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Presiento que tras la noche vendrá la noche mas larga…
Al Alba, de Luis Eduardo Aute

Llevamos dos semanas completas de confinamiento y parece que fue ayer. Con las personas que tengo la ocasión de compartir conversación acabamos concluyendo que estos días se parecen más a una montaña rusa que a un retiro forzoso. Si bien es cierto que estoy con libertad de movimiento restringida por causas de fuerza mayor, el trabajo no ha disminuido si no todo lo contrario, se hace complicado mantener horarios comparables a una situación normal y, de momento, la parte bonita del encierro aun está por llegar. Me refiero a tener tiempo para leer, jugar o ver series que en mi caso es una eterna asignatura pendiente. Aunque, como esto va para largo, espero que la situación de un vuelco y acabe teniendo la posibilidad de aburrirme. Y esto crea importantes altibajos.

No me malinterpretéis, no lo digo en tono de queja si no como observador de mi propia realidad. A fin de cuentas, me gusta lo que hago y soy feliz haciéndolo.

Aprendizajes de dos semanas de dos semanas de encierro

  1. Esto de organizarse no es tan fácil como parece. Mantener las formas me está resultando sencillo. Estar vestido, duchado y lavado antes de las ocho de la mañana no me supone un esfuerzo excesivo. La cosa se complica conforme avanza el día, parece que las horas en casa tienen cuarenta minutos, no me doy cuenta y ya ha es mediodía. Y he ido encadenando clases con corrección de ejercicios, la lectura de un texto para preparar otra clase y una reunión de trabajo para coordinar alguna cosa importante. Comida y por la tarde parece que se repite la situación hasta la cena a la española y no antes de las nueve y media.
    Se hace imprescindible un cambio para separar lo urgente de lo importante.

  2. ¿Y si el relato tuviera la culpa? Cada vez estoy más convencido de que las historias que nos contamos marcan nuestra vida. Desde mis tiempos de universitario adolescente he creído imprescindible hacer lecturas de la realidad y posiblemente no me ha ido del todo mal. Frente a cualquier hecho o situación las cosas no son exactamente como son si no como las interpretamos o, lo que es lo mismo, como nos las contamos. Nuestro auto relato nos marca la vida en un sentido u otro, depende de lo que nos contemos y cómo lo hagamos. En mi caso siempre intento encontrar signos de esperanza frente a cualquier situación y me explico la vida con una lectura en la que distopía no existe. Hay riesgos de que las cosas se tuerzan, vayan por un camino no deseado, pero siempre aparece una rendija por dónde se cuela el sol y su luz indica otro camino positivo. Estos días pienso mucho en mi relato y en el de los que me son o han sido próximos. Leer la vida a través de los relatos es una lección para educar la mirada. Acabamos construyendo lo que nos contamos y a veces no es lo que más nos gustaría. Un relato de miedo acaba mal, casi siempre.

  3. Ser vigilante con los cantos de sirenas. En épocas donde los bastos pintan bastos y en los tiempos en que cada día parece ser en algunos aspectos peor que el anterior, en momentos de desconcierto, aparecen los consejos bienintencionados que recomiendan cualquier cosa para preparase para el futuro que se avecina. Es momento de replegarse a los cuarteles de invierno y pensar y vivir el presente, lo que está por llegar seguro que será distinto a lo que hemos vivido hasta ahora.
    Frente a un futuro incierto lo fundamental es tener una buena estructura interna que permita hacer frente a los vientos vengan de donde vengan. Ahora es el momento de reformular el propósito, de hacer su relectura para escribirlo con las palabras exactas, las palabras son amuletos o flechas incendiarias, para que siga teniendo sentido en este nuevo mundo que va a cambiar. El propósito es el alambique que permite transformar los tiempos líquidos en momentos de crecimiento y aportación de valor.

  4. Obediencia. Son tiempos de obediencia. A veces nos toca obedecer hasta a los que somos más disruptivos. Las circunstancias no requieren tener fe si no simplemente seguir las consignas que se facilitan para que las cosas funcionen lo mejor posible. Tampoco es tiempo de críticas facilonas. Estoy convencido que cada uno de nosotros lo haría mejor que los que tienen la responsabilidad de hacerlo, así como creo fervientemente que cuando juega mi equipo yo soy el mejor de los árbitros. Un poco de seriedad. Vendrán tiempos en los que podremos pasar cuentas y en los que podremos repartir responsabilidades. Lo que pasa hoy es fruto de decisiones que se tomaron hace años, cuando por ejemplo se vendió con una sonrisa la privatización de servicios públicos.

  5. Afinar la mirada. Decía Gramsci algo que es de aplicación el momento actual: “El viejo mundo muere, el nuevo mundo tarda en aparecer y en este claroscuro surgen los monstruos” Está saliendo lo mejor y lo peor de la condición humana, sólo hace falta leer y si es preciso interpretar las afirmaciones, declaraciones y decisiones que se producen. El bien común nunca puede estar por encima de las personas, cuando esto sucede ya no es bien. Afinar la mirada es tener sentido crítico, por esto la obediencia no supone un acto de fe si no de racionalidad. Si la mirada no está muy afilada la memoria te puede traicionar cuando aparezca el nuevo mundo. Y por encima de todo no banalices el mal.

Al final llego a la conclusión que estos días están siendo un paréntesis para reescribir los pilares de mi identidad. ¿A ti también te pasa? Y la próxima semana más porque esto todavía no se acaba.