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Un líder es mejor cuando la gente apenas sabe que existe, cuando su trabajo está hecho y su meta cumplida ellos dirán: lo hicimos nosotros.

Lao Tzu

Cada mañana, al levantarse, un gran peso le oprimía la boca del estómago. Una idea fija le había estado martilleando las sienes durante toda la noche en los momentos de sueño y en los largos duermevelas cada vez mas frecuentes, si no se convertía en líder su vida estaría vacía de sentido. Se lo habían repetido veces y veces, su pareja, su jefa y algunas de sus amigas del alma. Y tenía la firme convicción que sólo los líderes podían cambiar el mundo…

Del libro apócrifo de Los Momentos Tristes

Te ha tocado vivir una época en la que es obligatorio asumir grandes obligaciones. Me refiero a la exigencia establecida por alguien o algo de ser, hacer o decir para que tu vida sea exitosa. El éxito ha dejado de tener un significado interior para convertirse en un indicador social basado en el cumplimiento de determinados mandatos cuyo origen es poco claro.

Cuando escribí Las 10 tendencias del personal branding en 2020 tenía el deseo de que en el año que se iniciaba se iniciara un cambio en este absurdo camino de fijarse obligaciones e indicadores de éxito que obligan a estar permanentemente en movimiento y se volvieran a valorar las actitudes tan humanas como la introspección, la reflexión o el dejar que la propia vida pueda marcar el camino sin tener la exigencia de forzarlo.

Los que me conocéis ya sabéis que me identifico como iconoclasta en lo social, los tópicos, los lugares comunes y las tendencias de obligado cumplimiento me hacen aflorar un sentimiento pirómano. Excepto para la pura supervivencia física y moral, nada ni nadie puede obligarme a hacer, decir ni sentir. Por esto soy tan crítico con las redes sociales y sonrío de manera cómplice cada vez que mi querido Andrés Pérez Ortega habla con sorna de “dospuntocerolandia”.

Uno de los aspectos que se ha convertido en obligación es el de liderar. Debes liderarlo todo, tu vida, la de los demás, tu equipo, tu familia y hasta tus propios silencios. Si no tienes un papel permanentemente activo no eres nada ni nadie, si te dejas llevar eres un objeto a la deriva, si no haces que suceda estás acabado.

Y en esto estaba cuando recibí un mensaje de mi amiga Esther Casademont compartiendo un artículo, acabado de publicar, de Genís Roca sobre algo parecido, el cansancio de empoderarse, que trataremos en algún otro momento aunque su aparición no deja de confirmar que quizás estaba en lo cierto cuando apuntaba la tendencia.

Liderar, ser líder y demás derivadas son palabras de las que se ha hecho mal uso. El liderazgo es una forma de influencia y la influencia no es más que una cualidad humana que conduce a que los demás hagan lo que de manera natural no harían. Generalmente lo aplicamos a los equipos de trabajo y por extensión a grupos de mayor envergadura como departamentos, divisiones y hasta países enteros. La visión que tenemos de un líder es la de la persona que controla las situaciones, que tiene los objetivos claros y que es seguido sin rechistar por los que le rodean. Es una visión un tanto piramidal en la que por su definición no todos caben.

Liderazgo se confunde con poder, que es la capacidad de hacer que proviene de la autoridad y de la capacidad de imposición. El poder generalmente viene investido por algo o por alguien cuya forma de ejercerlo es delegándolo. El poder de un directivo viene dado por el consejero delegado que a su vez se lo delegó el consejo de administración que fue nombrado por la junta de accionistas, por ejemplo. Y podemos buscar muchas situaciones equivalentes.

Si aparcamos la palabra liderazgo y nos centramos en la influencia es posible que nos liberemos de la pesada carga y pasemos a una situación mucho más compatible con la realidad de la mayoría de nosotros. La persuasión es una forma de influencia que lleva a las personas a hacer lo que de manera natural no harían, pero con el convencimiento de que están haciendo lo que es correcto.

Persuadir es algo que todos podemos hacer. De esto me convencí leyendo los diversos libros de Robert Cialdini. Este autor, conferenciante y profesor universitario ha desarrollado seis puntos que ponen la capacidad de persuasión en manos de cualquier persona que se lo proponga.

Los seis principios de la persuasión según Cialdini

  1. Principio de la simpatía: Si caes bien a alguien, te cae bien.  En definitiva, se basa en crear relaciones honestas, fructíferas y elogiosas, valorando las acciones de los demás lejos de la envidia.
  2. Principio de la reciprocidad: La gente paga con la misma moneda. El propio Cialdini la resume como “da lo que quieras recibir”. Una forma muy básica de entenderlo es haciendo regalos o teniendo “detalles” con otras personas. Al final, si das es posible que recibas algo equivalente o mayor.
  3. Principio de la prueba social: La gente sigue el ejemplo de otras personas que se le parecen. Para persuadir podemos acudir a terceros que nos refrenden o a las prácticas habituales o a los criterios generalmente aceptados como en en contabilidad. Es también por esto que los testimonios son importantes y muchos acudimos a ellos antes de tomar decisiones o si no que me expliquen el éxito Trip Advisor y similares.
  4. Principio de la coherencia: La gente es fiel a compromisos claros. Por esto los compromisos públicos son tan útiles y es muy importante que un compromiso se verbalice. Si quieres que alguien se comprometa contigo es importante que lo manifieste y por supuesto, la coacción de cualquier tipo anula la efectividad de este principio.
  5. Principio de autoridad: La gente respeta a los expertos. Poco más que añadir, de esto hace años que nos habla el Barómetro de Confianza de Edelman del que hablaremos muy pronto porque los resultados de este año dan mucho de que hablar.
  6. Principio de escasez: La gente quiere más de lo que menos se puede tener. Ofrecer algo exclusivo o que se puede agotar pronto o alertar sobre una oportunidad que se puede perder suele ser efectivo siempre que sea verdad.

Si no te sientes con madera de líder no te agobies. Siempre tienes la posibilidad de persuadir porque la gracia de estos seis principios es que actúan por separado, aunque también pueden hacerlo de manera conjunta. Lo importante es que sepas siempre puedes hacer oír tu voz si quieres, aunque no es ninguna obligación que suceda.

Y cuando oigas, leas o intuyas que alguien te culpabiliza por lo que haces o no haces, piensa siempre que la última palabra la tienes tú y que nadie puede obligarte. Siempre tienes la posibilidad de cambiar el mundo.