otra vez por el principio, por lo básico. Y hazlo tantas veces como sea necesario.

Vienen tiempos de cambios profundos en los que se generarán nuevas necesidades. Estate atenta a las necesidades del entorno y avanza paso a paso. Como dice Mark Zuckerberg “hecho es mejor que perfecto”.

¿Avanzamos juntos?