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“No puedes comprar la revolución. No puedes hacer la revolución. Solo puedes ser la revolución. Está en tu espíritu o no está en ninguna parte.”

Ursula K. Le Guin

Aquel día Max se levantó temprano. Había pasado una noche agitada sin mayor explicación que una cena algo copiosa en dulces y alcohol, pero nada a lo que su cuerpo no estuviera acostumbrado. Desde hacía días algo le rondaba por la cabeza y le martilleaba el cerebro de manera sutil pero constante. Sabía que estaba frente a una situación de cambio, no era la primera vez que le ocurría, ya experimentó aquella sensación cuando decidió separarse de Lucía, su primera esposa, o cuando dejó un trabajo bien remunerado para iniciar su negocio. Todo empezaba con una sensación que bajaba de la cabeza al estómago y le nublaba la vista como si quisiera llorar.

Siempre había abordado los cambios solo y no le había ido mal, aunque esta vez su intuición le orientaba hacia una vía distinta. O iba acompañado o el cambio no se produciría. Bostezó ligeramente, se miró al espejo y vio que tenía buen aspecto a pesar de la mala noche, se fue al comedor y como era su costumbre empezó a escribir en su ordenador…

  1. Todo empieza con un sueño. El cambio si no está respaldado por una ilusión nace tocado de muerte. Posiblemente ya lo hayas experimentado en algunas ocasiones, lo que haces únicamente por deber nunca te lleva a buen puerto, se llama voluntarismo. Puedes hacer las cosas muy bien, pero si detrás no hay un propósito nunca dejarán huella y el esfuerzo, el tuyo, se convertirá en estéril. El cambio o, por qué no, la revolución empieza cuando tú te la crees, cuando eres capaz de ver más allá del presente, enfocas tu mirada al futuro y disfrutas de lo que todavía está por llegar.
  2. Buey solo … se aburre. Como el sueño es individual puedes tener la tentación de materializarlo sola. Buey solo, bien se lame decimos en este país y puede ser cierto, algunas veces hacer que te sigan es complicado o buscar complicidades para poner en marcha un plan a contracorriente puede ser tan difícil que es mejor no intentarlo. Pero lo cierto es que los binomios y los polinomios funcionan. Compartir, hacer público un compromiso y, cuando es posible ir mano a mano con otros ayuda a mantener la fidelidad a la palabra dada a uno mismo, desdramatiza los momentos bajos y la unión acaba haciendo la fuerza.
  3. Solo no eres más que una gota de agua en un océano. Pero muchas gotas desencadenan una tormenta. No se trata de que tu proyecto cambie radicalmente el mundo, esto sería fantástico, pero que por lo menos sirva para aportar alivio y mejora a tu entorno cercano y esto lo puedes conseguir si unes tus esfuerzos con los de aquellas otras a las que puedes seducir con tu propuesta. No compartir y no aliarte representa un coste de oportunidad y un despilfarro de energía. No estás aquí para perder ni tiempo ni recursos.
  4. Que no vayas solo por la vida no significa que pierdas tu identidad y tu libertad. Compartir es dar a los demás algo que te pertenece para que lo disfruten. Quedarte para ti sola tus deseos y tus ilusiones, tus risas y tus desvaríos o tus dolores y penas tiene un punto de egoísmo. Dejar que los demás participen de tu estado es abrir la puerta al crecimiento conjunto y a la amistad. Tanto si tienes un proyecto estrictamente personal, que los hay, como colectivo, al final acabas decidiendo tú, nadie puede recortar tu libertad. No olvides que la información es poder y tener diversos puntos de vista enriquecen tu mirada y aportan una mayor calidad a tus decisiones.
  5. Lo colectivo no está de moda. Pero tu individualidad por si sola carece de sentido. Repito muy a menudo que sin los demás tú no serías tú porque sin alteridad hablar de individualidad no tiene consistencia. Te guste o no, estamos todos en un mismo barco y si no remamos en un mismo sentido nunca llegaremos a ningún puerto. Tus proyectos por potentes que sean, si están aislados, si solo te tienen a ti en su centro, tienen poco recorrido. Desconfía de todos los que te pongan a ti sola en el centro y obvien la influencia y la aportación de los demás.
  6. La propuesta de valor es dual. Si tu proyecto aporta valor a los demás, pero no está conectado con tu propósito, será un proyecto fallido. Tu propuesta de valor materializa tu propósito y soluciona un problema a los demás, pero cuando una de las dos premisas no existe, pasa a ser simplemente una propuesta como tantas, que no emociona ni permite que los demás te consideren. ¿Pero, y si lo que quiero hacer sólo me incumbe a mi? Piensa en el valor del ejemplo y atrévete a explicarlo para que los demás lo entiendan, esto es precisamente lo que refuerza tu marca personal.

Si quieres tener una marca personal fuerte, si esperas que los demás te reconozcan y te recuerden, si quieres dejar un legado, hagas lo que hagas, tomes la decisión que tomes busca siempre la manera de implicar a los demás, para que te ayuden o para que te entiendan. Y no vuelvas a perder de vista el compromiso colectivo, Max lo tuvo muy claro…pero esto pertenece a otra historia.